
La siguiente frase y video se los tomé prestados a Virginia. Al ver la historia de fin a principio, se aprende que podemos (y deberíamos) ser pro-vida con gente ya-nacida:
«Una mujer va presa acusada de homicidio agravado en perjuicio de su hijo no-nacido. Vamos mal, ¿Verdad? El feto muere en labor de parto porque la madre tiene cáncer linfático que la obstetra nunca mencionó. Vamos peor. La mujer es sentenciada a 30 años de cárcel. Peor. Es rural, analfabeta y carga ya con dos partos asistidos en casa ¿Y el acceso a la salud? La mujer muere en prisión dos años después, víctima del cáncer que mató a su hijo y la mandó a la cárcel.
Después dicen que las feministas somos las asesinas».
La humanidad ha recorrido un camino muy largo. A estas alturas, uno cree que tal clase de tragedias debería ser imposible (no improbable, sino imposible). ¿A estas «alturas»? Falta tanto.