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Archivo de la categoría: Personitas

Aportes desde la confusión.

La Policía masacró en la Finca San Blas:

La Policía afirmó que durante la madrugada del 26 de marzo sus agentes fueron atacados en una finca de San José Villanueva, y que en el “intercambio de disparos” murieron “ocho sujetos miembros de una estructura criminal”. Esa historia es falsa y los hechos reconstruidos por El Faro revelan indicios de ejecuciones sumarias y montajes en la escena de los homicidios.

Pero qué esperar de un país donde sus enfurecidos* ciudadanos honrados (algunos que eventualmente serán víctimas de los abusos institucionales que hoy aplauden) no distinguen entre explicar y exculpar, entre justicia y venganza; y donde se aboga por la sodomía para resolver los problemas sociales:

* Uno está en todo su derecho de enfurecerse por la criminalidad y hacia los criminales, pero…qué diablos, ya lo dije. Este país es la sección de comentarios de Sala Negra.

 

Cis, trans, todos.

Hay una nueva palabra en el diccionario de Oxford, aunque la palabra misma ya tiene ratos dando vuelta. Voy ahí: cisgénero: “la designación de una persona cuyo sentido de identidad personal corresponde con el sexo y género que se le asignó al nacer” (si cree que las palabras para designar no importan, vaya aquí).

“¿Es un niño o una niña?”

“Creo que es muy pronto para empezar a imponer roles, ¿no le parece?”

Leía hoy la nota “Como decís que sos hombre, te estamos tratando como hombre“, donde se reporta el reciente arresto y tortura de un activista trans y su pareja, por parte de la Policía Nacional Civil:

“La declaración del policía que se ha mostrado como víctima es que teníamos que estar agradecidos de que le había pasado eso (la golpiza a Álex), porque lo que se hacía ahora era pegarles un tiro y dejarlos en la cuneta”, dice [William] Hernández [de la Asociación Entre Amigos].

[…] el 72.6 % de policías que contestaron el cuestionario cree que la atracción sexual hacia las personas del mismo sexo es una enfermedad mental. El 80 % de policías cree que en cualquier sitio público el dueño tiene derecho a pedirle a una persona LGBTI que se retire debido a su orientación sexual. El 56.5 % piensa que las personas de esta comunidad nunca deberían ser policías. No obstante, solo aproximadamente un 9 % dijo conocer a algún compañero que hubiera golpeado o que hubiera usado excesivamente la fuerza para detener a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans.

Por cierto, y tenga en mente esas estadísticas: un día antes del ataque, se instauró el matrimonio igualitario en Estados Unidos. Vi algunas publicaciones como esta, de la pobre gente heterosexual, cisgénero (y con una particular tendencia religiosa, digamos), que se sentía perseguida, reprimida y discriminada por la visibilidad LGBT:

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Persona que respondió: PREACH!

Aparte “tratar como hombre”, qué asco de mentalidad. Y no dudo que la gente se la cree, un hombre es el que aguanta golpes y eso se puede y debe poner a prueba. N’ambe. Hay que ser gente y tratar a los demás a como tal, y no estar usando la masculinidad como excusa para violentar a nadie. A un hombre no hay que pegarle ni con el pétalo de una rosa.

Lo he dicho varias veces, y lo digo de nuevo: así como usted piensa, así actúa. Por eso no es extraño que el uso de la tortura sea legitimado y aplaudido por el común de la gente…siempre que sea usado en “otros”. Pero, dejando de lado lo cis y los trans, lo hetero y todo lo demás, déjeme traerle a mi amiguita @Huishte, que le señalará algo más que está en una esquina de la nota de El Faro:

Algunos de los finos ciudadanos honrados que comentan en la nota de El Faro (y en otros muchos lugares) creen fervientemente que algunas personas merecen ser maltratadas. Lo bueno es que las pandillas piensan lo mismo. Y la policía piensa lo mismo. Y las columnistas Opus Dei piensan lo mismo. Así que hay que andar con cuidado para ser dignos de respeto de todo el mundo. Qué agradable manera de vivir.

– Yo nunca he hablado de cambio de sexo, porque el sexo está en el cerebro de la persona. Los primeros años de vida, el sexo no se puede cambiar ni con cirugía, ni con hormonas, ni con psicoterapia. Porque si se pudiera, eso es lo que haríamos.

[…]

¿A usted nunca le pareció inmoral ni contra natura?
Creo que lo realmente inmoral es oponerse a que alguien viva mejor, solo porque lo que le pasa no lo entiendo o me molesta. Y respecto a que es contra natura, la primera vez que me lo dijeron no me supe defender, pero luego pensé que casi toda la medicina es contra natura. Todo lo que hacemos, la quimioterapia, las drogas, con todo tratamos de torcerle la mano a la naturaleza. Que más contra natura que un transplante, sacarle un corazón a alguien y ponérselo a otra persona. Para mí, ese argumento no vale. Torcerle la mano al destino es nuestro trabajo. Es toda la medicina.

Guillermo MacMillan. Reportaje “El doctor de los trans”, suplemento Sábado de El Mercurio, 4 de julio de 2015, p. 11.

 

El Playón.

El Playón es un campo de lava al norte de San Salvador. Metros y metros de grava negra yacen a las faldas de un volcán cuyo nombre original no recuerda nadie. En un día normal, el sol hace que aquello parezca una enorme parrilla. Aunque ahora este terreno forma parte de un área natural protegida, a finales de los setenta era un basurero de latas, de papel y de personas. Ahí iban a parar los desaparecidos por los Escuadrones de la Muerte, los cuerpos policiales y el Ejército.

El consejo que recibían quienes buscaban ahí a sus familiares era conseguir un vehículo de doble tracción y manejar sobre la carretera hasta ver los buitres. Ellos eran la señal para abandonar el pavimento y seguir sobre la grava hasta llegar a los cadáveres arrojados a la intemperie, sobre la piedra ardiente. Decenas de cuerpos eran abandonados como carroña, a merced del viento y del sol.

Desde mediados de los setenta, entre los huesos, los buitres y la grava, caminaban señoras buscando trozos de camisas, sombreros o zapatos que permitiesen identificar a quien salió de casa y nunca volvió. A veces les acompañaba un sacerdote de modos suaves y rostro sereno. Era Monseñor Óscar Romero, arzobispo de San Salvador desde febrero de 1977.

Su acompañamiento no terminaba ahí. Durante las misas de domingo en Catedral, transmitidas en vivo a través de la emisora del Arzobispado (la dictadura no la censuraba por ser voz de la Iglesia), Monseñor nombraba cada huelga suprimida, cada estudiante desaparecido, cada preso y asesinado por el aparato represor. Pedía por sus almas. Denunciaba la injusticia de su padecimiento. El monseñor que caminaba sobre la grava buscando muertos, acompañando a una madre, era el solaz de cientos, de miles, todos los domingos en misa.

Monseñor Óscar Romero: el pastor entre los buitres

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Décadas después.

(Gracias a Víctor por darnos jalón)

 

Orgullo.

– ¡Nos llamaron pervertidos!
– Bromley, es hora de una parte importante de tu educación. Levanten la mano en esta habitación si alguna vez los han insultado de esa manera. Ahora, hay una larga y honorable tradición en la comunidad gay, y nos ha mantenido a flote por un largo tiempo. Cuando alguien te lanza un insulto…¿cierto, Jonathan…?
– Cierto.
– …Lo tomás y te lo apropiás.

Aprovechando que hoy se celebra y conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBT alrededor del mundo, recomiéndole la película “Pride“, sobre la historia real de activistas gay que se unieron para apoyar la huelga minera de 1984 en el Reino Unido. Y recuerde que se llama “matrimonio igualitario”, no “matrimonio homosexual”. Y que hay muchas personas no-heterosexuales que, antes de preocuparse por casarse, les preocupa no ser perseguidas o asesinadas sólo por no ser heterosexuales. Lea sobre Stonewall, lea sobre cómo, en El Salvador, el Batallón Bracamonte violó y asesinó a personas gay.  Piense, y sepa, que hay muchas maneras de ser humano.

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Amo esta foto <3 (Fuente)

 

Que sea útil.

Recuerdo cuando mataron a monseñor Romero. O no. Yo no había nacido y suelo decir que lo recuerdo. Existe, en efecto, la transmisión intergeneracional de la memoria. Son imágenes, experiencias vicarias y, sobre todo, significados. Recibí esas memorias en casa y “con los jesuitas”. De ahí saqué algo en qué creer y la tendencia a cuestionar eso en lo que creo. Lo que sobrevive a ese cuestionamiento es la fe.

Un mensaje que construye, que defiende, que dignifica…un mensaje así de importante requiere un mensajero comprometido para que sea útil. Esa es la lección y esa es la tarea. Eso es lo que celebramos y lo que debe quedar en la memoria.

Seis días después del crimen, Juana fue con su hijo al funeral de quien había sido el obispo de tantos pobres como ella y vio mutiplicarse la muerte entre los vivos. «Cuando estábamos acercándonos a la puerta de la catedral empezamos a oír disparos. Todo el mundo huyó. Había sangre, echamos a correr para refugiarnos y… pisábamos muertos…».

Y en eso Juana niega con la cabeza, mira al techo y suelta un chasquido de fastidio. Y se para.

Pero, de pronto, vuelve a nuestros ojos atentos y termina de encontrar los restos de su memoria. «Mi hijo venía conmigo al funeral. Pero cuando empezaron los tiros lo perdí de vista. Ese día mi hijo desapareció. No lo he vuelto a ver. Se lo llevaron. Enterrado no está, sólo Dios sabe dónde quedó».

Se llama Juana Portillo, tiene 86 años y fue asistenta de Oscar Arnulfo Romero durante los últimos cuatro años de vida del arzobispo más trascendente de América.

“Monseñor Romero sabía que lo iban a matar”

Déjeme pasarle a Ana para que se lo explique:

¿Por qué una persona no religiosa, casi atea, querría ir a un evento tan católico? Por esa sensación de colectividad de un mismo dolor reconocido. Esa victoria de la historia: que una institución que mucho tiempo lo ignoró, lo criticó, hoy esté reconociendo su legado. Personalmente no creo en los santos. Creo en las personas y en su papel en la historia […] No quisiera que ganáramos un mito y perdiéramos la historia.

Y via ex360, una joya de la memoria histórica:

Marissa d’Aubuisson recuerda otra escena: pocos días después de la muerte de monseñor Romero, comenzaron a circular los rumores de que Roberto d’Aubuisson había ordenado el asesinato.

Su hermana mayor decidió averiguarlo y confrontó al hermano paramilitar. “Roberto, dicen por ahí que vos tuviste algo que ver con la muerte de Romero”. El mayor D’Aubuisson respondió: “Mirá, mejor callate si no sabés, porque al que mató a ese hijueputa le van a hacer un monumento”.

(Así matamos a Monseñor Romero)

 

Papases y mamases.

Con eso que la señora Evangelina es la voz de varios Pedritos(¿?) que no nacieron porque El Salvador es, efectivamente, El Salvador, recordé algunas entradas que tengo por ahí. Padres y madres que hablan a, y de sus hijas, que crecen en un mundo poco o nada tolerante.

Como dice el autor(¡!) del texto en el segundo link, es caso perdido querer cambiar mentes tan cerradas y sin compasión. Pero oiga, a lo mejor usted y yo todavía tenemos esperanza. Quizás usted preguntará que qué tiene que ver la tierna y flageladora carta de la señora Evangelina con lo que dicen las personas a continuación…todavía tenemos esperanza, dije.

(Va’pasar a disculpar pero que no le desaliente que se refieran a “hijas”, a los hijos también les compete esto, y muchas otras cosas. Llegué a estas lecturas por casualidad, sin buscarlas, y lo que pongo es traducción mía).

Una mamá:

“- ¿Cómo le permitiste a tu hija que se cortara todo el cabello?
– Ella quería cortárselo. Le encanta así.
– ¿Pero no te importa cómo reaccionarán los demás? ¿No te importa que sea vea rara?
– A ella no le importa y es a ella a quien debe importarle. Además, pienso que se ve linda.
– Pero sos su madre…podés decirle que no.

[…] A quienes cuestionan mis habilidades parentales, usualmente trato de explicar que no siempre ha sido tan sencillo para mi o para mi esposo. Cuando hablo con quienes piensan que debería ser más estricta con eso de permitirle ser quien es ella, digo, ‘¿no creés que sería más fácil para mi, para todos los involucrados, si ella simplemente se conformara con lo que tiene que ser?”. Eso pasa con la conformidad: tiende a dejar todos cómodos.

[…] Sí, como padres debemos criar. Debemos tomar decisiones que mantendrán a nuestros hijos seguros y felices. Pero, como padres, a veces debemos superar nuestras propias inseguridades sobre lo que los otros dirán, y admitir que el miedo a que nos juzguen es una gran parte de nuestra incomodidad. Si su hijo o hija quiere hacer algo que parece salirse de los límites habituales del género, pregúntese cuál es el verdadero problema. ¿Tiene miedo de cómo serán las cosas para su hijo? ¿O tiene miedo de cómo se verá para otros adultos que cuestionan sus decisiones? Mi hija no está influenciada por otros y, al menos por el momento, no sucumbe a la presión de pares…en lugar de eso, prefiere ir a su ritmo. Para ella, eso significa vestir un esmoquin en su recital de violín y cortarse el pelo al rape (y ninguna de esas cosas lastima a nadie). Para ella significa tomar decisiones que significan algo para ella y su identidad. Yo simplemente no puedo quitarle eso.

[…] En respuesta a la pregunta ‘¿por qué se lo permito?’ respondo ‘porque ella es una persona […] Porque quiero que sepa que cómo ella se siente consigo mismo y con todas las cosas que le gustan no es, de ninguna manera, malo'”.

***
Un papá:

“[Las “10 reglas para salir con mi hija”] se reducen al tedioso ‘Los chicos son charlatanes amenazantes, el sexo es terrible cuando otra gente lo hace, y mi hija es una muñeca cuyo destino yo controlo’.

Yo amo el sexo, Es divertido. Y como amo a mi hija, quiero que disfrute todas las delicias de la vida que yo, ojalá más. No quiero saber los detalles porque, demonios, no quiero esas imágenes más que mi hija quiere las mías. Pero en lo abstracto, querida, andá y pasala bien.

Porque el sexo consensuado no es algo que los hombres te quitan; es algo que das. No te hace menos darle placer a alguien más. No te degrada sentir placer propio. Y cualquier que diga lo contrario es alguien que probablemente, en el fondo, tiene una opinión muy pobre de las mujeres.

[…] No sos yo. No sos una extensión de mi voluntad […] No soy el guardia que te encierra en una torre. Idealmente, soy el espacio seguro de mi hija, un jardín al cual volver cuando el mundo ha probado ser muy cruel, un lugar donde ella puede recuperarse y reflexionar sobre sus errores y saber que, aquí, hay alguien que la ama con todo su corazón y la abrazará hasta que las lágrimas se sequen”.

(También recomiéndole 10 cosas que planeo decirle a mi hija sobre sexo que no son tonterías sobre pureza).

 
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Publicado por en mayo 15, 2015 en Artículos y lecturas, Personitas, XX, XY

 

Aprendizajes a partir de lo innombrable.

La palabra con la que llamamos a algo tiene poder. Mate un hombre, por ejemplo, y 12 jurados le llamarán asesino. Mate un millón y sus compatriotas pueden llamarle líder.

Poniéndole nombre a la peor cosa imaginable

En 1994 ocurrió el genocidio de Ruanda, la búsqueda de la aniquilación total de los tutsis por partes de los hutus. Fue una masacre de un millón de personas. Líderes políticos alentaron al asesinato entre vecinos, literalmente; ambos grupos vivían en los mismos lugares y ser de uno de otro no implicaba ninguna característica visible. El término genocidio surgió en 1943, gracias a Raphael Lemkin, poco después de que había ocurrido uno, aunque no sería el primero ni el último (por cierto, el año pasado, la Radio Mil Colinas, la misma que alentó a las matanzas en Ruanda, llamó a la “limpieza étnica” en Sudán del Sur. Y hubo gente que escuchó. Llame usted a alguien “cucaracha” y el resto es cuesta abajo).

El asunto es que el accionar de Ruanda tras el genocidio es ejemplar, con una serie de lecciones para dar respuestas justas a esta clase de crímenes, a las que ciertos países deberían estar poniendo atención. En primer lugar, llevaron a juicio a los responsables. Llevaron a juicio a los responsables, dije. Pero eran demasiados y el sistema de justicia colapsaba, al punto que hubiera llevado generaciones el presentar ante la justicia a todos los sospechosos. Además, ese fue sólo el primer paso para reparar las relaciones sociales.

Las sanciones punitivas van de la mano con las restaurativas. Entre vecinos, los perpetradores debían pagar a sus víctimas si hubo daño de propiedad, o realizar servicio comunitario, y sobre todo, debían pedir perdón. Puede que este sistema de justicia basado en la comunidad tenga limitaciones importantes pero, con todo, se hizo justicia. Para el 2013, se esperaba que Ruanda lograra cumplir las Metas de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, que en otras palabras significa que no son cualquier cincueyuca.

No todas las historias terminan mal en Ruanda. Surcar el país de las mil colinas es encontrar una sucesión de relatos increíbles sobre cómo un pueblo fue capaz de lamerse las heridas tras una degollina sin precedentes: cuentan que hay un equipo ciclista, el Team Rwanda, que ha unido las fuerzas de hutus y tutsis y que hoy es el mejor de África. Cuentan que la emisora nacional, heredera de la radio Mil Colinas, cómplice de la difusión de la ideología genocida, ofrece hoy una exitosa radionovela que basa su argumento en el perdón y el diálogo. Cuentan que, en 1994 un asesino hutu entró en casa de una mujer tutsi en Kigali, la hirió de un machetazo en la pierna y mató a su marido y a su hijo. Años después, cuando salió de la cárcel, pasó por aquella casa de barro para pedir perdón, vio a la viuda casi inválida, se apiadó de ella y comenzó a cuidarla. Poco después se enamoraron y hoy son marido y mujer. Y también nos cuentan que hay un matrimonio formado por la hija de un genocida y el hijo del hombre al que mató. Estos últimos nos invitan a su casa para conocer su experiencia.

Lo que el amor unió ya no lo separa el machete

Si uno no habla de esto, o si trata de disminuirse la importancia de estos crímenes, o justificar que se hayan cometido, la memoria se altera. No, en serio: justificar atrocidades altera la memoria. Por eso no es extraño que el pobrecito Sigifredo Ochoa Pérez, criminal de guerra, diga “yo no recuerdo ninguna masacre” y posiblemente se la crea. Qué desgracia no tener conciencia de los propios actos. Pero para eso están los procesos de justicia, los poquísimos-casi nulos que hay pero que hay al fin: para confirmarle que, en efecto, él estuvo involucrado en masacres.

Antes de Ruanda, Guatemala, Alemania, y otros que quizás ni usted ni yo conocemos, hubo otros genocidios y holocaustos. En abril se conmemoró los 100 años del genocidio armenio, con 1.5 millones de personas asesinadas:

El brutal traslado de la población armenia a los campos de concentración, su ubicación en una zona desértica y el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, ayudó a crear el momento propicio para su eliminación física. Aunque los historiadores turcos rebaten las cifras, se calcula que murió un millón y medio de armenios residentes en el Imperio, de un total de dos millones. También fue destruido el 95% del patrimonio cultural armenio, donde se incluyen preferentemente 2.500 iglesias y 1.500 colegios, sufriendo destrucción más de 25.000 aldeas y 66 ciudades.

El primer genocidio del siglo XX

Y en India:

La Hambruna de 1943-44 en Bengala debe considerarse el mayor desastre en el subcontinente en el siglo XX. Cerca de 4 millones de indios murieron por una hambruna artificial creada por el gobierno británico, y sin embargo no recibe más que una breve mención en los libros de historia indios. A Adolf Hitler y sus cohortes nazi les llevó 12 años juntar y asesinar a 6 millones de judíos, pero sus primos teutónicos, los británicos, se las arreglaron para matar casi 4 millones de indios en sólo un año, con el Primer Ministro Winston Churchill alentando desde los márgenes. El bioquímico australiano Dr. Gideon Polya ha llamado a la Hambruna de Bengala “un holocausto creado por el hombre”, porque las políticas de Churchill fueron directamente responsables del desastre.

Bengala tuvo una cosecha abundante en 1942, pero los británicos comenzaron a desviar vastas cantidades de granos de la India a Gran Bretaña, contribuyendo a una masiva escasez de alimentos en las áreas que en el presente componen Bengala Occidental, Odisha, Bihar y Bangladesh. La autora Madhusree Mukerjee localizó a algunos de los sobrevivientes y pinta una imagen escalofriante de los efectos del hambre y la carencia. En “Churchill’s Secret War”, ella escribe: “Los padres tiraban a sus hijos famélicos en ríos y pozos. Muchos se quitaron la vida tirándose frente a trenes. Gente muriendo de hambre rogaba por el agua en la que se había hervido arroz. Los niños comían hojas y enredaderas, tallos y césped. La gente incluso estaba demasiado débil para cremar a sus seres queridos.

Recordando el Holocausto olvidado de la India.

Como pie de página:

Oiga, la gente es multidimensional, así que deje de fruncir la nariz. Además de que la naturaleza del programa y sus protagonistas es fascinante, para mí tiene puntos adicionales. Kim Kardashian reportó tener psoriasis, y alguien que sepa de psicosomática y de la dinámica de esa familia carente de límites en las primeras temporadas levantará los brazos y gritará “eureka”. Luego, está un miembro de la familia, Bruce Jenner, campeón olímpico de antaño, que hace poco se declaró mujer transexual, y lo ha hecho en pleno proceso de transición (recomiéndole ver la entrevista que Jenner dio el pasado 24 de abril)…otra razón para levantar los brazos y hoy gritar “fantástico”. Y por último, un par de Kardashians estuvo hace poco en Armenia, de donde proviene su familia, conmemorando…mire, ve, el genocidio del que le hablaba antes.

De todo se puede aprender algo. No sea como don Sigifredo y el país que lo cobija, una memoria atrofiada genera acciones chuecas.

Relacionado/recomendado:
¿Por qué todavía es difícil prevenir el genocidio? Por la misma razón que a la gente le importa poco o nada que mueran ahogadas 700 personas mientras huyen de conflictos en sus países. “Todo fracaso para apreciar correctamente [el genocidio de Ruanda] provino de debilidades políticas, morales e imaginativas, no informativas”.
El genocidio de indígenas en el sur de Chile que la historia oficial intentó ocultar. Otros que le hacen competencia a Hitler, en pleno siglo diecinue…¡veinte! ¡Veintiuno!

 
 
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