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Archivo de la categoría: Desastres poco naturales

Padres e hijos.

Estudié por poco más de un año a un grupo de activistas por derechos de los padres y hombres pasando por un divorcio, separación, y peleas por la custodia […] Los activistas por los derechos de las padres están pidiendo cosas que las feministas hace mucho tiempo han pedido a los hombres: mayor involucramiento con sus hijos e hijas, un paso hacia un modelo de paternidad que va más allá del rol de “proveedor”. Todas estas cosas vuelven a los grupos pro derechos de los padres los más políticamente aceptables y reconocidos de la virulenta misoginia que caracteriza los movimientos pro-derechos de los hombres más en general.

En las reuniones semanales a las que asistí, escuché regularmente a hombres luchar contra este estereotipo, queriendo ser más que un “cheque” en las vidas de sus hijos. Y en mi experiencia, los hombres que se rindieron más temprano en sus batallas por la custodia, aquellos que perdieron contacto con sus hijos, o no se presentaron a la corte en la hora estipulada, tenían una cosa en común: la mayoría de ellos tenía hijas. En el grupo que estudié, los hombres con hijos batallaron con exigentes arreglos de custodia y relaciones increíblemente tensas con las madres de sus hijos e hijas. Mi estudio no involucró una muestra de la que pudiera generalizar esta idea. Pero hay una cantidad de estudios académicos sobre cómo los padres en parejas heterosexuales se involucran con sus hijos e hijas, dependiendo del género.

Masculinidad y preferencia por hijos entre hombres heterosexuales (la traducción es mía, oiga).

Esta evidencia anecdótica era apoyada por una serie de investigaciones, el más sólido, que se cita en el artículo, es It’s a boy thing, en The Economist. No se apresure a sentir que se señala sin más con el Dedo Acusatorio Feminazi a los padres. No es un señalamiento individual -si siente que le cala hondo, bien por usted, supongo- sino de una dinámica social compleja que se discute en profundidad en ese artículo.

Gordon Dahl, de la Universidad de California en San Diego, y Enrico Moretti, de la University of California en Berkeley, notaron hace más de una década que los hombres tienen más probabilidades de casarse, y seguir casados, con mujeres que dieron a luz a hijos en lugar de hijas. En un análisis de datos de un censo estadounidense, los investigadores encontraron que los hombres mostraban más inclinación a proponerle matrimonio a sus parejas si descubrían que el bebé en el útero era un niño, y eran menos propensos a divorciarse si el primer hijo era un hijo y no una hija. En el evento de un divorcio, hombres con hijos tenían más probabilidades de tener la custodia [es decir, de solicitar custodia], y las mujeres con hijas tenían menos probabilidades de casarse nuevamente. […] Este efecto puede verse en los datos de hogares a través de numerosos países ricos, que muestran que los hijos adolescentes tienen más probabilidades que las hijas adolescentes de vivir con ambos padres biológicos.

Fuente (y algunos datos destacados del artículo arriba).

En mi feed, tras el segundo artículo que enlacé, venía otro que resultó acorde a lo que acababa de leer. Como he mencionado en otro post, soy moderadamente entusiasta de Keeping Up With The Kardashians y, un poco menos, de sus universos traslapados (por razones que no caben en este paréntesis, pero mire, hace poco volvieron a visibilizar el genocidio armenio), y pues, justo después de leer sobre las preferencias de padres heterosexuales por hijos varones, me apareció esto: Rob Kardashian tiene cero cara de póker cuando descubre cuál es el sexo de su bebé.

Moraleja, si termina navegando en las turbias aguas de la crianza: conózcase a usted mismo y hágase todas las preguntas puntiagudas y espinosas al respecto. Y ojalá este intercambio con usted mismo siga un formato didáctico, como el del segundo video en el post sobre Kardashians (traducción jalvadoreñizada de mi persona):

– Por cierto, ¿vas a tener un niño o una niña? ¿O no sabés todavía?
– No sé todavía.
– ¿Qué te gustaría?
– Un niño. Debés tener un hijo que preserve tu apellido.
– ¿Querés un hijo que preserve tu apellido? ¿Porque este “apellido” va a desaparecer muy pronto? Será mejor que tenga un hijo, Dios no lo permita, quién recordará quién era Kim Kardashian.

 

 

 

12 años de Qué Joder.

Observamos esta feliz e irrelevante fecha con la exhibición de una reliquia. La encontré traspapelada en mi casa hace varios años. Es un recuerdo de tiempos en que estábamos igual de peor que hoy pero por distintas razones, que en el fondo son las mismas del presente.

Si adivina el número y lo marca, no creerá el fantasma de quién le contestará. Ya en serio, si intenta llamar, acuérdese de cambiar el código del país.

Nadie lo recuerda a estas alturas, pero  alguna vez fuimos un país con esperanza.  No fue hace mucho, en realidad.  No han pasado ni diez años.

La muerte de la esperanza.

Cómo tengo esa tarjeta, preguntará usted, a punto de ponerme el dedo en tuiter para que se lleven a mi perico para que me delate (le saldrá el tiro por la culata. Mi perico pasó a otro plano astral hace muchos años QEPD. Además, vieja, qué crueldad enjaular animales). Tengo esa tarjeta de la misma manera en que tengo otras minucias que atesoro: porque me gusta jugar a seis grados de separación (he estado a un grado de Steven Tyler, un grado, Yísuscraist) y porque cuando era una infante estaba rodeada de gente más adelantada en la vida que yo; todavía, en realidad. Así que para quitarle el sabor a fracaso que nos dejan los temas que impulsaron a empezar este blog —😦 — cierro el post de aniversario con otras reliquias que sí son alegría de adulto contemporáneo:

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1. En la tarjeta superior escribí “Chepe Toño”. He comprobado, con regocijo, que efectivamente ese es el nombre del personaje y no uno de mis delirios. 2. Esas tarjetas con las banderas de los países jugando en el Mundial de Naranjito tenían varias marcas de gaseosa, como Kolashampan y otra que era como Sprite-7UP pero no esas.

Gracias por leer. Adiós.

 

Los mensajes alrededor.

[L]a idea de que un día tendría que crecer y portarme “como una mujer” me parecía una condena, porque asociaba eso de ser mujer algo superfluo, cursi, y restrictivo. Debo admitir que era una idea extraña: contrastaba con los ejemplos de mujer que tenía más cercanos, mi mamá y mis abuelas eran asertivas, independientes, autónomas.

Pero la sociedad me había machacado esa misoginia sutil de manera tan persistente que llegué a pensar que todo lo femenino era indeseable. Por eso, en la adolescencia, cuando me decían “tú no eres como las otras chicas” yo me lo tomaba como un cumplido. Muy mal. En ese entonces yo no sabía que “ser como una chica” no tenía nada de malo.

Paradójicamente, al tiempo que la sociedad me decía que lo femenino era ridículo, me insistía en que “no verme femenina” era lo peor que me podía pasar. Si no me veía femenina, nadie me tomaría en cuenta “como una mujer”, es decir, mis posibilidades románticas estaban anuladas, ningún hombre me querría porque no me reconocería como una potencial pareja y las otras mujeres me mirarían con desdén.

Soy feminista y eso no me quita lo femenina (aunque no siempre lo tuve tan claro)

Me pasaba lo mismo. Es que una vive la vida rodeada de mensajes de toda clase; no hay organismo que sepa registrar todos los estímulos del entorno, y no todos los estímulos son registrados con el mismo grado de consciencia. Al ver la tele de pequeña, por ejemplo, de los personajes me daba cuenta de lo que había, no de lo que faltaba (y quizás faltaba, entre otras razones, porque las mujeres son “muy difíciles de animar“).

Con esas situaciones que se registran automáticamente se van formando las actitudes implícitas. Implícito no es lo mismo que subliminal; para la formación de una actitud implícita no hace falta sutileza. Los estímulos están ahí, a plena luz del día y constantemente, pero uno los observa y sigue su camino. Luego los observa de nuevo, en otro momento, y sigue su camino. Su mente, trabajando para usted sin que usted se de cuenta. Y así se va colando la normalización de muchas cosas, por ejemplo, “esta cosa es como la otra: igual de mala”. Después, cuando a uno le llaman la atención por normalizar algo que finalmente hace daño a otras personas, uno responde Pero yo no soy racista. Yo no soy machista pero. Ese es el problema de confiar en el auto-reporte.

 

Un enemigo en común.

La hipótesis del contacto* postula una serie de condiciones necesarias para que dos grupos rivales trasciendan tal rivalidad. Para que sean amiguitos, digamos, o para que al menos dejen de matarse unos a otros. Ojalá sea lo primero, pero con este crujir de dientes que es el Homo sapiens, lo segundo muchas veces ya es ganancia.

Una de estas condiciones, y que proviene de los estudios de categorización social, es la necesidad de cooperar para alcanzar una meta en común. En ese momento, el “ellos” y el “nosotros” se hacen un solo “nosotros” para lograr un objetivo que les beneficia a ambos. O para enfrentar un enemigo en común. Esto lo puede ver, por ejemplo, en los experimentos de Gordon Allport que originaron la hipótesis, en los intentos por sosegar las relaciones entre israelíes y palestinos, o en Watchmen.

También puede verlo en el encuentro entre el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump (hashtag solo fichitas). Vaya y lea a LaVirjinia:

El encuentro entre Enrique Peña Nieto y Donald Trump tuvo poco que ver con México, con los mexicanos y con el “respeto” que el presidente pueda exigir para sus compatriotas. Nada tiene que ver, al final, con la promesa de la continuidad entre las relaciones de ambos estados tras el hipotético triunfo de Trump. El verdadero tema de la conferencia conjunta fue Centroamérica.

Para Centroamérica es la guerra

*Ya es teoría, felizmente, pero pongámonos retro.

 

Decisión.

No hay nada inherentemente liberador en cubrirse, como no hay nada inherentemente liberador en vestir poca ropa. La liberación está en la decisión. – Hanna Yusuf

Relacionado:
– “La mujer vistiendo el hijab decidió usarlo (su pareja no lo usa), mientras que Alemania exige el bikini”.
– “Así se está hablando de las mujeres en los Juegos de Río: el increíble trato sexista a las atletas”.
– “Deportistas que, además de guapas, son deportistas” y jayanadas similares.
– Una capa sobre otra de “ismo”: Dos atletas estadounidenses, un hombre blanco y una mujer negra, ganaron medallas de oro en natación. No creerás lo que pasó después.
– “La gimnasia amplía nuestras expectativas sobre los cuerpos de las mujeres y los deportes que practican…pero sólo hasta donde  resulta cómodo“.
– “Lo que no podemos perdonar: mexicanos al grito de ‘¡gorda!’

 

La “hiena” de Malawi.

Aniva is la “hiena” preeminente de esta villa. Es un título tradicional que se le da a un hombre contratado por comunidades en partes remotas del sur de Malawi para proveer lo que se llama “limpieza sexual”. Si un hombre muere, por ejemplo, su esposa es obligada por la tradición a dormir con Aniva antes de poder enterrar a su esposo. Si una mujer tiene un aborto, de nuevo la limpieza sexual es requerida.

Y, lo más sorprendente, aquí en Nsanje, niñas y adolescentes, después de su primera menstruación, son obligadas a tener sexo por un periodo de tres días, para marcar su paso de la niñez a la adultez. Si las niñas se rehusan, se cree, alguna enfermedad o desgracia podría caer sobre sus familias o sobre toda la villa.

“La mayoría con la que me he acostado son niñas, niñas que van a la escuela”, me dice Aniva.

“Algunas tienen solo 12 o 13 años, pero yo las prefiero mayores. Todas estas niñas están complacidas de tenerme como su hiena. En realidad están orgullosas y les dicen a otras personas que este hombre es un hombre de verdad, que sabe cómo complacer a una mujer”.

A pesar de sus alardeos, varias niñas que conozco en una villa cercana expresan su aversión al sufrimiento que han debido pasar.

“No había nada más que pude haber hecho. Tuve que hacerlo por mis padres”, una niña, María, me dice. “Si me hubiera negado, los miembros de mi familia pudieran haber sufrido enfermedades, incluso muerte, entonces tenía miedo”.

….

[Su esposa dice] “Quiero que esta tradición termine. Nos obligan a dormir con las hienas. No es nuestra decisión y creo que eso es muy triste para las mujeres.”

“¿Lo odiaste cuando te ocurrió?”, pregunto.

“Lo odio todavía.”

Cuando le pregunto también a Aniva si quiere que su hija [de dos años] pase por la limpieza sexual, me sorprende de nuevo.

“No mi hija. No puedo permitirlo. Ahora estoy luchando por el final de esta práctica.”

“Así que, estás luchando contra ella, ¿pero todavía la estás llevando a cabo?”, pregunto.

“No, como dije, voy a dejarlo de hacerlo”.

“¿De verdad?”

“Seguro. De verdad, estoy dejándolo”.

El hombre contratado para tener sexo con niñas (traducción mía).

Días después de que se publicara este artículo en el sitio de la BBC, Aniva fue arrestado y enfrenta cadena perpetua. Como confesó en la entrevista, tiene VIH y no usaba protección cuando tenía sexo con las niñas (no es que usar protección atenúe el abuso sexual, pero, pues, por eso lo arrestaron).

 

Párrafos futuros de la Historia.

Hace unas dos semanas, caminaba por la calle y escuché los gritos de dos hombres. Dos hombres, blancos y de mediana edad, aparecieron por la esquina, riéndose y volteando hacia atrás, sin dejar de caminar. Los pasé y yo misma giré la esquina, para encontrarme con una joven negra, que sostenía un cartel con ofertas de una pizzería. En ese momento los sonidos que escuché de los hombres tomaron la forma de palabras. En inglés le habían dicho a la joven: “¡Ese es todo el trabajo que vas a encontrar aquí de ahora en adelante!”.

Desde que ocurrió el Brexit se escucha más y más sobre ataques a inmigrantes. La xenofobia no es nueva pero ha ido en aumento. Con los resultados del referendum, y con algunos periódicos que le echan leña al fuego, mucha gente ha creído que sus prejuicios constituyen un juicio exacto del mundo y se ha dado permiso de actuar en función de ellos (me voy a ahorrar poner ejemplos, seguro podrá encontrar sin problemas). No es que todos los que votaron por salirse de la Unión Europea son xenófobos, tenían otra razones políticas o económicas, pero sí todos los que son xenófobos votaron por salirse. Una amiga de acá contaba algunos comentarios que profesionales de salud extranjeros han escuchado de sus propios pacientes, y cómo este fin de semana, en la ciudad que ella visitaba en el sur del país, habían quemado la casa de una familia polaca.

Yo llegué a un entorno seguro, que se enorgullece del aporte de sus estudiantes y profesionales extranjeros, y que hace lo posible por garantizarles seguridad en estos tiempos de incertidumbre para mucha gente. No deja de ser éste un entorno privilegiado, aunque no falte quien, por ejemplo, se queje de que los refugiados demanden que un país los reciba, porque es como si él demandara a un país X que le pague un viaje a Disneylandia, con qué derecho, eh…porque querer salvar tu vida es justamente como querer ir a Disneylandia. Amable recordatorio de que tener un alto grado académico no lo vuelve a uno más humano automáticamente. Pero, tal y como ocurre con los que hoy se dan permiso de airear sus prejuicios, quienes ya tenían apertura al mundo antes del referéndum ahora no hacen más que reafirmar esta posición. Mientras los hombres que mencioné arriba se alejaban, una señora que estaba cerca, blanca y de mediana edad como ellos, sacudía la cabeza y hacía un gesto que era una mezcla de reproche y vergüenza.

La Historia es una construcción humana, y seguro debe verse, se ve, muy distinta cuando se está en medio de esa construcción. Ni idea cuál será el producto final. En retrospectiva, dice la psicología social, es fácil preguntarse por qué dejaron que tal cosa ocurriera, por qué nadie hizo algo al respecto, por qué siguen pasando estas cosas después de tantas guerras y holocaustos. Es muy distinto cuando la historia todavía no es tal cosa, cuando es solo el presente. En el presente, afortunadamente, siempre cabe la posibilidad de que no estemos condenados.

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“Nuestro personal tiene derecho a un entorno laboral seguro, sin miedo, intimidación, o abuso físico o verbal. Nos reservamos el derecho de finalizar cualquier recorrido de taxi”. Un buen porcentaje de taxistas en esta ciudad son de países musulmanes. Vi un mensaje similar en un bus, además de un sticker en un poste por la U que decía “This is a non-fascist zone”.