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Archivo del Autor: Ligia

Quizás no es marchar ni ir a trabajar.

Ayer se celebró una Marcha por la Vida, la Paz y la Justicia. El más concienzudo contraataque a su realización es que “en lugar de ir a marchar es mejor ir a trabajar porque así el país progresa”. ¿Se dio cuenta que el día anterior a la marcha, y el día anterior a ese, y muchos anteriores la gente efectivamente fue a trabajar y el país no progresó ni cambió radicalmente? Siguieron matando gente, un “ciudadano honrado (marca con mucho esfuerzo se compró su carrito)” le tiró una pedrada a un busero y terminó hiriendo a dos personas que iban en una de las ventanas del bus, etc. Sin contar tanto Hulk que pulula en las calles a causa del tráfico, ese que se hace cuando la gente va y viene A TRABAJAR.

Bajo esa óptica no sé cuál es la definición que se tiene en el país de progreso, pero creer que sólo con apersonarse a su empleo y hacer sus labores va a cambiar lo-que-urge-como-Remberto-cambiar en este país es tenerle demasiada fe al campo laboral.

Cuando la policía nos detiene, protestamos porque en lugar de andar deteniendo a la “Gente Honrada” ellos deberían ir tras los mareros o los delincuentes, cuando en realidad somos nosotros los primeros delincuentes por no respetar las leyes de tránsito.

El problema somos nosotros los salvadoreños.

…también los ciudadanos estamos estancados en una actitud “dinosauria”. Nos resulta muy cómodo pensar que la solución a los problemas del país depende exclusivamente del gobierno. O de que sean “los demás” quienes hagan algo para cambiar las cosas, mientras yo me quedo en el sofá de mi casa, twitteando con amargura sobre mi decepción por el quehacer cotidiano de los políticos.

La renovación necesaria

 

Uno puede ser un empleado ejemplar y seguir siendo un ciudadano bien chueco.

Oiga, y si seguimos retrocediendo en el tiempo a otros días en que la gente fue a trabajar, llegamos a “hace una semana”:

Por si no saben, el día viernes, una mujer se quejó de lesiones dentro de un motel. “Al parecer, la víctima buscó ayuda para que los administradores la auxiliaran pero manifestaron que no podían, luego “la mujer habría escapado semidesnuda por una ventana para librarse del pastor (Carlos Rivas)”.

Sí, era el pastor Rivas que, cual Francisco Flores enfrentando un juicio, se sintió enfermo y logró ser llevado a su casa. (La próxima vez que a usted lo acusen de algo, dígale a la policía que lo lleve a su hogar y esperan juntos y tranquilitos para ver cómo se resuelve todo).

Pero no se angustie por el pastor, su abogado lo defenderá por su “infidelidad responsable

Ruffo Vito y el pastor Carlos Rivas (y LOL, “la víctima es culpable“)

Por cierto, adviértole: la gente que se siente poderosa se cree una inspiración para otras personas. Tenga cuidado a qué gente toma usted por inspiración. Y por cierto(bis), LA INFIDELIDAD ES IRRELEVANTE, LO RELEVANTE ES QUE COMETIÓ UN DELITO. Por favor, cuando piense, póngale esfuerzo. De lo contrario:

Tal parece que el punto acá es la normalización de la infidelidad, de que se puede verguear a las mujeres y de que los hombres somos inocentes víctimas de sus encantos.

#PidoTAI.

Ya le digo: ciudadanos bien chuecos.

 

Según el corazón de Dios.

Los corazones no quieren oír ni aunque sea un muerto el que les venga a decir: estamos muy mal en El Salvador. Esta figura tan fea de nuestra patria no es necesario pintarla bonita allá afuera. Hay que hacerla bonita aquí adentro, para que resulte bonita allá afuera también.

Pero mientras haya madres que lloran la desaparición de sus hijos, mientras haya torturas en nuestros centros de seguridad, mientras haya abuso de sibaritas en la propiedad privada, mientras haya ese desorden espantoso, hermanos, no puede haber paz, y seguirán sucediendo los hechos de violencia y sangre. Con represión no se acaba nada. Es necesario hacerse racional y atender la voz de Dios, y organizar una sociedad más justa, más según el corazón de Dios. Todo lo demás son parches. Los nombres de los asesinados irán cambiando, pero siempre habrá asesinados. Las violencias seguirán cambiando de nombre, pero siempre habrá violencia mientras no se cambie la raíz de donde están brotando todas esas cosas tan horrorosas de nuestro ambiente.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, homilía del 25 de septiembre de 1977, I-II, p. 240*.

24 de marzo, conmemoración del asesinato de Monseñor Romero, y en consecuencia, Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas (y en Argentina, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia).

* Gracias al buen Víctor por tan maravilloso libro, “Día a día con Monseñor Romero” (Publicaciones Pastorales del Arzobispado, 4a ed.).

 

Aguacateros.

Me parecen los espejos de una humanidad tierna, salvaje, violenta y sosegada. Son los miles de desconfiados que nos miran con cautela sin perder del todo la esperanza.

La vida cotidiana del perro aguacatero (+ fotos).

A este lo conocí la víspera de Año Nuevo. Ojalá haya encontrado refugio para huir de los fuegos artificiales.

 

 

“Cultural”.

Entre los jardines, vi una línea de jovencitos. Tenían la ropa hecha jirones y todo su cuerpo manchado de cualquier sustancia: pinturas, condimentos, cosas que huelen extremadamente mal y sustancias químicas que pueden resultar peligrosas. A algunos les faltan mechones de cabello o lo tienen pintado; podrían algunos llevar una cabeza de pescado colgando del cuello como un collar. Todavía no les falta un zapato. Digo que vi una línea de jovencitos, pero he visto varias. A veces están sentados; a veces van caminando lentamente hacia donde se les dice.

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Siempre hay otro grupo con ellos. Algunos van con batas blancas. Oh, el simbolismo de las batas blancas, además de su utilidad para este evento. También llevan mascarillas para soportar el repugnante olor de las mezclas casi tóxicas que han hecho (pero el resto de quienes estamos en el perímetro la socamos. Gracias, cerotes). En esas mezclas se revuelcan los jovencitos, los que acaban de entrar a la universidad. A veces uno a uno, a veces varios o todos al mismo tiempo. Lo hacen mientras los de batas blancas y sus compañeros, que llevan ya varios años en la universidad, gritan, celebran y se ríen, con música de reggaeton de fondo. Ellos y los bystanders, los que se quedan parados observando el espectáculo; los que no quieren ver lo reafirman alejándose, acaso volteando ocasionalmente para convencerse de que semejante cosa está ocurriendo. Por último, los mechones salen a la calle, semi-desnudos, manchados, malolientes, con el pelo chachajeado y a veces sin un zapato, a pedir monedas.

He visto poco de esto. Digo, he visto demasiado, personalmente, pero considérese que este es un país larguísimo y yo llevo aquí unos pocos años. Si uno guglea estas novatadas, llamadas acá mechoneo, puede hallar otras actividades además de las que he visto, que involucran poses sexuales o interacciones con cabezas de cerdo. Puede hallar comunicados de quienes planificaron estas actividades defendiéndolas como lúdicas y de integración para los que inician la universidad, y contracomunicados de autoridades preocupadas por el abuso hacia los pares.

Esto pasa en la primera semana de clases del semestre. Esa semana en la que entro a un salón y miro caras nuevas devolviéndome la mirada. Nomás por cálculo de probabilidades me da escalofríos pensar en lo que dirían si yo sacara a colación el tema; si les preguntara qué piensan, si les dijera lo que realmente están haciendo. Me superan en número. Me superan en que su entorno es natural para ellos y para mi no. Y posiblemente saldría el argumento de que por eso no entiendo esa parte de la cultura chilena, y que es bacán tener un ritual de bienvenida, de integración de los nuevos estudiantes a la comunidad universitaria, y que…

No. Entiendo perfectamente. Entiendo perfectamente la necesidad de pertenecer. Hablando de culturas, provengo de una plagada de pandillas y de gente que desesperadamente necesita distanciarse de ellas (paradójicamente, pensando igual que ellas). Uno haría cualquier cosa con tal de ser aceptado por un grupo, por ese atado de personas que tienen o tendrán algo en común conmigo. El algo en común, la identidad grupal. Mientras más valiosa la membresía, más exigente es la prueba que tenés que dar de que valés como miembro de ese grupo. Y para esa prueba, hay que presentarse ante la jerarquía: alguien que sabe, alguien que ya pasó por lo que estoy a punto de pasar.

No es por gusto que en la primera clase hable del experimento de la cárcel de Stanford. De lo fácil que es sucumbir a un rol que te han dado, aun si es ficticio, aun si la evidencia no lo sostiene. De lo fácil que es sucumbir a la situación, de someterte si no tenés poder, de abusar si lo tenés. De cómo el grupo al que pertenecés te refuerza lo anterior. En tu grupo encontrás permisividad y anonimato para salirte con la tuya, que es “la tuya” compartida. Y sí desde el punto de vista de los “carceleros” y “prisioneros”, pero también desde el responsable del experimento. P. Zimbardo -mi homie forever-, quien diseñó la idea de la cárcel de Stanford, también sucumbió a esta dinámica; de eso nos hemos dado cuenta décadas más tarde. Permitió que los abusos continuaran porque le resultaba fascinante todo lo que estaba ocurriendo, “mirá cómo cambiá la gente bajo ciertas circunstancias”. El experimento fue cancelado a medio camino cuando se dignaron a escuchar a C. Maslach, que observó lo que estaba ocurriendo y recriminó a Zimbardo, diciéndole que lo que le estaba haciendo a esos estudiantes era terrible (Zimbardo, dentro de todo un hombre sensato, volvió a sus cabales, detuvo el experimento y terminó casándose con ella).

No sólo le das patadas a quien te cae mal, te cae mal alguien porque le das patadas. Alguien tan buena gente como vos no lastimaría o manipularía el cuerpo de otra persona…sin una buena justificación. A veces la justificación viene después del acto, para que podás dormir con tranquilidad. Se lo merecían. Ellos estaban ahí por voluntad propia. Podrían haberse quedado en casa ese día. La voluntad es debatible cuando lo que está en juego es demostrar tu lealtad al grupo y tenés que ganarte su aceptación. Y a lo mejor no hay consecuencias por no aparecerse el día del ritual de iniciación y parece que efectivamente están ahí porque quieren. Pero hace ratos nos dimos cuenta que, más que a quien se deje humillar, hay que tenerle cuidado a quien decide humillar.

A juzgar por las reacciones que me encuentro, todo queda en buena onda. Salvo los casos de estudiantes con alergias a sustancias y algunos usos inadecuado de ácido(!), la espantosa contaminación en el campus y la necesidad de visitar la peluquería para que emparejen, parece que no quedan secuelas. Son más los que le tienen aprecio a esta tradición y parece que participar en ella, en cualquiera de las dos posiciones, no dice nada de la calidad de profesionales que serán. La única consecuencia trascendental, parece, es que los mechoneados quedan con vía libre para ser ellos quienes mechoneen a otros en los años siguientes, cuando ya no sean pollitos de 1er año, sino los “grandes” de años más avanzados. Escucho en silencio esas impresiones, aparentemente tan en buena vibra, y me muerdo la lengua (tú no eres de aquí) para no decir “eso ya es bastante”.

 

Sepa lo que está eligiendo.

“No estoy diciendo que no puede elegir no ser feminista pero sepa lo que está eligiendo. No tome una decisión sobre un grupo basándose en las creencias más radicales del grupo. No se ponga a la defensiva si ahonda y se expone a ideas difíciles sobre interseccionalidad y raza y género y colonialismo y liberación masculina. Sólo escuche. Algo de eso tendrá sentido. Algo de eso no. Algo de eso lo tendrá más adelante, cuando usted sea una persona diferente. Algo de eso le hará cambiar de opinión a lo largo de su vida y el mundo cambiará también. Algo de eso es mentira. Algo de eso es verdad. Todo vale la pena escucharse”. Fuente.

(Hablando de saber, hoy no es día de felicitar; es día de pensar, por ejemplo, por qué la gente insiste en usar lo femenino como insulto, o que se le tiene fobia a lo tradicionalmente femenino, y cambiar esa y muchas otras maneras de pensar y actuar).

 

Crédito a quien se lo merece, nada más.

Este es el mejor consejo que recibirá este día: vaya a Spotify, busque Sister Rosetta Tharpe y escuche. Si no, dele play:

 

Lo siguiente fue tomado de aquí:

“Yo inventé el rock and roll. Pero está bien si quiere seguir dándole todo el crédito a Elvis”.

Excepto que Chuck Berry no inventó el rock and roll…

Sister Rosetta Tharpe antecede a Chuck Berry y Little Richard por algunos años.

Dos de los grandes éxitos de Tharpe fueron lanzados alrededor de 1944-45, cuando Chuck Berry se encontraba a) en la cárcel y b) era estudiante de secundaria. Tharpe básicamente descubrió a Little Richard y se hace referencia a ella como la madrina del rock and roll.

Ya que estamos, hablemos entonces de dar crédito a quienes, histórica y erróneamente, se ha creído que no se lo merece. Carol Kaye es una bajista desconocida, a pesar de que, al contrario, muchas de sus melodías son conocidas (e.g. el tema de Misión Imposible):

Algunas personas no pueden enfrentar eso, especialmente algunos hombres. No pueden…quieren pensar que es un hombre el que toca el bajo por el asunto sexual. Pero si escuchás a alguien con bolas, esa soy yo:

Sigamos:

– Cinco mujeres que inventaron la cultura pop y no recibieron crédito (incluyendo a Tharpe).

– Cómo el descubrimiento de una mujer sacudió los fundamentos de geología (“Bruce inicialmente desechó mi interpretación de los perfiles, calificándolos como ‘temas de niña’”)

– El espectacular gol de la mujer que desafía a James Rodríguez y Robie van Persie:

– Hathshepsut, una de las gobernantes más exitosas de la historia…que nadie recuerda (y aquí una breve charla TED-ED sobre ella):

Su éxito es precisamente la razón por la que no la recordamos. Todavía somos ambivalentes frente una mujer al poder. Una mujer que ha tenido éxito automáticamente recibe nuestra desconfianza: asumimos que sólo se preocupará por ella misma y por miembros de su familia, en lugar de tomar decisiones políticas de largo alcance. Un mujer líder ambiciosa es usualmente calumniada en la historia como una mujer seductora, confabuladora, que irreflexivamente hará caer a los hombres a su alrededor.

– Seis científicas que fueron ignoradas debido al sexismo (“estas mujeres cambiaron el mundo con ciencia, lástima que a un hombre le dieron el crédito”).

Las mujeres que mapearon el universo y no recibieron crédito (“Pickering juntó un equipo de mujeres para mapear y clasificar los tipos de estrellas…probablemente nunca has escuchado de ellas. Me pregunto por qué“):

Así inició una era en la historia del Observatorio de Harvard en la que mujeres -más de 80 durante el periodo de Pickering, de 1877 hasta su muerte en 1919- trabajaron para el director, computando y catalogando datos. Algunas de estas mujeres producirían trabajo significativo por su cuenta; algunas obtendrían cierto nivel de fama entre los seguidores de científicas. Pero la mayoría es recordada no individual sino colectivamente, con el apodo “el harem de Pickering”.

– Bomberos mujeres apagan las llamas tras el ataque a Pearl Harbor. Y trabajadoras de la II Guerra Mundial.

– “Judit, quien es ahora la mujer con el ranking más alto y se encuentra en la posición ocho de mejores jugadores del mundo, avanzaría hasta ganar un torneo en 2002 frente al campeón Garry Kasparov, quien había dicho que ‘las mujeres por naturaleza no son jugadoras excepcionales de ajedrez'” – the Grandmaster experiment.

– Doctoras del siglo XIV de la Schola Medica Salernitana.

– Aprovechemos de recordar a Prudencia Ayala. Adiós, Milena mi amiga.

Las chicas buenas se rebelan: cómo las mujeres de Newsweek demandaron a sus jefes por sexismo y cambiaron el lugar de trabajo (oiga, vea Mad Men, es dos que tres).

“Entonces lo primero, regla #1: nadie nos dio nada. Nosotras tuvimos que pelear cada pulgada del camino por cada avance y contra resistencia constante” (fuente)

 

Gerda Lerner (las negritas son mías):

Y para las mujeres, ver al pasado usualmente ha sido doloroso porque lo que aprendemos es una ausencia. Aprendemos que las mujeres no han hecho “esto” y no han hecho “aquello” y que esencialmente, de acuerdo a la visión tradicional, las mujeres han contribuido muy poco a la creación de la sociedad humana, y aun menos a la creación del producto intelectual de la civilización occidental.

Ahora, yo sabía que ese no era el caso. Sabía que eso era falso. He estado trabajando por treinta años en el campo de la Historia de las Mujeres y el hecho es que las mujeres sí tienen una historia, han participando en hacer historia, pero no hemos reconocido eso hasta en tiempos recientes.

Y eso ha creado enormes problemas para la sociedad en conjunto, para hombres y mujeres. Creo que los problemas son que le han dado a las mujeres una impresión totalmente errónea de su conexión al funcionamiento del mundo.

El efecto en los hombres de la omisión de las mujeres ha sido muy malo también, porque los hombres han tenido la impresión de que son mucho más importantes en el mundo de lo que realmente son, y esa no es una buena manera de convertirse en un ser humano. Ha generado ilusiones de grandeza en cada hombre que son injustificadas.

Si usted puede pensar, como hombre, que todo lo grandioso en este mundo y en la civilización fue creado por hombres, entonces naturalmente verá de menos a las mujeres y naturalmente tendrá diferentes aspiraciones para tus hijos que para tus hijas, y no creo que eso es bueno para los hombres tampoco.

 

Maneras de no obedecer.

Aun quienes no estudian psicología suelen conocer los experimentos de Stanley Milgram sobre obediencia. Lo que habitualmente se destaca de ellos es la tendencia a obedecer a la autoridad, lo que a su vez ayudaría a explicar “la maldad humana” y aquellos actos dañinos cometidos bajo la excusa de “yo sólo seguía órdenes”.

Tiene mucho sentido y sí permite explicar algunas cosas. Pero lo que menos se destaca son los cuestionamientos a hallazgos clásicos como los de Milgram. Claro que hubo gente que aplicó el voltaje más alto, así es cómo se enmarcaron los resultados: tal cantidad de gente obedeció. ¿Pero y quienes no obedecieron? Aun más, ¿de qué manera obedecieron los que finalmente cumplieron órdenes? Hay muchas maneras de obedecer además de “ciegamente”, y muchas maneras de resistirse a obedecer (aun cuando algunas resulten no ser exitosas).

Estos son los nuevos estudios que están surgiendo al respecto, revisiones y reinterpretaciones. Hoy encontré la mención a otro estudio en el que, a partir de las grabaciones originales de los experimentos, se exploran las seis maneras de resistencia que mostraron los participantes, aun si continuaron con la tarea hasta el final. Hubo tres maneras implícitas, que permitían retrasar el cumplimiento de la orden, y tres explícitas, con las que se intentaba manipular directamente la supuesta situación experimental (por ejemplo, hablar con el experimentador o con el aprendiz sobre el “dolor” que se estaba infligiendo).

Jimmy, hecho por Sam Portillo (imagen de archivo con patrocinio de La Vaquita)

Este estudio es importante porque abre las puertas a más investigaciones sobre las dinámicas de obediencia y resistencia a la autoridad; se ha estudiado antes pero nunca es suficiente. Es una aproximación teórica, sí, pero de ahí eventualmente derivan aplicaciones en la vida real, donde la cosa se pone fea. Eso a usted personalmente quizás no le sirve, menos en esta etapa embrionaria, pero a mucha gente le servirá (tipo, imagine qué alegre estudiar la intersección entre autoridad, moralidad y violencia;  la psicología política y la jurídica tienen para levelear con el tema).

Segundo, esto recuerda que los hallazgos en psicología están siempre en constante revisión, y aun los que se consideran “clásicos” deben usarse con cuidado (especialmente si esta disciplina no es su fuerte). Los constructos cambian y los modos de interpretarlos también. No me mire a mi, se hace lo que se puede con un sujeto de estudio tan complejo como usted, y billones que son como usted pero no son como usted.

 
 
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