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Archivo del Autor: Ligia

El Museo de la Esclavitud.

Hola desde Liverpool. Pero no vengo a hablar de Los Beatles.

Ahí estoy, atrasito de la cámara.

Puede googlear las atracciones de esta ciudad (fuera de la razón principal y obvia por la que llegué a ella en primer lugar), o puede venir y seré su guía turística a cambio de una visita al public house. En cualquiera de los casos -prefiera el segundo-, con frecuencia encontrará mención del Museo de la Esclavitud. Es un museo no muy grande pero pródigo en atrocidades. Algunos amiguitos dirán que hay que perdonar y olvidar, pero recordemos que esos amiguitos no tienen vergüenza.

Pedacitos del museo:

“Los Europeos usaron sus propios conceptos rígidos de civilización para justificar esta manipulación y abuso de los Africanos. Ellos consideraban superiores los logros de la civilización Europea. Dado que las sociedades y culturas africanas no les eran familiares, los Europeos tacharon al continente de barbárico e infestado de tribus salvajes y despotismo religioso. Estas creencias racistas serían luego usadas como justificación para la intervención colonial en África”.

Suena familiar. Tal vez el museo nos pueda prestar algunos de sus materiales, y sólo cambiamos los nombres. No le tomé foto a un texto que contaba que habían escogido africanos porque los europeos eran demasiado débiles para los trabajos que necesitaban hacer. Mire qué arrecha esa gente.

“La esclavitud transatlántica ha dejado un legado peligroso de racismo. Muchos países africanos, caribeños y sudamericanos han sufrido subdesarrollo a largo plazo a causa de la esclavitud y el colonialismo”.

Esta era una exhibición interactiva, donde hablaban en clave (como hablaban entre sí los esclavos y quienes les ayudaban). Uno iba levantando pestañas a medida que uno “huía” de sus captores. “Te acostás en silencio en el bote mientras cruza el agua. Tenés frío y hambre pero al amanecer estás en Canadá”. 

Como sigue una cronología, el museo explica la conexión entre la esclavitud y las manifestaciones extremas de racismo, como los linchamientos y el KKK.

En el área de temas contemporáneos, estaba la campaña para destacar la lucha por la visibilización de las comunidades con raíces africanas, a través de personalidades públicas y personajes de ficción.

Los orígenes africanos de algunas tradiciones en América del Sur. Esta zona era para llorar de emoción, por todas las expresiones artísticas (música de todos los géneros, bailes, trajes) que lograron surgir en medio de atrocidades inimaginables. 

Formas actuales de esclavitud: esclavitud sexual en zonas de India. En Walkfree.org puede aprender más sobre la esclavitud moderna.

El “padre de la ginecología”, Dr. James Marion Sims, perfeccionó sus procedimientos (ya le digo, algunos de esos procedimientos, para algunas de nosotras, resultan brutales aun en su estado más moderno) usando mujeres esclavas negras:

Aunque se creía comúnmente que las personas negras no sentían el mismo dolor que personas blancas, la verdad es que las mujeres esclavas, siendo propiedad humana, no podían cesar la operación como las mujeres blancas. En una época en que la investigación de casi cualquier enfermedad que involucrara la vagina se consideraba inapropiada entre médicos hombres blancos, las mujeres esclavas fueron el medio para hacer avanzar la medicina Euroamericana debido a su estatus de sometimiento. Sin ningún poder, no podían hacer más que soportar el dolor y vergüenza extremas que se les inflingía repetidamente.

Para no olvidar, o para aprender:
La invisible herencia africana de El Salvador
Esclavos africanos en Sonsonate, El Salvador.

***

Como bono en esta entrada, en el museo de Liverpool encontré una escultura que se llama Miss El Salvador. Proviniendo yo de tan pintoresco lugar, mi reacción inicial fue creer que la escultura tenía algo que ver con el país y parece que no. Pero le tomé foto en ese periodo de incertidumbre y aquí está. Aun sin intención, sería digna representante en certámenes de belleza:

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Va’pasar a disculpar la calidad de la imagen. Aquí hay otra foto con más detalle.

Hablando de conexiones que no existen, otra de sus esculturas, La Pasionaria, se parece al Chulón y a la Chulona:

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Ahí estoy otra vez, atrás de la cámara. Literalmente yo iba pasando (después del viaje en tren), y solamente la reconocí porque la había visto en internet cuando busqué sobre Miss El Salvador. 

*****
Recomendaciones que no tienen mucho que ver con el tema de este post pero urgen como Remberto ser leídas:

Reclamo mi derecho a la verdad
Mauricio Colorado, la respuesta a la pregunta que nadie le hizo.
Pobrecitos los Poma.

 
 

El insólito peregrinaje dentro de un libro, de sur a norte.

Hay un libro que se llama “Perico trepa por Chile”. Me lo regalaron para mi primer cumpleaños en ese país. Claro que era un buen libro, no por nada era edición El Barco de Vapor, pero para mí tenía un valor agregado. Un niño llamado Perico (¡jaja!), en efecto, va subiendo por todo Chile; su viaje empieza en Tierra del Fuego y termina en Arica. El libro traía un mapa de Chile y me ayudó a conocer mejor la geografía del país. Leerlo era un poquito como echarse ese viaje. Más adelante, también pude conocer muchos de esos, desde Punta Arenas hasta Arica, con otras ciudades de por medio.

Tuve una sensación similar de logro cuando el cementerio que está por mi casa resultó ser como los paisajes británicos que había leído e imaginado en los libros.

Hace un tiempo leí El insólito peregrinaje de Harold Fry. Me recordó mucho al libro de Perico porque también era la historia de una persona que atravesaba su país de sur a norte; también traía el mapa de Inglaterra. Solo que Harold Fry es un viejito. Las últimas páginas las leí a través de una cortina de agua salada. Meses después de haber terminado la historia, se me hizo un nudo en la garganta porque iba en tren (habrá notado que, desde hace un tiempo, yo también vivo en una historia dentro de un libro) y de repente paramos en la estación de Berwick-Upon-Tweed. Ahí terminaba la historia del señor Fry y ahí termina Inglaterra en el norte.

Se me inundaron los ojos. Me pegué a la ventana para ver si los últimos capítulos los había imaginado como la autora. Era ahí, era justamente ahí:

Mire, ve, hasta con una palomita photobombing con gracia.

El tren pasó por una playa con banquitas (<3) y estuve segura que ahí había pasado algo que se contaba en el libro. Por supuesto, eso no es tanto logro de mi imaginación como de la escritora que supo evocar esos lugares y esas vivencias, pero eso no me restó emoción.

Creo que este es un buen momento para contar que mi doctorado trata sobre el impacto -un impacto específico- de las obras de ficción en la gente. Nunca aspiré a estudiar semejante cosa, en realidad, hace un año no sabía que se podía; cual Harold Fry, siento que estoy haciendo lo correcto pero comencé a hacerlo sin proponérmelo. Y, pues, lol.

 

 

Decisión.

No hay nada inherentemente liberador en cubrirse, como no hay nada inherentemente liberador en vestir poca ropa. La liberación está en la decisión. – Hanna Yusuf

Relacionado:
– “La mujer vistiendo el hijab decidió usarlo (su pareja no lo usa), mientras que Alemania exige el bikini”.
– “Así se está hablando de las mujeres en los Juegos de Río: el increíble trato sexista a las atletas”.
– “Deportistas que, además de guapas, son deportistas” y jayanadas similares.
– Una capa sobre otra de “ismo”: Dos atletas estadounidenses, un hombre blanco y una mujer negra, ganaron medallas de oro en natación. No creerás lo que pasó después.
– “La gimnasia amplía nuestras expectativas sobre los cuerpos de las mujeres y los deportes que practican…pero sólo hasta donde  resulta cómodo“.
– “Lo que no podemos perdonar: mexicanos al grito de ‘¡gorda!’

 

Un extraño tipo de tristeza.

Estaba tratando de articular cierta cosa de que sufro, que sentirme increíblemente mal por algunas personas en algunas situaciones…situaciones en las que la persona por la que me siento mal apenas fue afectada por lo que pasó. Es un extraño sentimiento de intensa y descorazonadora compasión por gente que en realidad no experimentó nada especialmente malo.

Clueyness: un extraño tipo de tristeza.

Como la vez que, hace muchos años, alguien de mi familia me contó que había hallado una babosa dentro de la casa, y le echó sal. Ella me contaba que en el lapso en que dejaba caer la sal de su mano, el animalito apuntó sus ojos hacia ella, consciente de lo que se venía encima. Interpretando la mirada como una súplica por clemencia, ella se arrepintió, pero ya era demasiado tarde y la babosa sufrió una muerte dolorosa. Después se sentía muy culpable por ese horrendo impulso que tenemos los seres humanos de matar criaturas cuando es posible, simplemente, moverlas de un lugar a otro.

Hasta la fecha, yo cargo vicariamente con ese arrepentimiento, y con los últimos momentos de una babosa cuya muerte era innecesaria.

Fin. Aquí hay un caracolito:

:3

A photo posted by Ligia (@simeonistico) on

 

 

Una lagrimita.

“…Uno puede llorar por cualquier emoción…las emociones son niveles químicos en tu cerebro, y tu cuerpo está constantemente manteniendo el equilibrio. Si una emoción se dispara, el químico señala a los conductos lagrimales que deben abrirse para dejar salir esa emoción, empacada cuidadosamente en una lágrima. Todo tuvo sentido después de eso. Esa repentina estabilidad de las emociones después de llorar. Cómo llorar con frecuencia se acompaña de la incapacidad de sentir otra emoción en ese momento. Y es especialmente hermoso saber que es posible experimentar tanta belleza o amor o felicidad que tu cuerpo literalmente no puede contenerlo  (Fuente).

¿No es lo más curioso del mundo eso de que “los hombres no lloran”? Es como decir que no tienen cerebro ni capacidad de interacción significativa con el ambiente y con su propia subjetividad, y sin embargo sigue siendo una descripción y una prescripción que mucha gente insiste en sostener.

Ya que estamos, y para complementar científicamente a ese párrafo de arriba, le dejo un estudio (en inglés) sobre las ganas de llorar cuando uno se encuentra una obra de arte. Aquí estudiaron arte en un museo, pero no hay por qué limitarlo a eso. El estudio se llama Lágrimas y transformación: tener ganas de llorar como indicador de una experiencia profunda o “estética” con arte. Amable recordatorio de que las lágrimas, entre otras cosas, son el indicador físico de proceso mentales relativos a apreciar el arrrte.

Péreme, dos estudios más que hicieron que se me escapara una lagrimita de emoción. Uno, los escalofríos como concepto psicológico; el equipo investigador identificó el universo de sensaciones incluidas en el hecho de reportar escalofríos e hizo análisis importantes con esa información. Dos, los orgasmos de piel y cosas parecidas que experimentamos con la música: “El presente artículo es sobre ese momento en que la música resuena tan profunda y visceralmente que evoca una respuesta física”. Aquella gozadera, usted la conoce.

 

La “hiena” de Malawi.

Aniva is la “hiena” preeminente de esta villa. Es un título tradicional que se le da a un hombre contratado por comunidades en partes remotas del sur de Malawi para proveer lo que se llama “limpieza sexual”. Si un hombre muere, por ejemplo, su esposa es obligada por la tradición a dormir con Aniva antes de poder enterrar a su esposo. Si una mujer tiene un aborto, de nuevo la limpieza sexual es requerida.

Y, lo más sorprendente, aquí en Nsanje, niñas y adolescentes, después de su primera menstruación, son obligadas a tener sexo por un periodo de tres días, para marcar su paso de la niñez a la adultez. Si las niñas se rehusan, se cree, alguna enfermedad o desgracia podría caer sobre sus familias o sobre toda la villa.

“La mayoría con la que me he acostado son niñas, niñas que van a la escuela”, me dice Aniva.

“Algunas tienen solo 12 o 13 años, pero yo las prefiero mayores. Todas estas niñas están complacidas de tenerme como su hiena. En realidad están orgullosas y les dicen a otras personas que este hombre es un hombre de verdad, que sabe cómo complacer a una mujer”.

A pesar de sus alardeos, varias niñas que conozco en una villa cercana expresan su aversión al sufrimiento que han debido pasar.

“No había nada más que pude haber hecho. Tuve que hacerlo por mis padres”, una niña, María, me dice. “Si me hubiera negado, los miembros de mi familia pudieran haber sufrido enfermedades, incluso muerte, entonces tenía miedo”.

….

[Su esposa dice] “Quiero que esta tradición termine. Nos obligan a dormir con las hienas. No es nuestra decisión y creo que eso es muy triste para las mujeres.”

“¿Lo odiaste cuando te ocurrió?”, pregunto.

“Lo odio todavía.”

Cuando le pregunto también a Aniva si quiere que su hija [de dos años] pase por la limpieza sexual, me sorprende de nuevo.

“No mi hija. No puedo permitirlo. Ahora estoy luchando por el final de esta práctica.”

“Así que, estás luchando contra ella, ¿pero todavía la estás llevando a cabo?”, pregunto.

“No, como dije, voy a dejarlo de hacerlo”.

“¿De verdad?”

“Seguro. De verdad, estoy dejándolo”.

El hombre contratado para tener sexo con niñas (traducción mía).

Días después de que se publicara este artículo en el sitio de la BBC, Aniva fue arrestado y enfrenta cadena perpetua. Como confesó en la entrevista, tiene VIH y no usaba protección cuando tenía sexo con las niñas (no es que usar protección atenúe el abuso sexual, pero, pues, por eso lo arrestaron).

 

Consuelo de terrícola.

Siento envidia de las sondas y naves que mandan al espacio. Pero no nos centremos en la insensatez de sentir envidia por objetos que son expulsados de la órbita terrestre, sino en cuánto me gustaría ver en persona lo que hay fuera de esa órbita (con ir a la Estación Espacial podría conformarme, pero poquito). No puedo creer que existan otros planetas, lunas, estrellas, galaxias y demás; no es éste un “no puedo creer” de teoría conspirativa, sino uno de “somos nada”.

Como consuelo por mi condición de terrícola, mi cámara tiene un zoom decentón.

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