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El miedo

Nunca he sido de esas personas -sé que tampoco lo sos- que sienten que el amor por un hijo es de alguna manera un amor superior, uno más significativo y más grande que cualquier otro. No sentí eso antes de Jacob y no lo sentí después. Pero es un amor singular porque es un amor cuyo fundamento no es la atracción física o el placer o el intelecto, sino el miedo. Nunca has conocido el miedo hasta que tenés un hijo, y tal vez eso es lo que nos hace pensar que es un amor más grandioso que cualquier otro, porque el miedo mismo es más grandioso. Cada día, tu primer pensamiento no es “lo amo” sino “¿cómo está?”. El mundo, de la noche a la mañana, se reorganiza como un recorrido de obstáculos aterradores. Lo sostenía en mis brazos y aguardaba a cruzar la calle, y pensaba qué absurdo era esperar que mi hijo, cualquier hijo, sobreviviera esta vida.

-Hanya Yanagihara, “A little life” (traducción libre)

Relacionado:
“Arriesgarse a viajar desde Honduras hasta Estados Unidos ya es difícil para un adulto. Pero es más complicado para las madres solteras que atraviesan fronteras en compañía de sus hijos. Lo hacen, todas, porque quieren que sus niños crezcan lejos del hambre y las balas. Estas son solo algunas de las historias de cientos de madres de la caravana” – Madres en éxodo.

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A lo lejos

Ahora prefiero hablar de mis orígenes desde la psicología. Por supuesto, la psicología no tiene que ver únicamente con patologías; no hablo de mi país en términos de paupérrima salud mental, sino de calamidad generalizada. En el mejor de los casos, hablo de él hablando de otras cosas en otros lenguajes, como lo hacen la ficción y los sueños, para disminuir lo perverso de su forma original.

Por el momento (this too shall pass), lo veo todo a lo lejos, desde la cima de una colina. Estoy bien, estoy segura. Estoy más cerca de un cementerio con osamentas de 1800s que de la cotidianidad urbana. No necesito bajar a la ciudad, además, porque casi todo lo necesario para vivir está aquí, en una sola calle. Que si no me aburro de ir a los mismos lugares, pues no, porque los cafés que abren en esta calle se van a la quiebra en cuestión de meses, y entonces abren otros y siempre hay algo nuevo que probar.

La distancia que me concede esta altitud se rompe cuando recibo una carta en mi buzón. Es una carta que yo envié, return to sender porque la zona a la que se dirige es zona de riesgo por pandillas y Correos de El Silbador no entra ahí. Me quedo con mis elaboradas ideas en mis manos, reprimiendo la doble urgencia de quedarme donde estoy para siempre y bajar al mundo para entregar la carta yo misma.

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Catorce años de Qué Joder

Comencé este blog en otra vida*. Ya no puedo escribir como entonces, mi forma y fondo han cambiado tanto como mi entorno actual. Este cambio ha sido para bien, en un sentido individual. En un sentido colectivo, debería disculparme por no ser aporte pero no hay con quién.

Algo que no ha cambiado en 14 años es la cara que pongo a causa de El Salvador. Acá esta cara es magistralmente desplegada por tres antropólogas forenses:

“De izquierda a derecha, Silvana Turner, Mercedes Doretti y Patricia Bernardi, antropólogas forenses argentinas. Las tres testificaron en el juzgado de San Francisco Gotera por la masacre de El Mozote. Foto de El Faro: Víctor Peña”. Fuente: Las antropólogas argentinas dan cátedra en el juicio por El Mozote.

De todos modos, este blog es como el Año Viejo, no lo olvido porque me ha dejado cosas muy buenas.

Nos vemos.

*Antes de este blog, tenía una mi plataforma de MSN Groups(!) para ir guardando documentos sobre corrupción en el gobierno y crímenes de guerra, información que en mis años mozos se compartía por correo electrónico (en Word y Power Point, Santo Padre). Hasta mi chero Ñola se animó a escribir una columna, y solo una, para esa plataforma. Por estos días están juzgando a un ex presidente y sus amiguitos por corrupción, y a militares por crímenes de guerra así que qué alegre, hom’**.
**Medio, porque qué cuesta que se haga justicia.
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Recomendaciones de películas con temas LGBTI+ – Addendum

Seguimiento a algunos puntos de esta entrada:

1. Tenía pendiente ver Blue is the warmest color, la primera película de la lista. Comencé a verla pero a medio camino me generó una hueva descomunal y no la terminé.

2. Sí fui a ver The Happy Prince, la película sobre los últimos años de Oscar Wilde. El Príncipe Feliz es de los primeros cuentos que recuerdo haber conocido y lo recuerdo porque hacía que me doliera el corazón. La historia que se cuenta en la película, como señala el título, está conectada con ese cuento. Ahí va mi corazoncito desgarrándose otra vez, ya no solo por tristeza, también por rabia. Recomiéndola.

3. En la lista de películas con protagonistas trans mencioné Boy meets girl. Hace poco encontré un artículo que señala un aspecto de los protagonistas que yo no había visto, que tiene que ver con cómo se desarrolla un personaje trans desde una mirada cis (no trans, pues). Puede que este aspecto sea un spoiler, entonces mejor vea la película, luego lea el comentario y después hablamos.

4. Everybody’s talking about Jamie. No está en la lista que hice pero es un musical que vi hace unos meses:

La historia de Jamie ocurre en la ciudad donde vivo (por el momento…pero represent!) y cuando fui al cine a ver la proyección del musical, porque pasan obras de teatro en los cines <3, encontré un anuncio en el que buscaban extras para la versión cinematográfica. Puede que de aquí a unos años salga la película, y aunque no sé qué tanto refleje la fuente original, considere esto mi pre-recomendación basada en la obra teatral.

Por último, en temas relacionados, este es el mes de la visibilidad bisexual. Busque a su bisexual local desenclosetado para darle extra amor, y aproveche de actualizar sus conocimientos y actitudes sobre sexualidad; la vida de alguien a quien usted quiere mucho podría mejorar por ello.

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Watch that man

Una de las cosas más bonitas de la ficción es que hay un mundo que continúa creándose después de que la obra llega a su fin. La canción termina, la historia se acaba, pero el mundo construido en ellas sigue en expansión (aquí hay un estudio guapo al respecto, fanfiction as imaginary play).

Sé que mucha gente no es partidaria de conocer interpretaciones de una obra que no sean la propia, o, peor, de conocer La Interpretación pretendida por quien creó la obra. Me pasa lo contrario, sobre todo con canciones de artistas que termino absorbiendo. Quiero saber qué es lo que no estoy viendo en una escena o cuál es el aparatoso conflicto que se esconde en un estribillo.

Esta es una de mis canciones favoritas:

Mi yo futuro tendrá otra historia que contar sobre ella, pero a lo que vengo ahora es a dejar el recuento de lo que pasa en la canción. Esto no invalida mis propias elaboraciones mentales ni las de nadie (otra cosa bonita de la ficción), y de hecho en algunos puntos no hay dónde perderse en lo que está pasando…pero podría pasar el día en textos como el de abajo. Jamás se me ocurrió que habría una televisión en la habitación.

Es una canción de rock & roll típica de una fiesta, pues la música suena alto, las botellas de champaña y los espejos para cocaína están en la mesa, y una manada de ebrios están pasando el rato en una esquina de la habitación, robándole miradas al arrogante cantante apoltronado en el sofá (Bowie parece estar viendo televisión la mayor parte del tiempo). Con Bowie, sin embargo, usualmente todo se reduce a quién tiene el mejor ángulo, y para el coro de la canción te das cuenta de que hay alguien más hip que él en la habitación. Ya sea el anfitrión de la fiesta, Shakey, o un dealer, o un ejecutivo de disquera (tal vez es todo lo anterior), el “Hombre” del título perturba a Bowie, lo descoloca. Finalmente, él huye de la fiesta y se dirige a la calle. Con todo el pavoneo que “Watch That Man” tiene, termina con Bowie humillado.

El movimiento progresivo de la canción —los versos se mueven de A a F#m, mientras que el coro comienza con una bofetada, tres pasos hacia arriba (“Watch! That! Man!”, over A/D/G). Ronson usa ambos amplificadores para dominar la habitación, Woodmansey da uno de sus desempeños más sustanciosos, Bolder mantiene la corriente pantanosa en movimiento. Los recién llegados incluyen al pianista Mike Garson, quien irrumpe en el flujo de conversación de Ronson, y las coristas—Linda Lewis y Juanita “Honey” Franklin. Estas dos últimas huyen de la fiesta con Bowie, pero suenan tan fascinadas por su rival como él.

Watch that man

Watch that Marla
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Rainbow town

Hace muchos años, por gracia de un blog más antiguo que este(!), encontré a alguien a quien conocí en persona hasta ayer. En esos tiempos jamás habría pensado que viviríamos en el mismo país, pero ya que estamos en esas, me invitó al Pride de su ciudad. Es el segundo Pride más grande del país, después del de Londres.

Más que una marcha limitada a una ruta y a un parque, ocurrió que toda la ciudad estaba tapizada con los colores del arcoíris. Me bajé del tren entre una oleada de gente que llegaba para Pride, y desde entonces no paré de ver personas, parejas y familias de todas las combinaciones posibles en términos de sexo, género y vestimentas. En cada calle por la que pasaba había fiesta, sobre todo en las más cercanas a la playa, y en la playa misma.

Mi cara todo el día:

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Después de ver un pedazo de la marcha, porque era masiva y hacía mucho sol, mi amiga y yo nos fuimos a la playa y compartimos perímetro con una pareja de cheros, que estaban ahí frolicking porque no lograron tickets para ver a Britney Spears. Ese fue el nivelón de este Pride, incluía un concierto de Britney, bitch.

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El Bus Oficial de Futbolistas Gay iba vacío. Al principio saca una sonrisa pero no es un chiste (véase también: Justin Fashanu).

Mi amiga me contó que en el hotel a la par del de la foto arriba, le tiraron una bomba a Margaret Thatcher. En notas más alegres, mi amiga también me contó que vio en vivo a Ziggy Stardust. Mi reacción:

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Me pasa que algunas cosas que he escrito/garabateado, y que usted no ha leído (todavía), terminan materializándose en la vida real. Como ayer, que terminé sentada en la arena sobre mi bandera tricolor, solo que yo le estaba tomando fotos a mi amiga en estado zen, a las gaviotas y a la balsita salvavidas:

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También vi mi primer Banksy en vivo:

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Pero parece que toda la mariquez que reinó a mi alrededor ese día tenía un precio. El inicio y el final de mi viaje estuvieron plagados por ese flagelo de la sociedad que son los Hombres Blancos Que Creen Que Solo Ellos Importan. Lo vuadejar en inglés porque así lo escribí, recapitulándole a alguien que no habla español, y me da hueva traducirlo. Si no habla inglés, aquí y aquí está la versión corta. Y yo no tengo cara de Stacey.

The first annoying entitled white dudebro appeared at the train station, as early as 5:20 am, calling me “Stacey” *and* “Sharon”, and opening his arms for a hug. I said “nope, sorry” politely and he left me alone. Then I cringed when I noticed he and one of his mates, and no-bo-dy-else went on the same coach as me. They both sat in First Class, I was in a standard seat. They left a few minutes later as the Stacey Sharon guy talked to me again, warning me that First Class was rubbish and there was no need to pay extra for that. Then they both left, thankfully.

***

The London train back home was chaotic. Four dudebros were at the table that had my seat. The response of the one in my seat when I pointed that out was something like “I’m not having a good day, am I”. Asshole. But I’m stupid, so I said he could stay there and I could seat nearby if no one else claimed my new seat. Well, of course someone claimed it, which I knew would happen because I CAN READ THE SIGN THAT SAYS THIS SEAT IS RESERVED, but at least the fucker accepted to go away after that, without aiming his drama at me.

I almost gave up my seat because I’m stupid, but also because I had no interest in sharing a table with three dudebros. I heard one ask “is this really her seat?”, but unfortunately I’m no good at confrontations, and yes, it was my seat. They didn’t bother me, but one of them was engaged with fighting with his girlfriend over text message, and their semantic field suggested they were not the kind to respect women as people.

I just read my book, and eventually put on my headphones and doodled a skull, which reflected my frustration over a train journey ruined. I was hoping I’d get some peaceful time, with music, my notebook and a coffee, to collect my thoughts after a beautiful day. Instead I got a burping bro, who also put his feet on the seat next to me when his mate got up.

I have to repeat that they didn’t bother me, only because I’m relieved about that. Afterwards, I could think of many ways I could have reacted differently to the jerk on my seat, beginning by removing “sorry” from my vocabulary, but maybe not reacting on time saved me some trouble. It sucks to have this as a consolation, but also, there seemed to be no train staff around (no one even checked the tickets) in case anything happened.

When I got to the city, there was a long line to catch a cab, and no cabs. Another group of brodudes, who looked like how the ones from the train will look in 30 years, were growing restless behind me, and seemed ready to steal the next cab that came along. They yelled very rude things at an obese man who took a cab first BECAUSE HE WAS IN LINE FIRST. They insulted a guy who was before me because how one dares to use “one cab for one person”.

I was ready to throw a kick if the one who was the leader jumped in front of me to take my cab. Instead, he touched my side, ugh, I felt his fingers brushing against the side of my stomach, and asked me something I did not understand, but I looked down on him (I was slightly taller than him and I tried to emphasize that), said “YES” in a deep voice, and hopped on quickly.

Again, I can think of many ways in which I could have responded to those assholes, and ways in which things could have gone wrong with them. But let’s not think of that, OK? Fucking entitled white males, they are trash indeed. I was super happy after my day at Brighton, and I’m glad it left me in a solid mood, so at least when I got home I was still smiling and thinking of the good times I’d had, and mostly relieved I’d left all the dudebros behind.

See ya never, grandísimos cerotes.

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***Más fotos.