RSS

Archivo de la categoría: Violencia

Huida involuntaria y culposa.

E.T. llama a casa:
“Me fui sin pensar que sería para siempre. No me espantaron las balaceras. A ninguno de nosotros lo habían levantado. Los bombazos solo eran en las casas de la gente mala. Huí solo de las calles polvorientas, del pueblo sin bibliotecas ni librerías. Cuando dejé Reynosa no conocía aún la vergüenza de su violencia. En esa época la frontera mexicana eran Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez. La frontera y su contrabando y sus putas y sus narcocorridos y todos sus clichés quedaban muy lejos de nosotros. “Aquí no es así”, decíamos indignados. Aquellas fronteras eran un malentendido, una injusticia para las demás. Para nuestras tierras de gente afanosa, recia, tosca pero honrada. Me fui sin saber que algún día tendría miedo de volver. Que me daría vergüenza admitirlo. Sobrevivir sin estar junto al peligro no tiene chiste. Te conviertes en un cobarde”. Seguir leyendo…

 

El otro lado, el más lejano.

Encontré un video que muestra la vista desde el otro lado de la luna, el lado más lejano (erróneamente llamado “lado oscuro” desde nuestro limitado punto de vista, porque también recibe luz solar), el que no vemos desde la Tierra:

Hablando de lados lejanos que no vemos:

– La vida de los tres jóvenes musulmanes asesinados en Estados Unidos, en un crimen de odio que tuvo poca repercusión en los medios y en la solidaridad colectiva (tal vez tomando prestado un mecanismo similar al que hace que uno omita quién exactamente linchó a 4,000 afro-estadounidenses).

– Violaciones masivas en Sudán por parte del ejército.

– Ser LGBTQ en la tercera edad.

– Feminista musulmana arriesga cárcel por negarse a delatar a disidentes saudis.

– Omar Kahdr, de 15 años, y su familia fueron víctimas de un ataque en Afganistán. Omar quedó malherido pero fue apresado y llevado a Guantánamo, donde sufrió torturas e interrogatorios por años, y dormía abrazando un Mickey Mouse de peluche. Tuvo que declararse culpable de actos terroristas que no cometió para ser transferido a una cárcel en Canadá. Hoy tiene 28 años y sigue preso (a punto de perder la visión pues sus heridas por el ataque no fueron tratadas), y hay una campaña internacional para liberarlo lo antes posible.

– El proceso de “aprendizaje” de los animales que deben entretener a los humanos (circula que esta foto fue ganadora del World Press Photo 2014 en la categoría Nature pero me parece que no):

“¡Qué bonitos los animales del circo, vamos a verlos!”

– Un gato camino al matadero (pude haber puesto un cerdo pero usted sabrá cómo se pone alguna gente cuando le tocan su comida):

Por el lado amable:

– Un hombre salvó a 500 niñas de ser secuestradas por Boko Haram.

– Esta portada:

 

 

 

La responsabilidad moral de matar.

Así escaparon de la Mara Salvatrucha dos jóvenes soldados:

y yo digo: ‘los agarraría así, pero encapuchado’… quizá les doy una gran talegueada, así como salimos nosotros. Ellos se las desquitan, pues, así como hicieron con nosotros, y lo que nos querían hacer…

Ya. Y si vos los agarrás y después ellos se desquitan agarrándote, y después vos te desquitás, y ellos se vuelven a desquitar y vos te volvés a desquitar…toda la razón en no verle fin al problema de las pandillas.

airt3nzsu0znio6wkdez

Pero al respecto, el gobierno ya le dijo a la policía que disparen sin consecuencias. Las respuestas son irracionales, viscerales. Comprensibles, sí, proviniendo de gente (autoridades y civiles por igual) asustada, hastiada y encolerizada. Comprensible pero inaceptable como respuesta permanente, ineficaz como solución.”Una comprensión superficial por parte de la gente de buena voluntad es más frustrante que la falta absoluta de comprensión de la gente de mala voluntad” (MLK). Ya les dijeron que “el barrio abajo se crea desde arriba” (hhhmmm) y otra chorrada de razones que explican las causas de las pandillas y de fenómenos asociados.

Hay algo más. No basta no vivir en un barrio controlado por pandillas para estar seguro. La ciudadanía, la “gente honrada”, se empeña en imponerse sobre el prójimo. Se empeña en usar la violencia -verbal, física, simbólica- para obtener lo que quiere y para castigar a quien no le deja conseguirlo.

Frenar la violencia requerirá de un extenso y sostenido esfuerzo de educación emocional. Mientras tanto, es necesario volver una y otra vez sobre el tema, señalar las formas que adquiere la violencia, cómo se filtra, cómo se naturaliza, cómo nos anestesia.

El genocidio silencioso

Llámese estar por encima del otro, como dice el artículo “Mejor que vos” (mire, ve, ahí encontrará una versión literal de mi persona en modo “pasando iba”). Llámese esa idea que ha surgido últimamente, que para fines de llevarle el concepto a las masas, se ha denominado el Síndrome “Breaking Bad”.

A primera vista muchos nos inclinaríamos a pensar que ese tipo de personas actúan llevados por sus instintos más bajos y su falta de moral, aunque según una investigación realizada por expertos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, por sus siglas en inglés), la respuesta sería precisamente la contraria.

En el libro “Virtuous Violence” (Violencia virtuosa), Alan Page Fiske y Tage Shakti Rai sostienen que la mayoría de actos de violencia nacen fruto del deseo de hacer el bien o lo que cada persona en concreto percibe como lo correcto.

Es lo que en la UCLA han bautizado como el “Síndrome de Breaking Bad“, en referencia la exitosa serie de televisión estadounidense.

La conclusión a la que llegaron es que en la mayoría de los casos, sin importar el contexto social o cultural, cuando alguien comete un acto de violencia física lo hace con el convencimiento de que no sólo es correcto, sino también necesario.

Así, según los investigadores, cuando una persona ataca a otra lo puede hacer motivado por la voluntad de que ese individuo pague por alguna maldad que ha cometido, real o percibida.

También se puede querer enseñar una lección, inculcar obediencia o modificar una relación que el que lleva a cabo ese acto de violencia cree no se puede cambiar de otra manera.

En su libro, Fiske y Rai ponen el ejemplo de personas que maltratan a sus hijos o a sus parejas, quienes erróneamente suelen estar convencidos de que están haciendo lo correcto para situar los vínculos que mantienen con sus víctimas en el lugar que consideran adecuado.

[…]

Fiske cree que la analogía de “Breaking Bad” funciona bien con sus estudio, porque al principio de la serie “el protagonista cree que tiene una responsabilidad moral para con su familia que es más importante que los estándares morales de la sociedad”.

más breve:

También está surgiendo una línea de investigación que ha encontrado que la mayoría de la violencia surge de la moralidad, no de la falta de ella: “a través de las culturas y la historia, generalmente hay un motivo para dañar o matar: las personas son violentas porque sienten que es lo correcto. Se sienten moralmente obligadas a hacerlo” (ver el libro Virtuous Violence).

Aun quien ha tenido la suerte de no ser violentado por miembros de una pandilla, seguro en más de una ocasión se ha sentido violentado por alguien que no lo es. No importa si sigue las reglas de convivencia o no las sigue, las consecuencias de seguirlas o no son inciertas.

Atacar a otra persona, culpabilizar y criticar duramente a otro, todo viene del mismo lugar: el intento de quien hace esto para descargar algunos de sus propios malos sentimientos sobre vos. Al poner el énfasis en vos, y lo que piensan que hiciste mal, pueden alejar el foco de atención de sí mismos y sus propios defectos de carácter. Pero también pueden disminuirte, elevándose a sí mismos a una posición de poder. Y las personas que intentan ganar poder de esta manera – a través de la disminución de los demás – lo hacen porque no se sienten poderosos en sus propias vidas, y la única reconciliación es tratar de controlar a los demás.

Fuente

Comprensible también. La incertidumbre, sobre todo ante algo tan esencial como “volver con vida a su casa”, roba agencia, roba poder. Una persona sin poder puede paralizarse en posición fetal o volverse insufrible y armar un circo (e.g.) tratando de demostrar que no le falta lo que le falta. El Salvador es lo segundo. Y entonces, finalmente, matar está bien. Es necesario, es lo correcto, es lo que hay que hacer. Pregúntele a un pandillero y a un ciudadano común, piensan igual: es lo correcto matar a quien te está jodiendo.

airt3nzsu0znio6wkdez

 

Las consecuencias de hacer lo que corresponde.

I.
“Alejandro Adolfo Melara, de 26 años, era una persona muy trabajadora y colaboradora con muchos vendedores del centro de San Salvador. Era maestro de ajedrez de vendedores del Mercado Central y padre de una niña de dos meses. Ayer fue ultimado a balazos cuando se encontraba lavando su carro frente a su casa, en la 23 Avenida Sur, en la colonia San Juan de San Salvador.

[…] Los detectives afirmaron que el domingo pasado Melara tuvo un altercado con una pareja de vecinos por un promontorio de basura y ripio que le tiraban frente a su casa.

Los investigadores agregaron que, el lunes, la víctima y otro familiar fueron a la Alcaldía a pedir ayuda que remover el ripio y la basura y poner un rótulo, para que los vecinos ya no tiraran basura en el lugar.

Sin embargo, el jueves, el maestro volvió a tener problemas con la pareja de vecinos y uno de ellos le expresó “vos no sabés con quién te estás metiendo” y luego lo amenazó”.
Matan a tiros a profesor de ajedrez que había sido amenazado por un vecino

II.
“El bullying se lo lleva el maestro que intenta explicarle al menor que su mala ortografía también es materia de su mala calificación. El argumento del menor es plantarle un formidable puñetazo a la figura
Alumno golpea a profesor que le puso mala nota.

III.
[Ben] Schwartz fue apuñalado nueve veces el domingo anterior, después de que le pidiera a un hombre que dejara de acosar a su novia en la calle.

IV.
“Hace dos semanas, Tugce Albayrak iba a terminar una noche de fiesta en la ciudad de Offenbach cuando se dirigió junto con unos amigos a un local de comida rápida. Eran las tres de la madrugada. Mientras estaba esperando en la fila, Tugce escuchó gritos en el baño de mujeres. Al abrir la puerta encontró a dos hombres que abusaban a dos chicas en estado de ebriedad y que apenas lograban resistirse. Tugce pidió ayuda y, con la ayuda de dos personas que se encontraban en el restaurante, sacaron a los tipos del local, cubrieron con mantas a las chicas y les pidieron un taxi. Uno de los agresores, dijo entre dientes mientras salía por la puerta: ‘Nos vemos afuera’.

Cuando Tugce salió del restaurante, la estaban esperando. Uno de los jóvenes la atacó y Tugce cayó al suelo al recibir un golpe en la cara. El resultado de la paliza fue una fractura en la base del cráneo y hemorragia cerebral.

Durante 15 días ha permanecido en coma. En coma ha vivido su último cumpleaños hasta que sus padres, aconsejados por los médicos y ante la falta de esperanza de una mejoría, han decidido apagar las máquinas que la mantenían artificialmente con vida este fin de semana”.
Tugce, mártir del coraje civil contra la violencia de género

Otra nota, en inglés, con un comentario que dice: “Las mujeres no pueden ganar. Si nos quedamos calladas por el acoso/abuso, la gente nos culpa por no decir nada. Si NO nos quedamos calladas, nos condenan o, peor, nos matan…Este hombre estaba tan insultado porque una mujer cuestionara su necesidad de dominación que TUVO que causar daño a esta mujer de alguna manera”.

Bonus track
“‘En el autobús, nos hicieron gestos obscenos, nos tocaron y abusaron de nosotras. No podíamos soportarlo más y empezamos a golpearles. Uno de ellos agarró de la mano a mi hermana y otro me cogió del cuello. Fue entonces cuando mi hermana cogió su cinturón y les golpeó’, relató Pooja, según cita la televisión NDTV.

El autobús estaba lleno pero, según dijeron las jóvenes, todos los presentes prefirieron mirar hacia otro lado y no hacer nada. ‘Otros en el autobús nos dijeron ‘no hagáis nada u os van a violar o a verter ácido sobre vosotras, os van a matar’. Teníamos miedo pero no nos dimos por vencidas’, dijo a la televisión local la hermana mayor”.
La India premia la valentía de dos hermanas que se defendieron de tres acosadores en un autobús.

“Todas las chicas deberían hacer lo que hicieron estas hermanas. Lo hicieron bien.

Eh, no. No sé. Dan ganas y la situación lo amerita pero, vieja, ¿viste lo que te puede pasar? Que no sea esta noticia una excusa para avergonzar a quienes no sacamos el cincho y golpeamos a cada acosador/tocador que pulula por el mundo. Claramente, aun siendo hombre, puede haber consecuencias por defenderse ante hombrecitos endiosados que se creen con derecho sobre otras personas.

…es triste que ninguno de los otros pasajeros las ayudase. La sociedad tienen que cambiar su forma de pensar y la gente debe dejar de ser meros espectadores cuando ocurren estos incidentes”, lamentó la ministra Uma Bharti.

Bueno, sí. Pero además, la sociedad tiene que cambiar su forma de pensar sobre el acoso callejero. Te están diciéndote que no está bien hablarle a desconocidas en la calle. Si es por ser amable, háblele a hombres también, dígales hola, seguro ellos se sentirán halagados por la atención que no suelen recibir en la vía pública.

Pero enejesentido, que este post no inyecte en usted desesperanza aprendida. Otro mundo es posible. Puede que llegue un momento en el que nos toque decidir hacer lo que cualquier persona hubiese hecho (pero nadie más hizo).

 

 

Psicología social y violencia política: 25 aniversario de los mártires.

Hoy fue un buen día para hablar de psicología social y violencia política en clase. El capítulo que leímos iniciaba con casos emblemáticos, entre ellos el golpe de estado a Allende en 1973 y el asesinato de los jesuitas en 1989. Mis estudiantes hablaron de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, del conflicto entre el gobierno chileno y el pueblo mapuche, del atentado a las Torres Gemelas, del Ejército Zapatista. Les conté de la masacre de El Mozote y tantas otras, que en El Salvador hoy se conmemoraba la Ofensiva Final, que pronto se conmemoraría el asesinato de Ignacio Martín-Baró y sus colegas y colaboradoras, y que asesinar a un pandillero es igual de ilegal que matar a una persona que no es de pandillas, pero que hacerlo sería totalmente legítimo a los ojos de la opinión pública. Tipología de la violencia política, página 280.

(Ni hablar de la construcción del discurso. Un simple dato permite extender el análisis una barbaridad: “la normal rural de Ayotzinapa es considerada como un auténtico semillero de guerrilleros).

Hace algunas semanas recibí este correo:

Fecha: 24 de octubre de 2014, 14:32

Asunto: Invitación enviar video para espacio conmemorativo 25 años del asesinato de Ignacio Martín Baró

Estimados/as,

Junto con saludar, quiero extenderles la siguiente invitación.

Este año conmemoramos 25 años del asesinato de los jesuitas de la UCA en El Salvador. En este marco, realizaremos una conmemoración en la IX Cátedra Internacional Ignacio Martín Baró, que realizaremos el jueves 13 de noviembre en la Universidad Alberto Hurtado.

La invitación es a ser parte de un audiovisual, enviando un video de máximo 1 minuto donde puedan señalar

a) Cómo el legado de la Psicología propuesta por Ignacio Martín Baró ha contribuido en su forma de hacer psicología.
b) quienes conocieron directamente a Ignacio, qué podrían rescatar de su persona.

Con este material haremos un audiovisual que presentaremos los días previos a la Cátedra en la UAH y durante distintos momentos en la Cátedra misma. Asimismo, lo difundiremos en distintas redes.

Agradeceré a quienes se animen a sumarse o puedan sugerir a otros colegas a ser parte de esta iniciativa, me puedan escribir para señalarles con más detalle cómo enviar el video.

En Psicoloquio hay algunas cosas sobre el legado de Martín-Baró. Recientemente, a partir de las teorías suyas y otros colegas latinoamericanos, se hizo un estudio de cómo el trauma psicosocial (ese desamueblamiento de la cabeza que tenemos nosotros, el pueblo salvadoreño) se transmite de una generación a otra. Por no hablar las cosas, por no llamarlas por su nombre…por ser, como dice LaVirginia, los hijos del silencio. No por gusto hablaba mi tío Freud de “la cura del habla”. Por cierto, agradézcole a mi chera en cuestión por póster(s) recibido(s), que aportarán a la conmemoración en una pequeña esquina del sur de Chile.

1505602_874631249213850_4332294832407827085_n

Se habla de lo doloroso para explicarlo, resignificarlo, llegar a tener al menos el mínimo control sobre lo ocurrido. Y al levantar la voz, se tiene el beneficio adicional de incomodar a quien insiste en que todo está sanado mientras se le pudre la herida bajo la gasa. De esas personas se diría, desde la psicología (social y clínica), que urge que entren en crisis.

***
Vea también: Caso Jesuitas.

 

Reacciones.

Una vez chateaba con un tipo. Todo en buena onda hasta que me pidió la dirección de mi lugar de trabajo para enviarme flores. Le dije que no, gracias, que la intención tras su gesto no era compartida por mi persona. Me respondió que era probablemente porque a mí me gustaban novios golpeadores.

¿Qué?

Todavía no sé cómo se responde a algo así. Seguro una de las primeras cosas que algunos piensan al leer el párrafo de arriba es “¿y qué estaba diciéndole ella para que él hiciera tal ofrecimiento?”. Yo sé, usted quiere justificar la acción en apariencia caballerosa del tipo, pero le ahorro el contorsionismo mental: injustificable racionalmente. El contexto de la conversación era aquella época lejana en que los blogs salvadoreños florecían, y muchos de quienes escribíamos en ellos buscábamos entablar conversaciones entre nosotros por otros medios (los tiempos de bonanza de MSN Messenger). Instinto gregario con mentes afines. Quizás el “no más” no aplicaba a todos, como el Casanova que quería mandar flores. Hasta la fecha guardo cherada de esos tiempos, hombres y mujeres, gente que sabe que las posibilidades de interacción con otra persona -aun siendo ambos heterosexuales y de distinto género- trascienden el amor romántico.

Publicidad engañosa: *sólo* tres cosas a hacer *con* una mujer. Usted no puede jugar Smash Bros. con ella, ni conversar sobre el cambio climático, ni compartir una pizza con ella. No tiene más uso que ser receptáculo de su dramático romanticismo, deal with it.

Esa interacción fue bastante benigna, dentro de todo, y con mi subsecuente alejamiento digital el tipo no insistió (no conmigo, al menos). Digo benigno aunque realmente quiero decir que hay cosas peores. Esto no pasó a más, quizás porque no respondí explícitamente a esa acusación de que me gustaba que mis parejas me golpearan (¿?). Parte de recibir este trato es que una no sabe cómo responder. O sí sabe, pero no reacciona; por la sorpresa o porque simplemente la experiencia aconseja no hacerlo: Mujer brutalmente atacada por decirle a hombre que dejara de manosearla. Hay otra noticia de unos hombres que atacaron a otro hombre que les dijo que dejaran en paz a unas mujeres; no hallo la noticia pero para que se vea con algo más de claridad de qué va este asunto.

Hay gente, como la Virginia (y usted ya habrá visto que en este blog se le tiene en alta estima), que sí se atreve a defenderse, a pesar del riesgo. Tampoco es que su defensa haga que estos cabrones se den cuenta de lo que significan sus acciones:

La víctima de mi hombro briggittebardotesco no tuvo suficiente con mis esquivas ni sus roces, sino que, a altura de Metrosur, decidió abrir su pantalón y empezar a masturbarse sin más. Lo próximo que supe fue que mi puño se encontró con su nariz y que, tras el crack respectivo, el maje huyó diciendo “agradecida deberías de estar, puta”. Yo temblaba de la cólera. Nadie en la 44 llena a reventar dijo ni mu.

[…]

Volteo para reclamar y el maitro encuentra mi mirada mientras estruja mis nalgas y se humedece los labios con la lengua. Mi mano derecha, en donde ya llevo las llaves de mi casa, no puede evitar precipitarse a la mejilla del señor y enterrar la llave del portón tan hondo que lo hace sangrar. Mi culo pierde su encandilante magnetismo de repente y el señor empieza a decirme zorra de mierda. El microbús para. Yo escupo en la cara del sesentón. El motorista entiende qué ha ocurrido y arranca antes de que el señor pueda perseguirme.

Esto es atroz. Anita Sarkeesian es una vlogera que analiza el trato que los medios de comunicación y la industria de los videojuegos hacia las mujeres (aquí, recomiéndola; dice muy bien que uno puede muy bien consumir media sin dejar de ser crítico de sus contenidos). Su último video, sobre el uso de la violencia sexualizada hacia las mujeres a modo de decoración, hizo que la amenazar con violarla y asesinarla (link en inglés, link en español) al punto de hacer pública la  dirección de su casa y de sus padres. La ola de amenazas y acoso sexualmente explícito que recibe es impresionante, y más impresionante es que lo soporta.

“Como si no fueran suyas, las manos de Javier se aferran al cuello de Sandra”. ¿Cómo que como si no fueran suyas? ¡Sí son suyas! ¡Carajo! “se comporta como si otra persona tomara posesión de él” y entonces ahorca a Sandra. ¡La ahorca! Y entonces ¡se asusta! ¡pobrecito!

Y decide  d e s  c u a r t i z a r l a.

Aparentemente debemos empatizar con el pobre Javier porque los charcos de sangre lo hacen vomitar y tiene asco de la mujer que acaba de matar. En la misma línea de pensamiento, la bota a la basura.

Después el periodista nos explica que Sandra vivía en un barrio de mierda y ella era una jovencita temeraria que “salía todos los días”. (A todas les pasa por putas).

[…]

No estoy “hilando fino”. Los juicios contra la mujer, todas las disculpas del crimen, como si ella le hubiera jodido la vida por “provocarlo” (es la palabra que usa el autor) a matarla, son permanentes. Sin lugar a dudas, todo el texto es una apología al feminicidio. Es lo de siempre, echarle la culpa a la víctima, justificar al asesino. Decir que fue un “crimen pasional”. Otro lugar común es tratar de disculpar al criminal diciendo que es un loco, un esquizofrénico, que fue la enfermedad. Pues no todos los locos y todos los esquizofrénicos van por ahí matando mujeres, y aún si lo hicieran, la enfermedad no justifica de ninguna manera un asesinato. Los hombres que matan a las mujeres no son desviados ni anormales, la escalofriante verdad es que el feminicidio es de lo más normal.

El joven que descuartizó a su novia (y tocaba el piano)

Es importante saber usar el lenguaje, y eso pasa por cuestionar cómo pensamos. Lea los eufemismos que perpetúan el abuso: Una mujer no muere “por culpa de un mensaje de Whatsapp” o “por celos”; una mujer no sufre violación “por una minifalda”:

¿El título? “El trágico amor de un cuarentón por una niña de 13 años”. ¿La realidad? Un pedófilo de 40 años asesinó a una niña en un pueblo español. ¿Estamos realmente hablando de un “trágico amor” o estamos hablando de una historia de abuso sostenido, terminado en crimen? ¿Es responsable dar cuenta de esta manera de un crimen de tales características contra una menor de edad?

Si España queda muy lejos, aquí hay una noticia made in El Salvador:

Eduardo Amilcar Larín, de 53 años, quien es acusado de haber asesinado a su compañera de vida de 19 años y lesionar a la hermana de ella, se preparaba para escapar a Guatemala con la intención de viajar de forma ilegal a Estados Unidos […]

“Por la diferencia de edad, creemos que maltrataba constantemente a su compañera de vida porque ella tenía 19 años, era cuestión de inseguridad, de celos, fue hasta así que esta situación llego hasta el punto de que él le quitó la vida a su compañera de vida”, dijo Marroquín.

“Eran problemas de familia (celos), me humilló, arrastró mi dignidad por el suelo, me hizo pedazos, me toco mi ego como hombre”, dijo Larín mientras era presentado en la Policía. Agregó que “no sé lo que pensaba, estaba loco y le pido perdón a la familia, ella también me golpeaba, si vieran mi frente, ella me golpeó, nos íbamos a ir a Estados Unidos y ella ya no se quiso ir”.

Por cierto, este día dejaron libres a los acusados del crimen de Katya Miranda, que involucró a su padre y a su abuelo. Katya Miranda, a sus nueve años, fue raptada de un rancho en la playa donde dormía entre miembros de su familia, y fue violada y asesinada cerca de ese mismo lugar.

 

Magda.

Encontramos a la perrita en la acera, agonizando. Temblaba. Cuando me acurruqué a su lado, gimió y me empujó hacia atrás con sus patas delanteras, rígidas como varas de acero. El señor del kiosco a unos metros se acercó y contó que un tipo se había echado el semáforo en rojo a excesiva velocidad y le había pasado el carro encima a la perra. Que llamó a la municipalidad pero los que llegaron sólo vieron la escena, se rieron y se fueron. Dos caballeros que trabajaban en la oficina sobre el terreno en que estábamos también se acercaron, dijeron que llamaron a la municipalidad pero que no había venido nadie. Qué lástima, pobrecita.

Claro que siento cierta vergüenza, bajo la lluvia y sobre el lodo, sosteniendo la cabeza de una perra de la calle atropellada porque no quiero que estire la pata sin un mínimo de amabilidad. Sé que lo que estoy haciendo es lo correcto, pero hay mucha gente que pasa y ve la escena y que por qué ayudar a un animal y no a la gente (hasta donde yo supe, no había ninguna persona atropellada en los alrededores) y me ahuevo. Hasta que al fin una de esas personas resulta ser una samaritana -hay un samaritano en todos lados, dice mi señor padre- y ofrece su carro para llevarla, para llevarnos a una veterinaria. Brotip: hay que enrollarle el hocico a la perrita con hojas secas de la palmera bajo la que estamos, por si intenta morder. Se deja tomar sin un reparo. La levantamos con la ayuda de unas sábanas que nos pasa la señora. El señor Sepúlveda, siempre listo en todo momento aciago, la toma en brazos y nos subimos al carro. Aciago algo.

Las patas delanteras rígidas y las traseras flácidas son mal signo, dice la veterinaria. Hasta para el ojo más novato la columna vertebral que aparece en los rayos X es un aparatoso choque de trenes. La perra estaba consciente, originalmente condenada a agonizar a la intemperie por días (como es la costumbre en ciudades como esta) hasta que muriera de hambre o sed, o hasta que llegaran los de la municipalidad en uno o dos días más y se la llevaran al canil o la tiraran al camión de la basura. Había gente preocupada por ella, contábamos, pero no tan preocupada. Preocuparse tanto a veces cuesta dinero.

Lo único que pudimos ofrecerle a la perrita fue una muerte compasiva. Pero antes le pusimos Magda, porque evocaba a la Marla Teodora, mi gata. Y un mi sobrinito cree que la Marla se llama Magda.

Al volver de la clínica, evitando quedarme para la eutanasia, me encontré con la pequeña debacle que Roberto Valencia registra en su entrada Animalistos. Y pienso, puta, qué desgracia esta gente. Vamos por partes. Sí me da hueva ese tipo de comentarios, y sí me lo tomo personal. Por un lado, habitualmente no es muy provechoso utilizar la causa de otro grupo como trampolín para atraer atención a la causa propia, mostrando una como menos y otra como más. Por otro, habrá gente que dé con mis entradas sobre la fauna callejera y venga a decirme lo mismo, bajo la concepción errada de que todo lo que muestro aquí es todo lo que hago en la vida.

No me considero animalista por recoger/esterilizar/dar en adopción perros y gatos (ojalá un cerdo, algún un día; envase aparte, son como chuchos). Evitarle agonía a esta perra fue simplemente ser pinche decente. La semana pasada fue la perrita, hace un par de semanas fue tomarle la mano a la señorita que venía a la par mía en el avión porque le aterraba volar, y jugar con su bebé para distraerlas a las dos (la mamá no quería transmitirle su miedo a su hija, su inconsciente colectivo andaba en algo con el aprendizaje vicario). No es como decir, “puta, la Ligia disminuyó la cifra de muertos diarios en El Salvador” pero se evita/disminuye sufrimiento y se mejora las condiciones de vida cuando se puede. Desde la profesión, creo yo, puedo hacer esas cosas con efectos más sostenidos en el tiempo, y ahí sí hasta le manejaría lo que es la disminución de la cifra diaria de muertos, que tampoco es cosa sencilla ni inmediata, ni siquiera es una respuesta.

Yo podría decir que unos jóvenes pedían ayer $ para la Cruz Roja en el país donde asesinan en la indiferencia a 12 personas al día. Uno puede hacer muchas cosas en el país donde asesinan en la indiferencia a 12 personas al día, y siempre puede sentirse culpable por ello, pero en muchos casos, sería peor dejar de hacer esas cosas. Lo que sí podría hacerse para incidir en el número de asesinatos y sus raíces todavía no está en el repertorio de esta sociedad maldita, y la indiferencia a la que se refiere Roberto Valencia ya sabemos más o menos por qué es. Hartazgo, miedo…

Todo eso es mi primer pensamiento al terminar de leer el tuit, la velocidad de las neuronas es una cosa maravillosa. A continuación pienso, bueno, igual es comprensible esa manera de pensar, en general, amén de ser consistente con la línea del autor, ese es su campo de trabajo y está comprometido con el tema, no es cualquier cincueyuca. Y luego leí algunas de las reacciones. Santo Padre…

Explicame por qué insultás, vieja. ¿Creés que eso te deja bien parado, que mejora en algo la situación? ¿Creés que deja bien parado al movimiento que representás? “Aquel que se asume como parte de [una minoría] es, lo quiera o no, un portavoz y representante visible de aquellos como él, ocultos o no“. ¿Creés que con tu reacción es creíble que la gente que ayuda a los animales es buena persona? No me ayudés, compadre.

En fin. Descansá en paz, Magda, y ojalá no volvás a este mundo insufrible.

 
 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 49 seguidores