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Lo bueno es mejor de lejitos (quizás, a veces).

03 Nov

Nomás vengo a dejar estas ideas, con sus alcances y limitaciones, para ejercitar la mollera:

I.  “Lo que la gente cree que quiere y lo que realmente prefiere no son siempre la misma cosa”.

“La distancia influencia la atracción. Por ejemplo, una persona de mayor inteligencia parece atractiva cuando está a la distancia, o lejos, en su mente. Pero menos si esa persona está junto a usted […] presumiblemente, cualquier persona cuyo desempeño es superado por el de alguien cercano puede sentirse amenazada por ello”.

Un romance a larga distancia. Las cualidades admiradas en otra persona desde lejos pueden resultar amenazantes a medida que esa persona está más cerca.

(Cuidado: si este estudio agarra vuelo, va a verlo con titulares tipo, no sé, “Los hombres no se sienten atraídos por mujeres inteligentes” o “Las mujeres inteligentes asustan a los hombres” -según a quién quieran dejar mal parado-. Sin embargo, aunque el estudio efectivamente abordó las relaciones románticas y los participantes solo fueron hombres, esas son conclusiones simplistas que establecen causalidades que no son. Aparte, si le da al inglés, aquí puede leer una revisión crítica de este estudio).

II.  “No queremos tener cerca a los bienhechores”.

“[…] la presencia de una persona excesivamente generosa en el grupo hace que los demás se sientan egoístas por comparación. Las personas no podemos evitar establecer comparaciones y autoevaluarnos en función de estas, y no salimos bien parados de una autoevaluación cuando tenemos enfrente a un santurrón que entrega todo lo que tiene y no se lleva nada a cambio. La reacción habitual es quitar de nuestra vista al causante de esta comparación que tan poco favorable nos resulta: expulsamos al generoso para no sentirnos mal.

El segundo motivo para el rechazo al bienhechor es que es percibido por los demás como alguien que se desvía de la norma. Parece que las personas tenemos en gran estima las reglas de convivencia (en este caso las reglas del juego) y castigamos a quien no las cumple. Consideramos un comportamiento justo el de quien contribuye en la misma medida en que se beneficia, sea mucho o poco. Cualquier estrategia que se salga de ahí es sospechosa de ocultar algo y debe ser penalizada, incluso aunque objetivamente favorezca al bien común”.

No queremos tener cerca a los bienhechores.

 

 

 

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