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Dos gatos que no saben que cruzaron el océano Atlántico (II).

28 Oct

Aquí la parte I. Pero esto no es nada, mire: un adolescente refugiado viajó de Siria a Grecia con su mascota (Además, alguien escribió sobre el proceso de mudarse de Estados Unidos a Polonia con una gata. Fue publicado cuando ya había pasado todo lo que cuento acá y algunas cosas no hubieran aplicado -la gata pudo viajar en cabina-, pero tiene observaciones útiles para quien esté pensando mudarse al extranjero con su gato).

Era lunes por la tarde. Marla y Macareno habían dejado atrás la vida como la conocían, y después de su primer viaje en avión, admiraban la capital de Chile:

A nuestros anfitriones les gustaban mucho los gatos, y estos gatos fueron bien gente. Se portaron bien y se sintieron en casa inmediatamente…demasiado. Lo que es no tener vergüenza:

Hasta hubo un espacio para fotografías artísticas.

Este pequeño salvaje no usa collar porque arruinó uno por semana en tres semanas consecutivas. Pero protip: el collar no es necesario para el viaje.

Para su gran travesía, había que mandarlos con lonchera: una bolsita de comida y una botellita de agua cada uno. Los gatos tenían el vuelo el miércoles a las 7 am. Nosotros sus humanos teníamos vuelo el miércoles a la 1 am, retrasado algunas horas por el paro nacional de aeropuerto de ese día, que casi echa a la basura la preparación de meses. Infinitas gracias a nuestros anfitriones, que nos llevaron al aeropuerto a las 10 pm del martes, y llevaron a los gatos a las 5 am del miércoles.

Esta es una historia aparte pero el paro, Santo Padre. Qué bueno que no llevábamos a los gatos con nosotros, y qué bueno que no fue en ese momento el terremoto que ocurriría ese mismo día. Fue una pesadilla pero al final el itinerario resultó. Y por supuesto había mucha gente maldiciendo el paro pero mire, viajar en avión implica cierto nivel de privilegio, y frente a eso y a las demandas por condiciones de trabajo dignas, esperar era una incomodidad considerable pero pasajera (I made a pun!).

Después de más un día de viaje y varias escalas, llegamos a nuestro destino. Era jueves por la mañana en el nuevo continente. Nos quedamos en casa de otra estudiante chilena, su esposo y su hija; también agradecimientos infinitos a ellos por ofrecer alojarnos a los cuatro. Llegamos a su departamento al mediodía y los gatos debían llegar alrededor de las 9 pm. Saltémonos más de medio día de ansiedad. Llegaron:

Enteros. Con pelo. Sin demostrar tendencias homicidas.

Y lloramos de alivio. Los humanos. Los gatos se ocuparon de rodar por el suelo. Por fin, por fin, por fin. Todo había salido bien. Nos habíamos sacado un enorme peso de encima. Literalmente, porque Macareno llegó flaquito de puro estrés.

Todos los papeleos de los meses previos valieron la pena. Tuvieron un viaje de más de 30 horas pero sin problemas, y en cada escala recibieron el visto bueno para el siguiente tramo. La camioneta que los traía desde Londres se estacionó a unos pasos del edificio donde estábamos quedándonos, frente a un bar con un prototípico portero corpulento y una fila de personas impacientes por emborracharse. Tapamos las cajas con mantas y entramos al edificio. Las mascotas estaban prohibidas, o al menos en ningún lugar estaba estipulado que eran aceptadas. Aun así, el alojamiento desde el principio fue ofrecido para los cuatro.

Tras una noche de descanso, los gatos eran ellos mismos otra vez:

Marla parecía particularmente agradecida (o el equivalente felino de ese sentimiento) de haberse reencontrado con sus humanos.

Pero los gatos sólo duraron un par de días con nosotros en ese departamento. Temíamos meter en problemas a quienes nos daban alojamiento. Así fue como descubrimos la industria de los “catteries”, los hoteles para gatos. Los dejamos en uno, donde finalmente estaban más cómodos que nosotros, con su propio cuarto lleno de superficies suavecitas. Eso nos dio más tranquilidad para registrarnos en la universidad y buscar donde vivir, sin preocuparnos de dejar los gatos solos en el departamento.

Por primera vez me encontraba sin casa. No era una condición dramática (especialmente a comparación de la del adolescente sirio) pero sí, toda mi vida hasta entonces había tenido un lugar adonde llegar que consideraba mío. Ahora mis llaveros estaban vacíos, eran inútiles. Desde la mañana del lunes había quedado a la deriva, dependiendo de un techo prestado…que nunca faltaba quien ofreciera el suyo, eso se agradece.

En la nueva ciudad había muchas opciones de alquiler de casas y departamentos pero ninguno aceptaba mascotas. Dejábamos nuestro número de teléfono, también prestado, y nuestro correo en agencia tras agencia. Alguien afirmó que tendríamos que deshacernos de los gatos si queríamos encontrar donde vivir. Pareció derivar cierto placer de hacer ese comentario, realmente le costaba dimensionar el afecto involucrado en movilizar un animal, o dos, desde Chile al Reino Unido. Salimos rápidamente de esa agencia y seguimos buscando.

Todo se nos hacía cuesta arriba. Es que la ciudad está construida entre colinas. Subimos y bajamos por días, en medio de la inducción universitaria, tomándole foto a cada casa con el rótulo de “se alquila”, anotando la dirección y la agencia responsable. Era descorazonador. Todos los agentes sonreían cuando empezábamos a contarles nuestra situación, sí, por supuesto, tenemos lo que buscan, y su sonrisa desaparecía cuando agregábamos “y dos gatos”. No. No, tenemos nada disponible bajo esas condiciones. No era nada personal, en realidad, muchas propiedades tampoco aceptaban niños. No. Nada. No.

Pero de repente encontrábamos ventanas con gatos. Eran nuestra aspiración e inspiración.

Hasta que recibimos un sí. Una persona estaba dispuesta a que tuviéramos a los gatos. Y una semana después de haber entrado al país, y muchos meses después de planificar y parir enanos rogando que todo saliera de acuerdo al plan, los cuatro nos acomodamos en una casita británica:

Para beneplácito felino, no faltan ventanas para ver hacia la calle y donde tomar el sol (cuando hay):

No me había dado cuenta de la influencia de la colección El Barco de Vapor, hasta que comencé a vivir en esta casa. Muchas cosas me eran familiares. Especialmente lo de las casas que crujen por la noche…

Y donde asustan.

Macareno intentando tirar la casa por la ventana.

En sus primeros días durmieron uno a la par del otro, como no lo hacían desde mucho tiempo. Título alternativo de esta foto: Cosplay de Cole & Marmalade.

Marla, fiel a su estilo, se puso al día con sus siestas:

Zeta, zeta, zeta.

A photo posted by Ligia (@simeonistico) on

Macareno, fiel a su estilo, no tardó en hacer amiguitos:

Macareno ya hizo su primera amiguita.

A photo posted by Ligia (@simeonistico) on

Todos preguntan siempre por ellos: en la universidad, en la comunidad, y hasta la señora de bienes raíces, que cómo están los gatos. Pues, felices, posiblemente -como sus humanos- viviendo la mejor de sus vidas.

 

8 Respuestas a “Dos gatos que no saben que cruzaron el océano Atlántico (II).

  1. Lorena

    octubre 28, 2015 at 5:08 pm

    qué bonita historia. que lástima que los ingleses sean tan complicadoscon las mascotas, pero que bueno que encontraron un hogar para los cuatro! abrazos!

     
  2. Gloria Ceccilia

    octubre 28, 2015 at 9:50 pm

    Que hermoso José y Ligia que compartan su experiencia y así saber de los cuatro. Muchos Abrazos y Bendiciones para ustedes. La Mamá del Bebé Coloro que tantas veces lo rescatabas de sus andanzas no autorizadas y que por supuesto no nos habíamos dado cuenta.

     
    • Ligia

      noviembre 1, 2015 at 2:54 pm

      Gracias! Cariños a usted y a los Coloros!

       
  3. Estefania Herrera Torres

    octubre 28, 2015 at 11:11 pm

    ¡Qué linda narración! Chincolito, Toñito y yo les enviamos cariños, energía y buenaventura!🙂

     
    • Ligia

      noviembre 1, 2015 at 2:54 pm

      Gracias, Iti! Un abrazo para los tres :3

       
  4. Clara

    octubre 29, 2015 at 7:28 pm

    Gracias por el relato y los importantes datos de cómo llevarse a sus gatos fuera del país. Como tantos en este paisito, ando oteando el horizonte para ver a dónde voy a parar con mis huesos y, como no, con mis dos peludos hijos. Asimismo, es bueno pues, saber que este par de felinos y sus cariñosos humanos han logrado establecerse por fin en esas tierras allende los mares. Mucha suerte y buena vibra para los cuatro🙂

     
    • Ligia

      noviembre 1, 2015 at 2:57 pm

      Muchas gracias ^__^ Espero la entrada haya aportado ideas para viajes futuros.

       

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