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Un estómago con algunos órganos accesorios

Uno de mis mayores intereses, en este punto de mi vida, es cómo un mismo fenómeno puede narrarse tanto a través de la investigación científica como de la ficción.

Meses atrás, por ejemplo, revisé algunas investigaciones sobre los efectos del status socioeconómico en la salud (y, jue, en la cara), y recientemente se publicó otro estudio en esa línea, acerca del impacto de pertenecer a cierta clase social. Por otro lado, poco después, leí las memorias/ficción autobiográfica(?) de George Orwell sobre el periodo en que vivió en la indigencia, en París y en Londres.

Los primeros dos enlaces arriba explican mecanismos, mientras que el libro relata experiencias. Para complementar lo primero, vengo a dejar un fragmento del libro de Orwell que me pareció sobrecogedor (la traducción y las negritas son mías, va’pasar a disculpar). Con una dosis de imaginación bien informada, historias como estas llegan a las mismas conclusiones que investigaciones al respecto, y ahorita no tengo nada terriblemente revelador que decir más allá de eso.

Es curioso, tu primer contacto con la pobreza. Has pensado mucho sobre la pobreza, es lo que has temido toda tu vida, lo que sabías que te pasaría tarde o temprano; y todo resulta total y prosaicamente diferente. Pensaste que sería simple; es extraordinariamente complicado. Pensaste que sería terrible; es meramente miserable y aburrido. Es la peculiar bajeza de la pobreza lo que descubrís primero; los cambios a los que te lanza, la mezquindad complicada, el rescatar las migajas.

Descubrís qué es tener hambre. Con pan y margarina en el estómago, salís y ves las vitrinas. Por todos lados hay comida insultándote a enormes y malgastados montones […] un lloriqueo de autocompasión te invade ante la visión de tanta comida. Planeás tomar una hogaza de pan y huir, tragándotela antes de que te atrapen; y te abstenés, por pura tristeza.

Descubrís el aburrimiento que es inseparable de la pobreza; las veces en que no tenés nada que hacer y, estando hambriento, nada te interesa. Por medio día a la vez, te acostás en tu cama, sintiéndote como el jeune squelette en el poema de Baudelaire. Solo la comida podría animarte. Descubrís que un hombre que ha pasado una semana a pan y margarina ya no es un hombre, solo un estómago con algunos órganos accesorios.

[…] cuando estás acercándote a la pobreza, hacés un descubrimiento que opaca a algunos otros. Descubrís el aburrimiento y las complicaciones mezquinas y los inicios del hambre, pero también descubrís el gran rasgo redentor de la pobreza: el hecho de que aniquila el futuro. Dentro de ciertos límites, es cierto que mientras menos dinero tenés, menos te preocupás […] Tres francos te alimentarán hasta mañana y no podés pensar más allá de eso. Estás aburrido pero no tenés miedo. Pensás vagamente, “voy a morir de hambre en un día o dos…qué sorpresa, ¿no?”, y luego la mente divaga hacia otros temas.

Down and out in Paris and London (Capítulo 3)

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Handsome devil

Destáquese a Jesucristo por su atractivo físico, amén de su elocuencia, bondad y poca paciencia para aguantar changonetas. No sería difícil creer que su estilo de vida y genes celestiales contribuyeron a su óptimo rendimiento corporal y hasta a una cabellera ondulada y sedosa.

Otros aspectos del envase mundano de Yísus, como su gran estatura, su piel blanca con una pizca de bronce, su musculatura cincelada y su occidental rostro dejarían más espacio para cuestionamientos. Pero hay que ponerse en los zapatos (o en las sandalias) de sus seguidores, atareados con encandilar más adeptos al Hijo de Dios mientras La Competencia venía con furia y sensual:

The Lucifer of Liège, Guillaume Geefs -By I, Luc Viatour, CC BY-SA 3.0,
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Mostrame cómo se ve la valentía

Asombro. Esta palabra me aburre. Achaco mi desgano al libro ganador de un certamen, el cual leí porque quería saber qué se necesitaba para uno mismo lograr semejante aberración. La palabra aparecía una y otra vez como reacción a observar el cielo nocturno y a otras cosas que en los primeros capítulos del libro dejaron de importarme. A ver, sí: observar el cielo nocturno, en lo personal, me causa asombro. Pero qué superficial suena.

Soy incapaz de describir con justicia la inflamación existencial en el pecho cuando uno ve algo bonito, pero la palabra en cuestión, en sus formas sustantivas y adjetivales, me pareció un atajo que privaba de la vista panorámica. Esta aversión se mantiene en mi lista de palabras, expresiones y hábitos que me recomiendo evitar al escribir. La lista incluye “cómplice/complicidad”, que por estar escupiendo al cielo no logré evitar una vez, pero tengo una nota de mis guardianes legales para explicarlo; “la santa/regalada gana” y sus variaciones; y el uso de adjetivos que arrebaten de las manos el esfuerzo de imaginar lo que está pasando con el personaje.

Bajo este último criterio, uno de los primeros puestos en la lista lo ocupa la palabra “envalentonado”. Una vez la escribí, en medio de dos comas al igual que esta aclaración, y cuando leí la frase completa sobre un evento supuestamente emocionante, bostecé. Borré la palabra y opté por describir el comportamiento sin calificativos, tal vez porque soy conductista de corazón (aunque para conductistas ortodoxos esta oración es risible). Soy un fracaso pero defiendo mi rigurosidad.

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Llorar en las bodas

No suelo llorar en las bodas. Las ceremonias a las que asistí en mis años mozos me aburrían y, más adelante, me exasperaban con sus tintes conservadores y exigencias tradicionales. Estos sentimientos, por supuesto, no excluyen que yo sintiera afecto y alegría por la pareja que se unía en matrimonio. En mi adultez, contando con un círculo social que afortunadamente se desvía de algunas tradiciones, ciertos momentos de la celebración pueden darme un feliz nudo en la garganta.

Hace poco fui a mi primera (y quizás única) boda en Inglaterra. Era un matrimonio civil en el Town Hall, un evento de quince minutos. La jueza inició con un breve discurso que logró ser formal y emotivo, y procedió: “En este país, el matrimonio se define como la unión entre dos personas…”.

La unión entre dos personas.

Terminó la ceremonia y yo seguía secándome las lágrimas.

Recomendado:
Pluma filuda al sol (LOL): La familia.

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Un cuento en una muestra de narrativa.

El buen equipo de Parafernalia ediciones digitales, de Nicaragua, me tuvo fe y me incluyó en una muestra de narrativa breve de escritoras centroamericanas. Alguien más, en el futuro y dentro del cuento, describirá mejor que yo de qué se trata la historia .

El libro puede descargarse aquí. Descárguelo y vaya a leer a escritoras centroamericanas, pero sobre todo vaya a leerme a mí.

Azul y blanco, Criaturitas del Señor, Frases, Gobierno, Imágenes, Jue!, Memorias y heridas, Personitas, Política, Qué ondas aquí

Trece ortodoxos y asolapados años de Qué Joder

No iba a detenerme a conmemorar esta magna fecha, hasta que el buen Víctor publicó algo que me recordó las zanganadas que me arrastraron a esta vorágine:

¿Felicidades?

Nota: El título de esta entrada no implica identificación con ningún partido, ahí que se den a probar sus virilidades entre ellos.
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Draw the line

Hace 20 años compré mi primer cassette de Aerosmith, el Nine Lives, aunque llevaba varios años obsesionada con el video del chero sin camisa y las dos cheras bonitas. Desde entonces y hasta la fecha, podría construir mi CV con todo lo que aprendí de Aerosmith, desde inglés (veía The making of Pump en VHS al menos una vez por semana, hasta que logré entenderlo todo, y eso me ayudó a que me dejaran saltarme las clases de Leyla en el colegio), pasando por una introducción a fenómenos sociales como la drogadicción y el abuso sexual, hasta la sobriedad, la guapura, la perseverancia y los delirios de grandeza.

Esperé 20 años para dibujar a Aerosmith en mis caricaturas porgustosas. Creo que en algún lado dibujé a ambas partes interactuando pero también quería hacerlo teniendo street cred, y por fin lo obtuve.

Lo que de verdad pasó, hace un mes y un día, fue tan breve como en el dibujo, pero lo relaté con más detalle a unos amiguitos que me dieron apoyo moral en un foro en línea sobre la banda (me da hueva traducirlo):

I did the M&G. I counted the time since the first person got into the tent/photobooth until he got out. As someone said in another thread, it took no more than 30 seconds, 27, really (counting also helped me calm down). When it was my turn I went straight to Joe and shook his hand, I said it was an honor to meet him. I couldn’t even say thank you, which is all I’ve ever wanted to say to the band.

I can’t remember his reaction, and suddenly I was in front of Steven and I leaned in close to his ear and did manage to say thank you. He closed his eyes

HIZO ESTO, VIEJA, YÍSUSCRAIST.

and I thought he was mentally somewhere else, but he gave me a brutal compliment and my self-esteem will never be the same.

I replied something silly and he held my hand, and then Joe was next to me and I went blind, until someone said “another one” and I noticed a flash and I realized the whole thing was over. I showed Steven my tattoo (I hope Joe saw it too but Steven was like a black hole, sucking me in, in spite of my best efforts to remain mindful of my surroundings), and I think he said “very nice”. Then someone led me outside and I felt like a stalker, I got Aerosmith loot, and that was it.

I ran to the toilets so I could freak out in private for a few minutes. I would have loved to give them a hug but I feel weird invading someone’s personal space as a stranger. I supposed Steven would be more open to that; Joe doesn’t strike me as a touchy-feely guy and I wanted to treat both of them equally, which in the end I couldn’t manage to do because I’m a sucker.

(Es menester notar que estoy consciente de que todo esto es una fantasía: sé que para ellos esto del Meet&Greet es un momento borroso tanto o más que para mí, y yo no fui nada que no hubiesen visto millones de veces. Aun así, es mucho más de lo que yo creí que lograría con ellos. Si de paso les ayuda a pagar su retiro, está bien. Su trabajo y hasta retazos de sus vidas personales me han beneficiado lo que es una barbaridad.)

Uno hubiera creído que al tener una foto con los (ex)Toxic Twins me apresuraría a subirla para que el mundo la viera. La foto ya está en internet de todos modos, pero estará fuera de mis círculos virtuales por un tiempo. Ahorita es mía. Mientras, hay fotos gloriosas del concierto, el tercero de mi vida. La gente que me conoce diría que ya puedo morirme tranquila. La verdad es que quiero vivir por mucho tiempo para revivir este momento constantemente.