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El miedo

Nunca he sido de esas personas -sé que tampoco lo sos- que sienten que el amor por un hijo es de alguna manera un amor superior, uno más significativo y más grande que cualquier otro. No sentí eso antes de Jacob y no lo sentí después. Pero es un amor singular porque es un amor cuyo fundamento no es la atracción física o el placer o el intelecto, sino el miedo. Nunca has conocido el miedo hasta que tenés un hijo, y tal vez eso es lo que nos hace pensar que es un amor más grandioso que cualquier otro, porque el miedo mismo es más grandioso. Cada día, tu primer pensamiento no es “lo amo” sino “¿cómo está?”. El mundo, de la noche a la mañana, se reorganiza como un recorrido de obstáculos aterradores. Lo sostenía en mis brazos y aguardaba a cruzar la calle, y pensaba qué absurdo era esperar que mi hijo, cualquier hijo, sobreviviera esta vida.

-Hanya Yanagihara, “A little life” (traducción libre)

Relacionado:
“Arriesgarse a viajar desde Honduras hasta Estados Unidos ya es difícil para un adulto. Pero es más complicado para las madres solteras que atraviesan fronteras en compañía de sus hijos. Lo hacen, todas, porque quieren que sus niños crezcan lejos del hambre y las balas. Estas son solo algunas de las historias de cientos de madres de la caravana” – Madres en éxodo.

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Catorce años de Qué Joder

Comencé este blog en otra vida*. Ya no puedo escribir como entonces, mi forma y fondo han cambiado tanto como mi entorno actual. Este cambio ha sido para bien, en un sentido individual. En un sentido colectivo, debería disculparme por no ser aporte pero no hay con quién.

Algo que no ha cambiado en 14 años es la cara que pongo a causa de El Salvador. Acá esta cara es magistralmente desplegada por tres antropólogas forenses:

“De izquierda a derecha, Silvana Turner, Mercedes Doretti y Patricia Bernardi, antropólogas forenses argentinas. Las tres testificaron en el juzgado de San Francisco Gotera por la masacre de El Mozote. Foto de El Faro: Víctor Peña”. Fuente: Las antropólogas argentinas dan cátedra en el juicio por El Mozote.

De todos modos, este blog es como el Año Viejo, no lo olvido porque me ha dejado cosas muy buenas.

Nos vemos.

*Antes de este blog, tenía una mi plataforma de MSN Groups(!) para ir guardando documentos sobre corrupción en el gobierno y crímenes de guerra, información que en mis años mozos se compartía por correo electrónico (en Word y Power Point, Santo Padre). Hasta mi chero Ñola se animó a escribir una columna, y solo una, para esa plataforma. Por estos días están juzgando a un ex presidente y sus amiguitos por corrupción, y a militares por crímenes de guerra así que qué alegre, hom’**.
**Medio, porque qué cuesta que se haga justicia.
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Un estómago con algunos órganos accesorios

Uno de mis mayores intereses, en este punto de mi vida, es cómo un mismo fenómeno puede narrarse tanto a través de la investigación científica como de la ficción.

Meses atrás, por ejemplo, revisé algunas investigaciones sobre los efectos del status socioeconómico en la salud (y, jue, en la cara), y recientemente se publicó otro estudio en esa línea, acerca del impacto de pertenecer a cierta clase social. Por otro lado, poco después, leí las memorias/ficción autobiográfica(?) de George Orwell sobre el periodo en que vivió en la indigencia, en París y en Londres.

Los primeros dos enlaces arriba explican mecanismos, mientras que el libro relata experiencias. Para complementar lo primero, vengo a dejar un fragmento del libro de Orwell que me pareció sobrecogedor (la traducción y las negritas son mías, va’pasar a disculpar). Con una dosis de imaginación bien informada, historias como estas llegan a las mismas conclusiones que investigaciones al respecto, y ahorita no tengo nada terriblemente revelador que decir más allá de eso.

Es curioso, tu primer contacto con la pobreza. Has pensado mucho sobre la pobreza, es lo que has temido toda tu vida, lo que sabías que te pasaría tarde o temprano; y todo resulta total y prosaicamente diferente. Pensaste que sería simple; es extraordinariamente complicado. Pensaste que sería terrible; es meramente miserable y aburrido. Es la peculiar bajeza de la pobreza lo que descubrís primero; los cambios a los que te lanza, la mezquindad complicada, el rescatar las migajas.

Descubrís qué es tener hambre. Con pan y margarina en el estómago, salís y ves las vitrinas. Por todos lados hay comida insultándote a enormes y malgastados montones […] un lloriqueo de autocompasión te invade ante la visión de tanta comida. Planeás tomar una hogaza de pan y huir, tragándotela antes de que te atrapen; y te abstenés, por pura tristeza.

Descubrís el aburrimiento que es inseparable de la pobreza; las veces en que no tenés nada que hacer y, estando hambriento, nada te interesa. Por medio día a la vez, te acostás en tu cama, sintiéndote como el jeune squelette en el poema de Baudelaire. Solo la comida podría animarte. Descubrís que un hombre que ha pasado una semana a pan y margarina ya no es un hombre, solo un estómago con algunos órganos accesorios.

[…] cuando estás acercándote a la pobreza, hacés un descubrimiento que opaca a algunos otros. Descubrís el aburrimiento y las complicaciones mezquinas y los inicios del hambre, pero también descubrís el gran rasgo redentor de la pobreza: el hecho de que aniquila el futuro. Dentro de ciertos límites, es cierto que mientras menos dinero tenés, menos te preocupás […] Tres francos te alimentarán hasta mañana y no podés pensar más allá de eso. Estás aburrido pero no tenés miedo. Pensás vagamente, “voy a morir de hambre en un día o dos…qué sorpresa, ¿no?”, y luego la mente divaga hacia otros temas.

Down and out in Paris and London (Capítulo 3)

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Ocupar nuestro espacio #IWD2018 #8M

En otros tiempos y en otras circunstancias, escribiría largo y tendido sobre algún aspecto relacionado al Día Internacional de la Mujer. Ahorita no. Hay muchísimas mujeres -cis y trans- que escriben trabajan con contundencia, y no le costará hallarlas porque están en todas partes, levantando la voz y ocupando un espacio visible, por ellas mismas y por las que no pueden. Y no hacen eso solo hoy, lo hacen todos los días. Y no levantan la voz hablando de “ser mujer” en un vacío o en una vaga generalidad, sino en contextos específicos, porque siempre se es mujer en un contexto.

Yo hoy nomás vine a ocupar mi espacio. Hoy es día de especial reconocimiento y gratitud por las luchas de las mujeres -cis y trans, dije- y la sororidad. Si hay algo que usted tiene que llevarse de este día para aplicarlo en su vida diaria es esto: las mujeres son personas; se dice fácil para hay gente a la que le cuesta usar ese criterio. Hace más de 10 años que le vengo diciendo.

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No te dejés pero no jodás

Acto 1: es tu responsabilidad controlar a otros para que ya no se te violente.
Uno: “Nunca dejen que un hombre les haga esto” (impensable el “hombres, no hagan esto”).
 Dos: Un hombre acosa a una mujer y la denuncia es contra las organizaciones feministas que “no hacen nada al respecto” y permiten que pasen estas cosas.
Tres: Madre, si tu hijo o hija se involucra en una violación, es tu responsabilidad. Madre, dije.

Acto 2: dejá de tratar de controlar a otros, eso es censura.
No tengo la menor idea de lo que digo sobre este fenómeno, pero seguro la interpretación que yo hago es a partir de la [que creo que es la] tuya así que vení que te explico.
– Oiga, señor, su lectura sobre el fenómeno está errada.
– Estas mujeres solo son alharacas.

Acto 3: se te violenta bien poco, sos una exagerada. Pero si tanto te molesta, es tu responsabilidad controlar a otros para que ya no se te violente. 

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A la cárcel por perder un feto inviable

Adolescente salvadoreña víctima de violación condenada a 30 años de prisión por parir un feto muerto.

¿Qué más hay que decir? ¿De qué otra forma se lo explicás a la manga de imbéciles que compone el grueso de la fauna salvadoreña, si ya redujiste la situación a su mínima expresión?

Vaya y lea El signo letrina:

Hace menos de un año, una menor de edad sale corriendo al baño antes de empezar clases en el instituto. Último año de bachillerato. Tiene una relación con un pastor evangélico mayor que ella, una infección en la sangre, un feto en las entrañas. ¿Ha entrado alguna vez a los baños de un instituto nacional? Hay un olor penetrante a orina o a cloro; a veces, a ambas. Se siente en los ojos casi como una nube de gas mostaza. En ese aromático entorno ella pare a un feto muerto, inviable. La fiebre se alza atropellada, la sangre le brota, ella se desmaya. Teledós se entera. Lo transmite en vivo. Medio El Salvador sopla su sopita de frijoles con epazote mientras sigue el minuto a minuto y espera a que saquen a esa bicha zorra, asesina, puta, del baño del instituto. Durante los comerciales, quizá el comedor comentó cómo estas monas ahora no pueden cerrar las piernas. Seguro es culpa del reggaetón.

[…]

Nadie parece notar que una y otra y otra vez la narrativa de las mujeres acusadas de homicidio –no de aborto, ni lo quiera Dios–  en contra de sus fetos tiene como escenario brutalista y vulgar el baño público. No es uno con pastillitas olor lavanda tropical, toallas suavecitas gracias al poder del Suavitel Adiós al Planchado ni duchas con control de temperatura, no. Son fosas sépticas. Estas mujeres-monstruo, inmorales, capaces de matar a sus propios hijos, suelen tener como escenario el piso de tierra, la pared de bahareque, las lombrices reptando al fondo de la fosa.

Repito, vaya y lea, y comparta el post.

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La “sinvergüenza” que abandonó a su bebé.

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Encontré estas imágenes que tenía guardadas en mis borradores desde hace un tiempo y dije, “vieja, ¿qué ondas con esta mara y los títulos de sus columnas?”

(Por otro lado, quisiera destacar ejemplo tras ejemplo del nivelón de tabloide que se manejan los periódicos del país en el presente, encima de sus sesgos de todos conocidos, pero ya no estoy para esos trotes. Además, tanta chabacanada se encuentra en línea fácilmente, hasta pena les debería dar. Mi trabajo aquí está hecho).