Trípin – versión El Planeta de los Simios.

29 06 2009

En esta ocasión, nuestra política lente se involucró en una modalidad de patín que se creía extinta: el golpe de estado. Para tripear de primera mano el ambiente setentero y ochentero, la lente viajó al hermano país de Honduras, donde se encontró con una bichada tensa y recelosa. Antes de partir, le pidió a una joven salvadoreña un mensaje de solidaridad, a lo que ella respondió: “¡¡¡Sólo quiero decirle al pueblo hondureño: ‘¡yu ar noralón! ¡ayam jir guityú!’ Así cantaba quien en vida fuera el Rey del Pop!!!“. “¡El pueblo unido jamás será vencido!“, nos respondió un buen hombre, cuando le preguntamos qué le parecía el que se armara todo este bonche a raíz de una pregunta.

Este es el ambiente que captó nuestra lente antigolpista, ¡en exclusiva!, antes de que la echaran del país:

Imágenes exclusivas de los intensos momentos en que los soldados taloneaban al presidente Zelaya fuera de su casa. El presidente se refugió en Costa Rica.

Con Zelaya fuera del camino, Roberto Micheletti no podía esperar a juramentarse como presidente. Aquí con su cherada, ensayando el magno acto.

Rubén Porfirio, hondureño adulto-contemporáneo, nos dejó entrar a su hogar, para que observáramos como vivía el golpe de estado una persona promedio. Se mostró sumamente molesto por los toques de queda, los recortes de energía y la suspensión de Internet. “Qué cinismo llamar a esto democracia. No es democracia el que un ciudadano se vea obligado a jugar solitario en su laptop porque no le permiten navegar por el ciberespacio”.

Mientras tanto, un considerable número de personas salió a las calles a protestar. Los militares, unos más convencidos que otros, honraron la colorida y sospechosa tradición de manchar de rojo a los y las manifestantes.

Lainformación.com publicó el panorama de las reacciones de diversos países con respecto al golpe de estado. Los mandatarios han optado por aplicar la ley del ya-no-te-hablo a Micheletti, mientras que a él esto le tiene sin cuidado.

En la fiesta de exilio de Zelaya, organizada por el Golpista Team, DJ Chango amenizó con sus sonidos de la jungla. La majada celebró toda la noche, hasta que se fue la luz.

Al buscar las reacciones de la oposición salvadoreña sobre el golpe de estado, un representante de derecha nos recibió en su alcoba, junto a Memín, su gorila de peluche. “Como ve, estos procesos de transición de otros países no me quitan el sueño.  Porque eso es, un proceso de transición. Zelaya se lo merece, por goloso. Además, Obama es amigo de Chávez. ¡Arriba la democracia y el ejército!”. Y cayó en un placentero sueño.





La otra acera.

8 06 2009

Hoy llegué a la casa después del trabajo, me cambié de ropa y salí a pie hacia el súper. En la esquina, pasé a la par de dos personas que estaban describiendo cómo un joven les había quitado el celular y la cartera minutos antes. En ese momento, sin dejar de caminar, me llevé involuntariamente la mano a la boca, porque caí en la cuenta de que yo había visto eso. El segundo asalto que veo en tres o cuatro meses, y que pasa a no más de 5 metros de mí.

A cuatro casas de mi casa, dos personas venían caminando y un joven se les acercó. Yo venía en la acera de enfrente, en la dirección contraria. Los tuve frente a mí cuando parecía que los tres estaban platicando. Aunque me llamó la atención, la prudencia o el enmimismamiento (no sé realmente),  me hizo seguir viendo hacia adelante y pensar en la urgencia de ir al súper antes de que lloviera. Un par de segundos después, oí el acelerón del carro…y yo que soy tan boya para hablar de marcas y modelos, sólo puedo decir que era azul. Fruncí el ceño y me dio mala espina. No más.

Cuando escuché a las personas que habían sido asaltadas, me enojé, pensando que debí, que pude haber hecho algo. Siempre me he dicho que tengo que evitar el bystander effect. Pero qué diablos. Hay muchos aspectos que describo bien pero de los cuales aún me cuesta escapar, porque a fin de cuentas, yo soy mi propio objeto de estudio. Además, ¿qué iba a hacer? Si me hubiera dado cuenta a tiempo, y  hubiera volteado, si al menos hubiera tratado de ver las placas…no sé si mi inconsciente (se me disculpará que me ponga sumamente freudiana) captó el verdadero sentido de lo que estaba pasando y me hizo guardar la distancia. No puedo decir qué estaba pensando cuando vi la escena. Estaba en dos planos (es un asalto/son amigos hablando)  y al final la escena me fue tan ambigua que hice cortocircuito y la deseché por completo.

Más que miedo, por pensar que algún día me tocará, me da cólera. Aún la palabra cólera no es suficiente para explicar lo que siento. Y sí, hay que parar la delincuencia, los homicidios, las extorsiones…pero, ¿por qué delinquen delinquimos, por qué matan matamos, por qué extorsionan extorsionamos? Yo podría enumerar razones, como cualquier otra persona, pero la causa final puede que no sea ninguna de ellas. Se me ocurre traer a colación la causalidad estructural y decir que estas razones son causas necesarias pero no suficientes para que se manifieste el fenómeno. El factor de suficiencia no es algo que se quita de la noche a la mañana. ¿Y alguien ha encontrado ya el factor de suficiencia? No me convence que este factor sea la pobreza, o el gusto por el dinero fácil, o una  “enfermedad”…No.

Hace dos semanas conocí a un tipo de 22 años que había estado en Mariona cinco veces. La cárcel, me dijo, es una escuela. Para afinar las habilidades que te llevaron ahí en primer lugar. Para reforzar todas aquellas variables de personalidad que contribuyeron a que terminaras ahí. Me pareció surreal estar hablando con alguien como él (”¿cómo putas terminé aquí? O sea, gracias a la vida que-me-ha-dado-tanto y me ha traído por estos caminos, pero ¿cómo putas…?”). Extraño, pensar que estaba escuchando una experiencia tan humana, de alguien que me sonreía, y sin embargo, de haberme encontrado a este joven tiempo atrás  en un bus, bien pudo haberme dado una cuchillada si le hubiera hecho mala cara al darle el celular. El Salvador está lleno de naranjas mecánicas.

Y dentro de toda esa rabia, impotencia, y horrenda sensación de vulnerabilidad, me quedé en blanco un rato, tras pensar que realmente estuve frente a ellos mientras pasaba el asalto, y que de haber caminado en la otra acera, como suelo hacerlo todos los días -excepto hoy-, hubiera sido más que una bystander*.

* mi personalidad con tímidos lóbulos prefrontales me dice, sin embargo, que ya entre tres bien le montábamos verga.





1o de Junio de 2009.

1 06 2009

Siendo adulta-contemporánea, no me corresponde decir “no pensé que viviría para ver este día”.Pero hasta hace relativamente poco, se veía lejano. No es una solución instantánea lo que comienza hoy, pero después de esto, un cambio de rumbo es justo y necesario. “…para seguir caminando”.

Pensé en escribir otras cosas, pero Mauricio Funes ya entró al Anfiteatro y está dándole la mano a Pepe Cortisona (adivine el político).

Me gusta que mi mamá vea estas cosas, y oirla putear suavemente a personalidades que se han paseado en el país (”ve, ahí está ese maldito”). Es tan poco característico de ella.

Y bueno. Lojuímolos.

***

PD 1: las tarjetas no son mías. Yo no puedo ir, porque sería edípico y haría el ridículo, estando starstruck.

PD2: ¡¿quién putas está cantando el Himno Nacional en el acto?!

PD3: Ya’stuvo ya.





Jack Flash, el saltarín.

27 05 2009

Un maitrito que vino a cobrar a mediados de abril me regaló una agenda de mano de un banco X. Se lleva diez páginas en darme los teléfonos  de todas las sucursales, y luego vienen otras  páginas dedicadas a información cuestionablemente útil, a los ojos de personas que caen en los extremos de la curva normal de la cuestionabilidad.

En otro orden de noticias, la frase “los conceptos vertidos en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quien los presenta” me recuerda a la guerra. Y luego, vine a trabajar en un lugar plagado de sutil estrés postraumático, para convencerme de que en el gran esquema del universo, mi sistema límbico sólo sufre una elegante papercut.

Se me olvidó mi jugo para el almuerzo.





Otro quinto aniversario.

26 05 2009

No sé qué decirte, Tambo. Más bien, no sé cómo. Sólo enlazo a Víctor, colega, y te dedico los años que vienen.