Leveleando old-school en los estados y los reinos unidos.

I.
Si anda en ciertas esquinas de Inglaterra, puede encontrarme hablando carburo cada quince días en la revista Más. Las columnas no están en línea, lo cual me genera una sensación de calidez en el corazón que ni le explico. Quién sabe las zanganadas que estaré diciendo en esas páginas y nadie que me conoce se da cuenta*.

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La imagen es pequeña porque me gusta escribir pero me entra pánico cuando las palabras abandonan mis manos y ya no están bajo mi control.

*Mentira, porque El Salvador es bien chiquito y salvadoreños hay en todos lados. Sé que dos personas, al menos, podrían abrir esa revista y reconocerme, pero me inclino a que no leen la revista o pasarán la página rápidamente. En fin, no digo nada que no diría aquí. Ya va siendo hora de que me elijan Miss El Salvador vitalicia, por mi incansable labor de andar poniendo en alto a mibellopaíjelsalvador.

II.
Si lo suyo es visitar el patio delantero de El Salvador, Simeonístico aparece en una revista de Austin, Texas, que se llama Mi Guía; ahí también agradézcale al chero jalvadoreño que lleva este esfuerzo. Mire, la portada abajo dice que dentro de la revista vienen tacos gratis, y ser parte de una publicación así de dadivosa es más de lo que yo hubiera soñado alguna vez.

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Simeonístico va a cumplir 10 años de pulular en línea en cosa de un mes. Solo hay nueve años de contenido en el sitio porque el primer año también apunta a existir en formato old school, algún día. Creo. Espero. En Simeonístico nunca han conocido a Aerosmith porque ese es uno de los aspectos de la caricatura que correlaciona al 100% con la vida real, por masoquismo. En eso hemos ido fracasando.

Hablando de old school, creo que voy a tener que poner anuncios en el periódico para reclutar participantes para mi investigación doctoral.

Finalmente, si ya tuvo suficiente de mi persona, sentimiento que me resulta incomprensible pero allá usted, lo mejor es que vaya a leer sobre la caracterización de una sociedad inhóspita (e.g. El Salvador) y la urgencia de que la psicología se haga cargo de ella. Lo escribió mi hermano, oiga, quiero ser como él cuando sea grande.

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Paranoia y pertenencia.

El conflicto armado que resquebrajó a El Salvador en los ochenta le mutiló las esperanzas de una vida digna a miles de combatientes. Algunos terminaron sin brazos y sin piernas, con traumas y miedos. Las reivindicaciones económicas y sociales que se les prometieron siguen sin concretarse. Los adeudados, sin importar el bando que defendieron, aseguran sentirse traicionados y olvidados. Ahora lo que los une es un arrepentimiento férreo que como herida abierta no les deja alcanzar la paz.

La herida que no cierra

Lo que en la literatura “dominante” se llama trastorno de estrés postraumático, en algunos rumbos latinoamericanos, gracias al buen Ignacio Martín-Baró, se le llama trauma psicosocial. El trauma psicológico no se da en un vacío: antes y después de que éste ocurra existen actores y circunstancias sociales que contribuyen a su desarrollo (recomiendo este libro al respecto). A veces el evento mismo no es lo que instala el trauma, sino lo que ocurre tras él y cómo el entorno reacciona, o no reacciona, ante la víctima. Entre ser víctima y convertirse en sobreviviente juega un rol vital el apoyo social.

Alguna vez trabajé en una ONG de personas con discapacidad. Casi todas las personas que trabajaban ahí habían perdido uno o más de sus miembros durante el conflicto armado; algunas pertenecieron a la guerrilla y otras al ejército. A veces escuchaba sus experiencias actuales; no solo los dolores físicos de la amputación y otros problemas de salud asociados, sino las pesadillas, los ataques de pánico, el desamparo, y esa manera de estar en el mundo tan reactiva e hiperalerta. En suma, como diría Martín-Baró, reacciones normales a situaciones anormales. Situaciones anormales como El Salvador mismo.

Uno de estos días me encontré una invitación a una charla aquí en la universidad. La dará Richard Bentall, un profesor de la Universidad de Liverpool, que trabaja con factores de riesgo social que provocan cambios emocionales y cognitivos que llevan a síntomas de psicosis (que quede claro que no se puede hablar de causa y efecto). La charla se llama “Paranoia considerada un trastorno de la pertenencia”. No sé si usted conoce a alguien que tiene arranques de paranoia, y alguien que además haya vivido la guerra civil salvadoreña. Esto tiene sentido. Tiene mucho sentido.

La invitación explicaba brevemente el contenido de la charla, y dejo aquí el trozo que me interesó. Los mecanismos de la paranoia pueden ser relativos a procesos afectivos o a deficits cognitivos, y entonces…

El componente afectivo puede reflejar una frustración de la necesidad fundamental humana de afiliación con otros seres humanos. Esta necesidad impacta en la auto-estima a través de dos mecanismos: apego (el sostenimiento de relaciones íntimas) e identidad social (por la cual nos definimos de acuerdo a nuestra pertenencia a grupos sociales).

Menos atención se le ha dado a la identidad social en relación a la psicosis. En nuestra encuesta poblacional y en una muestra extensa de estudiantes, encontramos que un sentido de no pertenecer a la comunidad se asocia con paranoia y depresión pero no con alucinaciones […] Estos hallazgos deben considerarse […] provisionales pero apuntan a la posibilidad de reducir síntomas psiquiátricos a nivel poblacional a través de la construcción de comunidades más cohesionadas.

Con lo maravillosas que son la cohesión social, el espíritu comunitario y el sentido de pertenencia en la población salvadoreña, a 25 años de la firma de los acuerdos de paz.

Hernán era un niño de 13 años cuando se involucró en la guerrilla. Así pasaron siete años desde 1981, llevando notas secretas de un campamento guerrillero a otro y luchando por algo que asegura que no valió la pena. Mientras cuenta que tardó un año en aprender a disparar un fusil, se escucha un “¡oiii, Carlos!” Así lo saluda un hombre que se sostiene en dos muletas desde la cruz de hierro en la entrada de la casa de Hernán. “¡Oiii, Paquino!”, responde con voz aguda.

—¿Quién es Carlos?

—Soy yo –confiesa Hernán.

En la comunidad San Carlos Lempa nadie se saluda por sus verdaderos nombres.

La herida que no cierra

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“No tienen que escoger entre el amor y los derechos”.

Un consejo de Feliz Año Nuevo: no intente aprender sobre feminismo(s) de amiguites que usan el término feminazi con seriedad. Vieja, hay que ejercer discernimiento y tacto cuando uno hace referencia al nazismo, por andar tomándoselo tan a la ligera ahí viene otra vez. Mejor vaya a hacerse un café, o lo que sea que usted esté tomando estos días, y échese esta charla de Catalina Ruíz-Navarro (<3) en la que se gana y se goza:


Recomendado:
Por el pisto, por ninfómana, por trepadora.
“Los hombres siguen siendo noticia por lo que hacen y las mujeres por lo que son”.
Trepando el género.

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Escondido frente a la vista de todos.

Hace algunos meses, hubo una oleada de denuncias de abuso sexual en clubes de fútbol ingleses. Entrenadores y directivos de los clubes abusaron de niños -ahora jugadores adultos- que entrenaban en esos clubes. Hubo denuncias similares en Estados Unidos, en las que las víctimas son cientos de gimnastas, y hasta por parte de un atleta olímpico. Conozco a alguien que también sufrió abuso sexual, cuando era niño, por parte de un entrenador en su colegio. Y usted conoce a más de alguien que ha pasado por lo mismo, aunque no siempre lo sepa.

El abuso sexual, más que una cuestión sexual, es una cuestión de poder: es una demostración de poder y un ejercicio de sometimiento (por ejemplo). Muchas veces ocurre frente a todo el mundo, sin que lo notemos o, peor, notándolo pero sin ser capaces de cuestionarlo. Lo siguiente no es abuso sexual per se, pero es inseparable de él: el año pasado, se descubrió que el equipo masculino de fútbol de Harvard había escrito un “reporte” que sexualizaba al equipo femenino. Las integrantes del equipo respondieron:

No nos tenemos lástima, ni lo que más nos duele es la naturaleza personal de este ataque. Más que nada, nos frustra que esta es una realidad que todas las mujeres han enfrentado en el pasado y continúan enfrentando a lo largo de sus vidas. Nos sentimos sin esperanza porque los hombres que se suponen son nuestros hermanos nos degradan de este modo. Estamos alarmadas porque las mujeres atletas a quienes se les dice que se sientan empoderadas por sus habilidades son habitualmente reducidas a su apariencia física.

Hemos visto el “reporte de exploración” en su totalidad. Conocemos en su totalidad los contenidos: las descripciones de nuestros cuerpos, los números que nos asignaron, y la comparación que hacen entre nosotras y con integrantes de años antes que el nuestro. Este documento intenta enfrentarnos unas con otras, como si el juicio de algunos hombres fuera suficiente para determinar nuestra valía.

Hoy que, por fin, detuvieron al Gordo Max y otras personas por explotación sexual comercial de menores de edad, conviene recordar tres cosas:

1. Cualquier persona tiene el potencial de cometer abuso sexual, y encontrarse en una posición de poder (como figura pública, para el caso) no atenúa este potencial. Al contrario.

2. En una situación de abuso, las opciones de respuesta de la víctima trascienden el simple “pelear o huir”. En el caso de la explotación sexual comercial de menores, hay una intersección de, al menos, género, edad y posición socioeconómica que no debe omitirse. En cristiano: no hay que ser cerote, evitemos la holgazanería del “las cipotas están ahí porque quieren”. Está claro que la capacidad de la población salvadoreña para ejercitar su teoría de la mente es paupérrima, pero no todo está perdido. Podemos comenzar por comprender que las respuestas a una situación de abuso pueden perfectamente incluir el “congelarse”: cooperar con quien tiene el poder, con tal de sobrevivir.

3. Hay un estudio de la OIT, del 2004, sobre explotación sexual comercial y masculinidad. Se trata de un estudio en Centroamérica con hombres de la población general. Lo que piensan esos hombres de las mujeres es escalofriante. Y no crea, mi tesis de licenciatura tuvo un apartado cualitativo similar, en pequeñísima escala, a esta investigación. Los estudiantes universitarios, cuando entran en confianza en este tema, no son tan distintos en su pensamiento con respecto a gente sin estudios universitarios (mire, ve, por muy de Harvard que sean). Hay mucha gente, hombres y mujeres, que no es un violador pero piensa como uno. Usted dirá que esta es una acusación fuerte, pero hay que decirla, porque ya anda bastante gente suelta sin que le pongan freno a creencias que permiten y justifican crímenes como el del farandulero arriba mencionado.

Relacionado:
Gran Bretaña revisará su ley de protección a víctimas de violación, buscando prohibir revelar el historial de relaciones sexuales de las personas que denuncian abuso sexual.
¿Cómo es que un “hombre de verdad” puede ser ser violado?

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Centroamérica y la Alianza para la Prosperidad.

El punto fuerte de la Alianza para la Prosperidad involucra exenciones tributarias para inversionistas corporativos, y nuevos canales, carreteras y líneas eléctricas para acelerar la extracción de recursos y reestructurar el proceso de importación, ensamblaje y exportación de maquilas que pagan el salario mínimo. 

Estas son precisamente las cosas a evitar por las que líderes comunitarios en América Central están arriesgando sus vidas.

La Alianza para la Prosperidad intensificará la crisis de refugiados centroamericanos

El artículo está en inglés, pero también aquí hay un hilo de tuiter que explica el trasfondo de este asunto. Todavía más resumido, Centroamérica está jodida, pero de una manera bien particular. En notables palabras, es una manera de estar jodido que implica la posibilidad constante de ir a peor y la experiencia reiterada de que ello está ocurriendo.

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Look what they’ve done, Michael.

No he pasado una Navidad y un Día de San Feliz Año Nuevo* con el grueso de mi familia en muchos años. Cuando digo el grueso de mi familia, lo digo de corazón: es una mezcla de Keeping Up With The Kardashians con Arrested Development, porque somos un chingo y no cabemos todos en la misma escena, excepto que somos clasemedieros y estamos bajo el promedio -¿creo?- en la Escala de Ser Personas Horribles. Por lo demás, eh.

(Creo que no debería ir una coma en el tuit de arriba pero mi patrón respiratorio a veces es irregular).
*Props to Salarrué.

El día que llegué a esta casa, hace menos de una semana, me caí de las escaleras (pero fue desde los últimos escalones). Era un día de 30 horas, de vuelta en mi zona horaria nativa, con calor cortesía del cambio climático. Mi hermano se despertó al escuchar el golpe y salió a preguntarme qué pasó, y por suerte ya me había levantado. “Nada, solo se cayó la cerca de los chuchos. Estoy bien”. *Ligia no estaba bien*.

Esta entrada, personal y aleatoria que refleja mi procedencia en esta vida, es para desearle feliz navidad a su persona. O para no desearle nada, si así prefiere. Simeón también manda saludos.

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Art school girlfriend.

Hacerse la pregunta debió haber sido la primera advertencia, considerando que lo evidente no era tal cosa aún. La pregunta apareció una y otra vez, y siempre le seguía la respuesta obvia, la que estaba al alcance de la mano, la que debía ser. La respuesta se acompañaba del encogimiento de hombros, “esto es simple, no hay para dónde. Adiós”. Hasta que la pregunta aparecía otra vez tiempo después. ¿Quién insistiría tanto con su interrogante si ya tiene la respuesta? Mucha gente, en realidad.

Llegó el día en que la respuesta fue otra. El peso de lo evidente por fin fue ineludible. Esta vez no hubo encogimiento de hombros sino la íntegra y profunda satisfacción similar a cuando una pieza en Tetris encaja y hace desaparecer todos los bloques que obstruyen la pantalla. Te sentís feliz, un tanto fluorescente, en paz. Algunas cosas por fin tienen sentido, y vos mismo tenés sentido.

Nadie te va a creer porque no tenés street cred para demostrarlo. Pero esta aquella carpeta mental con archivos que van desde eventos borrosos en cuarto grado, pasando por historiales de navegación y soundtracks, hasta la interacción que tuviste ayer con un personaje ficticio. Este personaje te entretenía porque no era para nada como vos, pero resultó ser el que comprendés mejor. Alguien lo liberó en la historia que habita, y en gratitud, él decidió romper la cuarta pared y liberar a alguien más. Lo más curioso es que esa historia la escribiste vos, mucho tiempo atrás. Qué suerte tenés.

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