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Archivo de la categoría: Psicología

Una lagrimita.

“…Uno puede llorar por cualquier emoción…las emociones son niveles químicos en tu cerebro, y tu cuerpo está constantemente manteniendo el equilibrio. Si una emoción se dispara, el químico señala a los conductos lagrimales que deben abrirse para dejar salir esa emoción, empacada cuidadosamente en una lágrima. Todo tuvo sentido después de eso. Esa repentina estabilidad de las emociones después de llorar. Cómo llorar con frecuencia se acompaña de la incapacidad de sentir otra emoción en ese momento. Y es especialmente hermoso saber que es posible experimentar tanta belleza o amor o felicidad que tu cuerpo literalmente no puede contenerlo  (Fuente).

¿No es lo más curioso del mundo eso de que “los hombres no lloran”? Es como decir que no tienen cerebro ni capacidad de interacción significativa con el ambiente y con su propia subjetividad, y sin embargo sigue siendo una descripción y una prescripción que mucha gente insiste en sostener.

Ya que estamos, y para complementar científicamente a ese párrafo de arriba, le dejo un estudio (en inglés) sobre las ganas de llorar cuando uno se encuentra una obra de arte. Aquí estudiaron arte en un museo, pero no hay por qué limitarlo a eso. El estudio se llama Lágrimas y transformación: tener ganas de llorar como indicador de una experiencia profunda o “estética” con arte. Amable recordatorio de que las lágrimas, entre otras cosas, son el indicador físico de proceso mentales relativos a apreciar el arrrte.

Péreme, dos estudios más que hicieron que se me escapara una lagrimita de emoción. Uno, los escalofríos como concepto psicológico; el equipo investigador identificó el universo de sensaciones incluidas en el hecho de reportar escalofríos e hizo análisis importantes con esa información. Dos, los orgasmos de piel y cosas parecidas que experimentamos con la música: “El presente artículo es sobre ese momento en que la música resuena tan profunda y visceralmente que evoca una respuesta física”. Aquella gozadera, usted la conoce.

 

Cáncer-es.

“Pero no quiero curar el cáncer. Quiero convertir a la gente en dinosaurios”. La investigación aplicada en acción. 

Hace años, cuando el cáncer llegó a mi familia, busqué información al respecto y eventualmente di con el texto que reproduzco abajo. Fue más informativo y fascinante que esperanzador, aunque la idea de que cada caso es relativamente único también puede considerarse esperanzador, asegún. Al final dejo el enlace a una noticia publicada recientemente, sobre cómo se está abordando la dificultad de la que habla el texto citado.

Del sitio It’s ok to be smart (traducción mía):

  1. No hay tal cosa como “cáncer”. El cáncer es en realidad cientos de enfermedades individuales, cada una con su causa individual, sea del entorno, o mutación, u otra cosa. Algunas se deben a infecciones virales, otras a mutaciones en señales de crecimiento celular, otras se deben a cromosomas que se destruyen y se reacomodan en formas que crean genes nuevos. ¡Y esas solo son tres formas en las que puede ocurrir! ¡Y esas representan cientos de cambios individuales en cada categoría! ¡Y esos son los tipos de cáncer que conocemos!
  2. Aún si pudiéramos de-construir perfectamente un único tipo de cáncer, y diseñar una droga para combatirlo, el cáncer está vivo. Por ende, está evolucionando constantemente. Dentro de un tumor, decenas, cientos o miles de sub-poblaciones de células pueden formarse, cada una con su propio conjunto de mutaciones. Lo que mata al 90% puede no hacerle nada al otro 10%. Cuando la secuencia de un “genoma” dentro de un tumor fue obtenido recientemente, se descubrió que era una población por sí misma.
  3. Lo que nos lleva a la detección. Si un tumor no es el mismo por dentro, tampoco lo es por fuera. Las terapias contra el cáncer dependen de la detección temprana. Pero si se está buscando al Villano A, el Villano B puede escabullirse en los exámenes. Y como acabamos de ver, los tumores están llenos de villanos desconocidos de la B a la Z.
  4. Muchos cánceres son esporádicos. Es horrible, pero a veces el cáncer aparece de la nada. Nuevas mutaciones, combinaciones genéticas, nuevas infecciones. No podemos predecirlas, así que no podemos curarlas.

    Sé que estas son malas noticias, porque todos quieren pensar que el cáncer es curable. No lo es*. Pero cánceres específicos podrán algún día ser curables. La prevención es lo que más ayudará a reducir muertes por cáncer (Comentario editorial: deje de broncearse y de fumar), pero la investigación continua nos llevará al punto en el que al menos podremos curar algunos tipos de cáncer.

* Tampoco es que siempre desemboque en fatalidad: “Señalar el cáncer como algo estrictamente destructivo no se corresponde con la situación actual de la enfermedad, y probablemente generará un profundo malestar en los pacientes” (Fuente: Esos ‘supertitulares’ sobre cáncer). Y esto sin hablar de lo que la Psicología de la Salud tiene que decir al respecto; si algún día lo aprendo en profundidad, le cuento.

Finalmente, la noticia sobre una iniciativa para abordar los distintos tipos de cáncer y desarrollar tratamientos acordes: A ‘Big Data’ Approach to Developing Cancer Drugs.

 

La ilusión de pensamientos implantados.

Ofrézcome de voluntaria para participar en un estudio como este, tal vez así se me ocurren estudios…como este:

Usando un cóctel de magia y resonancia magnética funcional, psicólogos implantaron pensamientos en la mente de personas.

Olson y sus colegas replicaron sus resultados con un segundo experimento, conducido de la misma manera, pero esta vez también entrevistaron a los participantes para saber cómo se sintieron durante el procedimiento. Los participantes reportaron un rango de efectos anómalos cuando creyeron que los números estaban siendo “insertados” en su mente: un número “apareció” en mi cabeza, reportó un participante. Otros describieron “una voz…alejándome del número que ya existía en mi mente”, sentir “un tipo de fuerza”, sentirse “atraído” a un número, o la sensación de que su cerebro se quedaba “pegado” a un número. Todo ello es un notable testimonio del poder de la sugestión.

Un hallazgo común en psicología es que la gente puede no darse cuenta de lo que influencia sus decisiones. En otras palabras, la gente puede sentir control sin tenerlo. En este caso, usando los poderes combinados de un espectáculo de magia y un trasfondo que sonaba científico, Olson y sus colegas investigadores mostraron lo opuesto: que la gente puede tener control sin sentirlo.

***

Fun fact, que quizás ya lo mencioné antes porque me emociona mucho pero FUN FACT: quien escribió el artículo citado arriba tiene un blog de psicología con un colega. Es un blog que he seguido por años, que fangirleo en abundancia, y que a veces he mencionado en Psicoloquio. En octubre pasado, el día que llegué al departamento de psicología, iba leyendo los nombres en las puertas de las oficinas en un pasillo. Vi un nombre que me pareció conocido y luego di con la oficina que me asignaron. Ese nombre me quedó dando vueltas. Era el otro autor del blog. Yísuscraist, es mi vecinito.

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Esta soy yo en el departamento de psicología, pero, en contexto, esta reverencia es para Aerosmith (también yo en la vida. Note el pase colgando del cuello de Wayne. Ya hablaremos de eso otro día, antes del farewell tour).

 

Los finos hilos del prejuicio.

En un estudio que hice hace poco*, trabajé con datos provenientes de una muestra británica y de una salvadoreña. Algunos resultados de ese estudio señalaban que el prejuicio contra hombres gay y lesbianas de cada una de las muestras provenía de distintas fuentes. Es decir, dos maneras -similares pero no iguales- de pensar desembocaban en prejuicio; las personas del Reino Unido tendían a la Orientación de dominancia social, mientras que las personas de El Salvador tendían al Autoritarismo de derecha. Me reí mucho con eso. No porque sea ningún descubrimiento, al contrario; lea algunos de los argumentos del Reino Unido para salirse de la Unión Europea, o las reacciones de un salvadoreño promedio ante la violencia cometida contra “otros”, y con algo de entrenamiento, usted podría llegar a la misma conclusión.

Digo esto para dejar en claro que las actitudes de las personas requieren estudiarse con la fineza con que uno inspeccionaría una telaraña. La gente dirá “prejuicio es prejuicio”, pero no es así; fuentes distintas requieren intervenciones distintas. La gente dirá “condenamos la violencia venga de donde venga”, pero no tan rápido, decía Martín-Baró, porque no toda la violencia proviene de la  mismo posición. Las distinciones y los análisis de estos artefactos humanos, que nadie ve pero todos crean y experimentan, se hacen con cuidado, con respeto, con pinzas.

Recordaba esto de hilar fino hoy que vi las portadas de algunos periódicos británicos, donde achacaban el ataque a la discoteca LGBT** en Orlando a la ideología del Estado Islámico. ¿Fue por religión o por homofobia? Oiga, si alguien mata a gente LGBT por ser LGBT, no se haga bolas por gusto. Es homofobia, o, get with the times, cheradaprejuicio sexual (y sí, el prejuicio se asocia con asco). Después puede meterse a todas los rollos interseccionales que quiera, que la religión, que la dominancia social, que el autoritarismo…que la mayoría de víctimas eran de origen latino, etc. Hay una diferencia abismal entre considerar que esta masacre proviene de unos extremistas que viven al otro lado del mundo, o que proviene de la misma incomodidad que sentí cuando vi a dos lesbianas en el anuncio de Digicel.

Recordé esta fineza con la que se deben considerar estas temas cuando alguien tuiteó algo en las líneas de “ya no hagan énfasis en que las víctimas eran gays, eran personas”. NO. Yísuscraist. Primero, como si decir que las víctimas eran gays los hace menos personas. Segundo, no es casual que la masacre fuera en una discoteca LGBT, eso quedó claro. Ese afán de no querer ver género, orientación sexual, raza, “porque todos somos personas” es más intento de ocultar el prejuicio propio que una real ausencia de prejuicio. Llame a las cosas por su nombre. A veces las diferencias son un obstáculo, a veces son esenciales para ajustarnos adecuadamente a la realidad.

No reduzca este tema a un tema de “amor” ni a una necesidad de “tolerancia”. Este es el mes del orgullo LGBT y hay marchas por todo el mundo para celebrar y conmemorar. No es solo “amor”, es identidad, pertenencia, libertad, acceso a servicios, respeto, derechos civiles…un montón de cosas que la gente heterosexual no asocia a su orientación sexual, porque su orientación sexual nunca ha sido argumento para que se las arrebaten. La tolerancia puede llegar a ser simplemente una suspensión temporal del prejuicio, en la que “cualquier desviación sexual es silenciosamente soportada pero aun así resentida”. La tolerancia no es suficiente ante el prejuicio y la discriminación tan ubicua y tan micro, tan fina, tan enraizada en nuestra concepción de lo normal[2].

Finalmente, o principalmente, vaya a leer a Virginia:

El Salvador es un país que ni siquiera trata de ocultar su capacidad de odiar. Odia al aficionado del Alianza, a quien vota por ARENA, al pandillero, a los días nublados, al cristiano evangélico (o al católico); a las nuevas Nucitas (saben a manteca) y al homosexual. Al culero, a la marimacha. El Salvador cree que tiene derecho a odiarnos, pero no sabe muy bien por qué. A veces trato de pensar que es un odio hipotético: quizá le repugne la idea del coito homosexual, pero no necesariamente Mario, el muchacho gay. Eso trato de pensar a veces; incluso agarro valor y persigo al homófobo del foro para que me explique en mi cara por qué piensa que yo no tengo derechos civiles. Luego veo el odio en sus ojos: un odio furibundo que lo consume a él, no a mí. Que le dispara la presión a él, no a mí, porque yo tengo el privilegio de saber que no tengo que aguantarlo. Que su odio es suyo y de su intolerancia, que no tiene nada que ver conmigo. Pero ese es un privilegio.

*****

* Mi primer estudio del doctorado, lolololololol. Estos resultados son más o menos tangenciales a lo que estaba investigando (beislain méshures, que le mientan), lastimosamente, así que no ahondé mucho más en el tema. Por cierto, Si usted fue una de las personas que respondió al cuestionario, muchas gracias. Me hubiera gustado poder hacer público este estudio pero (1) es parte de una investigación más amplia que está en proceso y que, pues, termina siendo propiedad de la universidad, y (2) fracasé. No encontré lo que esperaba encontrar y no es un estudio que “valga la pena” publicar, por un número de razones. Lastimosamente no se nos dieron las cosas en el engramillado pero seguiremos dando el todo por el todo, con la ayuda del profe y de la noble afición. More research is needed, que le mientan, y en esas estoy.

** He visto distintas versiones de este acrónimo, para este post me quedé con la más sencilla. Va’pasar a disculpar.

Relacionado: El orgullo y el asco.

 

Lentes para observar al mundo.

Hay una línea de investigación bien guapa en psicología, que se centra en la naturaleza y los potenciales beneficios de contar historias y de las narrativas de ficción(*). Hoy nomás vengo a dejar dos citas que hallé recientemente sobre el tema, hechas por quienes cuentan historias.

De Words without borders (va’pasar a disculpar, esta cita no está en el sitio, venía en un boletín que WWB manda por correo electrónico, donde se anunciaba que habían ganado un premio *tira confetti*):

Iniciando apenas un año después de que el término “Eje del mal” entrara al léxico y definiera la política exterior de Estados Unidos, nuestros tres primeros números —textos de IránIrak, y Corea del Norte—demostraron tanto la riqueza de estas poco conocidas literaturas como el empobrecimiento que resulta de observar al resto del mundo a través de un estrecho prisma político.

De la escritora Jacinta Escudos, en su columna Contar la posguerra:

Aunque un escritor narre los hechos a través de tramas y personajes ficticios, la sociedad tendría una suerte de testimonio de primera mano de alguien que vivió en carne propia el período respectivo y que, por lo tanto, puede capturar l’esprit du temps, el espíritu del tiempo que le tocó en suerte vivir. Esa información cotidiana, ese factor humano es lo que jamás encontraremos en los libros de historia ni en los discursos de los políticos. Por eso amamos la literatura, porque nos trae noticias de nosotros mismos, desde todos los tiempos y lugares posibles.

(*) Allá en Psicoloquio puede leer algo al respecto: hallazgos de algunos estudios aquí, y una propuesta en el contexto salvadoreño aquí. Por cierto, el próximo lunes se publicará una entrada que le agradezco mucho a mi Yo pasado, quien se empeñó en escribirla hace ya un tiempo y la dejó programada para publicación.

 

Justicia restaurativa.

Una noche, mientras iba en el bus, vi un rótulo que decía: “Conocer al hombre que mató a mi hijo fue el segundo día más importante de mi vida. Salí de la experiencia con fuerza renovada”. En letras más pequeñas, se explicaba que la justicia restaurativa le da a las víctimas la oportunidad de hacer conocer a los ofensores el impacto que tuvo el crimen en sus vidas, obtener respuestas a sus preguntas y obtener una disculpa.

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Fracasé con la calidad de la foto pero este es el rótulo.

El concepto no es nuevo pero nunca lo había visto “anunciado” y en una modalidad tan personal. Tiempo después, de casualidad, encontré el reporte de un estudio de caso sobre esto:

Una aproximación que busca darle a familiares y amigos (conocidos como “co-víctimas”) una voz, y ayudar a elaborar su sufrimiento, se conoce como “justicia restaurativa” e involucra que las víctimas (o, en el caso de asesinato, las co-víctimas) se encuentren cara a cara con el agresor.

En este estudio, se entrevistó a un hombre encarcelado por asesinato y a dos hermanas de la persona asesinada, después de que ambas partes conversaran en persona.

…una hermana me preguntó, “¿creés que sos inherentemente malvado?'”… que te pregunte eso cualquiera es difícil pero que te lo pregunten las víctimas del hermano que has asesinado, eso fue extremadamente difícil de responder. [Entrevistador: ¿Qué les respondiste?] Les respondí honestamente, dije que lo que había hecho era serio pero no me consideraba inherentemente malvado. La hermana me dijo que ellas pensaban, no pensaban que yo lo fuera. [Entrevistador: ¿Cómo te hizo sentir eso?] fue muy emotivo escuchar a tus víctimas, a cuyo hermano has asesinado, al final del día has asesinado a su hermano [y] ellas no consideran que eres inherentemente malvado. Me brotaban las lágrimas…a las hermanas les rodaban las lágrimas”.

Finalmente, me hallé este folleto, por andar de meque en otros departamentos de la universidad, y en él explican brevemente cómo funciona este sistema:

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El estudio que cito es un estudio de caso, además que debe cumplirse una serie de condiciones para llevar a cabo el encuentro cara a cara. Y, sí, ocurre en un contexto diferente al salvadoreñ. Pero, aunque sean dos países distintos, es una respuesta a un mismo clamor, que se encontrará en cualquier parte del mundo: responsabilizar a los perpetradores, reconocer el daño causado a individuos y grupos, humanizar a las víctimas. Se puede, se debe hacer. Pero qué difícil y qué terror para muchos en este país dignificar a las víctimas.

 

“Esto es una injusticia. Ustedes son carroña”.

Qué alegría despertarse con esta noticia: capturan a militares acusados en el caso jesuitas. En este blog y allá en Psicoloquio, con el Víctor, pasamos explicando por qué esto es importante.

Uno en estos casos aprende a esperar lo peor, navegando entre tanta indignación porque se tocó “el pasado” y a los militares, y porque dónde está la verdadera justicia si tanto el ejército como la guerrilla “destruyeron parejo” (lo cual no es cierto, ese ánimo conciliador está mal encauzado y hace más daño que bien). Uno ve venir que algunos de estos pobrecitos militares caerán gravemente enfermos por la injusticia de tener que responder por los crímenes que cometieron. Antes muerto que sencillo con esta gente.

…Ahí fue donde la testigo Lucía Barrera vio a cinco soldados y donde probablemente Martín-Baró le dijo a uno de ellos: “Esto es una injusticia. Ustedes son carroña”. Esta frase la oyó perfectamente Lucía,mientras que otra vecina, algo más lejos, sólo alcanzó a escuchar las palabras “injusticia” y “carroña”. Haciendo cábalas, puede ser también que Martín-Baró dijo estas palabras al ver que un soldado tenía apuntadas con su fusil a Elba y a su hija Celina.

…Entre los disparos, y si hacemos caso a las declaraciones de Pilijay, Martín-Baró sólo recibió el tiro de gracia. La entrada y la trayectoria de las balas hacen pensar que algunos de los padres trataron de incorporarse al comenzar la ejecución.

…Mientras ocurría esto, Tomás Zarpate “estaba dando seguridad” (según sus propias declaraciones) a Elba y Celina. Al escuchar la voz de mando que dice “¡ya!” y los tiros subsiguientes, “también le disparó a las dos mujeres” hasta estar seguro de que estaban muertas, porque “éstas no se quejaban”.

…El P. Joaquín López salió de su escondite al oír los disparos, vio los cadáveres e inmediatamente se metió en la casa. Los soldados de fuera le dijeron: “Compa, véngase”. Y, continúa la narración, “el señor no hizo caso, y cuando ya iba a entrar en una habitación, hubo un soldado que le disparó.”

…Ya de retirada, de nuevo Avalos Vargas, apodado por sus compañeros “Sapo” o “Satanás”, al pasar frente a la sala de visitas, donde fueron asesinadas Elba y Celina, oyó jadear a unas personas. Inmediatamente pensó en heridos a quienes había que rematar y “encendió un fósforo, observando que en el interior… se encontraban dos mujeres tiradas en el suelo y quienes estaban abrazadas pujando, por lo que le ordenó al soldado Sierra Ascencio que las rematara”. Jorge Alberto Sierra Ascencio, soldado de alta en el batallón Atlacatl disparó una ráfaga como de diez cartuchos hacia el cuerpo de esas mujeres hasta que ya no pujaron”, recuerda Avalos.

Caso Jesuitas

Es muy temprano para “ver qué pasa” (le digo, uno aprende a esperar lo peor), pero era necesario venir acá y registrar este momento…y ojalá este momento se convierta en el proceso debido. No es todos los días que El Salvador ve Justicia. Para esta sociedad la justicia es tan rara, tan ajena, que muchas personas no pueden reconocerla cuando la tienen enfrente.

Relacionado
Los secretos de W-2 y el diario del coronel Benavides.