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Archivo de la categoría: Psicología

La tragedia de los alagartados.

Una pregunta que un profesor hizo en una examen:

“Aquí usted tiene la oportunidad de ganar puntos extra en la nota de su trabajo final. Seleccione si quiere que se le agreguen 2 puntos o 6 puntos a la nota de su trabajo final. Pero hay una pequeña trampa: si más del 10% de la clase selecciona 6 puntos, entonces nadie recibe ningún punto. Sus respuestas serán anónimas ante el resto de la clase, solo yo veré la respuesta”.

El profesor ha estado haciendo esta pregunta desde el 2008, y solamente un grupo de estudiantes, en el 2011, ha recibido los puntos extra (fuente del dato y de las citas siguientes). Uno pensaría que la gente tendería a buscar el bien común, aquello que beneficie a la mayor cantidad de personas posible. Pero luego resulta que la mara se alagarta.

“[La tragedia de los comunes es] básicamente un dilema entre hacer lo que es bueno para vos como individuo y lo que es mejor para el grupo”, explica el profesor. “Ahora es lógico que la gente se comporte de modo egoísta. Pero si demasiada gente se comporta así, el grupo sufrirá…y luego todos en el grupo, individualmente, sufrirán”

“Estás tratando de anticipar lo que la otra gente está haciendo…Si otras personas obtienen seis puntos, ellos quieren seis puntos también. Quieren estar entre los que obtengan el puntaje más alto.

Sí, los hacen los políticos cuando -por ejemplo- terminan haciendo propios los fondos públicos. Ahí está la corrupción en todo su esplendor (y los corruptos se rodean de amiguitos con muchas aspiraciones y que son buena gente pero no tanto). Pero también lo hace la gente de a pie, y no le voy a dar ejemplos porque seguro a usted se le ocurren varios, que ha aguantado o que ha cometido.

“Espero que los estudiantes tomen de esta idea que sus acciones afectan a otros y viceversa, y, más adelante…consideren estas cosas, estos mecanismo y puedan trabajar constructivamente con otros…espero que los estudiantes que hayan seleccionado los seis puntos, en el futuro, pensarán dos veces sobre la opción egoísta y pensarán en qué es mejor para el grupo y -por extensión- para ellos mismos”.

 

No todos en la cama, no todos en el suelo.

Creo que la primera vez que realmente me di cuenta de que algo andaba mal fue hace algunos años. Buscando información sobre esos agradables temas de tortura y crímenes de lesa humanidad, me encontré con los reportes de una masacre y violaciones sexuales de cientos de personas dentro de un estadio, por parte de las fuerzas de seguridad nacional, durante una concentración política. El 28 de septiembre de 2009. Los relatos de lo que ocurrió ahí son escalofriantes (particularmente los ataques sexuales), y me sentí como José Arcadio Segundo cuando se encuentra en un tren lleno de muertos.

“¿Eso es cierto? No lo vi en las noticias”.

Ocurrió en Guinea. Y tuve un pequeño momento de lucidez en el que me di cuenta que si hubiese ocurrido en otro lado hubiese habido un grito mundial de justicia, de solidaridad y empatía. Fue en el 2009, no se podía decir que el silencio era porque no había redes sociales como las hay hoy. El problema era que mis fuentes, y los puntos de vista de mis fuentes, eran limitadas. Un sesgo que tiene nombre propio.

Uno no puede enterarse ni preocuparse de todo lo que pasa en el mundo. No es posible. Tampoco, probablemente, pueda uno hacerlo todo éticamente en la vida. Por ejemplo, en la alimentación: uno decide dejar de comer carne y otros derivados de animales porque hay mucha crueldad involucrada (déjeme enlazarle algunas de las investigacio…¿no? Bueno). El argumento contra ello es “bueno, pero es que también hay crueldad involucrada en…”, aunque eso no invalida la primera decisión. Sólo demuestra que uno intenta tapar una gotera y le sale otra. Si logra tener una alimentación 100% libre de crueldad, para los animales y para las personas involucradas en su producción, ¿de dónde viene su ropa? ¿de dónde salen los minerales que componen sus aparatos electrónicos?

La idea de que tenés que tener una opinión sobre todo es falsa…Algunos temas no te incumben o no e involucran. La gente siente pasión en sus vidas sobre las causas que les preocupan y quieren que te sintás igual. Pero no lo harás en cada caso. Y eso está bien. […] Pensá en por qué [recibir sermones] te molesta y aplicalo a tus discusiones. La empatía es una gran herramienta para esto. Hablá con tus amigos de las cosas que les importan y mirá qué les motiva, les asusta y les preocupa.

¿Soy una mala feminista si no tengo una posición sobre cada tema?

Con los atentados en París, hubo un lado que se solidarizó inmediatamente con las víctimas y con Francia. Hubo otro lado que se molestó porque atentados como ese pasan a diario en otros países y nadie se indigna ni solidariza. Hubo un tercer lado que decía que no era hora para estar comparando y que todas las vidas eran iguales en importancia.

A lo que no hay que dejar de agregar, como en la Rebelión en la Granja: pero unas son más iguales que otras.

(Oiga, cuando le dicen que van a bombardear una ciudad…bombardean una ciudad, no sólo a dos o tres o doscientos pelones que están en ella).

En los últimos años, en Estados Unidos ha surgido el movimiento Black Lives Matter, cuando salió a la luz la impunidad con que la ciudadanos y policías mataban hombres negros, y las razones -enraizadas en prejuicio- por las que lo hacían. Frente a eso, surgió el All Lives Matter, un “¡¿Cómo que sólo las vidas de la gente negra importan, y las de la gente blanca?!”. Similar a cuando es el Día de La No Violencia contra la Mujer y gente tremendamente ingeniosa dice “¡¿Pero y el día de la No Violencia contra el Hombre?!” (Hoy es el Día Internacional del Hombre, por cierto, lo cual amerita esta lectura. También es el Día del Inodoro, lo cual le parecerá risible si usted toda su vida ha tenido acceso a uno).

Y usted creería que a lo que voy es que ese desvío-de-atención-hacia-otra-causa es lo que pasó con los atentados de la semana pasada. Pero no. “¿Por qué dejamos flores -parafraseando el enlace siguiente- en la embajada de Francia pero no dejamos flores en la embajada de Líbano, en la de Afganistán?”. A muchos les cayó mal esta especie de oportunismo pero era justamente eso: ahora es la oportunidad. Ahora es imposible no verlo. Ahora está lo que faltaba, un parámetro de contraste: “solo se admite la universalización del dolor occidental. Los centenares de muertos blancos de Occidente duelen a la Humanidad, los millones de muertos morenos del resto del mundo son apenas una breve crónica, relatada objetivamente”.

No es la solicitud de atención por sí misma, sino quién la solicita y hacia qué. Siempre debe sopesarse en cuál grupo recae el peso de la desigualdad, en cuál el ejercicio del poder. Frente al racismo y sexismo, por ejemplo, es cuando menos curioso que se responda con un “¡pero yo también soy oprimido!” (“enmarcando las emociones como si fueran hechos”), pero así es. El estudio de la discriminación y desigualdad requiere ir desmontando capa tras capa, tipo género, clase social y color de piel, donde cada factor excluye (o incluye, según su suerte) más y más.

Es bien incómodo, ciertamente. Muy trabajoso también.

Por otro lado, pensé cómo me sentiría yo si, siendo francesa (lolololol), hubiera perdido a un ser querido en los atentados en París y me topara con mensajes como “pero no sólo recen por París, si no también por…”. Mal, por decir una palabra. Me hubiera sentido mal, supongo, este es mi momento de estar en duelo. Pero dentro de todo, nadie me dice que no esté en duelo, ni dejo de percibir y recibir apoyo y solidaridad.

Lo que se ha pedido es expandir la mirada, ampliar el panorama y la denuncia y la empatía. Que no es comparación de quién sufre más y en absoluto invalida a las víctimas, gente que simplemente estaba disfrutando su vida en ese momento. Confiésole que, de modo automático, yo también sentí más por esto que por lo que está pasando, por ejemplo, en Burundi. Hay distancia, geográfica y de otras clases, pero es fundamental darse cuenta de ello (esa distancia, como ya le dije, ayuda a explicar por qué es tan fácil que sigan ocurriendo genocidios). Es fundamental, para no terminar como el presidente de Estados Unidos, que dice que los atentados en París son “un ataque hacia la humanidad y sus valores” y que autoriza drones que han matado muchos niños.

(Vieja, qué onda con mostrar los pasaportes. Otra noticia en Yahoo contenía estas declaraciones de alguien del gobierno: “No estamos diciendo que sean terroristas. Los capturamos porque sus pasaportes son falsos. Puede que también estén huyendo de la guerra”. Yísuscraist. Ni porque estamos en las mismas, con tantos refugiados centroamericanos que son retenidos en la frontera en condiciones infrahumanas).

Uno no puede estar enterado de todo lo que pasa en distintos continentes, a veces ni siquiera en su propio país. No nos dan abasto la memoria, el interés, las fuentes de información, los 140 caracteres para mencionar tantas injusticias y tantas víctimas. Uno es humano, nomás. Pero no está de más pensar en a quiénes tenemos presentes, y preguntarnos a quiénes hemos excluido en ese proceso. El punto no es que a usted, a su “nosotros”, no le pasan cosas malas. El punto es que a otros también les pasan cosas malas y eso se invisibiliza, y cuando se vuelve visible es presentado como normal y lógico. Y con ese encogimiento de hombros, viene la aprobación tácita.

“Todos saben lo que pasó durante la Segunda Guerra Mundial pero nadie parece haber estudiado lo que ocurrió en la década anterior a ella”.

Relacionado:
– Puede registrarse en “Write for rights” de Amnistía Internacional. Los casos de este año incluyen una salvadoreña encarcelada por aborto espontáneo (representin’ -_-), una familia siria desaparecida y un hombre que ha estado en aislamiento por 40 años (PLGP).
– La sorprendente ‘decepción’ de una pareja gay alemana tras alojar a 24 refugiados en su casa.
– Je suis l’autre.

 

Grupos en contienda, uníos.

Ya lo decía mi tío Sherif (y un personaje de Watchmen):

Al otro lado de la calle, los manifestantes [latinos] anti-Trump coreaban “Somos trabajadores, no somos criminales”, y, después de un momento, hicieron un canto entusiasta y sincero de “¡EE.UU.! ¡EE.UU.!”. Los fans de Trump, dándose cuenta demasiado tarde de que tal vez eso debería haber sido lo suyo, rápidamente intentaron contrarrestar con su propio canto de “¡EE.UU.!”. Por un momento, los dos lados de la calle estaban en perfecta armonía.

‘Live From New York, a Racist Piece of Shit!’: Protesters Greet Donald Trump Outside Saturday Night Live (sé que de fondo es un tema muy grave pero esto es como un Trípin).

 

 
 

Cómo la existencia de una piloto comercial ayuda a ser menos holgazán.

Recuerdo, algunos años atrás, ir en un vuelo a Ancona en Italia. Mientras iniciábamos el descenso, la piloto habló dando el reporte habitual del progreso. Cuando cerró su mensaje, el pasajero a mi lado sonrió nerviosamente y dijo “oh, una mujer…esto es inusual”. Fue, por cierto, un aterrizaje típico.

Diversidad: es buena para tu cerebro*.

Hace unos días salió la noticia de la certificación de Susana Ibarra, la primera mujer piloto comercial de El Salvador. Hubo gozo en mi alma. No había pasado un segundo celebrando y uñas afiladas chirriaron sobre la pizarra: “felicidades a esta bellísima mujer”. No tuve el ánimo de leer los comentarios, anticipando versiones varias del “está rica pero no me subiría a un avión que ella manejara”.

En las percepciones de “los otros” uno puede encontrar dos dimensiones. La calidez se refiere a la aptitud de sostener relaciones sociales armónicas, mientras que la competencia se refiere a la capacidad de desempeño y logro. Por ejemplo, en un estudio sobre prejuicio y otra cosa* en Italia, cuatro grupos inmigrantes fueron evaluados por los italianos: los canadienses eran percibidos como competentes y cálidos, “los que caen mejor”; los albaneses eran incompetentes pero cálidos; los chinos no eran cálidos pero eran competentes, “saben hacer las cosas y son inteligentes pero son fríos y no son dignos de confianza”; los peruanos no eran ni cálidos ni competentes (protip: esta última categoría lleva a la deshumanización. Chequee ahí su propia opinión sobre grupos sociales que caen fuera de quienes usted considera su “nosotros”).

Las mujeres estereotípicamente son vistas como cálidas pero incompetentes. Tal vez por eso ser mujer sigue siendo una manera de insultar: ser mujer es ser incompetente.

Todavía se les pregunta a las astronautas cómo sobrevivirán en el espacio sin maquillaje (nota en español, nota en inglés).

“No es por ser sexista”, pero las mujeres son demasiado emotivas para ser presidente.

Si se arma un equipo de arqueólogas, cuando hombres pudieron haber hecho el mismo trabajo, es porque “se busca publicidad”.

Si resulta que una mujer es “demasiado competente”, como le ha ocurrido a algunas atletas, queda la duda de “si es mujer” -lo que sea que eso signifique- y debe verificarse(!). La sexualización de las mujeres que muestran un buen desempeño en algún ámbito tradicionalmente masculino es una manera particularmente efectiva de disminuir las amenazas a la masculinidad#MasculinitySoFragile, dicen.

También “otro mundo es posible”, dicen.

Simplemente es difícil para mucha gente ver que una mujer es las dos cosas. O es incompetente o es “perra”, quejeso de que una mujer va a ser amable y capaz (de manejar máquinas, de desempeñarse en tareas lógicas, de que su cuerpo sea funcional además de estético).

Por supuesto, los estereotipos abundan en la vida diaria, y con frecuencia están empapados con creencias inherentes sobre habilidad. Sabemos que no hay base científica para diferencias de género en cosas como habilidad de pilotaje, negocios o asistencia en el parto, pero la gente sigue sorprendiéndose cuando encuentra a alguien que no entra en el perfil de género esperado. Nada enfoca más claramente los estereotipos de la sociedad que quienes van en contra de las tendencias.

Al cerebro […] no le gusta el trabajo duro, aunque le hace bien. De modo crucial, el trabajo duro que conlleva lidiar con la diversidad le da al cerebro un excelente ejercicio.

Diversidad: es buena para tu cerebro*.

Uno se acomoda al pensamiento automático, a lo aprendido sin darnos cuenta a medida que fuimos creciendo. El cerebro se acomoda y se vuelve flojo a la hora de emitir juicios sobre otras personas. La diversidad, y para el caso, la diversidad que conlleva trascender expectativas de género en ámbitos que se creen exclusivos de un solo género (péreme que ni hablamos del gremio de enfermeros), puede ayudarnos a tener más tacto cuando percibimos a otras personas.

* La otra cosa son los beneficios del contacto intergrupal imaginado**, y casualmente quien escribió el primer artículo que cito es el mero-mero en ese tema y por poquito -un par de años- coincidimos en la misma universidad, y eso es todo *fangirlea*

** De hecho, a usted le convendría imaginarse mujeres pilotos comerciales desempeñándose bien en su trabajo. Dele.

 

 

Lo bueno es mejor de lejitos (quizás, a veces).

Nomás vengo a dejar estas ideas, con sus alcances y limitaciones, para ejercitar la mollera:

I.  “Lo que la gente cree que quiere y lo que realmente prefiere no son siempre la misma cosa”.

“La distancia influencia la atracción. Por ejemplo, una persona de mayor inteligencia parece atractiva cuando está a la distancia, o lejos, en su mente. Pero menos si esa persona está junto a usted […] presumiblemente, cualquier persona cuyo desempeño es superado por el de alguien cercano puede sentirse amenazada por ello”.

Un romance a larga distancia. Las cualidades admiradas en otra persona desde lejos pueden resultar amenazantes a medida que esa persona está más cerca.

(Cuidado: si este estudio agarra vuelo, va a verlo con titulares tipo, no sé, “Los hombres no se sienten atraídos por mujeres inteligentes” o “Las mujeres inteligentes asustan a los hombres” -según a quién quieran dejar mal parado-. Sin embargo, aunque el estudio efectivamente abordó las relaciones románticas y los participantes solo fueron hombres, esas son conclusiones simplistas que establecen causalidades que no son. Aparte, si le da al inglés, aquí puede leer una revisión crítica de este estudio).

II.  “No queremos tener cerca a los bienhechores”.

“[…] la presencia de una persona excesivamente generosa en el grupo hace que los demás se sientan egoístas por comparación. Las personas no podemos evitar establecer comparaciones y autoevaluarnos en función de estas, y no salimos bien parados de una autoevaluación cuando tenemos enfrente a un santurrón que entrega todo lo que tiene y no se lleva nada a cambio. La reacción habitual es quitar de nuestra vista al causante de esta comparación que tan poco favorable nos resulta: expulsamos al generoso para no sentirnos mal.

El segundo motivo para el rechazo al bienhechor es que es percibido por los demás como alguien que se desvía de la norma. Parece que las personas tenemos en gran estima las reglas de convivencia (en este caso las reglas del juego) y castigamos a quien no las cumple. Consideramos un comportamiento justo el de quien contribuye en la misma medida en que se beneficia, sea mucho o poco. Cualquier estrategia que se salga de ahí es sospechosa de ocultar algo y debe ser penalizada, incluso aunque objetivamente favorezca al bien común”.

No queremos tener cerca a los bienhechores.

 

 

 

Cómo influir en la opinión pública enfocando una llamarada de tusa.

Hace muchos años pero no tantos, en Estados Unidos, la opinión pública estaba a favor de penalizar las relaciones sexuales consensuales entre personas del mismo sexo. En esa época se había aprobado su despenalización, por orden de la Corte Suprema. Y sólo unos meses antes de ese fallo, la opinión pública también estaba a favor de la despenalización.

¿Qué cambió? ¿La gente decía que aprobaba las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo por llevárselas de progre, pero con la resolución de la Corte mostraron su verdadera opinión? Jaja. No.

Aunque la resolución lidiaba principalmente con una demanda de derechos de las personas gay -una que la mayoría de personas apoyaba, a saber, la despenalización [de las relaciones sexuales]—, el discurso de los medios enmarcó la resolución en términos de una demanda distinta y una a la que la mayoría del público se oponía, a saber, el matrimonio igualitario.

Frame spillover: Media framing and Public Opinion of a Multifaceted LGBT Rights Agenda

Que es lo que hacen en El Salvador. Tiene a los colectivos LGBT abogando por el derecho a existir sin que los acosen, vapuleen, torturen y asesinen; y ante eso, la respuesta de los partidos políticos, los medios y la ciudadanía es: “¡No, ustedes no se casarán!”.

Por eso es risible que en el país el tema del matrimonio igualitario sea tema prioritario de la derecha y de…nadie más. Es ganancia: enfoquémonos en una demanda de la agenda, la que nos parece más extrema, porque con eso fomentamos rechazo a la agenda completa. Qué mejor manera de fortalecer los lazos entre los miembros de mi propio grupo que destacando la amenaza a nuestros valores en común:

Y qué bonito que esa amenaza a nuestros valores sea, finalmente, sólo una ilusión:

Sólo es el arrancón de chucho viejo. Pero gracias a eso, mucha gente se acordó de lo mucho que detesta el matrimonio igualitario y a quienes involucra. Siempre es bueno recordar que no hay que salirse del huacal.

– Ok, una idea: ámenles como yo les amé a ustedes. Asegúrense de cuidarles y no les juzguen. – ¿Pero y sin son gay o adoran a otros dioses? – ¿Tartamudeé, maldición?

 

Un grupo no mayoritario pero con saquitos.

¿Por qué las personas de clase media guardan una arraigada consideración por los ricos? A diferencia de otros grupos no mayoritarios, los ricos se benefician de representaciones históricas positivas. Esto junto con la idea popular de la meritocracia -se obtiene lo que se merece- deja claro cómo la estima implícita por los ricos puede ocurrir poco a poco. Aun más, mucha gente […] tiene un incentivo contra endurecer su corazón hacia los ricos, por la esperanza de que, algún día, serán sus vecinos.

Lo niegan, pero las clases medias tienen un sesgo positivo inconsciente hacia la clase alta.

Las clases medias. Y el sistema judicial salvadoreño.

 
 
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