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Archivo de la categoría: Psicología

Grupos en contienda, uníos.

Ya lo decía mi tío Sherif (y un personaje de Watchmen):

Al otro lado de la calle, los manifestantes [latinos] anti-Trump coreaban “Somos trabajadores, no somos criminales”, y, después de un momento, hicieron un canto entusiasta y sincero de “¡EE.UU.! ¡EE.UU.!”. Los fans de Trump, dándose cuenta demasiado tarde de que tal vez eso debería haber sido lo suyo, rápidamente intentaron contrarrestar con su propio canto de “¡EE.UU.!”. Por un momento, los dos lados de la calle estaban en perfecta armonía.

‘Live From New York, a Racist Piece of Shit!’: Protesters Greet Donald Trump Outside Saturday Night Live (sé que de fondo es un tema muy grave pero esto es como un Trípin).

 

 
 

Cómo la existencia de una piloto comercial ayuda a ser menos holgazán.

Recuerdo, algunos años atrás, ir en un vuelo a Ancona en Italia. Mientras iniciábamos el descenso, la piloto habló dando el reporte habitual del progreso. Cuando cerró su mensaje, el pasajero a mi lado sonrió nerviosamente y dijo “oh, una mujer…esto es inusual”. Fue, por cierto, un aterrizaje típico.

Diversidad: es buena para tu cerebro*.

Hace unos días salió la noticia de la certificación de Susana Ibarra, la primera mujer piloto comercial de El Salvador. Hubo gozo en mi alma. No había pasado un segundo celebrando y uñas afiladas chirriaron sobre la pizarra: “felicidades a esta bellísima mujer”. No tuve el ánimo de leer los comentarios, anticipando versiones varias del “está rica pero no me subiría a un avión que ella manejara”.

En las percepciones de “los otros” uno puede encontrar dos dimensiones. La calidez se refiere a la aptitud de sostener relaciones sociales armónicas, mientras que la competencia se refiere a la capacidad de desempeño y logro. Por ejemplo, en un estudio sobre prejuicio y otra cosa* en Italia, cuatro grupos inmigrantes fueron evaluados por los italianos: los canadienses eran percibidos como competentes y cálidos, “los que caen mejor”; los albaneses eran incompetentes pero cálidos; los chinos no eran cálidos pero eran competentes, “saben hacer las cosas y son inteligentes pero son fríos y no son dignos de confianza”; los peruanos no eran ni cálidos ni competentes (protip: esta última categoría lleva a la deshumanización. Chequee ahí su propia opinión sobre grupos sociales que caen fuera de quienes usted considera su “nosotros”).

Las mujeres estereotípicamente son vistas como cálidas pero incompetentes. Tal vez por eso ser mujer sigue siendo una manera de insultar: ser mujer es ser incompetente.

Todavía se les pregunta a las astronautas cómo sobrevivirán en el espacio sin maquillaje (nota en español, nota en inglés).

“No es por ser sexista”, pero las mujeres son demasiado emotivas para ser presidente.

Si se arma un equipo de arqueólogas, cuando hombres pudieron haber hecho el mismo trabajo, es porque “se busca publicidad”.

Si resulta que una mujer es “demasiado competente”, como le ha ocurrido a algunas atletas, queda la duda de “si es mujer” -lo que sea que eso signifique- y debe verificarse(!). La sexualización de las mujeres que muestran un buen desempeño en algún ámbito tradicionalmente masculino es una manera particularmente efectiva de disminuir las amenazas a la masculinidad#MasculinitySoFragile, dicen.

También “otro mundo es posible”, dicen.

Simplemente es difícil para mucha gente ver que una mujer es las dos cosas. O es incompetente o es “perra”, quejeso de que una mujer va a ser amable y capaz (de manejar máquinas, de desempeñarse en tareas lógicas, de que su cuerpo sea funcional además de estético).

Por supuesto, los estereotipos abundan en la vida diaria, y con frecuencia están empapados con creencias inherentes sobre habilidad. Sabemos que no hay base científica para diferencias de género en cosas como habilidad de pilotaje, negocios o asistencia en el parto, pero la gente sigue sorprendiéndose cuando encuentra a alguien que no entra en el perfil de género esperado. Nada enfoca más claramente los estereotipos de la sociedad que quienes van en contra de las tendencias.

Al cerebro […] no le gusta el trabajo duro, aunque le hace bien. De modo crucial, el trabajo duro que conlleva lidiar con la diversidad le da al cerebro un excelente ejercicio.

Diversidad: es buena para tu cerebro*.

Uno se acomoda al pensamiento automático, a lo aprendido sin darnos cuenta a medida que fuimos creciendo. El cerebro se acomoda y se vuelve flojo a la hora de emitir juicios sobre otras personas. La diversidad, y para el caso, la diversidad que conlleva trascender expectativas de género en ámbitos que se creen exclusivos de un solo género (péreme que ni hablamos del gremio de enfermeros), puede ayudarnos a tener más tacto cuando percibimos a otras personas.

* La otra cosa son los beneficios del contacto intergrupal imaginado**, y casualmente quien escribió el primer artículo que cito es el mero-mero en ese tema y por poquito -un par de años- coincidimos en la misma universidad, y eso es todo *fangirlea*

** De hecho, a usted le convendría imaginarse mujeres pilotos comerciales desempeñándose bien en su trabajo. Dele.

 

 

Lo bueno es mejor de lejitos (quizás, a veces).

Nomás vengo a dejar estas ideas, con sus alcances y limitaciones, para ejercitar la mollera:

I.  “Lo que la gente cree que quiere y lo que realmente prefiere no son siempre la misma cosa”.

“La distancia influencia la atracción. Por ejemplo, una persona de mayor inteligencia parece atractiva cuando está a la distancia, o lejos, en su mente. Pero menos si esa persona está junto a usted […] presumiblemente, cualquier persona cuyo desempeño es superado por el de alguien cercano puede sentirse amenazada por ello”.

Un romance a larga distancia. Las cualidades admiradas en otra persona desde lejos pueden resultar amenazantes a medida que esa persona está más cerca.

(Cuidado: si este estudio agarra vuelo, va a verlo con titulares tipo, no sé, “Los hombres no se sienten atraídos por mujeres inteligentes” o “Las mujeres inteligentes asustan a los hombres” -según a quién quieran dejar mal parado-. Sin embargo, aunque el estudio efectivamente abordó las relaciones románticas y los participantes solo fueron hombres, esas son conclusiones simplistas que establecen causalidades que no son. Aparte, si le da al inglés, aquí puede leer una revisión crítica de este estudio).

II.  “No queremos tener cerca a los bienhechores”.

“[…] la presencia de una persona excesivamente generosa en el grupo hace que los demás se sientan egoístas por comparación. Las personas no podemos evitar establecer comparaciones y autoevaluarnos en función de estas, y no salimos bien parados de una autoevaluación cuando tenemos enfrente a un santurrón que entrega todo lo que tiene y no se lleva nada a cambio. La reacción habitual es quitar de nuestra vista al causante de esta comparación que tan poco favorable nos resulta: expulsamos al generoso para no sentirnos mal.

El segundo motivo para el rechazo al bienhechor es que es percibido por los demás como alguien que se desvía de la norma. Parece que las personas tenemos en gran estima las reglas de convivencia (en este caso las reglas del juego) y castigamos a quien no las cumple. Consideramos un comportamiento justo el de quien contribuye en la misma medida en que se beneficia, sea mucho o poco. Cualquier estrategia que se salga de ahí es sospechosa de ocultar algo y debe ser penalizada, incluso aunque objetivamente favorezca al bien común”.

No queremos tener cerca a los bienhechores.

 

 

 

Cómo influir en la opinión pública enfocando una llamarada de tusa.

Hace muchos años pero no tantos, en Estados Unidos, la opinión pública estaba a favor de penalizar las relaciones sexuales consensuales entre personas del mismo sexo. En esa época se había aprobado su despenalización, por orden de la Corte Suprema. Y sólo unos meses antes de ese fallo, la opinión pública también estaba a favor de la despenalización.

¿Qué cambió? ¿La gente decía que aprobaba las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo por llevárselas de progre, pero con la resolución de la Corte mostraron su verdadera opinión? Jaja. No.

Aunque la resolución lidiaba principalmente con una demanda de derechos de las personas gay -una que la mayoría de personas apoyaba, a saber, la despenalización [de las relaciones sexuales]—, el discurso de los medios enmarcó la resolución en términos de una demanda distinta y una a la que la mayoría del público se oponía, a saber, el matrimonio igualitario.

Frame spillover: Media framing and Public Opinion of a Multifaceted LGBT Rights Agenda

Que es lo que hacen en El Salvador. Tiene a los colectivos LGBT abogando por el derecho a existir sin que los acosen, vapuleen, torturen y asesinen; y ante eso, la respuesta de los partidos políticos, los medios y la ciudadanía es: “¡No, ustedes no se casarán!”.

Por eso es risible que en el país el tema del matrimonio igualitario sea tema prioritario de la derecha y de…nadie más. Es ganancia: enfoquémonos en una demanda de la agenda, la que nos parece más extrema, porque con eso fomentamos rechazo a la agenda completa. Qué mejor manera de fortalecer los lazos entre los miembros de mi propio grupo que destacando la amenaza a nuestros valores en común:

Y qué bonito que esa amenaza a nuestros valores sea, finalmente, sólo una ilusión:

Sólo es el arrancón de chucho viejo. Pero gracias a eso, mucha gente se acordó de lo mucho que detesta el matrimonio igualitario y a quienes involucra. Siempre es bueno recordar que no hay que salirse del huacal.

– Ok, una idea: ámenles como yo les amé a ustedes. Asegúrense de cuidarles y no les juzguen. – ¿Pero y sin son gay o adoran a otros dioses? – ¿Tartamudeé, maldición?

 

Un grupo no mayoritario pero con saquitos.

¿Por qué las personas de clase media guardan una arraigada consideración por los ricos? A diferencia de otros grupos no mayoritarios, los ricos se benefician de representaciones históricas positivas. Esto junto con la idea popular de la meritocracia -se obtiene lo que se merece- deja claro cómo la estima implícita por los ricos puede ocurrir poco a poco. Aun más, mucha gente […] tiene un incentivo contra endurecer su corazón hacia los ricos, por la esperanza de que, algún día, serán sus vecinos.

Lo niegan, pero las clases medias tienen un sesgo positivo inconsciente hacia la clase alta.

Las clases medias. Y el sistema judicial salvadoreño.

 

Dos tercios de estudios en psicología ojitos de cangrejo.

Es feo cuando uno es receptor de la frase: “todas las mujeres/todos los hombres son iguales”. Suele venir después de la descripción de alguna característica, con frecuencia en tono despectivo, que se asume la comparten todos los entes dentro de esa categoría. Puede llegar a ser ofensivo. Aun si es una característica efectivamente compartida, que se observa con frecuencia en los congéneres, éstos no pueden ser reducidos a esa sola característica, ni se puede asumir que ella se encuentra en las mismas condiciones, tiempos e intensidad en cada individuo del grupo.

El anterior es un párrafo que intenta verbalizar el disgusto que resulta de escuchar esa frase. Creo, espero, que le resulte familiar, y por ende pueda empatizar conmigo.

Porque, pues, esa es la vida de la investigación en psicología. Un trencito interminable de generalizaciones sin fundamento, y muchas veces no es porque los estudios planteen sus hallazgos como generalización. Le digo porque sé una cosa o dos de investigación y divulgación, y parte del proceso es saber reconocer las limitaciones del aporte propio. “Mire, esta mapachada responde así ante este estímulo, pero ese estímulo debe probarse en otras mapachadas”; “Correlación no es causalidad”; “Puedo encontrar 100,000 gaviotas blancas que apoyen mi hipótesis de que todas las gaviotas son blancas pero basta encontrar una que no lo sea para refutarla”, etc. .

Estos días encontré una y otra vez la noticia: “la mitad de la psicología no es ciencia” o “dos tercios de los estudios en psicología no son confiables”. Lo peor fue verlo compartido por colegas sin mayor contrastación (aquí está el estudio). Pero mire, hay colegas que siguen creyendo que la APA dice que tomarse selfies es una psicopatología (¡le están diciéndole, homb’!), así que qué esperanza. Y no refuto esta “noticia” porque sostenga que la psicología no es ciencia o que no es confiable. ¡Por supuesto que no lo es! No siempre, no es posible. Imagínese estar lidiando con usted como sujeto de estudio, quiere ganas.

Mis no-colegas comparten esta noticia para mofarse, o para confirmar de una vez por todas que la psicología no sirve para nada (jaja). Mis colegas la comparten haciendo mea culpa. Pero pocos parecen darse cuenta del engaño en ese titular. Bueno, si hasta un par de investigadores que participaron en este proyecto reportan que son “tres tercios de estudios en psicología”. Y ese es fundamentalmente el error: a la gente le gusta generalizar (a mi también, como puede ver), y tiene una afinidad particular por repetir hallazgos de psicología sin mesura, sobre todo cuando se oyen bonitos y convenientes. ¡Usamos sólo el 10% del cerebro! ¡El hemisferio derecho es toda creatividad! ¡Desbalance químico! ¡Fue mi subconsciente! (Inconsciente. Lo no-consciente).

Lo que pasa es que eso de que “dos tercios de los estudios no son confiables” es una afirmación imposible de hacer. En Psicoloquio escribí al respecto y sugiero que vaya a leerlo para continuar su proceso de ser mejor persona cada día, pero, en resumen, es un tema de muestreo: si las publicaciones en psicología constituyeran un cuerpo humano en todo su esplendor, 100 estudios (la muestra por la que ha reportado tan majestuosa conclusión) no son más que un puñado de células muertas que salen volando del brazo cuando uno se lo rasca.

Y esto toma más sentido cuando uno se da cuenta de esa pretensión de encontrar una única “naturaleza humana” (soon, en Psicoloquio), cuantimás usando una única población como medida para todas las poblaciones del mundo. Semos analfabetos científicos.

Mire, hay un instrumento que se llama el Inventario Clínico para Adolescentes de Millon, que evalúa personalidad y psicopatología. Fue construido cuidadosamente en Estados Unidos y quedó guapo. Más adelante quisieron usarlo en América Latina y resultó que el test señalaba psicopatía en jóvenes que no la tenían. ¡Los instrumentos en psicología no sirven! ¡Los tests psicológicos no son científicos! No sé *los instrumentos* pero este en particular servía perfectamente: medía los mismos rasgos en todos lados. Lo que pasa es que esos rasgos en el contexto gringo tienden a ser considerados patológicos, y en el contexto latinoamericano tienden a ser considerados saludables (ampliamos).

Yo nomás le digo: desconfíe de las grandes declaraciones en psicología. Téngale fe a la psicología, sí, este bolado funciona y tiene su gracia, en todo ámbito de la vida. Pero sepa también que lo que se hace es trabajo de hormiga, las interpretaciones se hacen con cautela y los alcances son modestos a corto plazo. Se requiere mucho trabajo y tiempo para lograr un conocimiento más o menos estable, y sobre todo, por parte suya, se requiere mucho esfuerzo para no quedarse con lo que dice el titular.

Fuente: estudio (yo).

 

 

Alguien hizo circular un video de una relación sexual en El Salvador. ¡No creerás lo que pasó después!

Como en El Salvador todos nacemos por fecundación in vitro, no conocemos a cabalidad qué es una relación sexual. Lo que sí nos consta es que son sucias e inmorales. Por eso no son ni deben ser practicadas por una mujer, porque es un ser puro, frágil, emotivo, insondeable. Casi humano pero no es para tanto.

No, mentira. Una buena parte…bueno, a juzgar por nuestras tasas de natalidad y embarazo adolescente y paternidad irresponsable (y me atrevería a decir ITS), una GRAN parte de la gente en El Salvador sabe qué son las relaciones sexuales. Las disfrutan. Pero al mismo tiempo las detestan, por sucias e inmorales. Y por eso, no son ni deben ser practicadas por una mujer. Pobre a la que encuentren en medio de tal acto, peor si lo está disfrutando. Qué clase de puta disfruta el sexo. El sexo es para los hombres. Por eso está la ablación.

Así que ahí tiene, alguien hizo circular el video de dos personas teniendo relaciones sexuales. Más bien, de una mujer teniendo sexo con su novio. Luego éste evoluciona a ex-novio, y se sospecha que él mismo fue quien hizo circular el video. Como sea, sin el consentimiento de ella, claro. Para que una manga de básicos la señale como puta con una mano mientras con la otra le dan alegría a su cuerpo como Macarena, que su cuerpo es pa’ darle alegría y cosa buena.

Los hombres matan a las mujeres porque no soportan las derrotas. No saben gestionar una ruptura sentimental porque no les han enseñado que la gente puede seguir su camino libremente, que nadie nos pertenece, que todos somos libres para unirnos y separarnos.

Los hombres matan a las mujeres porque la gran mayoría no sabe gestionar sus emociones y viven presos de su sufrimiento, sus miedos, su dolor, sus traumas, sus inseguridades, sus malos recuerdos, sus carencias afectivas y sus problemas más íntimos. Cuanto más miedo y dolor acumulan, más dramáticos se ponen. Cuanto más inseguros se sienten, más violentos son.

Los hombres matan a las mujeres porque creen que son dueños de sus compañeras, sus hijas e hijos, su casa, su coche y su perro. Se sienten muy superiores a ellos, y como propietarios, hacen lo que les da la gana con ellos.

Los hombres matan a las mujeres porque en la televisión aparecemos representadas como objetos de posesión que pueden ser comprados y vendidos, que pueden ser violados y abusados, que suelen sentir placer obedeciendo y sometiéndose, y que están ahí para satisfacer los deseos de cualquier varón que tenga algo de dinero*. Y como cualquier objeto, si no servimos o no obedecemos, pueden destrozarnos con impunidad, porque la prensa lo llamará “crimen pasional” y explicará “sus motivos” (como si hubiese motivos para justificar el asesinato de una persona).

Por qué los hombres matan a las mujeres** (léalo todo, oiga)

* O acceso a internet.
** Tenga paciencia, el que diga “los hombres” no se refiere a que cada individuo que es hombre lo hace. Pero como categorías sociales, lossss hombres y lassss mujeres estamos jodides.

“Para qué se graba si no quería que la vieran”. Hay gente que se toma muchas selfies y las sube a las redes sociales. Hay gente que se toma muchas selfies y no las sube a las redes sociales. ¿Ve la diferencia, crear contenido y compartir contenido no es lo mismo? Uno registra lo que quiere y lo comparte con quien quiera o con nadie. ¡Pero espere! ¿Y si hay alguien más en este su registro audiovisual? ¿Y si esa persona está desnuda y está haciendo con usted algo que es sumamente íntimo y que todos por default preferimos hacer en privado (ahorita lo que menos vamos a hacer es andar de pudorosos), o de lo contrario estaríamos trabajando en la gratificante pero muy ingrata industria de la pornografía?

Bueno, si lo que ha grabado es un video de relaciones sexuales, y aparece alguien más y esa persona no le ha expresado de modo entusiasta que debe compartir el material con conocidos y extraños por igual, entonces no lo comparta.

“Pero es que la chera le dio baje”.

NO LO COMPARTA, dije. Hay miles de maneras de sobrellevar un golpe de esos que no implican ser una mierda de persona, amén de un potencial delincuente.

Esta persona expresó “odio” exponiendo a otra persona a su pene [colocándolo dentro de la botella de agua de esta persona]. Así que él considera que su pene es algo que puede contaminar. Este es el mismo pene que, presumimos, coloca dentro de su esposa, a quien, presumimos, él no odia. Si yo fuera su esposa, me preguntaría cómo él exactamente decide cuándo poner su pene dentro de algo es una acto de amor y cuándo es una manera de lastimar o humillar a alguien.

“Odio a tu amiga, así que metí mi pene en su botella de agua”

A la gente le gusta buscar culpables porque lo que ha ocurrido es, efectivamente, una mierda y media, y nadie quiere pensar que le pasaría a ellos. Que sólo le pasa a quienes se lo buscan. A las que se lo buscan. A las que se lo merecen y que “no se dan a respetar“. La gente honestamente cree eso. El Salvador, país de inocentes palomitas que te sacarán los ojos.

Como siempre, Virginia lo dice mejor:

¿Qué hay detrás de la decisión de divulgar dolosamente imágenes en las que una persona comparte con otra su cuerpo? No voy a detenerme a aclarar lo obvio: la joven es dueña de su cuerpo y es libre de tomarse el tipo de fotos y videos que le dé la gana. El centro de la discusión en un delito de este tipo no debería ser la víctima, sino el victimario y la sociedad que lo cobija, nuestra sociedad. Nosotros. ¿Por qué la sociedad salvadoreña tolera que un hombre impunemente revele imágenes sexuales de su expareja? ¿Por qué la sociedad salvadoreña crea de facto un ambiente en el que un hombre se siente en posesión de una mujer tras tener sexo con ella?

La mayoría de salvadoreños se considera un grupo de ciudadanos cabales que nada tienen que ver con las decisiones de este abusador y negarán vehementemente ser cómplices de su delito. Se indignarán porque oso nombrarles, nombrarnos, cómplices, a pesar de que cuando recibieron el mensaje diciendo “hey maje, mirá qué rica esta bicha” no dudaron en descargar las imágenes, en ver el video, en masturbarse con él. Imágenes que fueron tomadas para procurar el placer de quienes en ellas participan y de nadie más. Se indignarán conmigo, sí, porque no es culpa suya que esta bicha ande enseñando todo, quién la manda a no tener cuidado (¿al tener sexo con su pareja, en un ámbito de privacidad y confianza? A huevo. Mentite).

Si está cerca de alguien que emite un “pero quien la manda” en todas sus versiones, huya. Esa persona está gozando de la cultura de la humillación, justificando el irrespeto a la privacidad para su propia gratificación, y cualquier día le baja a usted los pantalones para verle los calzones porque quién le manda a usar pantalones que se puedan bajar. Eso, o está hablando para ponerse en un pedestal de moralidad, y francamente, qué hueva, y qué mentira.

 
 
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