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Archivo de la categoría: Memorias y heridas

Alguien hizo circular un video de una relación sexual en El Salvador. ¡No creerás lo que pasó después!

Como en El Salvador todos nacemos por fecundación in vitro, no conocemos a cabalidad qué es una relación sexual. Lo que sí nos consta es que son sucias e inmorales. Por eso no son ni deben ser practicadas por una mujer, porque es un ser puro, frágil, emotivo, insondeable. Casi humano pero no es para tanto.

No, mentira. Una buena parte…bueno, a juzgar por nuestras tasas de natalidad y embarazo adolescente y paternidad irresponsable (y me atrevería a decir ITS), una GRAN parte de la gente en El Salvador sabe qué son las relaciones sexuales. Las disfrutan. Pero al mismo tiempo las detestan, por sucias e inmorales. Y por eso, no son ni deben ser practicadas por una mujer. Pobre a la que encuentren en medio de tal acto, peor si lo está disfrutando. Qué clase de puta disfruta el sexo. El sexo es para los hombres. Por eso está la ablación.

Así que ahí tiene, alguien hizo circular el video de dos personas teniendo relaciones sexuales. Más bien, de una mujer teniendo sexo con su novio. Luego éste evoluciona a ex-novio, y se sospecha que él mismo fue quien hizo circular el video. Como sea, sin el consentimiento de ella, claro. Para que una manga de básicos la señale como puta con una mano mientras con la otra le dan alegría a su cuerpo como Macarena, que su cuerpo es pa’ darle alegría y cosa buena.

Los hombres matan a las mujeres porque no soportan las derrotas. No saben gestionar una ruptura sentimental porque no les han enseñado que la gente puede seguir su camino libremente, que nadie nos pertenece, que todos somos libres para unirnos y separarnos.

Los hombres matan a las mujeres porque la gran mayoría no sabe gestionar sus emociones y viven presos de su sufrimiento, sus miedos, su dolor, sus traumas, sus inseguridades, sus malos recuerdos, sus carencias afectivas y sus problemas más íntimos. Cuanto más miedo y dolor acumulan, más dramáticos se ponen. Cuanto más inseguros se sienten, más violentos son.

Los hombres matan a las mujeres porque creen que son dueños de sus compañeras, sus hijas e hijos, su casa, su coche y su perro. Se sienten muy superiores a ellos, y como propietarios, hacen lo que les da la gana con ellos.

Los hombres matan a las mujeres porque en la televisión aparecemos representadas como objetos de posesión que pueden ser comprados y vendidos, que pueden ser violados y abusados, que suelen sentir placer obedeciendo y sometiéndose, y que están ahí para satisfacer los deseos de cualquier varón que tenga algo de dinero*. Y como cualquier objeto, si no servimos o no obedecemos, pueden destrozarnos con impunidad, porque la prensa lo llamará “crimen pasional” y explicará “sus motivos” (como si hubiese motivos para justificar el asesinato de una persona).

Por qué los hombres matan a las mujeres** (léalo todo, oiga)

* O acceso a internet.
** Tenga paciencia, el que diga “los hombres” no se refiere a que cada individuo que es hombre lo hace. Pero como categorías sociales, lossss hombres y lassss mujeres estamos jodides.

“Para qué se graba si no quería que la vieran”. Hay gente que se toma muchas selfies y las sube a las redes sociales. Hay gente que se toma muchas selfies y no las sube a las redes sociales. ¿Ve la diferencia, crear contenido y compartir contenido no es lo mismo? Uno registra lo que quiere y lo comparte con quien quiera o con nadie. ¡Pero espere! ¿Y si hay alguien más en este su registro audiovisual? ¿Y si esa persona está desnuda y está haciendo con usted algo que es sumamente íntimo y que todos por default preferimos hacer en privado (ahorita lo que menos vamos a hacer es andar de pudorosos), o de lo contrario estaríamos trabajando en la gratificante pero muy ingrata industria de la pornografía?

Bueno, si lo que ha grabado es un video de relaciones sexuales, y aparece alguien más y esa persona no le ha expresado de modo entusiasta que debe compartir el material con conocidos y extraños por igual, entonces no lo comparta.

“Pero es que la chera le dio baje”.

NO LO COMPARTA, dije. Hay miles de maneras de sobrellevar un golpe de esos que no implican ser una mierda de persona, amén de un potencial delincuente.

Esta persona expresó “odio” exponiendo a otra persona a su pene [colocándolo dentro de la botella de agua de esta persona]. Así que él considera que su pene es algo que puede contaminar. Este es el mismo pene que, presumimos, coloca dentro de su esposa, a quien, presumimos, él no odia. Si yo fuera su esposa, me preguntaría cómo él exactamente decide cuándo poner su pene dentro de algo es una acto de amor y cuándo es una manera de lastimar o humillar a alguien.

“Odio a tu amiga, así que metí mi pene en su botella de agua”

A la gente le gusta buscar culpables porque lo que ha ocurrido es, efectivamente, una mierda y media, y nadie quiere pensar que le pasaría a ellos. Que sólo le pasa a quienes se lo buscan. A las que se lo buscan. A las que se lo merecen y que “no se dan a respetar“. La gente honestamente cree eso. El Salvador, país de inocentes palomitas que te sacarán los ojos.

Como siempre, Virginia lo dice mejor:

¿Qué hay detrás de la decisión de divulgar dolosamente imágenes en las que una persona comparte con otra su cuerpo? No voy a detenerme a aclarar lo obvio: la joven es dueña de su cuerpo y es libre de tomarse el tipo de fotos y videos que le dé la gana. El centro de la discusión en un delito de este tipo no debería ser la víctima, sino el victimario y la sociedad que lo cobija, nuestra sociedad. Nosotros. ¿Por qué la sociedad salvadoreña tolera que un hombre impunemente revele imágenes sexuales de su expareja? ¿Por qué la sociedad salvadoreña crea de facto un ambiente en el que un hombre se siente en posesión de una mujer tras tener sexo con ella?

La mayoría de salvadoreños se considera un grupo de ciudadanos cabales que nada tienen que ver con las decisiones de este abusador y negarán vehementemente ser cómplices de su delito. Se indignarán porque oso nombrarles, nombrarnos, cómplices, a pesar de que cuando recibieron el mensaje diciendo “hey maje, mirá qué rica esta bicha” no dudaron en descargar las imágenes, en ver el video, en masturbarse con él. Imágenes que fueron tomadas para procurar el placer de quienes en ellas participan y de nadie más. Se indignarán conmigo, sí, porque no es culpa suya que esta bicha ande enseñando todo, quién la manda a no tener cuidado (¿al tener sexo con su pareja, en un ámbito de privacidad y confianza? A huevo. Mentite).

Si está cerca de alguien que emite un “pero quien la manda” en todas sus versiones, huya. Esa persona está gozando de la cultura de la humillación, justificando el irrespeto a la privacidad para su propia gratificación, y cualquier día le baja a usted los pantalones para verle los calzones porque quién le manda a usar pantalones que se puedan bajar. Eso, o está hablando para ponerse en un pedestal de moralidad, y francamente, qué hueva, y qué mentira.

 

Los no mareros.

“Espero en Dios poder capturar a una maldita rata empleada de ese periódico basura”.

“Allá por La Sultana hay que ir a ametrallar”, escribió desde un perfil anónimo otra persona, en alusión a la colonia donde se ubican las oficinas de El Faro.

“Ojalá hubieran acribillado a los miembros del Faro”.

“Si estuvieran en Guatemala, ya les hubieran quemado sus instalaciones y a ustedes seguro los linchan”.

“Español es esa mierda, matémoslo como lo que le pasó al otro en La Campanera por ser bocón”.

“Ojalá y termines como Poveda por insultar a todos los que no somos mareros”.

El Faro denuncia amenazas contra sus periodistas.

Da miedo cuántos muertos (entre “asesinados” y “eliminados”) caben en una sola nota periodística, pero para que hipoteticemos que esto no ocurre en un vacío, los salvadoreños no mareros cuentan chistes cuyo punchline es dispararle a una criatura porque quiere cambiarse de territorio.

Por el lado amable, una buena noticia, aunque promete más de lo que entrega: Vidente salvadoreño revela ubicación de “El Chapo” Guzmán.

 

 

Un respiro.

Para tener un respiro del ambiente tan desesperante e incierto, recomiéndole leer cinco enemigos acérrimos que formaron amistades inspiradoras (está en inglés, va’pasar a disculpar):

1. Un prisionero de guerra busca a su torturador por 50 años para vengarse…y en lugar de eso, se convierte en su amigo.

2. Padres de luto acechan, luego se vuelven mentores del conductor ebrio que mató a su hijo.

3. Una activista negra por los derechos civiles se hace amiga del miembro del Ku Kux Klan enviado a sabotear su trabajo.

4. Un hombre termina consolando a su secuestrador (y casi asesino) en el lecho de muerte.

5. Sobreviviente del genocidio de Ruanda comienza una organización benéfica con el hombre que le cortó su mano y mató a su hija (De Ruanda puede encontrar muchas historias así, por aquí le manejamos lo que es el genocidio y cómo Ruanda logró superarlo…versus, por ejemplo, Guatemala y El Salvador -_-).

No es para que sienta la obligación de ofrecerle amistad sincera a alguien que le haya hecho mucho daño. Nomás recuerde que ser descortés y grosero es contagioso. Y aquí le dejo una foca:

“Ella empezó a traerme pingüinos y a empujarlos hacia mi cámara. Creo que pensó que la cámara era mi boca, lo cual es el sueño de todo fotógrafo. Esto siguió por cuatro días”.

“Así que resulta que vine a Antártica a fotografiar a este potencialmente sanguinario animal, a que este depredador, este máximo depredador de la Antártica, me cuidara, me criara, y me alimentara por cuatro días seguidos” (aquí las fotos y enlace al video).

(Por supuesto, dentro de tanta ternura, pobrecitos los pingüinos).

 

Cis, trans, todos.

Hay una nueva palabra en el diccionario de Oxford, aunque la palabra misma ya tiene ratos dando vuelta. Voy ahí: cisgénero: “la designación de una persona cuyo sentido de identidad personal corresponde con el sexo y género que se le asignó al nacer” (si cree que las palabras para designar no importan, vaya aquí).

“¿Es un niño o una niña?”

“Creo que es muy pronto para empezar a imponer roles, ¿no le parece?”

Leía hoy la nota “Como decís que sos hombre, te estamos tratando como hombre“, donde se reporta el reciente arresto y tortura de un activista trans y su pareja, por parte de la Policía Nacional Civil:

“La declaración del policía que se ha mostrado como víctima es que teníamos que estar agradecidos de que le había pasado eso (la golpiza a Álex), porque lo que se hacía ahora era pegarles un tiro y dejarlos en la cuneta”, dice [William] Hernández [de la Asociación Entre Amigos].

[…] el 72.6 % de policías que contestaron el cuestionario cree que la atracción sexual hacia las personas del mismo sexo es una enfermedad mental. El 80 % de policías cree que en cualquier sitio público el dueño tiene derecho a pedirle a una persona LGBTI que se retire debido a su orientación sexual. El 56.5 % piensa que las personas de esta comunidad nunca deberían ser policías. No obstante, solo aproximadamente un 9 % dijo conocer a algún compañero que hubiera golpeado o que hubiera usado excesivamente la fuerza para detener a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans.

Por cierto, y tenga en mente esas estadísticas: un día antes del ataque, se instauró el matrimonio igualitario en Estados Unidos. Vi algunas publicaciones como esta, de la pobre gente heterosexual, cisgénero (y con una particular tendencia religiosa, digamos), que se sentía perseguida, reprimida y discriminada por la visibilidad LGBT:

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Persona que respondió: PREACH!

Aparte “tratar como hombre”, qué asco de mentalidad. Y no dudo que la gente se la cree, un hombre es el que aguanta golpes y eso se puede y debe poner a prueba. N’ambe. Hay que ser gente y tratar a los demás a como tal, y no estar usando la masculinidad como excusa para violentar a nadie. A un hombre no hay que pegarle ni con el pétalo de una rosa.

Lo he dicho varias veces, y lo digo de nuevo: así como usted piensa, así actúa. Por eso no es extraño que el uso de la tortura sea legitimado y aplaudido por el común de la gente…siempre que sea usado en “otros”. Pero, dejando de lado lo cis y los trans, lo hetero y todo lo demás, déjeme traerle a mi amiguita @Huishte, que le señalará algo más que está en una esquina de la nota de El Faro:

Algunos de los finos ciudadanos honrados que comentan en la nota de El Faro (y en otros muchos lugares) creen fervientemente que algunas personas merecen ser maltratadas. Lo bueno es que las pandillas piensan lo mismo. Y la policía piensa lo mismo. Y las columnistas Opus Dei piensan lo mismo. Así que hay que andar con cuidado para ser dignos de respeto de todo el mundo. Qué agradable manera de vivir.

– Yo nunca he hablado de cambio de sexo, porque el sexo está en el cerebro de la persona. Los primeros años de vida, el sexo no se puede cambiar ni con cirugía, ni con hormonas, ni con psicoterapia. Porque si se pudiera, eso es lo que haríamos.

[…]

¿A usted nunca le pareció inmoral ni contra natura?
Creo que lo realmente inmoral es oponerse a que alguien viva mejor, solo porque lo que le pasa no lo entiendo o me molesta. Y respecto a que es contra natura, la primera vez que me lo dijeron no me supe defender, pero luego pensé que casi toda la medicina es contra natura. Todo lo que hacemos, la quimioterapia, las drogas, con todo tratamos de torcerle la mano a la naturaleza. Que más contra natura que un transplante, sacarle un corazón a alguien y ponérselo a otra persona. Para mí, ese argumento no vale. Torcerle la mano al destino es nuestro trabajo. Es toda la medicina.

Guillermo MacMillan. Reportaje “El doctor de los trans”, suplemento Sábado de El Mercurio, 4 de julio de 2015, p. 11.

 

El Playón.

El Playón es un campo de lava al norte de San Salvador. Metros y metros de grava negra yacen a las faldas de un volcán cuyo nombre original no recuerda nadie. En un día normal, el sol hace que aquello parezca una enorme parrilla. Aunque ahora este terreno forma parte de un área natural protegida, a finales de los setenta era un basurero de latas, de papel y de personas. Ahí iban a parar los desaparecidos por los Escuadrones de la Muerte, los cuerpos policiales y el Ejército.

El consejo que recibían quienes buscaban ahí a sus familiares era conseguir un vehículo de doble tracción y manejar sobre la carretera hasta ver los buitres. Ellos eran la señal para abandonar el pavimento y seguir sobre la grava hasta llegar a los cadáveres arrojados a la intemperie, sobre la piedra ardiente. Decenas de cuerpos eran abandonados como carroña, a merced del viento y del sol.

Desde mediados de los setenta, entre los huesos, los buitres y la grava, caminaban señoras buscando trozos de camisas, sombreros o zapatos que permitiesen identificar a quien salió de casa y nunca volvió. A veces les acompañaba un sacerdote de modos suaves y rostro sereno. Era Monseñor Óscar Romero, arzobispo de San Salvador desde febrero de 1977.

Su acompañamiento no terminaba ahí. Durante las misas de domingo en Catedral, transmitidas en vivo a través de la emisora del Arzobispado (la dictadura no la censuraba por ser voz de la Iglesia), Monseñor nombraba cada huelga suprimida, cada estudiante desaparecido, cada preso y asesinado por el aparato represor. Pedía por sus almas. Denunciaba la injusticia de su padecimiento. El monseñor que caminaba sobre la grava buscando muertos, acompañando a una madre, era el solaz de cientos, de miles, todos los domingos en misa.

Monseñor Óscar Romero: el pastor entre los buitres

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Décadas después.

(Gracias a Víctor por darnos jalón)

 

Sentimiento y acontecimiento.

Sírvase aplicarlo a varias esquinas del contexto salvadoreño:

Recuerdo cuando Enrique Peña Nieto habló sobre Ayotzinapa y nos recomendó “seguir adelante” y “superar el momento de dolor” (citado por Vargas, 2014, p. 3).

[…] Ayotzinapa tan sólo sería un estado mental, un dolor, y como tal, podríamos y quizá también deberíamos deshacernos de él, superarlo, extraerlo de nuestra cabeza. Es lo que el expresidente Vicente Fox, con vocación de psicólogo, les ha recomendado a las madres de los 43 de Ayotzinapa, diciéndoles que “no pueden vivir eternamente con ese problema en su cabeza” (citado por Calvo Aguilar, 2015, párr. 2). ¡Pero el problema es precisamente que el problema no está en la cabeza!

¡La desaparición de los 43 no tuvo lugar en las cabezas de sus madres! No es en esas cabezas, en sus laberintos mentales y circunvoluciones cerebrales, en donde hay que buscar a los desaparecidos. No están ahí. Tampoco están ahí los muertos ni el desollado ni el tiradero de Cocula ni el Cártel de Los Pinos ni Peña Nieto ni los policías federales ni los demás presuntos asesinos. Todo esto no es un delirio ni una pesadilla. Es una realidad y se encuentra fuera de la cabeza de las madres de los 43.

[…] Aquello a lo que me refiero es algo que no puede formularse ni explicarse con facilidad mediante los recursos conceptuales de los que disponemos en el campo disciplinario psicológico. Ayotzinapa es lo que no se deja ni decir ni sentir, ni pensar ni olvidar, ni aceptar ni superar. Es aquello por lo que definitivamente no importa si estamos bien o somos felices. Es aquello insuperable del sujeto al que ofenderemos al pretender que puede superarlo. Es el dolor que intentamos aliviar y que mejor deberíamos respetar. Es aquello por lo cual ciertos duelos no deben terminar. Es aquello por lo que todos tenemos algo de melancólicos.

[…] Pero Ayotzinapa es también algo que no requiere curación individual, terapia o análisis, diván o consultorio, medicina o tratamiento clínico de cualquier otro orden, sino que exige combate por lo incurable, reconocimiento social del sufrimiento, acompañamiento en la protesta, movilización y manifestación, calle y barricada, organización colectiva y lucha social, memoria y constancia, perseverancia y esperanza, y sólo en el horizonte, al final de todo, siempre más allá, como única solución, la justicia y la verdad.

Ayotzinapa en la psicología: del sentimiento momentáneo al acontecimiento histórico
David Pavón-Cuellar

 

La rata Gonzala.

Cuando era un fracaso de pre-adolescente, llegué con mi familia a una cabaña. Durante la inspección del lugar, escuché que en una de las habitaciones había una rata con sus crías. Uno de mis hermanos la bautizó como La Rata Gonzala, y lo último que supe de ella fue que alguien había echado a sus crías por el inodoro. La piel se me erizó, y el estómago se me contrajo como si le hubiesen dado un puñetazo. Todavía hoy me siento culpable, en nombre de mis congéneres.

Años antes, o quizás años después de ese episodio -quién recuerda a estas alturas-, otro de mis hermanos llevó un ratón blanco a la casa. Él estaba estudiando psicología (ve que viene de familia) y el animalito era para ponerlo en una caja de Skinner y aprender sobre conductismo, que es una de las cosas más geniales de este mundo si uno lo aprende como se debe; y si no abusa de sus sujetos. Pero, en ese momento, cualquier explicación que mi hermano me hubiera dado sobre el ratoncito me entró por un oído y me salió por el otro. Lo único importante era que había un programa llamado Los Motorratones de Marte y que esta criaturita se parecía a uno de ellos. Yo era entonces una niña muy urgida por tener una mascota, un mamífero; tenía un perico pero él detestaba a la gente y con razón…se le pasó cuando lo sacamos de la jaula, ya ve. Hablando de eso, abrí la jaula para acariciar al ratón y me mordió el dedo.

Científicos del comportamiento han cuestionado el grado en que los animales no humanos tienen la capacidad de participar en la reciprocidad sin ser explotados por “tramposos” que se aprovechan de su amabilidad. Parece que esto es cognitivamente demandante, en términos de reunir los recuerdos de quién hizo qué y juzgar cómo responder. Los resultados recientes de Dolivo y Taborsky muestran que las ratas pueden recordar la calidad de la ayuda prestada y por cuál rata, y ajustar su comportamiento posterior con el fin de invertir más tiempo y energía en ayudar a aquellos que les ayudaron.

Estudio comportamental muestra que las ratas saben cómo pagar un favor

El conductismo, por cierto, se preocupa por la continuidad conductual entre especies. Sobre la empatía en mamíferos:

Un experimento que prueba si la empatía puede generar comportamiento en ratas ha encontrado que, cuando una rata seca observa a otra, atrapada en una cámara húmeda, la liberará de su jaula. No sólo estas ratas están dispuestas a ayudar a los demás, lo hacen más rápido si ellas mismas han sufrido anteriormente un remojo.

Memorias desagradables impulsan a ratas de laboratorio a rescatar compañeras empapadas más rápido

A veces hasta escogen la amistad por encima del chocolate, que es más de lo que se puede decir sobre algunas personas. O, mejor aun, primero salvan a su amigo y después comparten el chocolate.

Como chiste intradisciplinario, históricamente a la psicología se le ha criticado que las generalizaciones y búsqueda de principios universales parten realmente de un único grupo poblacional que ni por cerca es representativo: hombres jóvenes occidentales de raza blanca (oiga, y el concepto de “raza” ya está obsoleto, pero para seguir con la idea). En el discurso predominante en psicología, los sujetos son blancos, los investigadores son blancos, los pares evaluadores son blancos y…

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….hasta las ratas son blancas.

Sirva esta entrada para recordar a Gonzala y a todas las Gonzalas del mundo. No más ratoncitos neonatos lanzados al inodoro, y sí a su protección y mejora de condiciones laborales como entes de laboratorio porque ni modo, siguen siendo tal cosa; en psicología les debemos una barbaridad. Hágales el favor de evitar causarles daño a estos roedores cuando se encuentre con alguno. A lo mejor se lo pagan compartiendo un chocolate con usted.

 
 
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