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Antonia Navarro, la primera mujer en obtener un título universitario en El Salvador

Alguien que me quiere mucho me regaló “Mujeres en público. El debate sobre la educación femenina entre 1871 y 1889” (UCA Editores, 2014), de Olga Vásquez Monzón. Heme aquí haciendo eco de la primera mujer que se destaca en este libro.

En 1889, Antonia Navarro se convirtió en la primera mujer en obtener un grado universitario en El Salvador, en la Universidad Nacional. Fue también la primera mujer en graduarse como ingeniera en Iberoamérica. Tenía 19 años(!) y en su tesis:

[Navarro] notó que los textos escritos en el extranjero exponían los fenómenos astronómicos bajo un punto de vista que no correspondía a la posición geográfica de El Salvador [señalando que] si el profesor no tiene especial cuidado, el alumno adquiere ideas que después no corresponden con la observación.

Su graduación se celebró con un bailongo, como bien aconseja la academia. El Presidente de la República, el General Francisco Menéndez le dedicó un concierto.

Olga Vásquez cita distintas fuentes que reconocían la importancia de la titulación de Navarro. El director de un periódico nacional sostuvo que este evento era la derrota de quienes creían que “la hermosa criatura del Supremo Hacedor no debe traspasar los lindes de la familia para lucir sus dotes en la región ilimitada de la ciencia” (p. 20). Otro maitrito, en una publicación en Nueva York, celebra que “los Gobiernos se inspiran en el credo moderno y abren al bello sexo las puertas de las universidades” (p. 25). Hermosa criatura. Sexo bello. Lo traigo a colación porque este modo de pensar persiste en demasiadas cabezas. Lo que siento al leer esas líneas debe ser lo que siente el agua cuando le llaman “el vital líquido”.

Breaking News: Hombrecitos interpretan el éxito de una mujer como amenaza personal (imagen tomada del blog quepasaelsalvador).

Al leer sobre logros como el de Navarro, uno se siente tentado a decir que “esa es la actitud” y que más mujeres hubieran “salido adelante” si se hubieran empeñado tanto como ella. Pues, empecemos por que junto a Navarro había otra mujer en la Universidad Nacional, Concepción Mendoza, quien estudiaba Medicina:

Su presencia en la facultad escandalizó a la sociedad salvadoreña llegando al punto de presentar tantas dificultades y problemas en el seno de la Escuela de Medicina que hicieron que Mendoza abandonara los estudios (p. 21).

Es bien cómodo animar a la gente a que le meta ganas. Miren este ejemplo y síganlo, si se quedan de ignorantes es porque quieren. Uno, efectivamente, tiene que esforzarse para lograr sus metas, pero tampoco hay que actuar como que Mendoza y tantas mujeres que no pudieron acceder a la educación se quedaron atrás por alguna falla de carácter (*inserte aquí otros grupos sociales y condiciones de desigualdad en el presente*).

La sociedad sabe bien cómo mantener a cada persona “en el lugar que le corresponde” y es comprensible que tanta presión haga desistir a alguien de ir contracorriente. Además, la gente tiene una habilidad medio perversa para redefinir criterios de éxito y mérito en aras de justificar la discriminación. Sí, una institución universitaria tan amablemente le abrió las puertas a algunas mujeres. Esto no garantizaba que el resto de la sociedad estuviera de acuerdo con que hubiesen abierto esas puertas.

Destacar ejemplos de mujeres pioneras sirve poco si no va de la mano con la comprensión del entorno que las volvió excepciones a la norma. A pensar en eso y en cómo nosotros mismos contribuimos a esos entornos sí hay que meterle ganas, mire ve.

Y como nunca podemos tener cosas bonitas, Navarro falleció en diciembre de 1891, a los 21 años.

Más información:
* Antonia Navarro Huezo Primera centroamericana en alcanzar titulo universitario.
* “La ‘luna de las mieses’, estudiada por la científicaSV Dra. Antonia Navarro Huezo“.
* Antonia Navarro, la mujer del presente.
* Hablando de mujeres en la academia, yaaasss psicología: Psicólogas eminentes de la era moderna (recomiendo la parte 4 sobre Brenda Milner, la madre de la neuropsicología, quien sigue trabajando a sus 100 años) + un texto escrito por Leticia Calderón, la primera mujer que se graduó de psicóloga en El Salvador en los 1960s.

 

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El miedo

Nunca he sido de esas personas -sé que tampoco lo sos- que sienten que el amor por un hijo es de alguna manera un amor superior, uno más significativo y más grande que cualquier otro. No sentí eso antes de Jacob y no lo sentí después. Pero es un amor singular porque es un amor cuyo fundamento no es la atracción física o el placer o el intelecto, sino el miedo. Nunca has conocido el miedo hasta que tenés un hijo, y tal vez eso es lo que nos hace pensar que es un amor más grandioso que cualquier otro, porque el miedo mismo es más grandioso. Cada día, tu primer pensamiento no es “lo amo” sino “¿cómo está?”. El mundo, de la noche a la mañana, se reorganiza como un recorrido de obstáculos aterradores. Lo sostenía en mis brazos y aguardaba a cruzar la calle, y pensaba qué absurdo era esperar que mi hijo, cualquier hijo, sobreviviera esta vida.

-Hanya Yanagihara, “A little life” (traducción libre)

Relacionado:
“Arriesgarse a viajar desde Honduras hasta Estados Unidos ya es difícil para un adulto. Pero es más complicado para las madres solteras que atraviesan fronteras en compañía de sus hijos. Lo hacen, todas, porque quieren que sus niños crezcan lejos del hambre y las balas. Estas son solo algunas de las historias de cientos de madres de la caravana” – Madres en éxodo.

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Catorce años de Qué Joder

Comencé este blog en otra vida*. Ya no puedo escribir como entonces, mi forma y fondo han cambiado tanto como mi entorno actual. Este cambio ha sido para bien, en un sentido individual. En un sentido colectivo, debería disculparme por no ser aporte pero no hay con quién.

Algo que no ha cambiado en 14 años es la cara que pongo a causa de El Salvador. Acá esta cara es magistralmente desplegada por tres antropólogas forenses:

“De izquierda a derecha, Silvana Turner, Mercedes Doretti y Patricia Bernardi, antropólogas forenses argentinas. Las tres testificaron en el juzgado de San Francisco Gotera por la masacre de El Mozote. Foto de El Faro: Víctor Peña”. Fuente: Las antropólogas argentinas dan cátedra en el juicio por El Mozote.

De todos modos, este blog es como el Año Viejo, no lo olvido porque me ha dejado cosas muy buenas.

Nos vemos.

*Antes de este blog, tenía una mi plataforma de MSN Groups(!) para ir guardando documentos sobre corrupción en el gobierno y crímenes de guerra, información que en mis años mozos se compartía por correo electrónico (en Word y Power Point, Santo Padre). Hasta mi chero Ñola se animó a escribir una columna, y solo una, para esa plataforma. Por estos días están juzgando a un ex presidente y sus amiguitos por corrupción, y a militares por crímenes de guerra así que qué alegre, hom’**.
**Medio, porque qué cuesta que se haga justicia.
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Trece ortodoxos y asolapados años de Qué Joder

No iba a detenerme a conmemorar esta magna fecha, hasta que el buen Víctor publicó algo que me recordó las zanganadas que me arrastraron a esta vorágine:

¿Felicidades?

Nota: El título de esta entrada no implica identificación con ningún partido, ahí que se den a probar sus virilidades entre ellos.
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A la cárcel por perder un feto inviable

Adolescente salvadoreña víctima de violación condenada a 30 años de prisión por parir un feto muerto.

¿Qué más hay que decir? ¿De qué otra forma se lo explicás a la manga de imbéciles que compone el grueso de la fauna salvadoreña, si ya redujiste la situación a su mínima expresión?

Vaya y lea El signo letrina:

Hace menos de un año, una menor de edad sale corriendo al baño antes de empezar clases en el instituto. Último año de bachillerato. Tiene una relación con un pastor evangélico mayor que ella, una infección en la sangre, un feto en las entrañas. ¿Ha entrado alguna vez a los baños de un instituto nacional? Hay un olor penetrante a orina o a cloro; a veces, a ambas. Se siente en los ojos casi como una nube de gas mostaza. En ese aromático entorno ella pare a un feto muerto, inviable. La fiebre se alza atropellada, la sangre le brota, ella se desmaya. Teledós se entera. Lo transmite en vivo. Medio El Salvador sopla su sopita de frijoles con epazote mientras sigue el minuto a minuto y espera a que saquen a esa bicha zorra, asesina, puta, del baño del instituto. Durante los comerciales, quizá el comedor comentó cómo estas monas ahora no pueden cerrar las piernas. Seguro es culpa del reggaetón.

[…]

Nadie parece notar que una y otra y otra vez la narrativa de las mujeres acusadas de homicidio –no de aborto, ni lo quiera Dios–  en contra de sus fetos tiene como escenario brutalista y vulgar el baño público. No es uno con pastillitas olor lavanda tropical, toallas suavecitas gracias al poder del Suavitel Adiós al Planchado ni duchas con control de temperatura, no. Son fosas sépticas. Estas mujeres-monstruo, inmorales, capaces de matar a sus propios hijos, suelen tener como escenario el piso de tierra, la pared de bahareque, las lombrices reptando al fondo de la fosa.

Repito, vaya y lea, y comparta el post.

Relacionado:
La “sinvergüenza” que abandonó a su bebé.

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“No tenemos que ser perdonadas por lo que nos pasó”

El día de hoy, he venido desde mi pueblo en El Salvador, hasta acá en Ginebra, para contar mi historia. Vengo con un simple mensaje, quiero que mi historia no se repita en mi país.

Hace 10 años trabajaba como empleada doméstica en una casa. En ese momento, trabajaba con la esperanza de salir adelante, de apoyar a mi mama y a mis hermanos, y con el sueño de un día ahorrar suficiente dinero para montar mi propio negocio en mi pueblo. También soñaba con ser mamá y formar mi propia familia. Sin embargo, en un día mi vida cambio.

Tenía 18 años cuando fui víctima de abuso sexual por el dueño de la casa en la que trabajaba. Producto de esa violación, quedé embarazada. Continúe con mi embarazo, pero un día, en la misma casa donde trabajaba, sufrí una hemorragia que me causó una emergencia obstétrica.

Fui al hospital, inconsciente, y sin saber lo que pasaba, al despertar supe que los médicos me habían reportado a las autoridades, ellos habían presumido que yo era culpable de haberme provocado un aborto. Al rato, me acusaron de homicidio.

Sin que existieran pruebas en mi contra, fui investigada, y encarcelada con una pena de 30 años. Luego estuve en la cárcel 7 años y tres meses, los años más largos de mi vida.

Ya una vez en la cárcel, ya nada era igual. Habían más de 82 mujeres en la celda donde yo estaba. Por más de un año dormí en el suelo, con poca comida, y en condiciones horrorosas. La mayoría de veces no había agua, y no nos podíamos bañar. Nuestra ropa era sucia y las cañerías estaban rotas, haciendo el olor y cada día que pasaba en prisión insoportable. Si me enfermaba no había médicos que me atendieran, o tampoco había medicinas, si las necesitaba. Cada semana podía tener visitas, pero debido a que mi familia vivía lejos de la cárcel, y era costoso para mi familia, mi madre solo podía visitarme cada mes.

En la cárcel nos gritaban asesinas y cada día nos maltrataban. Sobrevivir era la única opción que teníamos.

[…]

En mi país me perdonaron, y por eso, hoy me encuentro en libertad. Pero hasta el día de hoy, me pregunto por qué tenía que ser perdonada si yo no era culpable de nada. El indulto era la única salida para mi situación, pero ni yo, ni las mujeres que continúan en la cárcel, hemos hecho nada malo, así que no tenemos que ser perdonadas por lo que nos pasó.

Mujer salvadoreña injustamente encarcelada comparte su historia frente a Comité de la ONU (Comunicado de prensa del Centro de Derechos Reproductivos)

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Intersecciones

Fui a una de las protestas, organizadas en UK, contra Trump y la complicidad del Reino Unido en la ola de islamofobia, xenofobia, racismo y misoginia que está pegando actualmente. La ola visible, hay que decir. Protestas sobre estos temas llevan su rato, habitualmente por parte de quienes los sufren constantemente, y se han tardado en tener eco en el grueso de la gente. Por ejemplo:

Acá una entrevista con Angela Peoples, quien sostiene el cartel en esta foto.

“Mire las fotos [de la Marcha de las Mujeres]. Mire cuánta gente blanca toma recuerdos, selfies, fotos de grupos —rostros sonrientes como evidencia de su certificado de bondad y haber-hecho-algo— en contraste con [los rostros] de gente no-blanca cuando protesta. Balas de goma. Gas lacrimógeno. Pistola eléctrica. Gas pimienta. Arrestos en masa. La disonancia es agotadora.”

Algunas verdades inconvenientes sobre la Marcha de las Mujeres en Washington.

La protesta fue esperanzadora, solidaria, tan inclusiva como podía serlo en esta ciudad multicultural (había algo reconfortante y a la vez inquietante en escuchar a miles de personas gritar the people united will never be defeated; es que traduciéndolo no se vive igual. The one who doesn’t jump is a constable tampoco, y loor a las Marchas Blancas de los médicos del ISSS). Pero faltó decir que estábamos ahí no solo por y en contra de Trump y May, si no en contra de los millones de personas que coinciden con ellos en sus maneras de pensar; las figuras políticas no ascienden al poder en un vacío.

Si uno va a estas manifestaciones (causas no faltan, ya le digo) que sea no solo a hacer molote, sino también a cuestionarse la posición propia en el mundo, y si con ella de alguna manera ha contribuido a aquello contra lo que protesta.

Nuestra aproximación a la libertad no tiene que ser idéntica pero tiene que ser interseccional e inclusiva. Debe extenderse más allá de nosotros. Sé con certeza que mi liberación está directamente ligada a la de la Latina trans indocumentada que anhela refugio. Al estudiante con discapacidad que busca acceso innegable. A la trabajadora sexual que lucha por ganarse la vida de modo seguro. 

La liberación colectiva y la solidaridad es un trabajo difícil, es un trabajo que nos encontrará peleando junto y peleando unos contra otros. El que estemos oprimidos no significa que no caemos víctima de recrear inconscientemente el mismo control, humillación e invisibilización [sobre otros]. Debemos hoy regresar unos a otros con más responsabilidad y compromiso con este trabajo. 

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Discurso de Angela Davis en la marcha.
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