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Archivo de la categoría: Imágenes

El vicepresidente de un país manco.

Fuente: LaVirjinia

Dice Ortíz, quien tiene nexos con el narcotráfico:

Usted está bien malito de su sentido de realidad, don vice.

Y otra joya, porque hoy es miércoles al 2×1:

Salvador Samayoa: “Mano dura es la que hay ahora, no la de Paco Flores”.

No ha habido mano dura, nunca, jamás. Ustedes no han visto nada.

La apuesta del Gobierno tomó mayor vigor el 23 de julio de 2003, cuando el ex Presidente de la República, Francisco Flores, lanzó el plan “Mano Dura” en la colonia Dina, al sur de San Salvador, con la promesa de erradicar las pandillas que operaban en esa zona y en todo el país.

Aplicación de la ley Combate a las pandillas. Una mano dura y otra suave.

¿Entonces qué hizo Paco Flores?

Sesión y té mensual.

Yo nomás dígole que cuando a la gente de El Salvador le preguntan si quiere democracia dicen que sí (págs. 267-268, por ejemplo. De nada), pero sepa hacer las preguntas correctas como quien no quiere la cosa y el autoritarismo jalvadoreño se presentará frente a usted (pág. 134, todo el documento en realidad) con la gracia de un suave amanecer que rápidamente se convierte en un solón abrasador e infernal.

Solón abrasador e infernal. Ilustración de la psique salvadoreña en los libros de psicología social, capítulo sobre relaciones intergrupales y right-wing authoritarianism.

Relacionado:
Por qué la victimización y la inseguridad son una amenaza para la democracia
(último párrafo página 3. De nada).

 

La procesión va por dentro.

Sólo hay que quitarle la inseguridad y paranoia, los espacios públicos* cada vez más privados y excluyentes, y el clasismo causa-y-efecto de todo ello; la millonada de carros y sus agresivos conductores; conductores y peatones impacientes que no toleran no estar en movimiento; la ciudadanía que se cree buena gente sin mayor auto-reflexión y que vive con la vista en “los otros, no yo”; el calor y el inexplicable gusto por volarse árboles y zonas verdes; los cables del tendido eléctrico que simulan barras de jaula, las casas abandonadas, las calles y murallas y rótulos despintados, y el deterioro general de un lugar que con bombo y platillo se anuncia como lo mejor que hay.

Solo hay que quitarle el contexto a estas fotos y sale lo bonito de mibellopaíjelsalvador:

Café helado, pan dulce, palomita casual, y un volcán que en cualquier momento despierta.

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Estatua viviente en Paseo El Carmen❤

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Archívese en "Playiiita".

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El Arco❤ ft. el edificio que tapa el volcán.

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* La ONU alerta de la reducción del espacio público en las ciudades.

 

Justicia restaurativa.

Una noche, mientras iba en el bus, vi un rótulo que decía: “Conocer al hombre que mató a mi hijo fue el segundo día más importante de mi vida. Salí de la experiencia con fuerza renovada”. En letras más pequeñas, se explicaba que la justicia restaurativa le da a las víctimas la oportunidad de hacer conocer a los ofensores el impacto que tuvo el crimen en sus vidas, obtener respuestas a sus preguntas y obtener una disculpa.

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Fracasé con la calidad de la foto pero este es el rótulo.

El concepto no es nuevo pero nunca lo había visto “anunciado” y en una modalidad tan personal. Tiempo después, de casualidad, encontré el reporte de un estudio de caso sobre esto:

Una aproximación que busca darle a familiares y amigos (conocidos como “co-víctimas”) una voz, y ayudar a elaborar su sufrimiento, se conoce como “justicia restaurativa” e involucra que las víctimas (o, en el caso de asesinato, las co-víctimas) se encuentren cara a cara con el agresor.

En este estudio, se entrevistó a un hombre encarcelado por asesinato y a dos hermanas de la persona asesinada, después de que ambas partes conversaran en persona.

…una hermana me preguntó, “¿creés que sos inherentemente malvado?'”… que te pregunte eso cualquiera es difícil pero que te lo pregunten las víctimas del hermano que has asesinado, eso fue extremadamente difícil de responder. [Entrevistador: ¿Qué les respondiste?] Les respondí honestamente, dije que lo que había hecho era serio pero no me consideraba inherentemente malvado. La hermana me dijo que ellas pensaban, no pensaban que yo lo fuera. [Entrevistador: ¿Cómo te hizo sentir eso?] fue muy emotivo escuchar a tus víctimas, a cuyo hermano has asesinado, al final del día has asesinado a su hermano [y] ellas no consideran que eres inherentemente malvado. Me brotaban las lágrimas…a las hermanas les rodaban las lágrimas”.

Finalmente, me hallé este folleto, por andar de meque en otros departamentos de la universidad, y en él explican brevemente cómo funciona este sistema:

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El estudio que cito es un estudio de caso, además que debe cumplirse una serie de condiciones para llevar a cabo el encuentro cara a cara. Y, sí, ocurre en un contexto diferente al salvadoreñ. Pero, aunque sean dos países distintos, es una respuesta a un mismo clamor, que se encontrará en cualquier parte del mundo: responsabilizar a los perpetradores, reconocer el daño causado a individuos y grupos, humanizar a las víctimas. Se puede, se debe hacer. Pero qué difícil y qué terror para muchos en este país dignificar a las víctimas.

 

Apocalipsis comunes.

Con frecuencia quiero escribir sobre mis sueños en los que el mundo se acaba. La luna resquebrajándose, y luego el suelo bajo mis pies. El nivel del mar elevándose hasta tragarse a las colinas más altas. Monstruos y gigantes mecánicos que se ven desde el horizonte, y cada paso que dan es un terremoto. Aviones precipitándose, o siendo lanzados como pelotitas de goma por los monstruos y gigantes mecánicos antes mencionados.

Pero todas esas imágenes son un cliché. Lo de la luna cayéndose a pedazos, leí en algún momento, es de lo más trillado en literatura. La destrucción de ciudades, el fin del mundo, está en cada tráiler de película que me encuentro; las escenas que he vivido mientras estoy inconsciente son un negocio multimillonario. Cualquier diría que soy fácilmente impresionable, y quizás lo soy, pero estos sueños míos no son reflejo de la cultura pop actual. Todo esto que veo en mis estados de vigilia me resultan nada más que un dejavú.

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Vivo en una colina desde donde se ven esas turbinas gigantes a lo lejos. Vivo aquí desde hace unos meses, pero desde hace años (antes de ver Evangelion, oiga) sueño que, desde colinas como esta, veo acercarse monstruos gigantescos desde el horizonte.

Tenía miedo de moverme de mi propio continente porque, desde que tengo memoria, temo encontrarme con el fin del mundo en Europa. No sé qué significa eso, solo es algo que siento. Uno le teme a lo que no conoce, supongo, pero a veces teme más al conocerlo. Crecí viendo mapas planos y ningún globo terráqueo (cosa que ya enmendé), y así todo era más simple, así Estados Unidos jamás estaría a la par de Rusia. Ahora también me aterran el vasto océano Pacífico y el Cinturón de Fuego. Me aterran y me fascinan. En mis sueños ruego porque todo sea un sueño y quiero despertarme antes de morir, pero también quiero ver qué más pasa.

Hace poco supe de la existencia de Baba Vanga y sus profecías. Algunas de ellas me evocaron imágenes de mis sueños. Y con eso me doy por vencida. Mis sueños apocalípticos, efectivamente, son un cliché.

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Toda esta entrada era para venir a advertirle lo que predijo Baba Vanga para el 2076: El mundo será dominado por la ideología comunista. Aquí en esta isla ya comenzó, con el surgimiento de AlbaCinépolis.

 

 
 

El cementerio de Crookes.

Hay un cementerio en la cima de la colina donde vivo. Fui a conocerlo hace poco y sentí que ya había estado en ese lugar antes. Por ninguna razón sobrenatural, lo había leído. Uno de mis libros favoritos en mis años mozos era Charcos en el Camino, sobre unos niños que eran evacuados de Londres durante la guerra, y los llevaban “al campo”. Entre la literatura británica que he leído y Los Beatles, estos parajes se me hacen familiares. Pero eso de estar en carne y hueso dentro de un buen libro da escalofríos de los buenos.

Usted tiene cara de que necesita un break de tanta jayanada que está ocurriendo. Vamos sobre:

Es la norma que las lápidas cuenten que primero se murió alguien de la pareja, luego la otra persona, y termine con “Reunited”. La muerte, más que un consuelo, un triunfo. Se me hizo chiquito el corazón.

Una capilla en medio del cementerio.

Otras lápidas contaban cómo iban reuniéndose los miembros de la familia de distintas generaciones. Aquí mencionan a cinco personas, con las fechas de fallecimiento en orden cronólogico, de arriba hacia abajo.

 

****
Fin del break. Volvamos a hablar de esa onerosa payasada del Robo del Siglo, de cómo algunos medios mienten, y de Dengueberto.

 
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Publicado por en febrero 4, 2016 en Imágenes, Jue!, Turis-turista

 

La violencia es elegante, la violencia es un juego.

Naturaleza, Patio de juegos, Padre, Dios, Pintura, Belleza, Amor, Muerte. Supe hace poco de un libro de fotografía, y las imágenes en él caen en estas categorías y otras similares. La siguiente foto es de ese libro, de la categoría “Dios”:

Este libro de fotografía se llama War is Beautiful, “La guerra es hermosa”. Son fotos publicadas por el New York Times, para ilustrar que reportar desde las zonas de guerra puede hacerse con tal exuberancia y elegancia visual que la violencia más cruel se transforma en arte. No es un elogio a la línea editorial del periódico, es una advertencia para quienes se encuentran con esta clase de imágenes. La violencia es elegante, desde el punto de vista de quienes la promueven, a manera de celebrarla y glorificarla. Escoger esta visión es hacer a un lado otra, la que vuelve a la guerra “fea” (léase, las víctimas y lo que experimentan para llegar a serlo).

Recuerde que es la moralidad, y no la falta de ella, lo que sustenta y justifica la violencia. Tenga su propia moralidad en un pedestal y andará por la vida creyendo que no debe ser responsabilizado por nada de lo que hace, aunque lo que hizo fue -siendo amables- un crimen. Reconocido a nivel internacional.

Pero no hay que irse tan lejos. Volvamos a la categoría “Patio de juegos”:

Antes de que ella terminara de comer y pudiera ir a jugar, unos niños grandes, el menor de unos 8 años, comenzaron a jugar con pistolas y dardos de goma, asumo que tipo Nerf o algo así. No pude evitar sentir tristeza al ver a esos niños volteando las mesas para usarlas de trincheras y disparar – sí, porque esos cartuchos de goma golpean fuerte – al otro niño, con una sonrisa casi malévola.

[…] Siguieron jugando, el más grande les decía “no vayan a golpear a la niña”. De pronto un cartucho salió disparado y fue a pegar a otra persona en una mesa, una mesa que estaba incluso en otra habitación. Volteé hacia la madre de los niños, moviendo la cabeza en señal de desaprobación y mirándola con un “¿cómo es posible?”. Al parecer entendió, y les dijo “dejen de jugar, vámonos”.

Sospecho que esas personas son de las que ven los noticieros y dicen “el Gobierno que no hace nada para parar esto”…

Armas, ni de juguete

La violencia puede ser muchas cosas, y puede ser nada, según donde estemos parados. Hay que hacer el esfuerzo de no quedarse parado en el mismo lugar todo el tiempo.

 

Terengos, terroristas y propaganda.

Hace poco vi el video de una maitrita que comenzó a insultar y a llamar terroristas a un par de cheros brasileños, y no deja de asombrarme lo pachito que estaba el río con la señora. Por esos días, vi The kids are all right y encontré este comentario sobre la película, que no es tanto un comentario en realidad, ni opinión ni aporte, excepto quizá como ejemplo para el último párrafo de esta entrada:

“¡Pura propaganda de gays! Como cristiana comprometida, no puedo aceptarlo”. Mire, la historia y los personajes en ella están lejos de componer una estampa idílica y libre de conflicto. Uno puede ver lo que quiera, según sus gustos y valores, pero si se ve expuesto a ideas contrarias a la propia, no cae mal llevar de la mano el pensamiento crítico (que no significa automáticamente criticar) junto con la apertura a la experiencia y a ponerse en los zapatos de otro. Por si acaso.

Y luego, cuando uno está ansioso por compartir con el mundo sus concienzudos análisis políticos pero lo único que está a la mano es una tira cómica de palitos*:

No hay para dónde con una caricatura porgustosa sobre muñequitos de palitos, pero en honor al buen criterio, el cuadro 7 es una implicación tanto del experimento de Robbers Cave como de la hipótesis del contacto, que no deja de ser urgente en sociedades donde la gente rige sus juicios a partir de estereotipos. También puede encontrar infinitamente mejor desarrollada esa idea en algunas acciones de Ozymandias en Watchmen, en las primeras escenas de Pacific Rim, en gente que busca una identidad común como argumento para detener la violencia en el fútbol (ay, mapachada), y en quienes buscan un enemigo común para sentirse más cercanos a los suyos durante las festividades:

“‘A la mierda Steve Harvey’ fue recibido con un rotundo acuerdo en mi familia, lo cual es inusual. Steve Harvey es tan idiota que unió a mi familia, llamaré a eso un milagro de navidad”.

Hay varias cosas que uno puede hacer para no ver terengos, terroristas y propaganda a la vuelta de la esquina (acuérdese que sus opiniones muestran quién es usted). Una es leer. Mucho. Leer historias, de ficción y no ficción. Y no sólo historias que confirmen nuestro propio punto de vista. Leer es una manera no sólo de aumentar el conocimiento objetivo, sino también de ampliar nuestra visión del mundo y de la experiencia social, inherentemente compleja y con más ángulos de los que a veces somos capaces de soportar.

*No obstante: “Vieja, esta persona leyó el post. Dijo el nombre del personaje. Llegó a comentar, contó los cuadritos.”.

*Se va a hacer cosas retrógradas*

 
 
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