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Orgullo.

– ¡Nos llamaron pervertidos!
– Bromley, es hora de una parte importante de tu educación. Levanten la mano en esta habitación si alguna vez los han insultado de esa manera. Ahora, hay una larga y honorable tradición en la comunidad gay, y nos ha mantenido a flote por un largo tiempo. Cuando alguien te lanza un insulto…¿cierto, Jonathan…?
– Cierto.
– …Lo tomás y te lo apropiás.

Aprovechando que hoy se celebra y conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBT alrededor del mundo, recomiéndole la película “Pride“, sobre la historia real de activistas gay que se unieron para apoyar la huelga minera de 1984 en el Reino Unido. Y recuerde que se llama “matrimonio igualitario”, no “matrimonio homosexual”. Y que hay muchas personas no-heterosexuales que, antes de preocuparse por casarse, les preocupa no ser perseguidas o asesinadas sólo por no ser heterosexuales. Lea sobre Stonewall, lea sobre cómo, en El Salvador, el Batallón Bracamonte violó y asesinó a personas gay.  Piense, y sepa, que hay muchas maneras de ser humano.

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Amo esta foto <3 (Fuente)

 

En el puente.

Primero vi la foto, que mostraba un bulto en la acera de un viejo puente que conecta dos ciudades. El bulto era un perro atropellado. Luego lo vi en vivo la primera vez, desde el carril contrario a la acera: estaba sentado con el hocico apuntando al cielo y los ojos entrecerrados. Lo vi una segunda vez desde el carril contiguo: se había acostado con la mirada clavada en el horizonte. La tercera vez, por fin, llegué hasta él.

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¡Ahí está mi dedo!

Era un día frío y oscuro. El puente vibraba sin cesar y cada carro que pasaba era un atropello a punto de suceder. El panorama que tenía el perro no era mucho mejor. Había reptado hasta el borde del puente para alejarse del tráfico y tenía al río bajo sus patas. Un tren pasó por la zona en ese momento; el puente vibró más fuerte. La cabeza del perro se estremecía bajo mi mano. El tren, y más carros como puños que casi nos alcanzan, y peatones pasando de largo, quizá alguno resintiendo que se estuviera ayudando a un miserable perro ya paralítico, en lugar de ayudar personas (pero me aseguré, no había ninguna persona atropellada en el perímetro).

Es de agradecerle al Sr. Sepúlveda, quien una vez más prestó sus brazos (se prestó todo él) para sacar al perro del puente. Su condición no parecía muy diferente a la de Magda, patas delanteras rígidas y patas traseras inmóviles, y comencé a consolarme con que al menos este pobre perro no pasaría días agonizando, ni moriría, en un entorno tan aterrador. Los carros, la vibración, el ruido, la multitud que ignora, el frío y las nubes amenazantes.

Hace no mucho fui a un curso de primeros auxilios. En mi role play lo hice todo bien con mi compañero pero la señora aparentemente intoxicada terminó fracasando porque mucho CPR y lo que sea pero nunca llamamos a la ambulancia. Me acordé de eso en un episodio de Grey’s Anatomy de la última temporada -posible spoiler- donde muere un personaje importante. Este personaje, un médico, pasa casi toda la hora salvando gente. Pero no hizo lo que siempre debe hacerse lo antes posible en una emergencia, por más docto en medicina que uno sea. “¡Maje, andá llamá la ambulancia!” le gritaba yo todo el rato. Mi persona hervía de indignación ante tal chambonada.

No garantizo que yo sería capaz de actuar si surgiera una emergencia. Pero me acuerdo de los pasos, algo aprendí. Por eso -para volver a lo que nos ocupa-, cuando metimos al perro en el carro, lo arropé con una toalla que andaba en el carro precisamente gracias al curso. Y nos alejamos del puente justo a tiempo. Comenzó a llover.

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En la clínica veterinaria lo esperaban con una camilla, me enterneció mucho verlo en ella. Le hablamos bonito y lo examinaron; le sobé la cabeza y le matamos algunos bichos que hacían mandados sobre su lomo. Tenía cara de sabueso, era simpático y se dejaba querer. Se veía tristón -no triste- pero dígame si usted no lo estaría bajo semejantes condiciones. Bien cuidado hubiera sido un muchacho buen mozo; quién sabe si alguna vez fue bien cuidado. Se lo llevaron para tomarle radiografías y lo escuchamos aullar de dolor desde el fondo de la clínica. Su cuerpo ya no daba más.

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Me despedí de él; ni siquiera alcancé a ponerle nombre. Poco después lo durmieron. Me encomendaron encontrar donde enterrarlo porque era un perro grande y me sentí fracasar, como cuando fracasé con la señora hipotéticamente intoxicada.

Pero en eso aparecieron los papás de mi amiga veterinaria. Siempre hay un samaritano, dice mi señor padre. Se solidarizaron con el hecho de que yo no tengo donde caer muerta (ni perro que me ladre), y menos terrenitos para abonarlos con cada criatura que me encuentro cuando va de salida de este mundo cruel. Ellos se llevaron el cuerpo del perrito al campo para enterrarlo ahí.

 

“Un hombre no puede ser feminista”.

A veces escucho que un hombre no puede ser feminista. Bajo la misma lógica, habría que decir que una mujer no puede ser machista. Al contrario, es de las cosas que más les gusta destacar a algunas personas cuando se busca señalar culpables en el tema de género.

Décadas y décadas de estudios sobre el sexismo ambivalente empaquetadas en un doloroso estado de Facebook.

Una manera de pensar, cualquier manera de ver y de proyectar el mundo, no se vincula inherente y mágicamente a una condición biológica-sexual. Uno, como parte de una categoría social, puede tener valores y principios compartidos con otros grupos sociales, aunque las vivencias no sean las mismas. Sobre todo cuando resulta que estos valores y principios también le afectan y le conciernen directamente. Y en este caso, si uno quiere, puede.

 

Con zapatos de tacón *se tuerce el tobillo*

No puedo con los zapatos de tacón. Concedo lo de la estética pero luego pienso en el concepto de posición de estrés, colocar al cuerpo o partes de él en posiciones que no son habituales por tiempo prolongado es una tortura. Pero también, para no trivializar la tortura, me quedo con que son horrendamente imprácticos e inútiles. Más bien, inutilizan a quien los usa. Más bien, me inutilizan a mí. Hay mucha gente que puede usarlos todo el día y para casi cualquier tarea como si nada, y lo hacen ver tan fácil. Que se derramen abundantes bendiciones sobre esta gente.

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Fuck Yeah Jarvis Cocker.

Los zapatos con tacón originalmente eran para andar a caballo (más bien, para poder cabalgar y usar armas al mismo tiempo), y luego se utilizaron para distinguirse como aristócrata: zapatos de tacón alto significaban que alguien no tenía que caminar o trabajar mucho. Hasta que su uso se fue extendiendo a ambos géneros y llegó a considerarse que ese calzado daba un aspecto afeminado. Así, dejó de ser símbolo de poder y pasó a ser símbolo de erotismo, gracias en parte a la pornografía. Puede que conozca gente que nunca usaría tacones pero desea fervientemente que otras personas sí lo hagan; no es magia, es conductismo (y otras cosas asociadas dentro de esa caja negra que es la mente humana).

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Por qué se consideraría que el zapato rojo es adecuado para usarse por un día entero, cuantimás si hay que caminar de un lado a otro, es de las cosas que me hacen entrecerrar los ojos cuando veo a mi especie (por el párrafo de arriba; no aplica a individuos, cada quien se viste como le acomoda, vedá).

Y ya que estamos hablando de esto:

Vi a alguien en Facebook que puso esta imagen y la tomó literal. La crítica le pasó volando sobre la cabeza y creyó que estaban aleccionando a las mujeres sobre cómo debía vestirse y cómo no y las consecuencias de ello. Volví a entrecerrar los ojos. Esa gente da miedito.

La feminidad no significa obedecer una regla única y sencilla. En lugar de eso, tiene que ver con ocupar y viajar a través de cierto espacio. En este caso, usualmente entre “apropiado” y “coqueto”. Las mujeres tienen que estar pendientes constantemente de en qué espacio se supone que están. Demasiada coquetería en el trabajo y no la tomarán en serio; demasiado apropiada en un bar y se convierte en invisible. Bajo las circunstancias correctas (p.e. Halloween, un funeral), usted puede ser “atrevida” o “conservadora”.

Lo segundo que me gusta de la imagen [arriba] es la forma en que muestra que hay un precio significativo que pagar si una se equivoca. No es sólo un desatino. Una vez usted está “pidiéndolo” [“asking for it”], puede convertirse en blanco. Una vez que alcanza “mojigata”  [“prudish”], se convierte en socialmente irrelevante. Tanto la violencia como la marginación social tienen consecuencias serias.

Ciertamente, ¡por esto las mujeres tienen tanta ropa! Necesitamos una falda negra para todo propósito que sea conversadora, otra que sea apropiada, otra que sea coqueta…al menos…todo en casual, de negocios y formal. Y necesitamos tacones que vayan con cada uno (stilettos = provocativo, tacones altos = sugestivo, tacones bajos  = apropiado, etc, además que se necesitan zapatillas para el aire libre, eventos en la playa, etc.). Y necesitamos pantalones de longitud justa para cada uno de estos zapatos. No se pueden usar zapatos negros con pantalones azul marino, así que debe conseguirse el doble de estas cosas para tener variedad en el guardarropa. Podría continuar, pero usted entiende.

Los closets de las mujeres usualmente son blanco de burla como forma de auto-indulgencia, por compras compulsivas o narcisismo. Pero esto no es justo. En lugar de eso, si una mujer tiene un nivel socioeconómico suficientemente privilegiado, pueden reflejar una comprensión (a veces inarticulada) de qué tan complicadas son las reglas. Si no tiene ese nivel de privilegio, no puede seguir las reglas y es amonestada, por ejemplo, por ser “corriente/vulgar” o “poco profesional”. Es un trabajo difícil que se impone a las mujeres y con frecuencia es malo si lo hacen y malo si no lo hacen.

El acto de equilibrio de ser mujer: o por qué tenemos tanta ropa.

Y hay personas que tienen mucha ropa y zapatos porque le gusta, y bien por ellas. Y sí hay un momento para vestirse de una manera y no de otra. Y uno puede gozar vestirse de distintas maneras, para disfrazarse o para mostrarse tal como es. Y sí, también, uno puedo obviar un tanto esta presión social (a veces presente aun sin que haya gente alrededor), especialmente si se codea con gente de gustos afines. La moraleja es que hay que entender que uno se expresa a través de lo que viste; uno tiene sus estándares, individuales y compartidos, y a la vez  hay que ser y dejar ser. Yo termino diciendo “no tengo que ponerme”, a pesar de tener un closet decentón, porque tengo ropa “por si acaso” que no sería mi primera opción, pero también todavía siento suficiente vergüenza social como para evitar parecer fotografía, vestida todos los días con el mismo tipo de ropa que es el que le habla a mi alma.

Por último, encontré una comparación (?) entre estrellas porno y celebridades en un evento más o menos irrelevante. Yo tengo un vestido como el de la actriz porno del centro, con un poco menos de escote y maldito strapless. Me incomoda mucho usarlo pero me ha hecho calzar a la perfección en eventos sociales. ¿Se supone que me ofenda? ¿Se supone que ella no es persona? Efectivamente hay alguien fuera de lugar en esta situación, y no es ninguna de las personas que está usando vestido.

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Paisito.

Puse esta imagen hace muchos años en este blog, por alguien en particular (y porque, por el lado amable, Calvin & Hobbes es de lo mejor del mundo). Parece que ese alguien se ha multiplicado, y ahora son tantos que podrían poblar un país entero.

Ya que pasa a visitar, ahí le dejo:
El arte salvadoreño antes de 1992: sé poco -nada- de arte pero qué bonito.
* ¿Y si explota el volcán? Por lo menos, prepare un su kit de emergencias.
* La vida campesina de posguerra: Una entrevista con Doña Berta de Chalatenango.
* Un tuit: “Hablamos de pandillas [en] el @elfaroRADIO y el TL se llena de insultos y deseos de sangre. La única violencia que nos asquea es la de los otros”.
* Un día menos en la cárcel de mujeres de Ilopango. Paisito más desgraciado este.

 

Nucita.

Uno de mis libros favoritos es “La casa del fin del mundo”, de Mónica Dickens (descendiente, en efecto, de aquel Dickens). Lo tenía en la colección roja del Barco de Vapor. En mis años mozos, colocaban esos libros en los estantes del supermercado al lado de las cajas, como diciendo “que su pre-adolescente no se vaya de aquí sin un libro”. Quizás no era ese realmente el mensaje, considerando que era el Súper Selectos, pero dónde se colocan los productos en un supermercado tampoco es casualidad. Sepa que fui feliz con mi colección Barco de Vapor.

En fin. Este libro contaba la historia de cuatro hermanos, dos niños y dos niñas, a quienes les gustaban mucho los animales; su mamá estaba en el hospital después de un incendio y su papá andaba navegando por el mundo. Los tíos no se querían hacer cargo ni de sus sobrinos ni de sus mascotas, y los niños terminaron viviendo solos en una casa en el campo. Lo importante de todo esto es que se convirtieron en un refugio para animales. Heridos, maltratados, abandonados; perros, gatos, aves, caballos, cabras. Los encontraban de casualidad, los rescataban sorteando toda clase de obstáculos, los recibían de gente que confiaba en su cuidado…algunos animales llegaban por su cuenta. Como si se hubiera regado la noticia, como si supieran que ahí serían bien recibidos.

Pensé en esto último una noche a finales de noviembre del año pasado, en que iba saliendo del condominio donde vivo y encontré a una gatita rascando la puerta para entrar. Le abrí y se frotó contra mis piernas. Se dejó tomar sin protestar. Estaba bien domesticada, supuse que sería de alguien de por ahí. Tocamos puertas, preguntamos en los edificios alrededor y al conserje. Parecía que no era nadie y yo no tenía espacio en el departamento, que por el momento las hacía de pequeño hostal. Pero tampoco podía dejarla en la calle, y la gatita terminó alojándose en mi baño por esa noche.

Temía que llorara por la noche queriendo salir pero no emitió un sonido. Comió, tomó agua y probablemente durmió como no se puede dormir cuando uno vive en la calle. En la mañana abrí la puerta y la encontré dormida en la caja de arena.

A la maña siguiente seguí el protocolo, llevarla a la veterinaria para el paquete entero: esterilización, vacunación, exámenes de VIH y leucemia y todo lo que fuera necesario. Pasó una semana en observación, mientras yo me iba a pulular a Chillán, y después la traje a la casa de nuevo. Estaba bien de salud y apta para adopción.

Mire qué guapura.

Marla y Macareno no fueron ajenos a este movimiento. Desde la noche en que entré corriendo a la casa con un bulto bajo mi abrigo, rondaron la puerta del baño. Y la semana siguiente, rondaron la puerta de la habitación donde alojé a la que pronto sería bautizada como Nucita. Para entonces mi casita ya no funcionaba como hostal; mis huéspedes, mi familia, se había ido y eso me rompía un poco el corazón. Pero me distraje del vacío que me quedó en el pecho gracias a Macareno, que usaba su pequeño cráneo para empujar la puerta y demostrarle a esta nueva chera que venía en son de paz.

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Macareno no cabía en sí mismo de la contentera.

Nucita fue agarrando confianza. Le gustaba acostarse sobre la gente: sobre sus piernas, sobre el pecho, alrededor de los hombros. Por el lado menos amable, aquello de al principio, de “se dejó tomar sin protestar”, desapareció. Me regañaba por todo. No era agresiva, nomás protestaba si, por ejemplo, estaba a punto de comerse la mantequilla sobre la mesa y yo la tomaba para bajarla. O si la tomaba para darle un abrazo. O si por casualidad yo caminaba en su misma dirección; ahí correteaba maullándome, como reclamándome que no la siguiera. También regañaba a Macareno, que quería acercarse a jugar. Ella y Marla guardaban la distancia una de la otra y se bufaban al acercarse. Hubo algunos zarpazos pero nada fuera de lo normal: una defendía su territorio y la otra trataba de encajar en él. Era un proceso de reacomodación y poco a poco nos fuimos acostumbrando a la pequeña visitante.

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 photo nucita7.jpgPensé que se iría rápido pero no aparecían adoptantes. Aunque por el momento eso no era problema, estábamos bien con ella, y ella con nosotros. Aunque se la pasara regañándome. Tenía dos estados: tranquilita y ensatanada. Ya tenía un año pero todavía se comportaba como cachorra. Lo del año era el gran pero en su adopción: muy linda y todo pero la gente quiere gatos bebés, “para criarlos desde chiquitos”. Déjeme decirle: no hay que ser zoquete.

¡FUSIÓN!

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En sus sueños era Freddie Mercury.

Pasó varias semanas cojeando de una pata delantera. Me di cuenta que mordía las sillas en esa pose, y con tanta energía que tenía, al terminar de morder se tiraba de la silla, sin importarle que su pata siguiera enganchada.

Marla y Macareno ya están en edad de ser señoritos (más o menos) y, a diferencia del año pasado, dejaron intacto el arbolito de navidad. Llegó Nucita en modo Ensatanado y el pobre arbolito pasó a parecer un espantapájaros fundido por un ataque radioactivo, víctima constante ya no sólo de Nucita sino de Macareno, que también quería ser chévere.

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Ensataneishon (por suerte, como puede ver, mis papás me mandan nacimientos a prueba de gatos)

Lo bueno de seguir sin hallar adoptantes era que la Nucita cada día era más de la familia. Lo malo era…lo mismo. Encariñarse tanto. Muchas veces pensé en dejar de buscarle casa, en que se quedara conmigo (además que de a poquita iba dejando de regañarme y era puro amor conmigo). Pero oiga, parte de la tenencia responsable es saber en qué momento uno ya no puede ocuparse de más entes. Dos gatos son suficiente responsabilidad por el momento.

Mientras, pagaba su estadía siendo mi asistente.

El caballero de Trípin no aprueba que Nucita cultive la hueva. “Yo sí voy a trabajar para sacar adelante al país”, comentó.

Lo que es no tener vergüenza.

LOL la cara de Macareno.

Nucita pasó tanto tiempo en esta humilde morada que Marla terminó tolerándola. Eso es un gran mérito para esta gata, que no es muy chera de sus congéneres. Incluso tenían una rutina de nado imaginario sincronizado:

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Bless this wall.

Mi cara cada vez que me encuentro con vecinos en las escaleras del condominio. O con gente, en general.

Uno sabe que es parte de la manada cuando es parte del membrete institucional (aunque sea en paréntesis).

Aquí, jugando a La Tiendita del Niño Hildo (también en video. Nojepreocupe, ahí todavía estaban tanteando terreno y conociéndose, así funcionan los gatos. Ningún animal resultó lastimado en la filmación de este video)

Esta secuencia de tres fotos engloba la relación Nucita-Macareno:

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¡FUSIÓN!

Y esta:

<3

 

Y esta:

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Double rainbow! WHAT DOES IT MEAN?!

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Jue.

Finalmente, hasta en abril, apareció una persona interesada en Nucita. Se me hizo un nudo en la garganta: finalmente se iba y yo no quería que se fuera. Pero que no se utilice este triste sentimiento como razón para no ser hogar de paso (o para no tener mascotas). En verdad os digo, no hay que tener miedo a lo que uno siente. Dolía un pelín pero quizá hubiera sido peor para ella que no la hubiese tomado aquella noche de noviembre, o, peor, que yo ni siquiera hubiera bajado a la entrada del condominio.

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En cambio, todo fue jolgorio.

En una pequeña ciudad a los pies de la cordillera (<3) estaba la que sería la familia de Nucita. Querer un animal no implica automáticamente que uno sabe cómo responsabilizarse por él; en esta familia habría ambas cosas para Nucita. Cuando su nueva guardiana la tomó amorosamente en brazos, Nucita comenzó a regañarla…señal de que por fin había llegado a casa.
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En una palabra.

Señales de advertencia tempranas del fascismo:
1. Nacionalismo poderoso y crónico.
2. Desdén por los derechos humanos.
3. Identificación de enemigos / chivos expiatorios como causa unificadora.
4. Supremacía de los militares.
5. Sexismo rampante.
6. Medios de comunicación masiva controlados.
7. Obsesión con la seguridad nacional.
8. La religión y el gobierno están entrelazados.
9. El poder corporativo está protegido.
10. La fuerza de trabajo está suprimida.
11. Desdeño por los intelectuales y las artes.
12. Obsesión con el crimen y castigo.
13. Favoritismo y corrupción rampantes.
14. Elecciones fraudulentas.

Le están diciendo:

Cuestión de opiniones aparte, no voy a defender su presunta calidad literaria. Lo que me interesa subrayar es la verdadera intención del editorialista, cuál es su cólera, qué es lo que de verdad le molesta. Y esto no es otra cosa que la temática de denuncia social. Ese es todo el dolor. Cito:

“No es lo mejor para un país y para su futuro, que los pobladores no entiendan de moral, que se les trate de embrutecer con prédicas del odio de clases que, en vez de fomentar la paz y convivencia pacíficas, se incite al enfrentamiento”.

¡Apareció el peine!

Volvemos entonces a más de lo mismo: según esta gente, señalar, comentar, reflexionar, analizar o retratar literariamente la injusticia y marginación social es “embrutecer con prédicas de odio de clases”, mientras que ocultarla o justificarla es “fomentar la paz y la convivencia pacíficas”. Es, sin más, el mismo razonamiento con el que la extrema derecha instigó los asesinatos políticos de décadas anteriores.

Espumarajos pro-educación

También le están diciendo que la inseguridad es un gran negocio, en términos económicos y políticos (e.g. Maquilas salvadoreñas usan pandilleros contra sindicalistas), y que

Incluso frente a la violencia más atroz, tenemos el deber de conservar la cabeza fría y los principios claros. Son nuestras razones —no los sentimientos— las que podemos evaluar moral y políticamente. La criminalidad duele y a unos más que a otros, pero eso no justifica el abandono de la razón, la justicia o la dignidad humana.

Los menos fascistas

Pero eso depende de los ciudadanos honrados, y ellos están ocupados luchandoporsaliradelante mientras pisotean a otros y defienden su derecho a hacerlo.

 
 
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