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Archivo de la categoría: Frases

Cuando uno cree que su propuesta es una gran idea pero realmente no lo es.

Y cuidado, según el mismo diputado, estar en contra de matar le convierte a usted en marero.

 

Aportes desde la confusión.

La Policía masacró en la Finca San Blas:

La Policía afirmó que durante la madrugada del 26 de marzo sus agentes fueron atacados en una finca de San José Villanueva, y que en el “intercambio de disparos” murieron “ocho sujetos miembros de una estructura criminal”. Esa historia es falsa y los hechos reconstruidos por El Faro revelan indicios de ejecuciones sumarias y montajes en la escena de los homicidios.

Pero qué esperar de un país donde sus enfurecidos* ciudadanos honrados (algunos que eventualmente serán víctimas de los abusos institucionales que hoy aplauden) no distinguen entre explicar y exculpar, entre justicia y venganza; y donde se aboga por la sodomía para resolver los problemas sociales:

* Uno está en todo su derecho de enfurecerse por la criminalidad y hacia los criminales, pero…qué diablos, ya lo dije. Este país es la sección de comentarios de Sala Negra.

 

Algo que decir.

“Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada”.

Eduardo Galeano.

 
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Publicado por en julio 21, 2015 en Frases

 

La psicología dice.

PsychologySays

“La psicología dice: la gente no necesariamente cambia, sólo se convierte en lo que se supone que deben ser, lo cual viene con crecer”.

1. No veo cómo “convertirse de una cosa en otra” no implica cambiar.

2. ESO NO DICE LA PSICOLOGÍA. No es una disciplina que determine lo que una persona “tiene que ser”, sino que trabaja con probabilidades, como otros de sus amiguitos científicos que no pueden predecir ocurrencia exacta sino probabilidad de ocurrencia.

Este anuncio de interés público fue patrocinado por tests psicológicos La Vaquita.

 
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Publicado por en julio 17, 2015 en Frases, Imágenes, Jue!, Psicología, Qué ondas aquí

 

Sentimiento y acontecimiento.

Sírvase aplicarlo a varias esquinas del contexto salvadoreño:

Recuerdo cuando Enrique Peña Nieto habló sobre Ayotzinapa y nos recomendó “seguir adelante” y “superar el momento de dolor” (citado por Vargas, 2014, p. 3).

[…] Ayotzinapa tan sólo sería un estado mental, un dolor, y como tal, podríamos y quizá también deberíamos deshacernos de él, superarlo, extraerlo de nuestra cabeza. Es lo que el expresidente Vicente Fox, con vocación de psicólogo, les ha recomendado a las madres de los 43 de Ayotzinapa, diciéndoles que “no pueden vivir eternamente con ese problema en su cabeza” (citado por Calvo Aguilar, 2015, párr. 2). ¡Pero el problema es precisamente que el problema no está en la cabeza!

¡La desaparición de los 43 no tuvo lugar en las cabezas de sus madres! No es en esas cabezas, en sus laberintos mentales y circunvoluciones cerebrales, en donde hay que buscar a los desaparecidos. No están ahí. Tampoco están ahí los muertos ni el desollado ni el tiradero de Cocula ni el Cártel de Los Pinos ni Peña Nieto ni los policías federales ni los demás presuntos asesinos. Todo esto no es un delirio ni una pesadilla. Es una realidad y se encuentra fuera de la cabeza de las madres de los 43.

[…] Aquello a lo que me refiero es algo que no puede formularse ni explicarse con facilidad mediante los recursos conceptuales de los que disponemos en el campo disciplinario psicológico. Ayotzinapa es lo que no se deja ni decir ni sentir, ni pensar ni olvidar, ni aceptar ni superar. Es aquello por lo que definitivamente no importa si estamos bien o somos felices. Es aquello insuperable del sujeto al que ofenderemos al pretender que puede superarlo. Es el dolor que intentamos aliviar y que mejor deberíamos respetar. Es aquello por lo cual ciertos duelos no deben terminar. Es aquello por lo que todos tenemos algo de melancólicos.

[…] Pero Ayotzinapa es también algo que no requiere curación individual, terapia o análisis, diván o consultorio, medicina o tratamiento clínico de cualquier otro orden, sino que exige combate por lo incurable, reconocimiento social del sufrimiento, acompañamiento en la protesta, movilización y manifestación, calle y barricada, organización colectiva y lucha social, memoria y constancia, perseverancia y esperanza, y sólo en el horizonte, al final de todo, siempre más allá, como única solución, la justicia y la verdad.

Ayotzinapa en la psicología: del sentimiento momentáneo al acontecimiento histórico
David Pavón-Cuellar

 

Que sea útil.

Recuerdo cuando mataron a monseñor Romero. O no. Yo no había nacido y suelo decir que lo recuerdo. Existe, en efecto, la transmisión intergeneracional de la memoria. Son imágenes, experiencias vicarias y, sobre todo, significados. Recibí esas memorias en casa y “con los jesuitas”. De ahí saqué algo en qué creer y la tendencia a cuestionar eso en lo que creo. Lo que sobrevive a ese cuestionamiento es la fe.

Un mensaje que construye, que defiende, que dignifica…un mensaje así de importante requiere un mensajero comprometido para que sea útil. Esa es la lección y esa es la tarea. Eso es lo que celebramos y lo que debe quedar en la memoria.

Seis días después del crimen, Juana fue con su hijo al funeral de quien había sido el obispo de tantos pobres como ella y vio mutiplicarse la muerte entre los vivos. «Cuando estábamos acercándonos a la puerta de la catedral empezamos a oír disparos. Todo el mundo huyó. Había sangre, echamos a correr para refugiarnos y… pisábamos muertos…».

Y en eso Juana niega con la cabeza, mira al techo y suelta un chasquido de fastidio. Y se para.

Pero, de pronto, vuelve a nuestros ojos atentos y termina de encontrar los restos de su memoria. «Mi hijo venía conmigo al funeral. Pero cuando empezaron los tiros lo perdí de vista. Ese día mi hijo desapareció. No lo he vuelto a ver. Se lo llevaron. Enterrado no está, sólo Dios sabe dónde quedó».

Se llama Juana Portillo, tiene 86 años y fue asistenta de Oscar Arnulfo Romero durante los últimos cuatro años de vida del arzobispo más trascendente de América.

“Monseñor Romero sabía que lo iban a matar”

Déjeme pasarle a Ana para que se lo explique:

¿Por qué una persona no religiosa, casi atea, querría ir a un evento tan católico? Por esa sensación de colectividad de un mismo dolor reconocido. Esa victoria de la historia: que una institución que mucho tiempo lo ignoró, lo criticó, hoy esté reconociendo su legado. Personalmente no creo en los santos. Creo en las personas y en su papel en la historia […] No quisiera que ganáramos un mito y perdiéramos la historia.

Y via ex360, una joya de la memoria histórica:

Marissa d’Aubuisson recuerda otra escena: pocos días después de la muerte de monseñor Romero, comenzaron a circular los rumores de que Roberto d’Aubuisson había ordenado el asesinato.

Su hermana mayor decidió averiguarlo y confrontó al hermano paramilitar. “Roberto, dicen por ahí que vos tuviste algo que ver con la muerte de Romero”. El mayor D’Aubuisson respondió: “Mirá, mejor callate si no sabés, porque al que mató a ese hijueputa le van a hacer un monumento”.

(Así matamos a Monseñor Romero)

 

“Un hombre no puede ser feminista”.

A veces escucho que un hombre no puede ser feminista. Bajo la misma lógica, habría que decir que una mujer no puede ser machista. Al contrario, es de las cosas que más les gusta destacar a algunas personas cuando se busca señalar culpables en el tema de género.

Décadas y décadas de estudios sobre el sexismo ambivalente empaquetadas en un doloroso estado de Facebook.

Una manera de pensar, cualquier manera de ver y de proyectar el mundo, no se vincula inherente y mágicamente a una condición biológica-sexual. Uno, como parte de una categoría social, puede tener valores y principios compartidos con otros grupos sociales, aunque las vivencias no sean las mismas. Sobre todo cuando resulta que estos valores y principios también le afectan y le conciernen directamente. Y en este caso, si uno quiere, puede.

 
 
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