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¿Qué foto suya utilizarían?

No voy a poner la imagen, porque no voy a escarbar perfiles de “amigos” para ir a buscarla, pero usted debe haber visto esa clase de imágenes. Habitualmente son contraposiciones de fotos de mujeres en distintas situaciones, del tipo:

Si haces esto [mujer bailando en discoteca vestida con minifalda], no esperes esto [un hombre en apariencia “hecho y derecho” sosteniendo una rosa]

Tremenda lección de moral para combatir todos los males de la civilización: mujeres, si quieren encontrar un buen hombre que les lleve rosas y se case con ustedes, no anden de zorras por la vida.

La gente olvida, mucha ni siquiera sabe, que su cerebro es un holgazán. El cerebro es una maravilla, sí, pero también nos hace llevar una vida de engaños: tomará atajos para juzgar rápido a pesar de la información faltante, para llegar a una respuesta satisfactoria que evite contradicciones…que evite enfrentarnos con el hecho de que esa foto que evaluamos es eso: una fotografía. Un momento en el tiempo y un punto en el espacio. Algo que fue enfocado a fuerza de no enfocar otras cosas.

Tengo fotos mías en celebraciones, rodeada de gente en un contexto nocturno, atípicamente extrovertida. Tengo otras en contextos académicos, muy correcta e intelectualoide. ¿Cuál foto mía usarían en los medios si falleciera aparatosamente? Respondo con la palabra más utilizada en psicología: depende. Depende de si mi muerte fue se percibe como algo accidental o como algo que yo me busqué; de si fui una perfecta víctima o si me lo “merecía”. La foto debe encajar con la narrativa.

Recordé todo esto con lo que ha ocurrido en Ferguson, Missouri, que espero que ya sepa. Déjole estas fotos, para que vaya y difunda el evangelio de que toda imagen frente a sus ojos, aunque valga mil palabras, debe ser tratada con cautela: ¿Qué foto utilizarían si me dispararan?:

 

Traducción.

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Imagen: Sura’s Way

“Vale más que hagás lo que yo digo que cuestionés lo que hago”.
(Y te lo explico con una cuantificación arbitraria y sin sentido para que suene más poético que autoritario).

 

Magda.

Encontramos a la perrita en la acera, agonizando. Temblaba. Cuando me acurruqué a su lado, gimió y me empujó hacia atrás con sus patas delanteras, rígidas como varas de acero. El señor del kiosco a unos metros se acercó y contó que un tipo se había echado el semáforo en rojo a excesiva velocidad y le había pasado el carro encima a la perra. Que llamó a la municipalidad pero los que llegaron sólo vieron la escena, se rieron y se fueron. Dos caballeros que trabajaban en la oficina sobre el terreno en que estábamos también se acercaron, dijeron que llamaron a la municipalidad pero que no había venido nadie. Qué lástima, pobrecita.

Claro que siento cierta vergüenza, bajo la lluvia y sobre el lodo, sosteniendo la cabeza de una perra de la calle atropellada porque no quiero que estire la pata sin un mínimo de amabilidad. Sé que lo que estoy haciendo es lo correcto, pero hay mucha gente que pasa y ve la escena y que por qué ayudar a un animal y no a la gente (hasta donde yo supe, no había ninguna persona atropellada en los alrededores) y me ahuevo. Hasta que al fin una de esas personas resulta ser una samaritana -hay un samaritano en todos lados, dice mi señor padre- y ofrece su carro para llevarla, para llevarnos a una veterinaria. Brotip: hay que enrollarle el hocico a la perrita con hojas secas de la palmera bajo la que estamos, por si intenta morder. Se deja tomar sin un reparo. La levantamos con la ayuda de unas sábanas que nos pasa la señora. El señor Sepúlveda, siempre listo en todo momento aciago, la toma en brazos y nos subimos al carro. Aciago algo.

Las patas delanteras rígidas y las traseras flácidas son mal signo, dice la veterinaria. Hasta para el ojo más novato la columna vertebral que aparece en los rayos X es un aparatoso choque de trenes. La perra estaba consciente, originalmente condenada a agonizar a la intemperie por días (como es la costumbre en ciudades como esta) hasta que muriera de hambre o sed, o hasta que llegaran los de la municipalidad en uno o dos días más y se la llevaran al canil o la tiraran al camión de la basura. Había gente preocupada por ella, contábamos, pero no tan preocupada. Preocuparse tanto a veces cuesta dinero.

Lo único que pudimos ofrecerle a la perrita fue una muerte compasiva. Pero antes le pusimos Magda, porque evocaba a la Marla Teodora, mi gata. Y un mi sobrinito cree que la Marla se llama Magda.

Al volver de la clínica, evitando quedarme para la eutanasia, me encontré con la pequeña debacle que Roberto Valencia registra en su entrada Animalistos. Y pienso, puta, qué desgracia esta gente. Vamos por partes. Sí me da hueva ese tipo de comentarios, y sí me lo tomo personal. Por un lado, habitualmente no es muy provechoso utilizar la causa de otro grupo como trampolín para atraer atención a la causa propia, mostrando una como menos y otra como más. Por otro, habrá gente que dé con mis entradas sobre la fauna callejera y venga a decirme lo mismo, bajo la concepción errada de que todo lo que muestro aquí es todo lo que hago en la vida.

No me considero animalista por recoger/esterilizar/dar en adopción perros y gatos (ojalá un cerdo, algún un día; envase aparte, son como chuchos). Evitarle agonía a esta perra fue simplemente ser pinche decente. La semana pasada fue la perrita, hace un par de semanas fue tomarle la mano a la señorita que venía a la par mía en el avión porque le aterraba volar, y jugar con su bebé para distraerlas a las dos (la mamá no quería transmitirle su miedo a su hija, su inconsciente colectivo andaba en algo con el aprendizaje vicario). No es como decir, “puta, la Ligia disminuyó la cifra de muertos diarios en El Salvador” pero se evita/disminuye sufrimiento y se mejora las condiciones de vida cuando se puede. Desde la profesión, creo yo, puedo hacer esas cosas con efectos más sostenidos en el tiempo, y ahí sí hasta le manejaría lo que es la disminución de la cifra diaria de muertos, que tampoco es cosa sencilla ni inmediata, ni siquiera es una respuesta.

Yo podría decir que unos jóvenes pedían ayer $ para la Cruz Roja en el país donde asesinan en la indiferencia a 12 personas al día. Uno puede hacer muchas cosas en el país donde asesinan en la indiferencia a 12 personas al día, y siempre puede sentirse culpable por ello, pero en muchos casos, sería peor dejar de hacer esas cosas. Lo que sí podría hacerse para incidir en el número de asesinatos y sus raíces todavía no está en el repertorio de esta sociedad maldita, y la indiferencia a la que se refiere Roberto Valencia ya sabemos más o menos por qué es. Hartazgo, miedo…

Todo eso es mi primer pensamiento al terminar de leer el tuit, la velocidad de las neuronas es una cosa maravillosa. A continuación pienso, bueno, igual es comprensible esa manera de pensar, en general, amén de ser consistente con la línea del autor, ese es su campo de trabajo y está comprometido con el tema, no es cualquier cincueyuca. Y luego leí algunas de las reacciones. Santo Padre…

Explicame por qué insultás, vieja. ¿Creés que eso te deja bien parado, que mejora en algo la situación? ¿Creés que deja bien parado al movimiento que representás? “Aquel que se asume como parte de [una minoría] es, lo quiera o no, un portavoz y representante visible de aquellos como él, ocultos o no“. ¿Creés que con tu reacción es creíble que la gente que ayuda a los animales es buena persona? No me ayudés, compadre.

En fin. Descansá en paz, Magda, y ojalá no volvás a este mundo insufrible.

 

Pase a lo barrido.

Jaludos desde Jansalvador, un horno encendido donde las especies invasoras le amenizan toda clase de eventos.

¡Buenas! ¿Tiene de queso con loroco?

No llevaba mucho en esta tierra desgraciada (y eso lo digo con dolor) cuando una maitra rayó el carro que me habían prestado. Es una minucia, en el gran esquema del universo. Lo importante fue su actitud, que me hizo sentirme en mi país: con una mezcla de temor y prepotencia, rezongaba que su carro había resultado golpeado y que iba tarde al trabajo. Mi carro estaba parqueado.

Pude haberle exigido lo que me correspondía, pero el rayón no era gran cosa, la maitra no iba a asumir su responsabilidad (a la Wil “él me golpeó mi puño con su cara” Salgado) y dijo que estaba esperando a alguien para resolver el asunto; huevos. Pero como me vio conciliadora, supongo, empezó a echarle la culpa a la señora del hotel, su vecina. La señora del hotel insistió que le cobráramos el daño y que era porque esa gente tenía garage y no lo usaba. Que se arreglen entre ellas. Cuando me metí al carro, habiendo dejado atrás el asunto, me di cuenta de que alguien había tratado de desmontar el área de la radio.

“A su derecha, un mural de la MS”. A mi izquierda, un perro de la calle, muy enfermo y con el pelaje -lo que queda de él- de su espalda pintado de verde…Yísuscraist. Diocuarde con la Evangelina Pilar de Sol escupiendo odio como espuma por la boca. Dos tipos en la cama de un pick-up tirándole besos y riéndose (esa risa de mierda que acompaña el acoso) de la conductora atrás de ellos. Las calles con menos árboles y más portones; el privilegio de darse paja, la ilusión de seguridad por medio del encierro. La gente cordial y agresiva, ambas en exceso, según el contexto. Soyabronx, Apopa y el Playón.

Osamentas, sí, pero también recurso acuífero importante.

Soy medio extranjera en todos lados y uno de los dos personajes de El Asco. Había perdido la costumbre de ser paranoica y no sé si eso es bueno o malo, pero péreme que ahorita ya me acostumbré trangüelta. Aun si nunca me hubiera ido, no tengo ni voy a tener un ápice de paciencia con los conductores (SALVADOREÑOS: APRENDAN A USAR LOS REDONDELES) y con la gente que cree que “matar a los que matan hará que otros que mataban ya no maten“:

Disculpen, yo sé que canso con este tema, pero me resisto a creer que este país que hace poco se regocijaba con el videíto de que El Salvador “solo tiene habitantes de buen corazón”, donde los ciudadanos honrados ponen calcomanías del rosario o de Toby en sus vehículos, valore una y otra vez soluciones como la pena de muerte para frenar la violencia.

Proponer la pena de muerte es más fácil, y hasta electoralmente beneficioso, que intentar mejorar el vergonzoso sistema carcelario salvadoreño, su hacinamiento y su incapacidad para rehabilitar. Más fácil que intentar aplacar la marginalidad de los que viven fuera de los muros con razor. Mucho más, si cabe, que intentar que los buenos, los que somos más, los honrados, cumplamos las leyes establecidas.

Mis compatriotas, mis hermanos. Etc.

 

La importancia de tener vergüenza…cuando se tiene privilegios.

Feminismo, maternidad y justicia 
Julia Evelyn Martínez (haga click en el título para ir al texto completo)

Escribo esta columna desde la tristeza y desde el dolor causado por trágica muerte de mi hijo Héctor hace menos de una semana. Un hijo a quien amé más allá de lo que nunca imaginé posible, es decir, como solo puede hacerse desde el amor maternal.

Desde este dolor que me desgarra y desde esta tristeza infinita que me acompañará el resto de mi vida, he leído el infame artículo “¡Mentirosas feministas!” (EDH 08.07.2014), en el cual la columnista Evangelina del Pilar de Sol vomita todo su odio, su egoísmo y su fanatismo en contra de mis hermanas feministas, y en contra de su valiente lucha por la liberación de 17 mujeres salvadoreñas encarceladas injustamente por haber perdido a sus hijos durante partos precipitados y/o como producto de alumbramientos ocurridos en condiciones de riesgo extremo.

Desde mi condición de madre y de feminista, no puedo menos que indignarme frente a tal despliegue de hipocresía y de falta de misericordia. ¿Cómo es posible que una mujer como la columnista Evangelina de Sol, que ha sido madre en condiciones económicas y sociales privilegiadas, se atreva a tirar la primera piedra contra mujeres menos privilegiadas que, en medio de la pobreza y de la exclusión social, han tenido partos extra-hospitalarios que han provocado la muerte accidental de sus hijos o hijas? ¿Cómo es posible que una mujer que alardea de ser cristiana, y que seguramente cada domingo se da golpes de pecho por el perdón de los pecados del mundo, se atreva a divulgar públicamente los nombres de las mujeres en proceso de indulto,  para exponerlas así al escarnio público y/o a poner en peligro sus vidas?. ¿Es este el humanismo y la moral que predican las mujeres de la Fundación Sí a la Vida, del Opus Dei y agrupaciones afines? ¿Es qué no habrá en sus corazones y en sus conciencias capacidad de amar a estas 17 mujeres encarceladas y ver en ellas el “rostro sufriente del siervo deYahvé”?

[…]

Conocer a mujeres como Mirna y las circunstancias económicas, sociales y emocionales en que dan a luz, nos revela que son simplemente mujeres pobres que no tuvieron la suerte de ser atendidas en sus embarazos y partos con la calidez y la calidad con la que seguramente fueron atendidas en sus partos la señora Evangelina de Sol, sus hijas, nueras, sobrinas y/o nietas. Nadie tiene derecho a señalarlas ni condenarlas por sus “malos partos”, pero todos y todas sí tenemos la obligación de sentir empatía y misericordia por ellas, o al menos de sentir vergüenza por vivir en una sociedad que trata de forma tan cruel a las mujeres pobres.

Siga la causa de Las 17 en Facebook y en Twitter.

 

Look what the homosexuals have done to me.

Hace algunos años, era sábado y un semáforo se puso en rojo, justo cuando yo iba a pasar. Frené y en ese segundo cerraron la calle frente a mí. Quedé en primera fila para ver la razón del cierre: la marcha por la diversidad, el PrideSV, aunque en ese tiempo no creo que se llamara así. Quise dejar el carro ahí nomás y unírmeles. Primero, porque la comunidad LGBTI era toda alegría en ese momento, y segundo, porque usualmente eso no es así.

Hoy es el 45° aniversario de los Disturbios de Stonewall, que dieron vida al movimiento por los derechos de las personas LGBTI (y puede que vea este acrónimo con variaciones en otros lados). Siendo uno más o menos cisgénero podrá creer que estas cosas no le incumben, pero sí. Resultaría una tarea interminable el sólo listar la cantidad de crímenes, aberraciones y torturas que se infligen a personas con la excusa de que su identidad “no es la correcta”, o porque no debería sentir atracción afectivo-sexual por determinadas personas; o, simplemente, porque hay una sola manera de ser persona y quien no se apegue a eso debe ser castigada.

Estoy impresionado sobre todo por el hecho de que usted no menciona [el término homosexual] en su información sobre él. ¿Puedo preguntarle por qué lo evita? La homosexualidad ciertamente no es una ventaja, pero no es nada de qué avergonzarse, no es un vicio, no es degradación; no puede ser clasificada como enfermedad; la consideramos una variación de la función sexual, producida por cierto freno en el desarrollo sexual. Muchos individuos altamente respetables de tiempos antiguos y modernos han sido homosexuales, incluyendo muchos de los hombres más grandes (Platón, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, etc.). Es una tremenda injusticia el perseguir la homosexualidad como un crimen. Y una crueldad también.

Carta de Freud a la madre de un joven homosexual

Buena onda el Froid (pero no le haga caso en lo del freno, como no le haga caso a eso de que el clítoris es un pene atrofiado. De hecho, todo pene fue primero un clítoris).

En fin. No me baje del carro, pero me sentí emocionada de estar en primera fila. Será una marcha del orgullo pero también es de valentía, sobre todo en un país plagado de Evangelinas Pilar de Sol, que vienen en muchas presentaciones pero que al final son un caldo de cultivo para crímenes de odio, para cometerlos y/o justificarlos.

Mientras se me hacía un nudo en la garganta viendo tanto color y guapura, pasó frente a mí una cara conocida: ella había sido mi instructora en la carrera. No era sorprendente porque la conocía a ella y a su novia de entonces, pero fue maravilloso verla pasar con alitas en la espalda. Ella no me vio y no le pité para saludarla porque ya había gente atrás pitando, pero en tono de queja, cómo los maricas y marimachas van a cerrar las calles. Nomás celebré en silencio. Que creo que es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer este día pero dado el contexto, no quería confundirme con la chusma heteronormativa.

El enojo [de la comunidad LGBTI] es válido: es la reacción inmediatamente posterior al despertar de la propia condición de exclusión social. Lo tuvieron Magneto y Beast, los primeros activistas de la comunidad LGBTI local y quienes desde sus ámbitos hacen lo que pueden por garantizar que las personas no heterosexuales  también gocen de derechos civiles y políticos. Debería ser, eso sí, un estadio que guíe a otros que requieran la astucia suficiente para influir en la opinión pública y los espacios de incidencia política. Mi yo de 13 años no tendría problema en responder a la imperante homofobia de la Iglesia Católica con alguna imagen profana, pero mi yo actual debe morderse la lengua y notar que los Hank McCoy del activismo LGBTI han llegado mucho más lejos mediante el trabajo político.

La responsabilidad del diferente: el caso de Hank McCoy (Vaya a leer a la Virginia, que es la cumbia. Y la cumbiarengue)

Y desde entonces estoy pendiente de las marchas por la diversidad; me falta ir a una, pero la conmemoración/celebración se comparte, se admira y se agradece. Recuerda que el mundo puede ser más libre y más alegre sin tener que pasarle por encima a nadie, y que construir ese mundo está en nuestras manos.

“Mirá, Michael, mirá lo que me han hecho los homosexuales. Todo lo que hacen es tan dramático y extravagante. Me hace querer prenderme fuego”.

***
Relacionado, traído a usted desde Psicoloquio (patrocinio La Vaquita):
El mito de lo masculino-femenino en una relación homosexual.
El aberrante mundo de la conversión “de gay a heterosexual”.

El modelo Merseyside: el asesinato de trabajadoras sexuales es un crimen de odio.

 

Siempre hay tiempo.

No se puede decir “no tengo tiempo”, dicen. Yo no puedo decir eso, a pesar de que tengo tres trabajos que borraron del mapa el concepto de fin de semana. Lo anterior es más bien indicador de que tengo mucho tiempo. Lo dedico a hacer lo que me gusta: atender pacientes, hacer investigación (escribir sí, hablar con gente no), y -jue- dar clases. Es casi todo lo que pensaba en hacer cuando fuera grande; pero echo en falta escribir zanganadas no academicoidas, garrapatear dibujitos y hacerle la voz a una caricatura, pero para eso ya no me queda tiempo. Digo, para eso también tengo tiempo, pero termino empleándolo en otras cosas.

Paso los días como escribiendo tuits: empiezo a escribir más rápido cuando me acerco al límite de 140 caracteres, como si escribiendo más rápido lograra sobrepasar ese límite. Así es como me gané mi insignia con el título  “100% clase trabajadora”, y otra con el título “100% adulta emergente”. La vida se me pasa mientras hago cosas aparentemente importantes. Pero mientras haya vida, habrá tiempo para desperdiciar.

Via el Tumblr de LaVirjinia.

 
 
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