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No te dejés pero no jodás

Acto 1: es tu responsabilidad controlar a otros para que ya no se te violente.
Uno: “Nunca dejen que un hombre les haga esto” (impensable el “hombres, no hagan esto”).
 Dos: Un hombre acosa a una mujer y la denuncia es contra las organizaciones feministas que “no hacen nada al respecto” y permiten que pasen estas cosas.
Tres: Madre, si tu hijo o hija se involucra en una violación, es tu responsabilidad. Madre, dije.

Acto 2: dejá de tratar de controlar a otros, eso es censura.
No tengo la menor idea de lo que digo sobre este fenómeno, pero seguro la interpretación que yo hago es a partir de la [que creo que es la] tuya así que vení que te explico.
– Oiga, señor, su lectura sobre el fenómeno está errada.
– Estas mujeres solo son alharacas.

Acto 3: se te violenta bien poco, sos una exagerada. Pero si tanto te molesta, es tu responsabilidad controlar a otros para que ya no se te violente. 

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Trece ortodoxos y asolapados años de Qué Joder

No iba a detenerme a conmemorar esta magna fecha, hasta que el buen Víctor publicó algo que me recordó las zanganadas que me arrastraron a esta vorágine:

¿Felicidades?

Nota: El título de esta entrada no implica identificación con ningún partido, ahí que se den a probar sus virilidades entre ellos.
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A la cárcel por perder un feto inviable

Adolescente salvadoreña víctima de violación condenada a 30 años de prisión por parir un feto muerto.

¿Qué más hay que decir? ¿De qué otra forma se lo explicás a la manga de imbéciles que compone el grueso de la fauna salvadoreña, si ya redujiste la situación a su mínima expresión?

Vaya y lea El signo letrina:

Hace menos de un año, una menor de edad sale corriendo al baño antes de empezar clases en el instituto. Último año de bachillerato. Tiene una relación con un pastor evangélico mayor que ella, una infección en la sangre, un feto en las entrañas. ¿Ha entrado alguna vez a los baños de un instituto nacional? Hay un olor penetrante a orina o a cloro; a veces, a ambas. Se siente en los ojos casi como una nube de gas mostaza. En ese aromático entorno ella pare a un feto muerto, inviable. La fiebre se alza atropellada, la sangre le brota, ella se desmaya. Teledós se entera. Lo transmite en vivo. Medio El Salvador sopla su sopita de frijoles con epazote mientras sigue el minuto a minuto y espera a que saquen a esa bicha zorra, asesina, puta, del baño del instituto. Durante los comerciales, quizá el comedor comentó cómo estas monas ahora no pueden cerrar las piernas. Seguro es culpa del reggaetón.

[…]

Nadie parece notar que una y otra y otra vez la narrativa de las mujeres acusadas de homicidio –no de aborto, ni lo quiera Dios–  en contra de sus fetos tiene como escenario brutalista y vulgar el baño público. No es uno con pastillitas olor lavanda tropical, toallas suavecitas gracias al poder del Suavitel Adiós al Planchado ni duchas con control de temperatura, no. Son fosas sépticas. Estas mujeres-monstruo, inmorales, capaces de matar a sus propios hijos, suelen tener como escenario el piso de tierra, la pared de bahareque, las lombrices reptando al fondo de la fosa.

Repito, vaya y lea, y comparta el post.

Relacionado:
La “sinvergüenza” que abandonó a su bebé.

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Encontré estas imágenes que tenía guardadas en mis borradores desde hace un tiempo y dije, “vieja, ¿qué ondas con esta mara y los títulos de sus columnas?”

(Por otro lado, quisiera destacar ejemplo tras ejemplo del nivelón de tabloide que se manejan los periódicos del país en el presente, encima de sus sesgos de todos conocidos, pero ya no estoy para esos trotes. Además, tanta chabacanada se encuentra en línea fácilmente, hasta pena les debería dar. Mi trabajo aquí está hecho).

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“No tenemos que ser perdonadas por lo que nos pasó”

El día de hoy, he venido desde mi pueblo en El Salvador, hasta acá en Ginebra, para contar mi historia. Vengo con un simple mensaje, quiero que mi historia no se repita en mi país.

Hace 10 años trabajaba como empleada doméstica en una casa. En ese momento, trabajaba con la esperanza de salir adelante, de apoyar a mi mama y a mis hermanos, y con el sueño de un día ahorrar suficiente dinero para montar mi propio negocio en mi pueblo. También soñaba con ser mamá y formar mi propia familia. Sin embargo, en un día mi vida cambio.

Tenía 18 años cuando fui víctima de abuso sexual por el dueño de la casa en la que trabajaba. Producto de esa violación, quedé embarazada. Continúe con mi embarazo, pero un día, en la misma casa donde trabajaba, sufrí una hemorragia que me causó una emergencia obstétrica.

Fui al hospital, inconsciente, y sin saber lo que pasaba, al despertar supe que los médicos me habían reportado a las autoridades, ellos habían presumido que yo era culpable de haberme provocado un aborto. Al rato, me acusaron de homicidio.

Sin que existieran pruebas en mi contra, fui investigada, y encarcelada con una pena de 30 años. Luego estuve en la cárcel 7 años y tres meses, los años más largos de mi vida.

Ya una vez en la cárcel, ya nada era igual. Habían más de 82 mujeres en la celda donde yo estaba. Por más de un año dormí en el suelo, con poca comida, y en condiciones horrorosas. La mayoría de veces no había agua, y no nos podíamos bañar. Nuestra ropa era sucia y las cañerías estaban rotas, haciendo el olor y cada día que pasaba en prisión insoportable. Si me enfermaba no había médicos que me atendieran, o tampoco había medicinas, si las necesitaba. Cada semana podía tener visitas, pero debido a que mi familia vivía lejos de la cárcel, y era costoso para mi familia, mi madre solo podía visitarme cada mes.

En la cárcel nos gritaban asesinas y cada día nos maltrataban. Sobrevivir era la única opción que teníamos.

[…]

En mi país me perdonaron, y por eso, hoy me encuentro en libertad. Pero hasta el día de hoy, me pregunto por qué tenía que ser perdonada si yo no era culpable de nada. El indulto era la única salida para mi situación, pero ni yo, ni las mujeres que continúan en la cárcel, hemos hecho nada malo, así que no tenemos que ser perdonadas por lo que nos pasó.

Mujer salvadoreña injustamente encarcelada comparte su historia frente a Comité de la ONU (Comunicado de prensa del Centro de Derechos Reproductivos)

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Escritores y dinero

Once de la noche y el metro cierra en Buenos Aires, Argentina. A esa hora Enrique “Kike” Ferrari baja al mundo subterráneo para trapear la estación. Entre baldes y escoba pule su próxima novela negra, género que editó en seis países y publicó en cuatro idiomas.

“Es la extrañeza capitalista y burguesa pensar que los trabajadores no tenemos nada que ver con la cultura”, se queja Kike, harto de que lo llamen “el escritor del subte”.

“Yo trabajo en una ciudad abandonada. Sé cosas del humor social o si hizo frío o calor por la basura que deja la gente. En un universo que está siempre superpoblado, yo llego después de la fiesta”, describe con prosa literaria su trabajo en el metro, un submundo que encaja a la perfección en el género que representa y del que piensa escribir algún día.

Argentina: trabajador del metro gana premio de literatura

Relacionado:
– “Si usted es un escritor o artista, ganarse la vida con frecuencia es un reto secundario a trabajar en su obra” (Fuente).
– Por qué más escritores deben hablar de dinero.
Ambos enlaces (en inglés, va’dispensar) discuten el libro “Scratch: Writers, Money, and the Art of Making a Living”, que contiene entrevistas y ensayos de escritores acerca del proceso de escribir y su relación con el dinero y la clase social.

 

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Leveleando old-school en los estados y los reinos unidos

I.
Si anda en ciertas esquinas de Inglaterra, puede encontrarme hablando carburo cada quince días en la revista Más. Las columnas no están en línea, lo cual me genera una sensación de calidez en el corazón que ni le explico. Quién sabe las zanganadas que estaré diciendo en esas páginas y nadie que me conoce se da cuenta*.

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La imagen es pequeña porque me gusta escribir pero me entra pánico cuando las palabras abandonan mis manos y ya no están bajo mi control.

*Mentira, porque El Salvador es bien chiquito y salvadoreños hay en todos lados. Sé que dos personas, al menos, podrían abrir esa revista y reconocerme, pero me inclino a que no leen la revista o pasarán la página rápidamente. En fin, no digo nada que no diría aquí. Ya va siendo hora de que me elijan Miss El Salvador vitalicia, por mi incansable labor de andar poniendo en alto a mibellopaíjelsalvador.

II.
Si lo suyo es visitar el patio delantero de El Salvador, Simeonístico aparece en una revista de Austin, Texas, que se llama Mi Guía; ahí también agradézcale al chero jalvadoreño que lleva este esfuerzo. Mire, la portada abajo dice que dentro de la revista vienen tacos gratis, y ser parte de una publicación así de dadivosa es más de lo que yo hubiera soñado alguna vez.

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Simeonístico va a cumplir 10 años de pulular en línea en cosa de un mes. Solo hay nueve años de contenido en el sitio porque el primer año también apunta a existir en formato old school, algún día. Creo. Espero. En Simeonístico nunca han conocido a Aerosmith porque ese es uno de los aspectos de la caricatura que correlaciona al 100% con la vida real, por masoquismo. En eso hemos ido fracasando.

Hablando de old school, creo que voy a tener que poner anuncios en el periódico para reclutar participantes para mi investigación doctoral.

Finalmente, si ya tuvo suficiente de mi persona, sentimiento que me resulta incomprensible pero allá usted, lo mejor es que vaya a leer sobre la caracterización de una sociedad inhóspita (e.g. El Salvador) y la urgencia de que la psicología se haga cargo de ella. Lo escribió mi hermano, oiga, quiero ser como él cuando sea grande.