Gente de a pie

No tengo ninguna reflexión novedosa sobre la pandemia. Me alcanzó como alcanzó al resto del mundo, obligando a cambios para bien o para mal, frenando proyectos de vida y llevándose a familiares y amistades. Aún así, he tenido suficiente suerte hasta hoy (*toca madera*) para poder catalogarme como uno de los best case scenarios de la pandemia entre la gente de a pie.

Ya no vengo mucho a este blog porque se trata de cosas muy personales o muy políticas (sí, sí, lo personal es político) y en este punto de mi vida no tengo ganas de abordar nada de eso. No abiertamente. O no de la manera en que lo he abordado aquí, porque sí he escrito un poquito en otros lados. En todo caso, hacerlo es un esfuerzo que culmina en un cantar una canción al vacío y eso me desespera un poco. Esto no quiere decir que no extrañe este blog, que se siente como tener una vasta pradera en la cual explayarse, versus las ocasionales restricciones de la ventana que es Tuiter.

Hablando de escribir en otros lados, escribí otro libro. Con esa novela y los tres libros de cuentos anteriores tengo suficiente street cred para entrar al negocio editorial, lo cual es un trampolín a mi máximo fracaso existencial. Hay que saber escribir y hay que saber venderse, aunque en realidad en este mundillo, como en otros, suele bastar con lo segundo. Yo no tengo madera de emprendedora, alabado sea, ni la menor inclinación al marketing. Venga y dígame que soy pobre porque quiero.

A lo que sí me inclino es a armar pensamientos como si fueran muebles de IKEA. Me gusta aprender cosas y transmitir ese conocimiento a quienes pueda servirles. Algo hay que ceder. Entonces terminé abriendo un sitio sobre tal inclinación y la dirección es ligiaorellana.com porque muy gente de a pie seré pero pues sí.

Antes de cerrar, recuérdole que el 2020 no fue un desperdicio ni tiempo perdido. Para muches de nosotres [lenguaje aprobado por La Real Academia Simeonística y auspiciado por La Vaquita], todo lo que hicimos y no pudimos hacer este año ha significado una inversión para mantenernos con vida, y hasta para luchar por mejorarla en medio de la adversidad. Tenemos que cuidarnos, sí, pero no hay cuidado efectivo sin solidaridad. Que el 2021 sea mejor.

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