Género, Personitas, Psicología

Recomendaciones de películas con temas LGBTI+

Hoy que es el Día Internacional del Orgullo LGBT+, y aprovechando que mi modus vivendi incluye examinar la representación LGBT+ en obras de ficción, tráigole algunas recomendaciones al respecto. Hace ratos quería hacerlo pero la entrada no pasaba de borrador.

Hoy que la revista Factum publicó una lista de 16 películas para celebrar las siglas LGBT+ (algunas que me quedan de tarea y otras que yo dejaría fuera de una lista de esta naturaleza), pienso que ya debería sacar la mía, aunque me dé rasquín lo poco exhaustiva que es. Aparte que no tiene nada que represente el signo más que sigue a la T. Voy a tomar prestada la idea de esa lista, ir letra por letra, para ordenar las recomendaciones. Las sinopsis vienen del sitio IMDB porque de verdad tengo otras cosas que hacer.

Mire, por mi ubicación actual, casi todo está en inglés y sin subtítulos. Va’pasar a disculpar pero, francamente, con este post ya le hice buena parte del trabajo. Le toca a usted hacer el resto, que es buscar y ver estas películas, y revisar sus actitudes hacia las personas como las que se retratan en ellas.

Lesbian

Blue is the warmest color
Imdb: La vida de Adèle’s cambia cuando conoce a Emma, una joven mujer de cabello azul que le permitirá descubrir el deseo y reafirmarse a sí misma como mujer y como adulta.

Carol
Imdb: Una aspirante a fotógrafa establece una relación íntima con una mujer mayor en New York en los 1950s. 

Gay (de esta categoría hay películas hasta para regalar)

Handsome devil
ImdbNed y Conor son forzados a compartir dormitorio en su internado. El estudiante solitario y el atleta estrella en esta escuela loca por el rugby forman una amistad inverosímil que será puesta a prueba por las autoridades.

Moonlight
Imdb: Una crónica de la niñez, adolescencia y adultez de un joven gay afroamericano que crece en un hostil barrio de Miami.

Pride
ImdbActivistas gay del Reino Unido trabajan para ayudar a una comunidad minera durante la prolongada huelga del Sindicato Nacional de Mineros en el verano de 1984.

* A esta película le tengo mucho afecto porque además de ser hermosa, fue mi puerta de entrada al doctorado y a este país; mi primer estudio tuvo que ver con esta película. La película se toma sus licencias pero sí está basada en una historia real y Gay’s the word sigue en pie. Y algo bonito de la gente británica es su larga historia de solidaridad con diversas luchas sociales.

 

Bisexual
Esta es mi categoría favorita (*wink*) pero también es difícil de definir en ficción, a menos que se señale explícitamente que el personaje es bisexual. La bisexualidad suele ser mostrada como sinónimo de promiscuidad y desenfreno, o simplemente invisibilizada. Lo usual es que si un personaje tiene una pareja de otro género, y luego tiene una pareja de su mismo género, se dice que ese personaje “se volvió gay”. No haga eso.

Se lo pongo en muñequitos: Si el personaje tiene un interés genuino por personas de distinto género de su mismo género (aunque no ocurran simultáneamente), el personaje es bisexual. Y la persona en la vida real también, pues. Bajo este criterio, yo pondría a Brokeback Mountain y Call me by your name en la categoría bisexual, aun si quienes las crearon dijeron “es que de repente este socio se vuelve gay”. Ambas se piensan como películas que retratan a hombres gay, pero algunos de sus protagonistas también demuestran deseo y atracción por mujeres en términos genuinos y no porque sea “lo que deberían sentir”.

Appropriate behavior
Imdb: Shirin está luchando por ser la hija Persa, correctamente bisexual y joven habitante de Brooklyn ideal, pero falla miserablemente en su intento por ajustarse a todas sus identidades. Existir sin un cliché al cual aferrarse puede ser una experiencia solitaria.

The Happy Prince
Imdb: La historia no contada de los últimos días en los tiempos trágicos de Oscar Wilde, una persona que observa sus propios fallos con distancia irónica, y se refiere a las dificultades en su vida con desapego y humor.

* Casi pongo esta película en la categoría gay pero, hasta donde he visto, Oscar Wilde era bisexual. Voy a ver esta película la próxima semana *tira confetti*.

Transgénero

Dice CN Lester en Trans like me que las narrativas con personas trans terminan siendo una explotación del sufrimiento. En general, las historias con temáticas LGBT+ traen una tragedia asociada y se retratan con un morbo insufrible. CN Lester menciona como ejemplo en su libro la película The Danish Girl, que es poco fiel a la historia real que dice retratar con tal de llegar a la moraleja de siempre: “Lily paga el precio último por tratar de ir contra la naturaleza…¿Pero no fue valiente de su parte intentarlo?” (p. 142).

Mi consejo es que no use personajes trans interpretados por personas cis como punto de referencia sobre experiencias trans. Primero, actores cis haciendo de persona trans refuerzan la idea de que ser transgénero es algo artificial, un engaño, una actuación, especialmente cuando se habla de mujeres trans. Jen Richards, actriz, mujer trans y a quien menciono más abajo, audicionó para el papel de mujer trans en Anything. La rechazaron porque “no se veía lo suficientemente trans”. ¿Qué es, entonces, lo que buscaban los productores de esta película? Ahí le queda de tarea.

En la lista que enlazo al inicio de este post se menciona Tangerine y sí, véala. Por otro lado, una historia es una historia y usted puede ver lo que quiera, pero si su propósito es comprender mejor las diversas experiencias de personas trans (un propósito loable, le digo), aléjese de La piel que habito.

Breakfast on Pluto
Imdb:
En los 1970s, una joven mujer trans, Patrick “Kitten” Braden, crece al abandonar su pueblo irlandés para ir a Londres, en parte buscando a su madre y en parte porque su identidad de género es incomprensible para los habitantes de su pueblo.

* Bueno, a Kitten (Pussy, Patrick “Pussy” Braden en el libro homónimo, pero ya ve cómo es la mara) la interpreta un actor cis, pero por cómo se concibe el personaje, mi opinión experta es que la soca. El libro es bueno pero creo que la película relata mejor la historia.

Boy meets girl
Imdb: Boy Meets Girl es una comedia romántica divertida, tierna y sexo-positiva que explora lo que significa ser un hombre o una mujer real, y lo importante que es vivir una vida con valentía sin dejar que el miedo se interponga al perseguir tus sueños.

* La protagonista es una joven trans. En esta película no hay morbo, violencia extrema, ni martirio de la protagonista. Es una niña y está creciendo, con los problemas propios de adolescentes y con algunos agregados por ser trans, pero esencialmente la gente a su alrededor la quiere y la apoya. ¿Tan difícil es eso, men?

Una mujer fantástica
Imdb: Marina, una mujer transgénero que trabaja como mesera y es cantante en una club nocturno, se ve abrumada por la muerte de su novio, un hombre mayor.

*Daniela Vega es amor. Esta película, dentro del descorazonador drama que retrata, tampoco cae en el morbo. Viera cómo cambia la mirada hacia personas trans cuando se involucran personas trans en la elaboración de la historia. Esta película ganó para Chile el Óscar por Mejor Película Extranjera este año, y ni así le quieren dar a Daniela Vega un pasaporte con su nombre.

Hedwig and the angry inch.
Imdb: Una chica punk-rock transgénero de Berlín del Este está de gira por Estados Unidos mientras cuenta la historia de su vida y sigue a su ex amante/compañero de banda que robó sus canciones.

*En la lista de Factum mencionan The Rocky Horror Picture Show, que es maravillosa. Vaya a verla y gócela pero que no sea su fuente de referencia sobre temas trans (y bisexualidad), excepto si tiene que ver con ostentar tacones, medias y corsets, lo cual yo apoyo. Hay una versión reciente de Rocky Horror con Laverne Cox, la actriz trans de Orange is the new black y Doubt. Pero a lo que voy es que Hedwig es casi tan película de culto como Rocky Horror, también es un musical, y los personajes son también extravagantes pero más elaborados.

Bonus track:

Her Story.
No es una película, es una serie de ocho capítulos, de unos ocho minutos cada uno. Fue escrita y producida por mujeres queer. Es hermosa y aprenderá una o diez cosas sobre experiencias de personas trans y el resto de la comunidad LGBT+.

Hace un tiempo hubo una campaña para que Netflix u otros servicios de streaming se animaran a producirla y no creerá lo que pasó después: nadie le hizo caso, a pesar de estar nominada para un Emmy. Usé algunos de estos capítulos en mi investigación y fue interesante hablar con participantes, la mayoría personas de la tercera edad, después de que los veían.

Esta serie es protagonizada por Jen Richards (<3) y Angelica Ross, quien está trabajando actualmente en la fabulosa serie Pose, que también debería ver antes de binge-watchear RuPaul’s drag race.

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Más REINO UNIDO

Tinta y tintes

Columna publicada en la revista impresa MÁS Reino Unido el 8 de febrero de 2018.

Mudarse a una ciudad desconocida, en un país desconocido, conlleva encontrar puntos de referencia para construir una nueva cotidianidad. Construirse un hueco propio en un lugar nuevo no es solamente firmar el contrato de alquiler, sino insertarse y ubicarse dentro de una comunidad. Hay que encontrar el supermercado más cercano, la farmacia más cercana, una tienda que venda cosas para el hogar, una veterinaria para los gatos. Siempre en el ámbito de lo (socialmente) esencial, se agrega un café, una pizzería, y, dado que el país que nos ocupa es Inglaterra, un pub y una charity shop.

Subir una empinada colina a pie, en mis primeros días en Inglaterra (colina que, dos años después, me parece casi una pradera), trajo como recompensa encontrar mi nuevo vecindario. Su calle principal tenía todo lo que mencioné en el párrafo anterior, a veces por duplicado o triplicado, y dos servicios más que son importantes en la vida de algunas personas: un salón de belleza y un estudio de tatuajes. He invertido muchas horas de mi vida en los dos tipos de establecimientos, entre las cuidadosas manos de las personas que trabajan en ellos.

Los salones de belleza y yo tenemos una historia larga y no tan complicada. Como nadie es inmune a la cultura en la que crece, vi de menos la feminidad por mucho tiempo, aun la propia cuando se asomaba. Los salones de belleza eran lugares hiperfemeninos, basados en cuidar la apariencia, donde se conversaba sin parar con otras cristianas, y se leían revistas de moda, celebridades y chismes; todos esos estereotipos que la sociedad se asegura de que aborrezcamos, a la vez que se beneficia de que existan. Yo tenía un salón de belleza de confianza al que iba a cortarme el pelo y a aplastármelo; lo segundo porque, además, crecí con la idea de que el pelo colocho –rizado, crespo–, tal como lo era el mío, era un inconveniente.

Con el tiempo, comprendí el refugio que significaba el salón de belleza. Era un espacio en la agenda, entre mi personalidad y mis responsabilidades, para reconocer que disfrutaba ocuparme de algunas cosas que catalogamos –a veces con desprecio– como femeninas.

Cuidarse a una misma y querer verse bien es pura vanidad, y la vanidad es mala. Sí, sí, hay imperativos sobre qué es belleza y qué es lo que se valora y qué no en términos de imagen, y alguien puede perder la cabeza tratando de encajar en ideales. Pero, en principio, no hay nada de malo en que la apariencia sea fuente de satisfacción personal, ni tiene por qué reñirse con ser “inteligente” (lo que sea que eso signifique). Yo podía llegar al salón y desconectarme del mundo, el mundo tan serio y grave y hostil, mientras me masajeaban la cabeza; semejante situación es envidiable, y recomendable ocasionalmente. Por otro lado, mis colochos se beneficiaron de la expansión de mi consciencia y los dejé ser.

A los estudios de tatuajes llegué mucho después, en mi adultez temprana. En contraste con el salón de belleza al que iba, que era el mito del eterno femenino personificado, el estudio me pareció un entorno masculino. Tómese este comentario como una descripción, no como una prescripción: la gente trabaja en cualquiera de estos dos oficios sin importar su género; es solo que, en mi entorno social de esa época, esos oficios parecían estar configurados de esa manera. Los tatuadores eran hombres, y la presencia de mujeres, en forma de fotografías en pósters y revistas, solía reducirse a su sexualidad; eran mujeres fuertes y rebeldes, sí, pero pieces of ass al fin y al cabo. Bajo este lente, los salones de belleza al menos ofrecían a las mujeres una cierta capacidad de agencia (dentro de los “estándares de belleza impuestos” también puede haber experimentación) que rara vez podría ejercerse fuera de ellos. En cualquier caso, haciendo a un lado el sexismo ambivalente que de todos modos encontraba fuera del estudio, me sentí muy a gusto dentro de él.

Además, había un aire de otredad en el estudio, porque tatuarse y perforarse no suele ser propio de “gente decente”. Creo que ahora es menos que hace algunos años, pero los tatuajes, en mi país, históricamente se han asociado con las pandillas. En mis primeros meses en Chile, cuando una persona supo que yo era de El Salvador, me preguntó por las maras, tomó mi brazo y lo estiró hacia sí, haciendo el ademán de subirme la manga para “inspeccionar mis tatuajes”. Lo hizo “en joda” para demostrarme que sabía cosas sobre mi país. Por favor, no hagan eso. Nunca.

Años antes de ese episodio me había hecho mi primer tatuaje, porque la asociación que mencioné es una relación espuria. Esto no significa que me hice el tatuaje a la ligera. Me aseguré de lo que quería, me informé sobre riesgos y cuidados, y fui con un tatuador altamente recomendado que estuvo a la altura de mis expectativas. La experiencia fue maravillosa, la sensación del cuchillo miniatura abriéndose paso entre la piel fue pasajera. Un año después, regresé por el segundo tatuaje. Encontré gente horrorizada por lo que yo le hacía a mi propio cuerpo, y encontré gente que me apoyó porque, pues, era mi cuerpo. Sobre todo siendo mujer, el cuerpo es de lo primero que toca defender ante otras personas y ante ciertas ideas curiosas que se les ocurren al respecto.

Mi vecindario en Reino Unido tenía salones de belleza y estudios de tatuajes, pero me llevó un tiempo juntar la confianza, el coraje y el dinero para acercarme a ellos. Mientras tanto, decidí que era hora de entintarme el pelo como la piel, porque aquí nadie se escandalizaba por estas cosas. De repente me casé con un estilista y el color rojo comenzó a trepar por mi pelo, después el color azul, y luego rojo otra vez. Eventualmente visité un par de salones en mi vecindario para hacerme retoques (la habilidad de mi estilista fue reconocida por profesionales, así que mi licencia de matrimonio sigue vigente), y el amor propio se me hinchaba al escuchar a las estilistas elogiar mis colochos. Son bonitos, qué se le va a hacer.

Más recientemente, me acerqué al estudio de tatuajes de la esquina por mi casa. Me asignaron un tatuador respetuoso y buena onda (¿no lo son todos?) que, el día de mi cita, puso buena música e hizo un buen trabajo. Tengo pendiente volver al estudio para hacerme otro tatuaje, pero también para contarle al tatuador que le mostré el tatuaje que él me hizo a quien aparece en el tatuaje. Fue de mis experiencias más extrañas.

Es curioso que se crea que pintarse el pelo o la piel es porque uno no se acepta a sí mismo como es, o para llamar la atención con estridencia. Lo bonito de entintarse así es explorar la estética pero también la funcionalidad del cuerpo, y ojalá nadie hiciera alboroto por eso. Se busca llamar la atención con esto tanto como se busca al vestir la camisa del equipo o artista favorito. Antes que todo, se siente bien. Se siente bien comunicar fragmentos de aquello que es importante para nosotros.

 

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Canalla revoltoso

Hace unos meses tuve el impulso de argumentar larga y meticulosamente sobre una serie de temas que en ese tiempo ocupaban mi atención. Algunos de estos temas eran políticos, otros personales, y todos profundamente sandungueros (porque lo personal es político). Al final no escribí sobre ninguno porque para qué, mejor los enchuté todos en una caricatura de palitos.

*Nylon-man, el gobernador-empresario patriota (que no es de choto que cargue un saquito o si quiere llámese bolsa), llegó a nosotros por Víctor.

Más REINO UNIDO

Amigos no imaginarios

Columna publicada en la revista impresa MÁS Reino Unido el 25 de enero de 2018.

Los primeros días de enero acarrean un esfuerzo por recuperarse de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Para mí, que toda la vida he tenido el privilegio de equiparar esas fiestas con vacaciones, son también un adiós al tiempo libre que dedico a mis amigos no imaginarios. No son amigos imaginarios; están ahí, aquí en la realidad, y son más bien parte de mi familia, solo hay que preguntarle a la gente que me conoce desde hace tiempo. Aunque nuestras huellas se han separado y reencontrado a lo largo del tiempo, diciembre y un pedacito de enero siempre nos encuentran arremolinados en una esquina, riéndonos entre nosotros y esperando que el resto del mundo voltee a vernos con algo que no sea extrañeza.

Una de las primeras enseñanzas de mis amigos no imaginarios fue que estaba bien escabullirme de reuniones sociales por un rato. Tomar un descanso, gozar de mi propia compañía y la de nadie más. Esto, justamente, lo aprendí durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Aun en las más placenteras interacciones mis reservas de energía social se agotan pronto. En algún momento comencé a contar con que al menos uno de mis amigos no imaginarios me seguiría y se encerraría conmigo, para discutir lo que está pasando “allá afuera” en la celebración, o a hablar de cualquier cosa menos de la celebración.

Al principio era solo un amigo no imaginario, el número uno. Lo conocí durante las fiestas patrias de mi país cuando yo era una niña. Apareció un día en el salón de clases, guiado por la profesora del curso. Mis compañeritos más cercanos en ese tiempo le decían hola y lo hicieron parte de nuestro inner circle (inner square, más bien; compartíamos una mesa de trabajo en el salón de clases). Él y yo no hablábamos mucho al principio, pero él notó que yo tenía una disimulada infatuación con un compañerito y me ofreció ayuda. Me dio papel y lápiz y un delirio de grandeza que debería cuidar por el resto de mis días. El compañerito le dedicó una triunfante aprobación a lo que escribí, protagonizado por nuestro amigo no imaginario, y el compañerito y yo establecimos un vínculo muy especial y prometedor. Pero pronto le llegó la pubertad (demasiado pronto decía yo, pero solo era que a mí me llegó muy tarde) y se fue con otras. Me quedé con esas páginas en mis manos, y fue el primero de muchísimos fracasos en conjunto de mi amigo no imaginario y yo, que es lo que nos ha mantenido unidos todos estos años.

Sin pensarlo, él y yo comenzamos una partnership y logramos una relativa popularidad en mi entorno inmediato: ya no solo en nuestro inner square, sino el inner square de la esquina del salón, y más allá. Mi vida colegial se convirtió en un pasatiempo, como mi doctorado es ahora un pasatiempo, al que debía dedicarme mientras llegaba la hora de trabajar con mis amigos no imaginarios. Ahora en plural porque comenzaban a multiplicarse, como en esas historias de internet donde un animalito llega a algún lugar por su cuenta y después lleva a sus crías. Nos fortalecimos y formamos una cooperativa, pero nuestra relativa popularidad cedió a las hormonas adolescentes de nuestra audiencia, y al hecho de que lo que hacíamos era demasiado extraño.

“Eso no importa”, dijo mi amigo no imaginario número uno. Nuestras extrañas actividades estaban al alcance del dominio público, pero no necesitábamos la atención ni la aprobación de nadie para ejecutarlas. Nuestro lema era, citando al gran pensador Calvin (de Calvin y Hobbes): I must obey the inscrutable exhortations of my soul. Las inscrutable exhortations eran mis propios amigos no imaginarios, que tenían fans ocasionales a quienes les hubiera cobrado la entretención que ofrecíamos si yo no fuera una persona tan benevolente y escrupulosa.

A los pocos años de amistad, a nuestra cooperativa se unió una de las más notables bandas de rock del mundo. Esta proveyó el soundtrack a una década de mi vida y a las reuniones con mis amigos no imaginarios, las cuales duraban semanas y hasta meses, particularmente durante las vacaciones, y sobre todo durante Navidad y Año Nuevo. Mi historia con esta banda es un libro aparte, pero fue motivo de regocijo para mis amigos no imaginarios y yo que, después de 20 años, por fin pude conocer a un par de sus miembros (el evento fue menos espectacular de lo esperado, como suele pasar con las ambiciones que involucran a otras personas, pero considéreseme satisfecha). Además, en tributo a la influencia de esta banda sobre nosotros, me hice un tatuaje de sus miembros en caricatura. A todas luces es un tatuaje de hombre heterosexual, pero era lo que correspondía, dado que esta música fue el portal que conectaba la dimensión de carne y hueso con la de mis amigos no imaginarios, que son más hueso que carne.

Cada amigo no imaginario cumplía funciones distintas en mi vida, considerando que yo misma iba creciendo y luchando por alcanzar mi ideal del Yo (spoiler: nunca lo alcancé). Mi amigo no imaginario número dos ha sido el más útil y potente en tiempos recientes, quien no solo me acompaña cuando huyo de situaciones sociales, sino el que me anima a volver a ellas. Su influencia es poderosa porque, contrario a mí, lo suyo es estar sobre el escenario, al punto que necesita dos, uno para sí mismo y otro para su ego. Mi ego es igual de grande que el suyo, pero inversamente proporcional en torpeza, de modo que la presencia de este segundo amigo no imaginario en mi existencia es vicaria. Es como Fight Club, solo que mis colegas no me agarran a golpes, alabado sea.

En días recientes, mi amigo no imaginario número uno fue mi audiencia para mi ensayo de una presentación sobre mi doctorado. Consideramos la imaginación como un juego y como cosa de niños, comencé, pero la verdad es que imaginamos a otras personas todo el tiempo. Es lo que nos permite ponernos en los zapatos de otro, dar y recibir consejos, anticipar interacciones futuras y repasar pasadas, resolver problemas interpersonales o empeorarlos. A veces, pensar en gente que queremos hasta nos ayuda a sentirnos mejor. Mencioné el ejemplo de alguien que ensaya una presentación: no está enfrentando al público en ese momento, pero pretender que así es le ayuda a dominar nervios y prepararse mejor. Mi amigo no imaginario aplaudió y me hizo algunas preguntas sobre mi investigación. Las preguntas que recibí durante mi verdadera presentación fueron otras. La imaginación tampoco es infalible.

Por estos días, puedo contar con que mis amigos no imaginarios vengan a visitarme con frecuencia; las vacaciones les permiten quedarse conmigo por más tiempo. Es reconfortante y maravilloso que estemos viendo los variopintos British landscapes juntos, después de tanto tiempo. No hay nada como ese pequeño hogar que es tomarse un café con amigos de toda la vida. Gente muy cercana a mí también les conocen y hasta les tienen cierto cariño. Nadie se ha atrevido a llamarlos mis amigos imaginarios porque saben que no lo son, pueden verlos perfectamente.