Jue!, Psicología, Qué ondas aquí

Mostrame cómo se ve la valentía

Asombro. Esta palabra me aburre. Achaco mi desgano al libro ganador de un certamen, el cual leí porque quería saber qué se necesitaba para uno mismo lograr semejante aberración. La palabra aparecía una y otra vez como reacción a observar el cielo nocturno y a otras cosas que en los primeros capítulos del libro dejaron de importarme. A ver, sí: observar el cielo nocturno, en lo personal, me causa asombro. Pero qué superficial suena.

Soy incapaz de describir con justicia la inflamación existencial en el pecho cuando uno ve algo bonito, pero la palabra en cuestión, en sus formas sustantivas y adjetivales, me pareció un atajo que privaba de la vista panorámica. Esta aversión se mantiene en mi lista de palabras, expresiones y hábitos que me recomiendo evitar al escribir. La lista incluye “cómplice/complicidad”, que por estar escupiendo al cielo no logré evitar una vez, pero tengo una nota de mis guardianes legales para explicarlo; “la santa/regalada gana” y sus variaciones; y el uso de adjetivos que arrebaten de las manos el esfuerzo de imaginar lo que está pasando con el personaje.

Bajo este último criterio, uno de los primeros puestos en la lista lo ocupa la palabra “envalentonado”. Una vez la escribí, en medio de dos comas al igual que esta aclaración, y cuando leí la frase completa sobre un evento supuestamente emocionante, bostecé. Borré la palabra y opté por describir el comportamiento sin calificativos, tal vez porque soy conductista de corazón (aunque para conductistas ortodoxos esta oración es risible). Soy un fracaso pero defiendo mi rigurosidad.

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