La interfaz cerebro-máquina y el empático salmón muerto.

La página que enlacé en la entrada anterior, Neuralink and the brain’s magical future, es maravillosa. Es una explicación kilométrica (200 páginas de Word, según una estimación en los comentarios) sobre el funcionamiento del cerebro y los intentos por construir una interfaz cerebro-máquina. Todo eso explicado con dibujitos. Archívese bajo Cosas que se me ocurren pero que alguien más ya hizo y lo hizo mucho mejor de lo que yo podría. Tengo un libro entero que temo resulte ser la materialización de esta categoría.

Algo que no mencioné en la entrada anterior, porque estaba ocupada conmiserándome (y preocupada por el abismo que es mi país), es que me intriga esa clase de proyecciones, que podremos teclear directamente desde nuestro cerebro y todo eso, pero no creo que ocurra, al menos no tan pronto como dicen. Aun con los argumentos y los dibujitos de la entrada sobre Neuralink, y la competencia entre Neuralink y Facebook y Kernel por quién lo logra primero…meh.

Pensé que solo era yo, siendo básica e ignorante del avance de las neurociencias y cayendo en infundado escepticismo cual integrante de la población general. Pero no soy solo yo:

[La directora del Building 8 de Facebook, Regina] Dugan dice que su equipo […] está explorando interfaces que podrían leer la actividad cerebral desde fuera del cráneo. Pero de acuerdo a [Miguel] Nicolelis y otros neurocientíficos, este tipo de tecnología que ella describe puede no ser posible en diez o incluso veinte años, si es que alguna vez lo es. Facebook espera usar sensores que leen actividad cerebral a través de tecnología de imágenes ópticas, pero hacer lecturas confiables desde esa distancia no es factible hoy, sin mencionar la dificultad extrema de interpretar esas señales. Hoy, los científicos comprenden muy poco sobre cómo el cerebro trabaja en realidad.

[…] “Todo esto es marketing,” dice Nicolelis, quien supervisó el trabajo académico de dos científicos que son parte del nuevo emprendimiento de Musk, incluyendo el CEO de Neuralink.

En la entrada con dibujitos se explica cómo es la tecnología actual para “leer” el cerebro. Mire, no es que no se sepa nada sobre cómo trabaja el cerebro. Se sabe un chingo. Lo que pasa es que cuando uno investiga, la respuesta de una pregunta se convierte en diez preguntas más. Aparte, lo que se puede “leer” del cerebro son outputs como impulsos eléctricos y flujos sanguíneos, todo bien mundano.

Una de las alegorías en la entrada de Neuralink es que si el cerebro es una estadio lleno de personas viendo un partido, la mejor tecnología a la fecha es un micrófono que instalamos fuera del estadio; escuchamos murmullos y podemos adivinar lo que está pasando, pero no mucho más. También está la tecnología, más invasiva, de meter algunos de estos micrófonos dentro del estadio, entre la gente. Aun así, escuchar un puñado de personas entre miles de espectadores en medio de un partido tampoco es el panorama completo. Ni hablar, como se menciona en el texto citado, sobre las cuestiones éticas de abrirle el cráneo a alguien para implantarle aparatitos que no siempre son realmente necesarios.

Una de las cosas que hago actualmente con mi vida es estudiar la toma de perspectiva cuando uno lee ficción. Hay estudios que enlazan los procesos psicológicos relativos a leer ficción con un funcionamiento cerebral específico…es mala práctica decir “hay estudios que” sin especificarlos, pero me da hueva ir a buscar la lista así que voy a dejar solo este, que es del que me acuerdo ahorita. Entonces, por ejemplo, gracias a la resonancia magnética funcional (fMRI) tenemos una idea de qué ocurre en el cerebro cuando éste responde a estímulos de naturaleza social. Aun si este cerebro es el de un salmón. Y el salmón está muerto.

No, en serio:

 Al salmón muerto se le presentó una tarea de mentalización (interpretación los pensamientos y emociones de otros), con fotografías de seres humanos en situaciones sociales. Los resultados del fMRI frente a esta tarea mostraron que el salmón muerto fue capaz de adoptar la perspectiva de las personas en las fotografías. Aquí explican mejor este estudio, que ganó un IgNobel Prize, pero claramente no es que el salmón muerto tenga la capacidad cognitiva de comprender lo que piensa y sienta otra gente.

¿Entonces todos los estudios con fMRI están errados? No, mire, tampoco hay que ser. Ese estudio, en esencia, advierte sobre la necesidad de controlar por comparaciones múltiples, un tema en el que no me voy a detener porque todos lo estudiamos en octavo grado. Los actuales instrumentos de medición de activación cerebral, y los medios de interpretación de esas mediciones, tienden a ser eficientes y confiables pero tienen limitantes importantes.

Nomás acuérdese de esto cuando lea cierta clase de titulares en los medios que se refieren al cerebro. Pero no seré yo quien rompa la burbuja (mi doctorado es, a fin de cuentas, sobre la imaginación de otros) y, sí, hay gente a la que le pagan por imaginarse lo que todavía no existe y el mundo es mejor por ello. Tal vez cuando yo llegue a la adultez media ya pueda solo pensar en un post para este blog y transmitirlo a WordPress en segundos, y ojalá más pulido y menos cholero de cómo se me ocurre originalmente.

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