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“No tenemos que ser perdonadas por lo que nos pasó”

El día de hoy, he venido desde mi pueblo en El Salvador, hasta acá en Ginebra, para contar mi historia. Vengo con un simple mensaje, quiero que mi historia no se repita en mi país.

Hace 10 años trabajaba como empleada doméstica en una casa. En ese momento, trabajaba con la esperanza de salir adelante, de apoyar a mi mama y a mis hermanos, y con el sueño de un día ahorrar suficiente dinero para montar mi propio negocio en mi pueblo. También soñaba con ser mamá y formar mi propia familia. Sin embargo, en un día mi vida cambio.

Tenía 18 años cuando fui víctima de abuso sexual por el dueño de la casa en la que trabajaba. Producto de esa violación, quedé embarazada. Continúe con mi embarazo, pero un día, en la misma casa donde trabajaba, sufrí una hemorragia que me causó una emergencia obstétrica.

Fui al hospital, inconsciente, y sin saber lo que pasaba, al despertar supe que los médicos me habían reportado a las autoridades, ellos habían presumido que yo era culpable de haberme provocado un aborto. Al rato, me acusaron de homicidio.

Sin que existieran pruebas en mi contra, fui investigada, y encarcelada con una pena de 30 años. Luego estuve en la cárcel 7 años y tres meses, los años más largos de mi vida.

Ya una vez en la cárcel, ya nada era igual. Habían más de 82 mujeres en la celda donde yo estaba. Por más de un año dormí en el suelo, con poca comida, y en condiciones horrorosas. La mayoría de veces no había agua, y no nos podíamos bañar. Nuestra ropa era sucia y las cañerías estaban rotas, haciendo el olor y cada día que pasaba en prisión insoportable. Si me enfermaba no había médicos que me atendieran, o tampoco había medicinas, si las necesitaba. Cada semana podía tener visitas, pero debido a que mi familia vivía lejos de la cárcel, y era costoso para mi familia, mi madre solo podía visitarme cada mes.

En la cárcel nos gritaban asesinas y cada día nos maltrataban. Sobrevivir era la única opción que teníamos.

[…]

En mi país me perdonaron, y por eso, hoy me encuentro en libertad. Pero hasta el día de hoy, me pregunto por qué tenía que ser perdonada si yo no era culpable de nada. El indulto era la única salida para mi situación, pero ni yo, ni las mujeres que continúan en la cárcel, hemos hecho nada malo, así que no tenemos que ser perdonadas por lo que nos pasó.

Mujer salvadoreña injustamente encarcelada comparte su historia frente a Comité de la ONU (Comunicado de prensa del Centro de Derechos Reproductivos)

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Detrás del meme y la noticia

Doy fe de lo fácil que es olvidar que hay algo más allá de las fotos e historias que aparecen en la pantalla. Menos populares que los memes y noticias sensacionalistas son las historias de la gente tras ellos. Es fácil olvidarlo porque hay tanta información y tan…tanta prisa, tan poco tiempo, tan poca empatía, tantas ganas de reírse y de encontrar culpables. Aquí hay un par de recordatorios: una foto en un anuncio se convierte en un “caso de la vida real”, y una mujer que vive en Marruecos es acusada de haberse inmolado en un acto terrorista en Francia.

i.

Sin que Yeh lo supiera, la fotografía circuló ampliamente en internet. “Más adelante, la gente inventó una historia sobre la mujer de la foto y la difundió por internet”, dijo Yeh. “Decían que su esposo se dio cuenta de que ella le había mentido sobre no haberse hecho cirugía plástica…[sus hijos] no se veían para nada como ella. Y que él la demandó y ganó”.

El meme fue tan popular que hasta su familia le preguntó al respecto. “Cuando un amigo me preguntó al respecto pensé que solo eran rumores. Después me di cuenta de que todo el mundo estaba difundiendo la historia y en diferentes lenguajes”, dijo. “La gente de verdad se lo creyó y pensó que me había pasado a mí. Hasta mis familiares y mi prometido me preguntaron sobre eso”.

Una modelo taiwanesa habla de cómo un meme arruinó su vida (en inglés)

ii.

Nabila no se inmoló aquel miércoles 18 de noviembre en París, como medio mundo cree. Nabila Bakkatha vive, sobrevive como puede, traumatizada, en Beni Mellal, un pueblo situado en el Atlas Medio, la cordillera más alta de Marruecos. Se ha quedado sin trabajo, sin familia y no puede salir a la calle porque es señalada con el dedo. Su cara representa la viva imagen de una terrorista suicida. Su rostro es, para la mayoría, el de la kamikaze de Saint-Denis.

Nabila Bakkatha, la falsa kamikaze de Saint-Denis que todos creen muerta
(Otro: ‘”Me imagino encender la tele y ver mi foto difundida por los medios haciendo eco de que me he inmolado…”)

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Escritores y dinero

Once de la noche y el metro cierra en Buenos Aires, Argentina. A esa hora Enrique “Kike” Ferrari baja al mundo subterráneo para trapear la estación. Entre baldes y escoba pule su próxima novela negra, género que editó en seis países y publicó en cuatro idiomas.

“Es la extrañeza capitalista y burguesa pensar que los trabajadores no tenemos nada que ver con la cultura”, se queja Kike, harto de que lo llamen “el escritor del subte”.

“Yo trabajo en una ciudad abandonada. Sé cosas del humor social o si hizo frío o calor por la basura que deja la gente. En un universo que está siempre superpoblado, yo llego después de la fiesta”, describe con prosa literaria su trabajo en el metro, un submundo que encaja a la perfección en el género que representa y del que piensa escribir algún día.

Argentina: trabajador del metro gana premio de literatura

Relacionado:
– “Si usted es un escritor o artista, ganarse la vida con frecuencia es un reto secundario a trabajar en su obra” (Fuente).
– Por qué más escritores deben hablar de dinero.
Ambos enlaces (en inglés, va’dispensar) discuten el libro “Scratch: Writers, Money, and the Art of Making a Living”, que contiene entrevistas y ensayos de escritores acerca del proceso de escribir y su relación con el dinero y la clase social.