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Cómo la existencia de una piloto comercial ayuda a ser menos holgazán.

08 Nov

Recuerdo, algunos años atrás, ir en un vuelo a Ancona en Italia. Mientras iniciábamos el descenso, la piloto habló dando el reporte habitual del progreso. Cuando cerró su mensaje, el pasajero a mi lado sonrió nerviosamente y dijo “oh, una mujer…esto es inusual”. Fue, por cierto, un aterrizaje típico.

Diversidad: es buena para tu cerebro*.

Hace unos días salió la noticia de la certificación de Susana Ibarra, la primera mujer piloto comercial de El Salvador. Hubo gozo en mi alma. No había pasado un segundo celebrando y uñas afiladas chirriaron sobre la pizarra: “felicidades a esta bellísima mujer”. No tuve el ánimo de leer los comentarios, anticipando versiones varias del “está rica pero no me subiría a un avión que ella manejara”.

En las percepciones de “los otros” uno puede encontrar dos dimensiones. La calidez se refiere a la aptitud de sostener relaciones sociales armónicas, mientras que la competencia se refiere a la capacidad de desempeño y logro. Por ejemplo, en un estudio sobre prejuicio y otra cosa* en Italia, cuatro grupos inmigrantes fueron evaluados por los italianos: los canadienses eran percibidos como competentes y cálidos, “los que caen mejor”; los albaneses eran incompetentes pero cálidos; los chinos no eran cálidos pero eran competentes, “saben hacer las cosas y son inteligentes pero son fríos y no son dignos de confianza”; los peruanos no eran ni cálidos ni competentes (protip: esta última categoría lleva a la deshumanización. Chequee ahí su propia opinión sobre grupos sociales que caen fuera de quienes usted considera su “nosotros”).

Las mujeres estereotípicamente son vistas como cálidas pero incompetentes. Tal vez por eso ser mujer sigue siendo una manera de insultar: ser mujer es ser incompetente.

Todavía se les pregunta a las astronautas cómo sobrevivirán en el espacio sin maquillaje (nota en español, nota en inglés).

“No es por ser sexista”, pero las mujeres son demasiado emotivas para ser presidente.

Si se arma un equipo de arqueólogas, cuando hombres pudieron haber hecho el mismo trabajo, es porque “se busca publicidad”.

Si resulta que una mujer es “demasiado competente”, como le ha ocurrido a algunas atletas, queda la duda de “si es mujer” -lo que sea que eso signifique- y debe verificarse(!). La sexualización de las mujeres que muestran un buen desempeño en algún ámbito tradicionalmente masculino es una manera particularmente efectiva de disminuir las amenazas a la masculinidad#MasculinitySoFragile, dicen.

También “otro mundo es posible”, dicen.

Simplemente es difícil para mucha gente ver que una mujer es las dos cosas. O es incompetente o es “perra”, quejeso de que una mujer va a ser amable y capaz (de manejar máquinas, de desempeñarse en tareas lógicas, de que su cuerpo sea funcional además de estético).

Por supuesto, los estereotipos abundan en la vida diaria, y con frecuencia están empapados con creencias inherentes sobre habilidad. Sabemos que no hay base científica para diferencias de género en cosas como habilidad de pilotaje, negocios o asistencia en el parto, pero la gente sigue sorprendiéndose cuando encuentra a alguien que no entra en el perfil de género esperado. Nada enfoca más claramente los estereotipos de la sociedad que quienes van en contra de las tendencias.

Al cerebro […] no le gusta el trabajo duro, aunque le hace bien. De modo crucial, el trabajo duro que conlleva lidiar con la diversidad le da al cerebro un excelente ejercicio.

Diversidad: es buena para tu cerebro*.

Uno se acomoda al pensamiento automático, a lo aprendido sin darnos cuenta a medida que fuimos creciendo. El cerebro se acomoda y se vuelve flojo a la hora de emitir juicios sobre otras personas. La diversidad, y para el caso, la diversidad que conlleva trascender expectativas de género en ámbitos que se creen exclusivos de un solo género (péreme que ni hablamos del gremio de enfermeros), puede ayudarnos a tener más tacto cuando percibimos a otras personas.

* La otra cosa son los beneficios del contacto intergrupal imaginado**, y casualmente quien escribió el primer artículo que cito es el mero-mero en ese tema y por poquito -un par de años- coincidimos en la misma universidad, y eso es todo *fangirlea*

** De hecho, a usted le convendría imaginarse mujeres pilotos comerciales desempeñándose bien en su trabajo. Dele.

 

 

Una respuesta a “Cómo la existencia de una piloto comercial ayuda a ser menos holgazán.

  1. Clau

    noviembre 9, 2015 at 11:33 am

    “Todavía se les pregunta a las astronautas cómo sobrevivirán en el espacio sin maquillaje”
    Yo sobrevivo en la tierra sin maquillaje, ¿ya puedo ser astronauta?
    Plop
    Quisiera contradecirte, pero me mostraron la foto de la susodicha, acompañada de un “está simpática veá”…cuando mi primera pregunta fue ¿y estudió aquí, o en dónde? Y, encima, seguido de otro estereotipo: y es de Atiquizaya dicen (como si solo los capitalinos pudieran ser inteligentes o capaces) Puntos de vista.

     

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