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Dos gatos que no saben que cruzaron el océano Atlántico (I).

27 Oct

En inglés y en español, éramos “los de los gatos”. En la nueva universidad, entre la diáspora chilena, entre el circuito de bienes raíces de la ciudad, los de los gatos: un par de estudiantes provenientes de otro continente, cada uno con dos maletas y una caja de transporte con un gato adentro.

Nunca más“, no he dejado de repetirme eso por años pensando en mi gata; nunca más vuelvo a dejar atrás a mis mascotas. Es una relación a la que se le busca un símil para intentar explicarla: son tus mejores amigos, son tus hijos (pero nueslo mismo, por suerte). Finalmente son familia. Con una cualidad adicional: son dependientes de uno y nunca dejan de serlo. Son extranjeros permanentemente recién llegados a un mundo construido por humanos y para humanos.

Pero viajar con animales requiere meses de preparación, logística y financiera. No siempre es posible prepararse así, pero aun contando con suficiente información y fondos, es importante valorar qué es lo más conveniente y beneficioso para las partes involucradas. Para el caso, éramos dos personas con todas las razones para llevarnos a nuestros gatos y con suficiente tiempo para prepararlos y prepararnos.

Lo mejor es comenzar a documentarse incluso antes de tener la certeza del viaje. Con el señor Sepúlveda pasamos un par de años haciendo proyecciones, y luego 10 meses rellenando aplicaciones, tomando exámenes, persiguiendo gente y llorando sangre. Sólo se nos dieron las cosas en el engramillado a poco más de un mes antes de tener que salir del país. Marla y Macareno no supieron nada de eso, y sólo notaron algo extraño cuando empezaron a ver que su departamento iba quedando vacío e iban perdiendo sus pertenencias:

Este es Macareno cuando notó que se habían llevado a la mejor amiga que tuvo en sus cuatro años de vida hasta entonces: la estufa de parafina. Dormía por horas frente a ella, calientito y posiblemente intoxicado. Pasó media hora inmóvil, con esta cara, sentado exactamente donde solía estar la estufa.

Hay algunos aspectos sobre los que hay que informarse con anticipación al viajar de un país a otro con mascotas:

1. Los requisitos de salida del país de origen;
2. Los requisitos de entrada del país de destino;
3. Las aerolíneas y las rutas aprobadas para llevar a los entes en cuestión del punto 1 al punto 2.

Por esto es muy difícil encontrar guías específicas para viajar con mascotas, por las numerosas combinaciones que se dan entre países de origen y destino, rutas y aerolíneas, además de los tipos de animales permitidos dentro de cada uno.  El punto 3 resultó ser lo más enredado para nosotros, porque no estaba en nuestras manos qué aerolínea y qué ruta tomaríamos hacia nuestra nueva casa en Reino Unido.

Sí da una tremenda hueva tanto trámite pero no es nada del otro mundo. Uno debe tener sus mascotas con las vacunas y desparasitaciones al día, ojalá microchipeadas para efectos de identificación, conocer su estado de salud general y tener un veterinario de confianza. Eso hay que tenerlo aun sin viajes de por medio, es tenencia responsable (algo en lo que yo misma fracasaba un poco durante mis años mozos). El resto de papeles para los puntos 1 y 2 suelen referirse a certificados relacionados a lo anterior, asegurándose de cumplir plazos si los hay, por ejemplo, X vacuna debe haberse puesto tres meses antes de viajar, o X certificado debe emitirse no menos de 10 días antes del viaje. Dependiendo del país del que se sale y al que se llega, por aquello de los cordones sanitarios, puede pedirse algún examen adicional.

Con Marla y Macareno sostuvimos varias reuniones informativas en lo que muebles que nos quedaban.

“Ripít after mí: jelóu, ayam a cat. Ayam a Bírols fan. Chíiirs”.

Lo esperado era viajar con ellos en la bodega del avión. Fuimos encontrando información contradictoria hasta que concluimos que la aerolínea en la que viajaríamos, más bien la ruta que haríamos con esa aerolínea, no permitía viajar con animales. El aeropuerto al que llegábamos no era puerto de entrada de animales al país. Por esos días apareció alguien que, por experiencia propia, nos dijo que podíamos mandar a los gatos aparte, como encomiendas, via cargo (bless this person por eso). Era otra aerolínea y otra ruta.

Marla tomando café en su taza de Marla. Nunca supo lo que se venía encima porque todo lo que uno le dice le entra por un oído y le sale por el otro.

Hubo un “pero” que escuchamos incluso cuando los gatos ya habían entrado al país sin quedar en cuarentena: “pero se los van a dejar en cuarentena”. Afortunadamente, Londres quitó esa medida en el 2012. Si los gatos cumplían con todos los papeles, no era necesario que quedaran en observación por semanas, como solía ser la norma.

Luego resultó que en Londres los animales viajeros no podían ser reclamados por personas particulares. Había que contratar un agente aduanero que los sacara del aeropuerto. La función de este agente es demostrar, por medio de todos los papeles y certificados, que los animales cumplen con los requisitos para entrar al país. Entonces: contratar el servicio de cargo para animales y contratar agente aduanero. También: contratarlos para que las fechas de movimiento de los gatos coincidan con las fechas de los humanos, sabiendo que la ruta de los gatos es más larga. Y también: pedir que los lleven desde Londres a nuestra ciudad de destino, porque los humanos, tras varios días de viaje para llegar (y meses previos de socazón), no estarán en condiciones de ir y venir de un extremo a otro de un país que no conocen, cargando maletas y gatos en un tren.

Carpetas de Marla y Macareno, conocido en la farándula como Nico. Microchips, certificados, formularios, sellos, firmas. Todos los papeles en orden para revisión y aprobación del Servicio Agrícola y Ganadero en Chile, y aduanas en Chile, Argentina, y los centros de recepción de animales de los aeropuertos de Frankfurt y Londres. Los agentes aduaneros que los recibirían fueron una gran onda, revisando los papeles antes del viaje para darles el visto bueno o señalar si faltaba algo.

La Marla proviene de una camada abandonada en la clínica de nuestra amiga veterinaria. Macareno proviene de un predio abandonado (se relacionaba con otros animales, por eso es tan chero), y sus hermanitos fueron muriendo por el frío o por enfermedad. Aun así, había una persona que se preocupaba por ellos y le buscó casita, antes de que el invierno recrudeciera. De eso hacía cuatro años, y ahora estaban a punto de cruzar un océano. Cada uno tenía lista su maletita, hecha por su veterinaria/madrina. Era más bien un botiquín. Además, platos, juguetes, mantas, spray de hierba gatera (jaja) y una corbatita para ocasiones especiales.

Finalmente, un lunes a mediados de septiembre, al amanecer, entraron a sus cajas de transporte. Bueno, Marla entró solita, a Nico hubo que re-empujarlo, luchando contra sus cuatro patas que se aferraban a cada esquina del marco de la puerta. Las cajas de transporte para viajes en avión deben cumplir con varios requisitos que no cumplen las cajas que venden habitualmente en los supermercados y veterinarias. Hay que informarse de eso también, y, posiblemente, si no se encuentran donde uno vive, es mejor comprarlas por Amazon. Por varias semanas, esas cajas estuvieron en la sala, como parte del entorno. Las conocían, habían dormido y comido en ellas. Lo que se les venía encima estando dentro de ellas era otro pisto.

Primer tramo del viaje: dentro de Chile, de una región del sur a la capital. El vuelo era de una hora y para esto sólo había que avisarle a la aerolínea que cada pasajero llevaba un gato, y pagar una tarifa según el tamaño y peso. Brotip: los animales no deben ir sedados, tienen que ir conscientes para que su cuerpo, aun si van durmiendo, funcione adecuadamente y pueda regular la temperatura y respiración. En vuelos cortos se les puede medicar levemente pero las regulaciones deben conversarse con el veterinario y la aerolínea.

Una tropa de amiguitos nos ayudó a llegar al aeropuerto. Los gatos maullaron buena parte del camino, y mientras los registraban y los llevaban a la bodega del avión. Los maullidos se los llevó la banda de las maletas. Llevaba meses ansiosa por el viaje, por que todos los papeles estuvieran en orden, por que no los perdieran en el camino, por que llegaran sanos y salvos. Y por fin el primer paso: los había perdido de vista. Sabía que la iban a pasar mal pero era necesario, y era temporal. Si es que todo salía bien.

El vuelo pasó rápido. Despegue, hasta pronto guapa cordillera de Los Andes, aterrizaje. Corrimos hacia la banda de maletas. Los maullidos de la Marla se escuchaban a lo lejos, y apareció la cajita tras la cortina de plástico, como una maleta más. Le seguía ese pequeño bulto que llamamos Macareno. Fuera de verse un pelín estresados, estaban bien. ¡Estaban bien!

Del aeropuerto nos dirigimos al centro de la ciudad. Haríamos una escala de un día en Santiago, gracias a un matrimonio de amigos que no repararon en alojarnos a los cuatro en su departamento(!), Dioselopague. Los gatos salieron de sus cajas nueve horas y ochocientos kilómetros más tarde. Temí que me clavaran las uñas, que me gruñeran y me detestaran, que salieran de la caja a esconderse y que se les cayera el pelo. No pasó nada de eso. No se veían afectados en absoluto. Se estiraron y comenzaron a explorar su hospedaje.

– Durante el viaje vayan atentos a las indicaciones y no se distraigan ni por un segun – ¡Uuuuuh, una ventana!

 

 

4 Respuestas a “Dos gatos que no saben que cruzaron el océano Atlántico (I).

  1. Clau

    octubre 27, 2015 at 6:04 pm

    Aparte de haber recibido esto a la vuelta del click al baby vrs cat “URL: http://theoatmeal.com/comics/baby_vs_cat
    Block reason: Forbidden Category “Humor/Jokes”
    Sí, yo sé, bien feo el modo del Mr Firewall empresarial.
    Pues eso bicha, que de este lado del continente los peques y yo pasamos también dias de angustia pensando en los gatos – y sus humanos – a ver cómo llegaban al temido otro lado del charco.
    Confiésote que me intriga mucho arquitectónicamente el viejo mundo, pero quien sabe si tenga el valor de pasar tantas horas sobrevolando pura agua, considerando el miedo al vacío sumado al miedo al mar abierto…en fin, qué lindura que ya estén los 4 instalados.
    Los queremos mucho.
    Talvez algún dia sé tus reacciones a mi parte del escrito colectivo =) , curiosidad de gato, entenderás.

     
  2. La Karina

    febrero 5, 2016 at 12:40 am

    Me he emocionado con la historia, felicitaciones por lo que hicieron, realmente son un ejemplo de responsabilidad, me encanta! Sólo me queda una duda: cómo lo hacen con la comida y sus desechos orgánicos (caca-pichi)?

     
    • Ligia

      febrero 6, 2016 at 4:41 pm

      Gracias por leer🙂 Las cajas de transporte que conseguimos (y la aerolínea así lo requería) traían dos platos hondos que se enganchaban firmemente a la puerta, y el suelo tiene un desnivel en los bordes en caso de que necesiten hacer sus necesidades, de modo que sus patas no estén en contacto con los desechos; también se les puede poner en el suelo algún material absorbente. Pero con el estrés del viaje, y estando dentro de la caja, los gatos suelen estar sin comer ni hacer sus necesidades. En el caso particular de estos dos gatos, conociéndolos, posiblemente comieron y usaron la caja de arena solamente en los puntos de la ruta en que los sacaban de la caja.

       

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