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Go, go, go, go, go.

06 Ago

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Por mucho tiempo, el llavero fue una pertenencia dolorosa. Llegó mí como un regalo y poco después le encargué guardar la llave más importante de todas. Abría la puerta a un lugar y a una persona que conformaban un mundo aparte, un hogar muy distinto al que había conocido hasta entonces. El llavero, la llave, ese mundo eran mi tesoro.

Pero un día tuve que devolver la llave. Funcionaba perfectamente pero ahora había alguien que cerraría la puerta cada vez que yo la abriera. De repente, o así parecía, mi existencia en ese mundo ya no era bienvenida. Lenta y súbitamente había sido expulsada de lo que hasta entonces consideraba el resto de mi vida. El día que decidí regresar la llave estuve rondando un rato, marinando en mi nerviosismo. Tenía la esperanza de escuchar que no tenía que devolverla, que la llave seguía siendo mía, que todo era un arreglo temporal, pero sólo encontré silencio y una mano abierta para recibir la llave. Mi llave. Ya no más.

Me sentí coja. Me faltaba una pierna buena para mantener el equilibrio y no me atreví a irme muy lejos de aquella puerta. Aun no registraba el exilio y no tenía adónde ir. Y así fue por mucho tiempo (uno de cipote es tonto). Llovió, hizo sol, vi ir y venir a quien una vez le diera sentido al llavero. Pero ya no venía hacia mí. Me pasaba al lado, en sueños y en la realidad, y se me encogían todos los órganos vitales.

Finalmente me fui. Qué difícil es emprender la marcha para alejarse, sobre todo con un miembro lastimado. Empecé a caminar y caminar, qué triste y qué lindo es no tener nada que perder. Cómo recorrer el mundo con una pierna rota, el aclamado musical. El best-seller. Me fui lejos, en el espacio y en el tiempo. Ese había sido el plan siempre, pero no así.

Por años no pude ver el llavero. Adonde fuera lo llevaba conmigo, escondido. Fue un regalo de alguien querido, demasiado tierno para deshacerme de él, demasiado contaminado por una historia. Hasta que lo saqué de su escondite y lo enganché al presente, a 8 GB y tres moáis.

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Hoy toca volver a caminar, volver a irme lejos. En retrospectiva, termino yéndome lejos porque lo cercano, lo familiar, me dice que no, no hay espacio para mí. Y eso está bien. Pronto se levanta el campamento en Chile y en las maletas va el llavero y sus nuevas historias. Otra vez me voy lejos pero esta vez es distinto: no tengo fracturas y el resto de mi vida se viene conmigo.

He can have his space
Yeah, he can take his time
And he can kiss you where the sun don’t shine
But, baby, don’t let him waste your time

 
 

3 Respuestas a “Go, go, go, go, go.

  1. Poli Impelli

    agosto 8, 2015 at 8:08 pm

    Me encantó!🙂

     
  2. Clau

    agosto 10, 2015 at 12:39 pm

    “el resto de mi vida se viene conmigo.”
    Eso es bello…y lo único que importa.
    Te acompaño en el sentimiento de no sentirse “propietaria” de ningún espacio.

     

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