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Huida involuntaria y culposa.

24 Feb

E.T. llama a casa:
“Me fui sin pensar que sería para siempre. No me espantaron las balaceras. A ninguno de nosotros lo habían levantado. Los bombazos solo eran en las casas de la gente mala. Huí solo de las calles polvorientas, del pueblo sin bibliotecas ni librerías. Cuando dejé Reynosa no conocía aún la vergüenza de su violencia. En esa época la frontera mexicana eran Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez. La frontera y su contrabando y sus putas y sus narcocorridos y todos sus clichés quedaban muy lejos de nosotros. “Aquí no es así”, decíamos indignados. Aquellas fronteras eran un malentendido, una injusticia para las demás. Para nuestras tierras de gente afanosa, recia, tosca pero honrada. Me fui sin saber que algún día tendría miedo de volver. Que me daría vergüenza admitirlo. Sobrevivir sin estar junto al peligro no tiene chiste. Te conviertes en un cobarde”. Seguir leyendo…

 

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