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25 Sep

Una vez chateaba con un tipo. Todo en buena onda hasta que me pidió la dirección de mi lugar de trabajo para enviarme flores. Le dije que no, gracias, que la intención tras su gesto no era compartida por mi persona. Me respondió que era probablemente porque a mí me gustaban novios golpeadores.

¿Qué?

Todavía no sé cómo se responde a algo así. Seguro una de las primeras cosas que algunos piensan al leer el párrafo de arriba es “¿y qué estaba diciéndole ella para que él hiciera tal ofrecimiento?”. Yo sé, usted quiere justificar la acción en apariencia caballerosa del tipo, pero le ahorro el contorsionismo mental: injustificable racionalmente. El contexto de la conversación era aquella época lejana en que los blogs salvadoreños florecían, y muchos de quienes escribíamos en ellos buscábamos entablar conversaciones entre nosotros por otros medios (los tiempos de bonanza de MSN Messenger). Instinto gregario con mentes afines. Quizás el “no más” no aplicaba a todos, como el Casanova que quería mandar flores. Hasta la fecha guardo cherada de esos tiempos, hombres y mujeres, gente que sabe que las posibilidades de interacción con otra persona -aun siendo ambos heterosexuales y de distinto género- trascienden el amor romántico.

Publicidad engañosa: *sólo* tres cosas a hacer *con* una mujer. Usted no puede jugar Smash Bros. con ella, ni conversar sobre el cambio climático, ni compartir una pizza con ella. No tiene más uso que ser receptáculo de su dramático romanticismo, deal with it.

Esa interacción fue bastante benigna, dentro de todo, y con mi subsecuente alejamiento digital el tipo no insistió (no conmigo, al menos). Digo benigno aunque realmente quiero decir que hay cosas peores. Esto no pasó a más, quizás porque no respondí explícitamente a esa acusación de que me gustaba que mis parejas me golpearan (¿?). Parte de recibir este trato es que una no sabe cómo responder. O sí sabe, pero no reacciona; por la sorpresa o porque simplemente la experiencia aconseja no hacerlo: Mujer brutalmente atacada por decirle a hombre que dejara de manosearla. Hay otra noticia de unos hombres que atacaron a otro hombre que les dijo que dejaran en paz a unas mujeres; no hallo la noticia pero para que se vea con algo más de claridad de qué va este asunto.

Hay gente, como la Virginia (y usted ya habrá visto que en este blog se le tiene en alta estima), que sí se atreve a defenderse, a pesar del riesgo. Tampoco es que su defensa haga que estos cabrones se den cuenta de lo que significan sus acciones:

La víctima de mi hombro briggittebardotesco no tuvo suficiente con mis esquivas ni sus roces, sino que, a altura de Metrosur, decidió abrir su pantalón y empezar a masturbarse sin más. Lo próximo que supe fue que mi puño se encontró con su nariz y que, tras el crack respectivo, el maje huyó diciendo “agradecida deberías de estar, puta”. Yo temblaba de la cólera. Nadie en la 44 llena a reventar dijo ni mu.

[…]

Volteo para reclamar y el maitro encuentra mi mirada mientras estruja mis nalgas y se humedece los labios con la lengua. Mi mano derecha, en donde ya llevo las llaves de mi casa, no puede evitar precipitarse a la mejilla del señor y enterrar la llave del portón tan hondo que lo hace sangrar. Mi culo pierde su encandilante magnetismo de repente y el señor empieza a decirme zorra de mierda. El microbús para. Yo escupo en la cara del sesentón. El motorista entiende qué ha ocurrido y arranca antes de que el señor pueda perseguirme.

Esto es atroz. Anita Sarkeesian es una vlogera que analiza el trato que los medios de comunicación y la industria de los videojuegos hacia las mujeres (aquí, recomiéndola; dice muy bien que uno puede muy bien consumir media sin dejar de ser crítico de sus contenidos). Su último video, sobre el uso de la violencia sexualizada hacia las mujeres a modo de decoración, hizo que la amenazar con violarla y asesinarla (link en inglés, link en español) al punto de hacer pública la  dirección de su casa y de sus padres. La ola de amenazas y acoso sexualmente explícito que recibe es impresionante, y más impresionante es que lo soporta.

“Como si no fueran suyas, las manos de Javier se aferran al cuello de Sandra”. ¿Cómo que como si no fueran suyas? ¡Sí son suyas! ¡Carajo! “se comporta como si otra persona tomara posesión de él” y entonces ahorca a Sandra. ¡La ahorca! Y entonces ¡se asusta! ¡pobrecito!

Y decide  d e s  c u a r t i z a r l a.

Aparentemente debemos empatizar con el pobre Javier porque los charcos de sangre lo hacen vomitar y tiene asco de la mujer que acaba de matar. En la misma línea de pensamiento, la bota a la basura.

Después el periodista nos explica que Sandra vivía en un barrio de mierda y ella era una jovencita temeraria que “salía todos los días”. (A todas les pasa por putas).

[…]

No estoy “hilando fino”. Los juicios contra la mujer, todas las disculpas del crimen, como si ella le hubiera jodido la vida por “provocarlo” (es la palabra que usa el autor) a matarla, son permanentes. Sin lugar a dudas, todo el texto es una apología al feminicidio. Es lo de siempre, echarle la culpa a la víctima, justificar al asesino. Decir que fue un “crimen pasional”. Otro lugar común es tratar de disculpar al criminal diciendo que es un loco, un esquizofrénico, que fue la enfermedad. Pues no todos los locos y todos los esquizofrénicos van por ahí matando mujeres, y aún si lo hicieran, la enfermedad no justifica de ninguna manera un asesinato. Los hombres que matan a las mujeres no son desviados ni anormales, la escalofriante verdad es que el feminicidio es de lo más normal.

El joven que descuartizó a su novia (y tocaba el piano)

Es importante saber usar el lenguaje, y eso pasa por cuestionar cómo pensamos. Lea los eufemismos que perpetúan el abuso: Una mujer no muere “por culpa de un mensaje de Whatsapp” o “por celos”; una mujer no sufre violación “por una minifalda”:

¿El título? “El trágico amor de un cuarentón por una niña de 13 años”. ¿La realidad? Un pedófilo de 40 años asesinó a una niña en un pueblo español. ¿Estamos realmente hablando de un “trágico amor” o estamos hablando de una historia de abuso sostenido, terminado en crimen? ¿Es responsable dar cuenta de esta manera de un crimen de tales características contra una menor de edad?

Si España queda muy lejos, aquí hay una noticia made in El Salvador:

Eduardo Amilcar Larín, de 53 años, quien es acusado de haber asesinado a su compañera de vida de 19 años y lesionar a la hermana de ella, se preparaba para escapar a Guatemala con la intención de viajar de forma ilegal a Estados Unidos […]

“Por la diferencia de edad, creemos que maltrataba constantemente a su compañera de vida porque ella tenía 19 años, era cuestión de inseguridad, de celos, fue hasta así que esta situación llego hasta el punto de que él le quitó la vida a su compañera de vida”, dijo Marroquín.

“Eran problemas de familia (celos), me humilló, arrastró mi dignidad por el suelo, me hizo pedazos, me toco mi ego como hombre”, dijo Larín mientras era presentado en la Policía. Agregó que “no sé lo que pensaba, estaba loco y le pido perdón a la familia, ella también me golpeaba, si vieran mi frente, ella me golpeó, nos íbamos a ir a Estados Unidos y ella ya no se quiso ir”.

Por cierto, este día dejaron libres a los acusados del crimen de Katya Miranda, que involucró a su padre y a su abuelo. Katya Miranda, a sus nueve años, fue raptada de un rancho en la playa donde dormía entre miembros de su familia, y fue violada y asesinada cerca de ese mismo lugar.

 

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