RSS

Chincolito.

05 Jun

Tengo recuerdos de mi infancia y niñez, en los que un gato huye de mí. Es una secuencia de un segundo y no sé si es un sueño, un temor o algo que pasó. No hay contexto ni entorno, lo que recuerdo más bien es un sentimiento, un sentimiento de pérdida al ver a ese gato alejarse de mí.

Todo eso vino a mi mente mientras trataba de atrapar un gato hace algunos meses. Lo había escuchado maullar constantemente por un par de días, era un maullido alto y claro, sobre todo desesperado, a veces amplificado cuando llovía; porque en esas ocasiones se metía en cocheras. Me asomaba a la venta de vez en cuando hasta que lo vi: un puntito gris entre los charcos, a media calle, la calle que se ve desde el departamento.

Bajé al final de la tarde, cuando el temporal estaba en pausa. Caminé por el pasaje. Escuché un maullido y me asomé bajo unos arbustos: ahí estaba, un gatito de algunos meses, con los ojos cerrados por lo que parecía una infección. Dediqué un buen rato a intentar atraparlo: se escabullía de casa en casa y cuando por fin pude hacer que se acercara, dejándole un caminito de atún, un señor se me acercó sin la menor consideración y lo espantó. Era el dueño del jardín donde yo estaba parada. “¿Es suyo?”, le pregunté, mirándolo desde abajo porque estaba acurrucada. “No”. “¿Le molesta si me lo llevo?”. No recuerdo qué me respondió, algo como que no llevaba días rondando las casas con otro gato, uno negrito. Le dije que ese estaba muerto unos metros más allá, yo lo había visto al andar por el pasaje.

IMG_20140109_153747

Más tarde, el solidario señor Sepúlveda se unió a la cruzada, elaborando una trampa para gato digna de las caricaturas: una caja, atún, un palo y una cuerda. Para entonces el gatito se había escondido en la cochera de otro señor, que se parecía a Charlton Heston en Wayne’s World 2 y era la mar de amable. Pero llegó la noche, el gatito se perdió entre la huerta del señor Heston y cancelamos la misión; a pesar de la lluvia se escuchaban los maullidos hasta el departamento.

Al día siguiente, siguió el temporal. El señor Sepúlveda intentó atraparlo a mediodía y se le escabulló de entre las manos. Al final de la tarde, volvimos al pasaje y perdimos la vergüenza, tocando a la puerta del caballero que me había espantado al gato el día anterior. El gato estaba al fondo de su cochera y le pedimos permiso para entrar. También resultó muy amable, nos dejó entrar y nos dijo que él a veces le daba queso. No se le da queso a los gatos, tampoco leche, son intolerantes a la lactosa. Pero qué iba a saber el buen maitro. Sólo le sonreímos.

El gatito se escapó de nuevo, hacia la casa de Charlton Heston. Su hijo nos abrió la puerta, diciendo que su padre le había hablado sobre nosotros. No puedo recordar cuánto duró la eternidad que nos llevó tomarlo, pero finalmente el gatito corrió a esconderse entre una montaña de leños, de donde una mano valiente lo arrancó para depositarlo en una cajita plástica. Me llevé la cajita plástica al departamento, con una alegría de padre y madre: casi 24 horas para atraparlo a esta minucia. Por un momento había pensado en dar la causa por perdida. El gatito temblaba dentro de la caja y traté de acariciarlo para calmarlo. Apenas metí la mano me bufó. Había olvidado que era un gato salvaje.

O lo fue hasta que, una hora después, mi amiga veterinaria lo tomó en sus manos: el pequeño comenzó a ronronear. Y así pasó a revisión médica: desnutrición, infecciones, un sistema inmune por los suelos y todas las consecuencias de ser un infante vivir a la intemperie, que su hermanito no soportó. Nada que no pudiera tratarse, por suerte. Se quedó en la veterinaria semana y fichas, y cuando estuvo sano, castrado y vacunado llegó a la casa, al reino de Marla Teodora y Macareno. Aquí hay un video sobre cómo introducir un gato nuevo al hogar, que fue lo que pasó aquí. Y mientras mezclábamos olores, el hoy llamado Chincolito*, se acostumbraba a a recibir cariño.

* A las criaturitas que rescato suelo ponerles nombres provisionales a partir de series que estoy viendo. Aquí estaba viendo That 70s Show, pero es horrendamente sexista (y eso más allá del contexto setentero, es que los brodudes acosan y cosifican una barbaridá a los personajes femeninos). Puede que sea un spoiler pero prefiero llamarlo desde el principio Chincolito, el nombre que le puso la que ahora es su familia.

chinco1

Chinco2

Mire cómo le costó acostumbrarse.

Macareno entró al cuarto donde mantenía a Chincolito y se hicieron amiguitos pronto. Recuerde que Macareno es un gran chero. Por otro lado, la primera vez que el gatito salió a explorar la casa, encontró mi cama. Y durmió por días, como para sacarse de una vez por todas la experiencia de haber vivido a la intemperie y en permanente estado de alerta.

Chinco7Chinco3 Chinco4 Chinco5 Chinco6Chinco8

Después de mezclar olores, mezclamos la comida. ¡Concentrado para todos!

Chinco9

Quién más la gozó fue Macareno, a quien además hay que agradecerle, una vez más: él fue prácticamente quien preparó a Chincolito para la vida en sociedad. Él mismo es un gatito rescatado, pasó sus primeros meses abandonado. Pero Macareno es bien zoquete y no creo que se acuerde, como para decir que estaba retribuyendo a la sociedad. Es un buenazo nomás porque es su naturaleza:

Chinco12

Protip: los dos son “marca” Tabby.

Chinco10 Chinco11 Chinco13 Chinco14 Chinco15 Chinco16

Chincolito se volvió un amor: ronroneaba con locura y siempre estaba dispuesto a lamerle la cabeza a quien fuera. Ya no quedaba nada de aquel gatito huidizo y temeroso. Se acercaba a las visitas con toda confianza y aprendió a tomarse selfies con mi cámara.

Chinco17

Chinco18

Tiene nariz de tigre, mire, ve.

Se ganó el corazón de la Marla Teodora, lo cual hasta ahora ningún huésped había logrado. Escuche lo alegre que ella se ponía cuando veía corretear a este par de compadres:

Pero semanas más tarde:

IMG_1903

Chincolito fue adoptado por una compañera de trabajo del señor Sepúlveda, ahora es parte de una linda familia. Recibo actualizaciones frecuentes sobre él, sé que ya está más grande, que es un zángano hecho y derecho y que pasará el invierno calientito, al lado de una estufa o bajo las sábanas de alguno de sus humanos. Al señor Charlton Heston lo vi una vez más (justo me encontró en medio de otra mandrakada, mientras me encaramaba a un muro porque había un perro callejero atrapado en ese predio) y le alegró saber que la historia tuvo final feliz. Macareno pareció tristón un par de días tras la despedida, pero resultó que Chincolito le había contagiado una infección en la piel.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: