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Los terremotos y nosotros.

04 Abr

Pasó el terremoto de este martes 1° de abril, en la zona norte de Chile, y se me fue todo. Vivo muy lejos de ahí, es casi como otro país. Tampoco vivo en una ciudad costera por lo que no tenía que preocuparme de la alerta de tsunami. Me sentí un delicado trébol de cuatro hojas con todos los mensajes que recibía de familia y amigos preguntándome si estaba bien.

Pero se me fue todo por un rato. Primero por angustia vicaria; los movimientos de tierra me parecen fascinantes pero sus implicaciones materiales y sociales son devastadoras. Después el temor de que el tsunami llegara al pequeño El Salvador, a quien se le da tan mal la prevención en todo nivel. Luego estaba el hecho de que conozco a algunas personas de Arica, porque fui hace algunos meses y me recibieron con los brazos abiertos. Y por último, porque la noche del terremoto yo tenía que haber estado en Arica, por la misma razón por la que fui la primera vez. Pero unos días antes me pidieron que cambiara el pasaje de avión para la semana siguiente (y ahora tuve que cambiarlo otra vez, para más adelante). Por un momento me imaginé entre el caos de la gente evacuando hacia los cerros en medio de la noche, tratando de traer conmigo perros callejeros que me encontrara en el camino.

A pesar de todo esto, no me asombra que una semana antes saliera el Mago Yin y otros “prediciendo” el terremoto. Antes que él, había leído de científicos que decían lo mismo, y con mucha más disposición a explicar en qué basaban sus estimaciones. Recuérdole, lo único que se puede predecir es la probabilidad de que ocurra un evento.

Hablando de prevención, veía un noticiero que cubría el terremoto. Lo veía con envidia, en el momento en que un señor hablaba sobre cómo los edificios en Chile simplemente no pueden caerse: la norma lo establece así. No se caen durante el terremoto, aunque si quedan muy dañados deben demolerse después. Y pensaba en cómo tienen bien señalizadas las rutas de evacuación en caso de maremoto y de erupción volcánica, y pensaba “deme mil de esos para mi país”. Aquí le hablarán con vergüenza de los saqueos y las histerias acaparadoras que ocurren después del magno evento telúrico, pero, al menos comparativamente, tienen una preparación envidiable.

Por qué los chilenos no corremos cuando hay terremotos

[…] Eso hace que desde niños nos hagamos a la idea de que los temblores serán una constante en nuestras vidas. Es inevitable. Antes o después, el suelo se moverá bajo nuestros pies.

Yo digo, “¡Oiga, en El Salvador también!”.

Desde niños participamos regularmente en simulacros organizados en los colegios y aprendemos que mantener la calma y evacuar en orden es más seguro y eficaz.

Ahí sí le voy a quedar mal. Recuerdo uno o dos simulacros en el colegio, sobre todo después de los terremotos del 2001; teníamos que ponernos un cuaderno en la cabeza y salir en fila, los que estaban contra los ventanales salían primero. Pero en un temblor deadeveras un profesor salió corriendo del aula sin sus alumnos, y otra profesora se apresuró a cerrar la puerta con los estudiantes adentro. Aun más, pasé buena parte de un año escolar sentada bajo un pedazo de cielo falso que amenazaba con zafarse cuando ocurriera un grado 4 (mire, yo en mi clasemediez medio aburguesada fui a un colegio bastante bueno, que incluso tenía un área segura adonde evacuar, si lograban arrear a tanto puberto en crisis. Pero mal ahí con ese pedazo de cielo falso).

También sabemos que un gran número de edificaciones cumplen estrictas normas antisísmicas que hacen más difícil que se derrumben.

Por supuesto. En mi vida en el terruño sólo conocí un edificio antisísmico. Tuve la suerte de experimentar un temblor ahí y doy fe de que se mecía galán.

La orden de evacuar fue difundida por mensajes de texto a celulares y en Twitter, y reforzada por sirenas en barrios donde la gente practica regularmente simulacros de terremoto.

Pero el sistema tiene sus limitaciones: el gobierno todavía tiene que instalar sirenas de alarma de tsunami en Arica, dejando a las autoridades a gritar las órdenes por megáfono. Y menos del 15% de chilenos han descargado la aplicación de smartphone que alerta de órdenes de evacuación.

Nuevas evacuaciones en Chile tras fuerte réplica

Todavía es mejor que tener que ir a la playa a ver si el mar ha retrocedido.

 

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