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En un segundo.

12 Ene

En un segundo, escuché un estruendo y volteé para encontrarme con un carro blanco dando un frenazo en medio de la intersección, y a un carro gris girando sin control e impactando a un peatón que estaba en la mitad de la calle. Como en una película, más bien como en una pesadilla. Tengo congelada la imagen del señor siendo lanzado al aire por el carro gris con su lado izquierdo destrozado. Yo estaba en el asiento trasero de un colectivo, en el carril hacia el sur. El carro gris se tiró el semáforo en rojo hacia el norte. El peatón, un señor mayor, estaba cruzando la calle con dos personas. Justo acababa de cruzar por el paso de cebra frente al colectivo en el que íbamos.

Desde la imagen congelada me volteé al interior del colectivo y vi al señor Sepúlveda marcando el número de Carabineros (la policía) y me dijo que llamara una ambulancia. Saqué mi teléfono, consciente de que no tenía ninguna habilidad que me volviera útil en la escena del accidente. Recordé que hace mucho guardé los números de emergencia para situaciones como esta, pero ahora miraba mi teléfono como si no supiera cómo funcionaba.

Marqué los tres dígitos automáticamente y me salió una grabación a la que no escuché por escuchar a una de las mujeres gritarle al conductor del carro gris. Esa voz me hizo voltear de nuevo hacia fuera del colectivo, y vi en el carro gris, en el asiento trasero, un cabrito (un jovencito) sentado erguido y con su cabeza ensangrentada. El peatón estaba sobre la calzada sin moverse y escudriñé los rostros de la gente a su alrededor para hacerme una idea de su estado. Los rostros eran demasiado confusos.

Me di cuenta que ya estaba hablando con la operadora y el colectivo estaba moviéndose. El semáforo se puso en verde para los carriles que iban al sur. Dos cuadras después yo seguía dándole información a la operadora a pesar de que no registraba lo que me preguntaba. Cuando colgué tuve que retroceder toda la conversación para asegurarme de que lo reportado era correcto: la calle, el número de heridos que había visto, mi nombre.

El colectivero se despidió de nosotros diciendo que seguía “tiritón”. Pensé en el señor que conducía el carro gris que quedó destrozado del lado izquierdo; era un extranjero que cumplía el estereotipo que aquí se tiene de la gente de su país, el ser pésimos conductores. Me pregunté si se sentiría culpable por su irresponsabilidad, una irresponsabilidad que es la norma y es hasta valorada en la cultura vial de mi país. Pensé en el niño con su cabeza sangrando en el asiento trasero y sobre todo en el señor peatón, que sólo estaba esperando su turno para cruzar la calle.

Cuando nos bajamos del colectivo, caminamos con paranoia viendo a todos lados dos veces en cada semáforo, a pesar de que el centro de la ciudad está desierto en domingo. Eso fue hace algunas horas. El señor peatón, no dejo de pensar, de verdad sólo estaba esperando su turno para cruzar la calle.

 
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Publicado por en enero 12, 2014 en Desastres poco naturales, Jue!, Personitas

 

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