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To the northernmost of the northernmost, Johnny.

17 Oct

Saludos desde Arica. Arica y Parinacota suena a mi ex profesor de piano tratando de meter muchas notas musicales en un solo tiempo. Y llegué en los días en que se celebraba el sexto aniversario de la existencia de esta región. 

Habitualmente mis compañeros de trabajo son gatos y yo estoy bien con eso, pero se necesitaba a alguien que viajara casi 3,000 kilómetros al norte para interactuar con gente. Tuve muchas semanas para pasar del pánico a la paz al respecto. Agarré una maleta y me fui a ejercer mi oficio, que nada tiene que ver con esto:

“Mire cómo sacude los hombros cuando habla, ¡mírela!”.

Bajé del avión a medianoche y alcancé a ver las luces de la frontera con Perú. Bolivia tampoco está muy lejos. Todos los días de mi estadía escuché que si uno visitaba Arica debía visitar Tacna, la maravillosa Tacna con sus tratamientos dentales de gran calidad a 20 dólares, pero fracasé. No me alcanzó el tiempo y no estoy segura de que me hubiera alcanzado la nacionalidad. Me contenté con ver el horizonte peruano, que ya era bastante para mí.

Con la luz del día, pude ver mejor toda aquella aridez. La primera expedición fue a la universidad a la que me mandaban, que parecía un oasis con tantos árboles en campus y montañas de arena a su alrededor. Las palomas se echaban en tierra como perritos y un pájaro cantaba como sapo. Felizmente, le llaman la ciudad de la eterna primavera (no es la única, pero eh); el sol tiraba patadas a quien se parara bajo él, pero hacía viento y no era desviación social andar con chaqueta. Más adelante me enteré de que es la zona más árida del planeta, al menos la más árida habitada. Tampoco es para decir que nunca llueve, hay años en que sí.

Mi primer amiguito.

Mural en la universidad.

El encargado de atención al cliente en el hotel.

D:

Como dice mi señor padre, donde uno va siempre hay un samaritano. Mi semana se veía tan monumental y desoladora como los cerros a mi alrededor, sobre todo con lo que cuesta traspasar la burocracia de algunas carreras universitarias. Pero una profesora de espíritu guapachoso fue mi salvación, en lo profesional y en lo personal, tomando cada oportunidad que se asomaba para mostrarme los alrededores. Su pareja, un físico oceanógrafo (!) retirado también aportó con mucho kilometraje y más conocimiento sobre la región del que puedo recordar.

Gracias a ella, una de mis más aversivas tareas de la semana se convirtió en una excursión por el desierto, saliendo de Arica y pasando por los valles de Azapa y del Lluta, tremendamente productivos a pesar de la apariencia del entorno: aceitunas, maíz, tomates y otros productos para exportación. En algún momento probé aceitunas rellenas de queso de cabra y mermeladas caseras de mango.

Campus en el valle de Azapa.

Mish.

Este perro y su chero en la foto de abajo agradecían la atención de la gente manchando la ropa con sus patas enlodadas. Con uno compartimos una empanada. Más adelante, dos estudiantes que perdieron el bus (un bus que hacía pocos viajes en el día, de Arica al campus de Azapa y viceversa) les compraron un pan a cada uno.

Flores del desierto (por favor no use esta línea como piropo).

Plantaciones. Deme quince.

A su izquierda, el lecho de un río. Sin río.

Del valle de Azapa se sube por El Águila hasta llegar a esta planicie…

…y se cruza la planicie…

…y se sigue cruzando…

…hasta llegar al valle del Lluta. De ahí abajito uno agarra de vuelta a Arica o hacia Bolivia.

El Morro de Arica en la lejanía.

El Morro de Arica en la cercanía.

Archívese en el álbum “Playiiita”.

Playa Corazones, donde las rocas están cubiertas por guano. Bien agradable el aroma de ese lugar.

Vista desde un supuesto museo in situ en honor a una momia chinchorro. Se estaciona el carro al lado de la carretera y se sube por un cerro agarrándose a una baranda, hasta llegar a una cueva. Llegué a la cueva, me asomé y juuuueeeee…no había nada. Los barrotes a la entrada de la cueva habían sido forzados.

Gary Tapia es el “Urge Remberto” ariqueño.

LOL

Museo de las momias Chinchorro. Ahí asustan.

Lúgubre y todo, pero el proceso de momificación era fascinante.

Vista desde el señor Morro.

Recuerde “las casas de cartón”, aunque sobre estas no caiga la lluvia.

*baila en un ladrillo*

Buscaba en Google Maps cómo llegar de la universidad al único Subway de la ciudad, cuando vi un montón de storm troopers en el mapa. Pero al hacer el acercamiento me desengañé. Di con el Subway, estaba relativamente cerca, pero no tanto como ir caminando bajo el sol en un lugar que parece zona de construcción permanente. Hablando de comida, los menús de almuerzo de la universidad resultaron ser un carnaval para mi paladar y para mi presupuesto. 

En el agro, un mercado bien guapo, me regalaron maní boliviano y pululos, que evocan a las Muelitas Diana sin caramelo y esponjosas. También vendían maca y hojas de coca, que me aconsejaron no comprar. El centro tiene un área peatonal y había descendientes directos de esclavos haciendo un baile tradicional. Vi letreros en la universidad que decían “esta universidad le pertenece a Jesús”, de un grupo estudiantil diseminado por todo el país. Anduve sola la mayor parte de la semana (sí, yo sé) y en mis temores no se incluía que un par de jovencitos de esta congregación se me acercaran para preguntarme cómo era mi relación con Dios (una pregunta invasiva, sea uno creyente o no, a la par de “¿y los hijos, cuándo?”, quiera uno tener hijos o no) y recitarme lo que siempre recitan. Esa tarde al volver de la universidad bajé a la playa, a unas cuadras del hotel, y me saqué de la cabeza la interferencia de esos jovencitos.

El vuelo era de madrugada, pero mi estado de vigilia fue generosamente recompensado con el sol abriéndose paso entre la cordillera. Las cadenas de montañas parecían siluetas de dinosaurios en éxodo. Estuve largo rato observando nubes en el horizonte, de las que ocasionalmente salían relámpagos anaranjados y me dio algo. Pero algo bueno. 

George Harrison lo sabe.

Muchas horas después, todo era verde.

 
5 comentarios

Publicado por en octubre 17, 2013 en Criaturitas del Señor, Imágenes, Jue!, Turis-turista

 

5 Respuestas a “To the northernmost of the northernmost, Johnny.

  1. hunnapuh

    octubre 17, 2013 at 8:02 am

    Pues será muy bonito verlo en fotos pero yo personalmente odio el desierto y realmente lo único que se me ocurre que debería haber ahí es una buena mina de cobre, carbón, oro o lo que sea. Por mucho Dune que haya leído no me gusta el Desierto y si no se tiene alma de capitalista entonces lo único bueno que se puede hacer sería un trabajo serio de selvatización algo así como un ensayo preliminar para terratrasnformar marte, aunque eso implique volarle la cabeza a las montañas para que dejen pasar nubes, traer agua desde el polo sur y no se que más para acabar ese desierto.
    La zona oriental del país allá por La Unión, es decir San Alejo y aledaños es buen lugar para un experimento de esos. Acabar el desierto.

    Muy buen post por cierto. Esta etapa de tu vida te marcará para siempre. Ojalá no tuvieras que regresar nunca… en buena onda.

    Saludos.

     
    • Ligia

      noviembre 7, 2013 at 7:52 am

      Somos dos, don Hunna. Bueno, sí me gustó ver el desierto pero no como para quedarme por mucho tiempo. Daban ganas de llevar arbolitos y sembrarlos a diestra y siniestra. Pero como ecosistema, es impresionante.
      Gracias🙂 Estoy trabajando en el no-regreso, triste o felizmente, según se vea. Saludos revira-contra.

       

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