Rock del arbolito.

No se trata de salvar arbolitos por capricho o moda al estilo treehugger. La tala ilegal de madera trae consigo trabajo forzoso en condiciones cercanas a la esclavitud, las mujeres contratadas como cocineras en los campamentos madereros son violadas por hasta veinte o treinta taladores que trabajan ahí; las comunidades vecinas suelen ser estafadas o saqueadas de sus especies forestales más valiosas; los funcionarios del Estado que no aceptan coimas son amenazados, atacados e incluso asesinados; y los bosques primarios son depredados, con lo que se destruye el hábitat de especies en peligro y se liberan emisiones de gases que agravan el cambio climático. Esta cadena de desastres se sostiene por dos motivos: descansa en un sistema de corrupción que destruye la esperanza de un gobierno justo y también porque a nadie en la capital, tan lejos de los bosques, le importa el problema.

[…]

Las guitarras son el instrumento musical más popular y versátil del mundo: se tocan en iglesias protestantes, conciertos de death metal y orquestas folclóricas. Sólo en Estados Unidos uno de cada cien ciudadanos compra una guitarra cada año: todos juntos formarían un país del tamaño de Uruguay. Bob Marley tuvo siete guitarras, y una de ellas es un tesoro nacional del gobierno de Jamaica, valuada en dos millones de dólares. Cuando Barack y Michelle Obama visitaron Francia, llevaban una guitarra acústica —nada menos que de Gibson— para regalar a Carla Bruni-Sarkozy. Igual que un violín, una guitarra mejora con el tiempo. La madera, según los expertos, se endurece y resuena con mayor intensidad. Ken Parker, un lutier cuyos clientes incluyen a Lou Reed, Paul Simon y Pete Townshend, ha declarado: «el sonido de una guitarra antigua es, en parte, un eco de lo que hemos perdido: palo de rosa brasileño, marfil de elefante, abeto maduro y caoba —los mejores materiales acústicos del mundo—». Hoy es casi imposible conseguir la mayoría de estos materiales porque hemos ido acabando con las especies. Cada árbol que cae de manera ilegal es de algún modo un voto por el silencio, el principio del fin de ciertas melodías que sólo se producen con maderas preciosas.

Un concierto de rock por los árboles.

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