Veni, vidi, valí-veinte: Viña, Valparaíso.

Saludos desde Viña del Mar y desde Valparaíso, que están al asito. El sol se esconde en cada viaje que hago, desde la primera vez, pero mejor viajar en clima nublado que no viajar (con apreciables excepciones). Salí de mi casita a las 11 de la noche y llegué a Viña a las 9 de la mañana del día siguiente. Apenas tuve tiempo de conocer mi alojamiento, regocijarme por tener la vista de la foto de arriba, acicalarme y tomar colectivos y metro hasta Valparaíso, donde debía estar antes del mediodía porque tenía que dar una ponencia en un congreso. Jaja.

Llegué a tiempo, dije lo que tenía que decir y me aplaudieron. A’pues muchas gracias que vinieron a verlos. Y ahí me acordé que no había comido desde anoche. La teoría de los genes ahorradores dice que nuestros antepasados cazadores y recolectores pasaban largos periodos en ayuno y por eso su organismo administraba con cuidado la insulina. Pero ahora esos genes no nos sirven frente a un estilo de vida sedentario y lleno de comida chatarra y por eso hay más prevalencia de algunas enfermedades crónicas en ciertas etnias (no se haga, usted también es de alguna etnia). En fin, es una teoría especulativa así que aconsejaría no hacer tanto eco de ella. Estas teorías son unas loquillas. Sólo me acordé de eso porque era parte de la ponencia y porque había pasado 18 horas sin comer con la supuesta tranquilidad estomacal de mis antepasados recolectores.

La cantidad de perros y gatos en las calles es impresionante. La mayoría callejeros (no como este caballero) aunque, salvo un par que vi, bastante maiciados. Y había gente que les hacía casitas o les dejaba recipientes con agua amarrados a postes. Ternurita.

La casita amarilla al fondo es un ascensor, que tanta falta hace en una ciudad construida en cerros. No me dio tiempo de subirme a ninguno de estos ascensores, pero en mi defensa, alcancé a subirme al teleférico de San Jacinto allá en mis años mozos. Y nótese a Don Gato en la puerta de la casa azul.

Restaurantes de naturaleza intrigante ebrigüer.

Valparaíso tiene partes bonitas pero, como todos los que hemos poseído una ciudad portuaria sabemos, es muy difícil mantenerla totalmente limpia, ordenada y sin olor a pececito.

SEEMS LEGIT. Pero sí, una vez que pasé por ahí había mara adentro ensayando.

Gatitos de graffitti.

Mi estadía fue como A hard day’s night, siempre con al menos una persona de mi grupo vestida para el éxito (el exponente de turno), correteando entre edificios de colores y en cuestas. No son cuestas directas, que llevan del punto A al B en línea recta. Son laberintos de calles donde hay que subir, bajar e inclinarse a los lados. Andábamos en manada y nuestras ponencias en el congreso eran a horas que partían en dos o tres la jornada, y así es difícil ser turista.

Como aporte a la figura de ser prisioneros de los horarios, la sede del congreso solía ser una cárcel. Las salas donde se daban las ponencias eran celdas, asumo, por la fina arquitectura de cemento y barrotes que aún engalanaba buena parte del recinto.

Tenía otra ponencia al día siguiente. Jaja. Llegamos tarde a esa, porque buscar movilización en esa ciudad es valer veinte. Los colectivos parecían ser escasos, los taxis que llamábamos no llegaban; el metro se atrasó estrepitosamente cuando iba a la segunda ponencia. La primera noche estuvimos una hora  en la calle esperando. También casi perdemos el bus a casa tres días después, porque el taxi que llamamos no llegó y los otros dos servicios de taxi que intentamos no contestaban, hasta que pasó un colectivo que no venía al caso. Parida de enanos aparte, alcanzamos a pulular por lugares relevantes.

Lo que es el anfiteatro de la Quinta Vergara. La quinta me recordó al Cafetalón.

Museo Fonck (“Museo del funk”, aparentemente, para el oído no entrenado, y así es como se generan falsas expectativas). Historia natural, arqueología, Isla de Pascua. Viva la Polinesia, men.

Moai Forever Alone. 

Restaurante con precio excesivo, pero uno puede manchar o dejar su foto en cualquier parte del lugar, incluyendo el techo.

Voy ahí con liquid-paper.

Entrada al restaurante con precio excesivo* (no es restaurante, me dijeron, es más como una “picá”). *Precio excesivo porque sólo venden una cosa, a juzgar por la falta de menú; sólo cambia si es para dos o para tres personas.

Café-restaurante white-stripesco (rojo-neglo-blanco), que en el mueble al fondo tenía a la venta un patito de goma que era vibrador.

Avistamiento de celebridades de la literatura: don Pablo Neruda y doña Gabriela Mistral, chillin’.

“¿Y por qué no?”, “¿Desde cuándo?”, “¿Y las proteínas?”. La vieja, sólo dije “no, gracias” cuando me ofrecieron un rollo de jamón y agarré otra cosa. Sé que a pocos les cae en gracia las campañas de vegetarianismo, pero no todos andamos diciéndole a otros qué comer o no. No me molestaría explicar mi punto de vista pero quienes preguntan tienen más interés en refutar mis razones que en comprenderlas. No me molestaría si no me insultaran con el “las plantas también sienten” (alguien pásele el Valecillo de 6° a esta gente, plz). Tomé esta foto por el rótulo de la vía de evacuación, pero ahora que veo lo que estaba escrito  abajo en el muro, me acordé de ese momento incómodo en que sólo quería levantarme de la mesa e irme a comer lo que yo quería sin que me jodieran. 

Parte de la vista desde La Sebastiana, la casa de Neruda en Valparaíso. Pero ese es otro pisto.

Este es Valparaíso, pero hablando de cangrejitos en bicicleta, algunas partes de Viña se parecen mucho a la Escalón y otras zonas del gran Jansalvador construidas en lomas. Había una curva con una gasolinera que se parecía mucho a la subida a los Planes *Nostalgia*

Al tercer día, teníamos que tomar bus de regreso a las 9 pm. A las 7 pm, salió el sol. Wiiiiii. 

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4 respuestas a Veni, vidi, valí-veinte: Viña, Valparaíso.

  1. emiliovelis dijo:

    Yeah chera, que vacil más chivo.

  2. alan dijo:

    Apuesmucha’graciaj que los llevo al trip. Solo que don Pablo y la nia Gabis se ven mero tetelques, sem’ihace que ya tenian ratos de estar esperando que los atendieran…

  3. Victor dijo:

    Juela chera. Excelencia académica prestigio y proyección, nacional e internacional.

  4. Pingback: Del tren a las casas que asemejan barcos. | Qué Joder

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