Usted y la perversión del cargo público.

Hoy, en su tan gustado programa, Virginia y Ligia Lo Explican Todo:

Como ya es costumbre en eras pre-electorales, estamos inundados de propaganda partidista a niveles obscenos. En esta ocasión, es de hacer notar, el contenido de la misma  raya en el absurdo. Pero para variar un poco, no vamos a centrarnos en la austeridad con que los políticos ejercen su facultad de raciocinio, sino en el comportamiento del electorado. Después de todo, el electorado somos nosotros y estamos haciendo un pésimo trabajo. Siempre lo hemos hecho. Lo peor: el comportamiento de la clase política y la línea discursiva que transmite a través de la propaganda responde a las características y reacciones que se esperan del electorado. Si nos hablan como idiotas es por algo.

No crea que el síndrome “los diputados no me representan y son unos ladrones” es exclusivo de nuestros lares; a nivel internacional, los cargos parlamentarios no gozan de mucha credibilidad. Es un problema de representatividad política. En las repúblicas (recordemos que existen gobiernos federales, republicanos y monárquicos, siendo El Salvador una república democrática y representativa, según el artículo 85 de la Constitución), el diputado es “el representate del pueblo” (Art. 125 Cn.) y bajo esta premisa, a lo largo de la “vida en democracia” se ha  aceptado (tácitamente) que como pueblo se entienda “sectores productivos”. Por eso vemos a tanto empresario de diputado, es una perversión de la representatividad política que debería partir de lo social, no de lo económico.

Por ejemplo, cuando diputados propietarios que son también accionistas de Laboratorios López  votaron por el bloqueo a la Ley de Medicamentos, lo que hicieron fue, en verdad, manifestar los intereses del sector que representan. Ellos no lo ven como perversión del cargo y en sentido amplio quizá no lo sea, pero un constitucionalista sí lo vería así. Dado que la representatividad política no es social sino económica, el votante no ve reflejados ni sus intereses ni sus prioridades en la gestión de quien está en el cargo, se frustra, no vota y cede así su parcela de poder. Entonces, deja de demandar. Cuando deja de demandar, los partidos políticos se sienten impunes e inexpungables y suceden cosas como postular a Sigifredo Ochoa Pérez a diputado, porque al final creen -y están en lo correcto- que a la gente no le importa.

Estas dinámicas explican la existencia y masiva circulación de imágenes como la siguiente. Es comprensible la frustración de todo un país hacia sus gobernantes, especialmente después de un descrédito tan grande como el alineamiento total de todos los sectores políticos ante el decreto 743 para censurar a la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Pero en lugar de articular acciones colectivas eficaces, se queda en la cólera pasajera y en reflejar lo que está ocurriendo. Muchas veces con fino humor, sí, pero con ningún impacto en el curso de la realidad político-partidaria: 

Sabemos que los diputadas y diputadas se aprovechan de su puesto con todo descaro e impunidad (el empleo que permite faltar el 97.5% de las veces y ganar $4,025 al mes; diputados se adueñaron de tierras destinadas a campesinos pobres). Pero en lugar de exigir que actúen como deben, lo cual implica conocer cuáles son las obligaciones de un diputado más allá de los requisitos según la Constitución, aceptamos las conductas que ellos realizan como “lo que hace un diputado”. Comprensible, sí, es a lo que hemos estado expuestos siempre.


También sabemos que nos falta análisis crítico cuando encontramos grupos en Facebook como “No 84 Diputados!!! El Salvador solo necesita 14” (desconocimiento absoluto de los signos de apertura, papá). No hay manera de que sean sólo 14, pero la idea de tener menos diputados no es nada desquiciada. Se dice que el voto es igualitario, pero no es cierto: el Código Electoral asigna un número de diputados a cada departamento, basándose en el cociente nacional de la población; una persona en San Salvador no está votando por el mismo número de diputados que una persona en Cabañas. Su voto, entonces, no tiene el mismo peso. Esto ya perjudica la representatividad. El problema con el planteamiento de esta página en Facebook es, entonces, la absoluta ausencia de argumento sustancioso que vaya más allá del “es que los diputadxs sólo a robar llegan”. Bueno, supongamos que es cierto ¿Y entonces? ¿Veintiocho personas (propietarios y suplentes) van a concertar y redactar las leyes de un país de por sí ya polarizado y con bloques de poder que se asumen inamovibles? Con menos parlamentarios, y posiblemente menos partidos, está el peligro de que se generen tanques de poder y más polarización, algo que de todos modos ya ocurre con 84 cabezas en la Asamblea. De ambas formas, el país está jodido. Y no es sólo culpa de los legisladores.

No malentienda, es importante tomárselo con humor, todos lo hacemos; y es inevitable, dadas las joyas que tenemos como clase político-partidaria. Pero sólo eso no nos sirve. Sólo reírnos una y otra vez de las mismas situaciones nos lleva a normalizar algo que no debe ser normal. ¿Qué hace usted además de reirse e indignarse frente a su pantalla de televisión o de computadora y decir cosas ocurrentes en su timeline de Twitter? ¿Sabe qué diputados están compitiendo por el pedazo geográfico donde usted vive? ¿Los ha contactado, exigiendo que le den atención a un tema que le parece importante (por ejemplo)? ¿Sabe que esa es parte de su responsabilidad como ciudadano/a?

Si es cierto que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, debemos mirar hacia nuestra propia ignorancia como electorado. Lastimosamente, para muchos salvadoreños, es preferible hacer un chiste sobre algo que anda mal a intentar buscar el origen del por qué las cosas son como son y actuar para cambiarlas. ¿No será que el diputado actúa como lo hace porque yo como votante no le demando como debo?

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Conceptos importantes:

Institucionalidad: conjunto de creencias, ideas, valores, principios, representaciones colectivas, estructuras y relaciones que condicionan las conductas de los integrantes de una sociedad, caracterizándola y estructurándola. No, repetimos, NO se refiere a un conjunto de instituciones públicas.

Representatividad política: Más que el acto mediante el cual en las democracias representativas un representante -valga la redundancia- (legislador, para efectos del texto) actúa en nombre del representado (electorado) para la consecusión de sus intereses y que tiene como locus de control a mecanismos electorales institucionalizados (elecciones, pues), el término se refiere a la operativización de la alienación del poder político de un grupo amplio (el electorado) al ser conferido a un subconjunto (élite, frecuentemente).

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4 respuestas a Usted y la perversión del cargo público.

  1. RAO dijo:

    Excelente, jovencitas. Me adhiero a sus ideas/cuestionamientos. Ojalá que haya más…

  2. Clara dijo:

    Es por todo esto que ustedes exponen que es necesaria la participación ciudadana. El ejercicio de la ciudadanía de manera plena, profunda y universal, entre otras características. El ejercicio imperfecto de ciudadanía que se ha venido realizando en El Salvador ha producido que las y los ciudadanos se queden en la mera superficialidad del concepto. La polarización política y la falta de educación efectiva del ejercicio de la ciudadanía ha provocado que se reduzca la participación ciudadana o bien en el mero ejercicio del sufragio o bien en concebir la participación política en la militancia partidaria; profundizando así el sectarismo, la crítica superficial sin reflexión ni análisis ni propuesta, la incapacidad de empatía y la negación a organizarse o involucrarse activamente en los asuntos públicos, delegando su capacidad para ejercer una ciudadanía profunda en la clase política y coadyuvando así al clientelismo de ésta.

  3. Pingback: El voto razonado, una utopía que vale la pena buscar. | Hunnapuh – Comentarios

  4. Ale dijo:

    Es el cargo ideal. Puedo ver fútbol tranquilamente, y nada más. Y encima, ¿me pagarían más de $4,000? Ay Diosito, si no me has destinado ganar millones en la lotería, por lo menos concédeme un trabajito como diputado.

    ¿Y eso de “notoria honradez e instrucción” quién lo certifica? Aunque yo no llegue a diputado, me gustaría llevar en la cartera el carnet que certifica mi notoria honradez e instrucción.

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