A 20 años de los Acuerdos de Paz: “Un líder fuerte”.

Cualquiera que decide lanzarse — en un país como este debería ser una persona “fuerte”. Pero cuando la gente —- dice hoy que necesita un “líder fuerte” sencillamente quieren decir un militar. Este ex-militar específico ha demostrado su habilidad de ser violento, sin compasión y cruel.

¿Por qué eso lo califica para traer paz, en oposición a, digamos, un activista por la paz?
No tengo idea. Pero para la gente aquí parece que eso tiene sentido…

Es conveniente creer en un “líder” que nos guiaría, a nosotros, la pobre gentecita indefensa, hacia un mundo mejor. Nos quita la responsabilidad por nuestras propias vidas, y por las vidas de las personas a nuestro alrededor. Las personas a nuestro alrededor incluyen aquellas a las que se nos ha enseñado a llamar “nuestro enemigo”.

La concepción popular es que “nuestro enemigo” es violento, sin compasión y cruel. Así que podemos confiar en que un militar fuerte sabe cómo manejar a esos terroristas. Después de todo, hablan el mismo lenguaje. ¿Por qué eso lo califica para traer paz? Yo pensaría que sólo lo califica para hacer perdurar esta guerra para siempre. Y adivinen qué, eso es justo lo que está haciendo.

Esto lo tomé de un post en Flickr (Via Luciora, gracias), y habla sobre un contexto que no es el salvadoreño. Pero como dijo una vez mi hermano, la gente es gente en todos lados, y me resonó.

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Una respuesta a A 20 años de los Acuerdos de Paz: “Un líder fuerte”.

  1. Ale dijo:

    Algún pueblo recibió el anuncio de un mesías, que los libraría definitivamente de sus yugos. Lo esperaron con ansias y muchas ideas respecto a la tribu del mesías, sus túnicas, corona y carruaje, la espada que blandiría contra Roma. IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM, por túnica un simple manto, por corona unas espinas, por carruaje un asno, parábolas por espada. Es una vieja historia. El antiguo sueño del mesías-militar-vengador.

    La violencia contra la violencia, como enseñan varias revoluciones históricas, puede producir algún cambio, quizá para bien. Pero toda revolución tiene al menos un Robespierre. O tal vez todas las facciones involucradas acaben extinguiéndose bajo el peso de la violencia, lo cual también es un cambio: no queda nadie en pie. El escenario donde todos los hombres caen puede parecer intolerable para nuestro análisis, pero a la naturaleza poco le importa. La moral de la naturaleza no es la misma de los hombres.

    El camino del pacífico, tarde o temprano, es el camino del sufrimiento. Difícilmente los seguidores del pacífico escaparán al dolor y al vilipendio. El triunfo del pacífico es duradero, pero de lentísima concreción y muy “coronado de espinas”. Y lo que la gente quiere es un aniquilador, que trabaje por su cuenta, sin exigirnos participación (que nos deje ver fútbol y navegar por internet mientras él apunta las metralletas)… cuando The Punisher haya terminado de limpiar las calles, que nos avise para salir a celebrar. El antiguo sueño del mesías-militar-vengador.

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