Cómo salvar cheerleaders y prisioneros de conciencia.

Hace varios meses, me encontré con la noticia de que en un pueblo de Texas, una cheerleader había sido violada por un miembro del equipo de fútbol [fútbol gringo] de su escuela. Ella denunció el hecho y, como suele pasar en estos casos, la gente del pueblo le dio la espalda. Fue acosada de muchas maneras, la llamaron puta, y apoyaron al jugador, porque cómo un deportista iba a hacer eso, la muchachita esa debe estar mintiendo. En un partido, ella se negó a animar cuando su atacante fue presentado, y por eso la expulsaron del equipo de cheerleaders. Por último, la escuela la obligaba a ella y a su familia pagar una cuota legal que ascendía a $35,000, mientras que la del jugador fue de $2,500.

La historia es sumamente frustrante e indignante y puede leerla en detalle aquí. Pasó en el 2008, pero las ramificaciones del caso (incluyendo, claro, el acoso a la víctima) seguían hasta este año. Casos de revictimización a víctimas de ataques sexuales pasan todos los días, en todas partes. Parece que desde el principio las víctimas de estos crímenes no tienen oportunidad de ganar. Pero bien, abrieron el sitio help the cheerleader para recaudar fondos, y, con todo, al menos había una comunidad dispuesta a apoyar.

En eso me encontré una página: un reto para el intendente en el caso de ataque [sexual] a la cheerleader de Texas. Muchas personas enviarían un centavo al intendente, como protesta/donación por los gastos legales . En esa página estaba la dirección a la cual enviar el centavo, y oh, felicidá, yo tenía varios centavos gringos porque aquí nunca quisieron cambiarme monedas. Así que fui sobre con…no uno, ni dos, sino veinticinco centavos (!!!) y una pequeña carta al intendente, por si acaso servía para aportar a la causa:

En septiembre me enteré de que la familia ya no tendrá que pagar los gastos legales. No sé si habrá tenido algo que ver la campaña del centavo o la petición, que aún puede firmarse. Tengo la esperanza de haber sido parte de eso (que tampoco es total victoria, teniendo en cuenta lo que ha pasado), pero aún si esa participación fue mínima, a mí me ayudó. Tal como va la regla de los aviones y de los primeros auxilios, ayúdese usted primero y luego ayude a los demás.

Si hay algo que aprender del mundo en el 2011 es a no callarse ante lo injusto y hacer algo; no hacer nada es igual o más dañino que hacer algo malo. Sobre todo en El Salvador, la realidad tan cancerígena en la que vivimos nos sobrepasa y por supuesto que no queremos salir de la casa, y no podemos salir sin miedo y paranoia. No hay nada que reprochar en ello. Pero también hay cosas que podemos hacer. Rescate a un perro. Done sangre. No pite la vieja por más que el cafre que le acaba de echar la troca encima se lo merezca. Lea mucho. Busque fuentes de información alternativas y cuestione lo que sabe (en Twitter hubo/hay una cuenta exaltando al General Martínez…si la ve denúnciela como spam. La gente dice “es que en tiempos del Gral. Martínez no había delincuencia”, pero el maitro era un dictador y un etnocida; y quienes abogan por su regreso no son precisamente raza aria. Además, evidentemente, el simple matar delincuentes no funciona a largo plazo, o no estaríamos como estamos).

Mientras usted y yo encontramos formas de incidir en nuestro país sin perder el pellejo en el intento, le dejo una iniciativa para que participe. Virginia y yo vamos sobre, lástima que no estamos en la misma región geográfica para hacer un evento: comeríamos pupusas mientras preparamos las cartas (¡de verdad!). En fin: el 10 de diciembre es el día de los derechos humanos. Frase de cajón: “ay, los derechos humanos son sólo para los delincuentes, no para los ciudadanos honrados”. Bueno, ciudadano honrado, de usted depende que eso cambie. Vaya a Amnistía Internacional y envíe carta a las autoridades de países que han violado los derechos de sus ciudadanos, o mejor, puede enviarle carta a esos mismos ciudadanos para apoyarlos.

Ya deje de leerme y vaya a ver con qué causas se solidariza. Algún día, sabe, nosotros también vamos a pedir ayuda.

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3 respuestas a Cómo salvar cheerleaders y prisioneros de conciencia.

  1. Ale dijo:

    Y son tantas las causas con las que puede uno solidarizarse.

  2. Felipe Argueta dijo:

    Me parece super válida su posición: son tantos cancer que a diario nos carcomen la vida de todos los salvadoreños y que lo peor de todo es que la mayoria no hacemos nada por cambiar nuestro entorno. Nos hace falta un poco del espíritu de solidaridad que hace mención.
    Excelente su blog. Ya lo adicioné a mis favoritos.
    Un saludo!

  3. Pingback: “¿Y funciona?” « Qué Joder

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