Crónicas de la fauna callejera: ¡resiste, López!

Esta foto la encontré hace poco, pero hubiera ido bien en la entrada de los quiltros y los movimientos sociales. Están por todas partes, los quiltros. En cada postal mental que elaboro de aquí, hay un perro callejero que acompaña la historia. Como los perros que vi en Curacautín, camino a la cordillera, un día de mucha lluvia y frío; hubo uno en particular que era sumamente afectuoso y se tragó como aspiradora dos barras energéticas, la única comida que andaba para ofrecerle antes de abordar mi bus.

Mis primeros días aquí los zoqué sin estufa y sin ropa adecuada. Aún hoy que tengo ambas cosas, es una lucha levantarse por la mañana mientras por la ventana parece que acabaran de pasar fumigando contra el dengue; es una neblina espesa que a veces no se disipa hasta el mediodía, y la grama está blanca por la escarcha. Salgo a la calle con abrigo y aún así el frío es tal que a veces duelen las orejas. Toda la gente anda bien abrigada pero luego a varios metros veo un perro empapado y enlodado por la lluvia reciente, y pienso con un nudo en la garganta: it’s not right, in one life, too much rain. Personas voluntarias de una asociación protectora que sigo han encontrado perros convulsionando por el frío, en noches en que las temperaturas alcanzan el bajo cero. Yo ya mencioné la primera vez que vi a un perro temblando de frío. No se me olvidan esos ojos cerrados con fuerza.

Es inevitable que, al hablar de protección animal, alguna gente se burle y pregunte por qué no enfocar todo ese esfuerzo a los seres humanos que tanto necesitan ayudan. Es una larguísima respuesta si se quiere honrar ese comprensible cuestionamiento (por otro lado, casi todas las entradas de este blog abordan situaciones humanas, pase a leer no más). Pero a lo inmediato y urgente: la empatía y solidaridad interespecie no es un crimen ni un pecado ni una distracción; al contrario, como decía mi tío Zimbardo, “humanity is my business”, la humanidad me concierne; nos concierne a todos. Concierne recordar, en esa misma línea, que la humanidad es parte de la naturaleza pero no es el centro de ella, mucho menos superior a ella.  Pero actúa como si así fuera, y la negligencia y el maltrato hacia los animales, hacia otros animales, es un horrible indicador de eso, aparte de factor de riesgo (tipo fenómeno del pie en la puerta, que le mientan) para comportamientos dañinos posteriores hacia congéneres.

“Hemos esclavizado y maltratado tanto al resto de la creación que, si pudieran formular una religión, sin lugar a dudas representarían al demonio con nuestra forma.”

William Ralph Inge

La gente que viene a mi humilde morada me pregunta por los paquetitos de comida para perro en la cocina, si yo no tengo perros. Es que siempre que salgo llevo uno, y la mayoría de veces regreso con las manos vacías. Mi regla número 1 es que no soy yo quien debe acercarse a los perros, por razones prácticas, de seguridad y hasta emotivas; sólo me pongo en su campo visual. Me quedo parada y extiendo mi mano. Casi invariablemente  el perro es el que busca mi mano y desliza su cabeza bajo ella; cierra los ojos por las caricias,  apoya la cabeza contra mi pierna, mueve la cola, se queda viéndome.

Hace poco hice esto con uno que encontré, el Carrete, y él a cambio, caminó conmigo por una hora entera…aprovechando que aquí hay menos razones para vivir con paranoia, si hace buen clima, salgo a caminar for teh lulz. Se atrasaba, se adelantaba, me esperaba, perseguía carros que pasaban. Después de una dura despedida, tuve que dejarlo a la puerta del condominio, con el pesar de no poder ofrecerle el espacio que un perro de su tamaño necesita. Todo ese afecto y fidelidad tirados a la calle.

López deambula por donde vivo. No es de nadie pero una noche lo vi ladrando, como protegiendo y abriéndole el paso a una pareja que venía un metro más atrás. Una mañana, camino a clase, me lo encontré enrollado en la grama del campus. Levantó su cabeza para saludarme (o lo que sea que hacen los perros para hacer constar que notan tu presencia y les causa satisfacción) y cuando se la acaricié, la sentí tibia; un mínimo de calor autogenerado, cuando el resto de su pelaje estaba helado. Y pienso, hacen lo que pueden; como cualquier otro ser vivo, es raro que se queden pasivos ante la adversidad. Algunos perros, en el invierno, se agrupan para darse calor. Esto no me hace sentir menos responsable, pero me ayuda a tomar un punto de vista alejado de lo meramente lastimero.

Estoy por pagar la esterilización de otra perrita que encontré una vez que iba al supermercado. Le dí algo de comer, tenía una lesión en la piel, además de que estar nerviosa y con frío (a unos metros, en la parada, había un gato  atropellado). A los días, la asociación protectora señalaba su caso, y la descripción mencionaba que estaba por entrar en celo la primera vez. Yo no vivo en un lugar ni con una rutina apta para garantizarle el bienestar a un perro, díjeme a mí misma, pero igual puedo contribuir a evitar más sufrimiento. Juegue, entonces.

En muchos lugares gastan y desgastan recursos sacrificando con crueldad animales callejeros, cuando el problema, más bien la raíz del problema no son los animales de la calle sino la irresponsabilidad e ignorancia de muchas personas. La desventaja primordial es que los animales viven en un mundo antropocéntrico, y una de las consecuencias de esto es que el acceso a los recursos básicos para la supervivencia está en clave humana (una clave tan jodida que hasta otros humanos quedan excluidos). La tenencia responsable, la adopción y esterilización de mascotas es un win para todos y creo que poca gente se da cuenta hasta qué punto. No hay que ser un gran entusiasta de los animales para promover estas prácticas, ni para beneficiarse de ellas.

Se hace lo que se puede. He aquí a la Marla Teodora (la prietiya) y al Nico Macareno (con pelaje de Keyboard Cat), adoptados y esterilizados. La camada del segundo había sido abandonada y sus hermanos ya murieron, por infecciones o por el frío.

Y alguien podría decirme, si me angustio y quiero hacer algo al ver a un animal sufriendo en la calle, que “es sólo un animal”. Quien me lo dice, claro, es una persona. Una persona que, si fuera apredreada o quemada viva, pediría clemencia; si pasara hambre, buscaría alimento; si pasara frío, intentaría darse calor; si le arrancaran a sus hijos, agonizaría; si se enfermara, pediría atención; si la tiraran a la calle, rogaría por un hogar. Suficiente.

“La suposición de que los animales no tienen derechos y la ilusión de que nuestra manera de tratarlos no tiene significancia moral es un verdadero ejemplo de la crueldad y barbarie occidental. La compasión universal es la única garantía de moralidad.”

Arthur Schopenhauer (filósofo alemán)

Ya casi viene la primavera, López.

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5 respuestas a Crónicas de la fauna callejera: ¡resiste, López!

  1. Ale dijo:

    La excelencia es habitual en ti. Todo el texto es sublime, pero hoy quiero quedarme con esto: “La desventaja primordial es que los animales viven en un mundo antropocéntrico, y una de las consecuencias de esto es que el acceso a los recursos básicos para la supervivencia está en clave humana (una clave tan jodida que hasta otros humanos quedan excluidos).”

  2. Quien diría! pensé q iba a encontrar una entrada respecto al incidente de la radio Scan de tu país pero parece q no te has enterado. Seguiré pendiente. Saludos!

  3. Ligia dijo:

    La entrada la escribí el 18, autopublicada el 19. Ese día fue lo de la radio Scan.

  4. gero85 dijo:

    Creo que nuestra propia indiferencia es una forma de crueldad, no sólo con respecto a este tema. Pero estoy convencido de que si cada uno siguiera pequeñas medidas, este ya no sería un “problema”. Lo cierto es que muy pocas personas hacen algo.
    He mencionado en otros lados la filosofía Ubuntu, algo que se me vino a la mente al leer que “la humanidad es parte de la naturaleza” (Ubuntu= Humanidad para otros). Nos hemos desviado y estamos en todo lo que podemos en contra de la naturaleza.

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