Dos libros sobre estrellas de rock y adicciones.

Hace poco compré estos dos libros, las autobiografías de dos de mis cantantes favoritos (más sus bandas). Uno ya pasa los 60 años, el otro los 40. Sus narraciones tienen el componente omnipresente de la música y las drogas. Han tomado todo tipo de drogas y han sobrevivido, aunque no sin una enorme cuota de sufrimiento para ellos y sus seres queridos. Como fan, agradezco que sigan vivos y cuenten su historia; es otro rollo conocer a fondo qué es vivir con adicción a las drogas…fama y riqueza aparte, no es una lucha muy diferente a la de cualquier persona que tenga que estar lidiando con sus demonios una y otra vez.

Steven Tyler et al han estado conmigo desde la pubertad (e.g. aquí y aquí), aunque con el tiempo mi idolatría hacia él se ha convertido más en una evocación de inmensa admiración y gratitud. De Steven Tyler a la gente le gusta decir dos cosas: que está viejo y que es un drogadicto. Bueno, tres: que su hija es linda, pero esa ya no es mi jurisdicción. Lo primero, meh: la vejez está en lo mítico. Lo segundo…lea su libro si quiere saber lo que él piensa. Pero me llama la atención que sus últimas recaídas se deben a que busca aliviar los efectos de su vida como performer . Se acaba el mito y comienza la persona: dolor crónico y deformación de los huesos de los pies por tanto tiempo en el escenario, rupturas e inflamación de las cuerdas vocales por el uso y por el humo en el escenario, golpes y  caídas, etc. Llámensele excusas, probablemente lo sean, pero siendo su banda una máquina de hacer millones, con contratos y toda clase de intereses de por medio, no le está permitido parar, así que se trata de aminorar su dolor para irla pasando y dar un buen show. A eso se agrega el estrés diario de que tiene gente invadiendo su espacio personal todo el tiempo, hasta cuando va al baño.

¿Para qué se metió a eso entonces? ¿Eso es lo que quería, no? La fama, el dinero…

Sí y no.

[Victim-blaming: para justificar que algo desagradable le está ocurriendo a alguien y tranquilizar la conciencia se dice “ah, es que eso le pasa a quien se lo busca/”eso era lo que quería” *ojitos de cangrejo*. La canción de los STP, banda de Scott Weiland, Sex Type Thing, ejemplifica el victim-blaming al mostrar algunas de las justificaciones que se hacen de la violación sexual].

Habiendo leído ya varias biografías de diversos artistas y personalidades, se entiende que sí, soñaban con fama, dinero, privilegios…y a lo mejor hay gente que se puede dar el lujo de ser rica y famosa por nada, pero la mayoría de artistas se meten en este huevo por su vocación y llegan hasta donde están porque se rompen la espalda explotando su talento y tomando muchos riesgos, a veces con consecuencias desastrosas. Creo que muchos preferirían ser reconocidos por sus creaciones que por su vida privada, pero entre una serie de decisiones personales, el amarillismo de la prensa y la morbosidad del público, no hay para donde. Y por supuesto, estos privilegios vienen con excesos, a veces mortales.

Con el fallecimiento de Amy Winehouse (Q.E.P.D.), se alborota de nuevo el desdén de mucha gente hacia quienes tienen una adicción. Este es el problema con muchos padecimientos adictivos, anímicos, de personalidad, alimentarios o psicosomáticos: a mucha gente le es difícil saber dónde termina la voluntad y dónde empieza la enfermedad. La gente ve estas condiciones con desdén porque creen que es algo que la persona podría controlar si quisiera.

Hay una cuota de responsabilidad personal en el inicio y el mantenimiento de la adicción, pero normalmente no terminamos de entender que una vez en esta espiral, el cuerpo traiciona. Ciertas sustancias ponen a funcionar el cerebro de formas muy particulares que dan forma a la adicción y a partir de esto difícilmente hay marcha atrás, o la hay y es un suplicio y una lucha de por vida. Entra en juego la voluntad, sí, pero no es la única fuerza presente. A veces ni siquiera el sufrimiento de las personas queridas es suficiente para detenerlos. Pero no es por simple egoísmo o hedonismo.

Con el caso de Amy Winehouse resurgen comentarios sobre que “estas cosas” ocurren cuando uno no tiene a Dios en su corazón. No dudo que encontrar una religión sea un factor protector y salvador para mucha gente, pero también una persona puede tener presente a Dios y aún así caer en adicción (e.g. lea estos dos libros). Si mastica inglish, recomiendo que vea este video, sobre alguien que lleva 15 años en abstinencia, por qué se rehúsa a hacerle burla a Britney Spears por los arrebatos que ha tenido y cómo su compañero de desintoxicación era un párroco que tenía un problema con la bebida. No es justo considerar a Dios como una fórmula mágica y uniforme que lo resuelve todo a todos con tal facilidad, la religión y creencias en poderes superiores funcionan diferente para cada persona.

Hay demasiados factores genéticos, individuales, familiares, sociales que se involucran para poner en marcha y sostener una adicción (o una depresión o un trastorno de personalidad antisocial o una anorexia nerviosa) pero confíe en esto: llega un punto en que se vuelve una enfermedad. Es un infierno personal donde lo que alivia es lo mismo que destruye. No se trata de absolverlos totalmente por su comportamiento, pero tampoco una adicción es una simple cuestión de voluntad, querer/no querer.

Lea biografías y autobiografías, cada persona tiene un relato único y a la vez común a millones de personas, además de que son una interesante fuente de conocimiento sobre un contexto sociohistórico en particular.  Sobre temas delicados, como el de la drogadicción, vale mucho entrar en contacto con los testimonios de quienes las han experimentado de una u otra forma. Por más banal que pueda parecer la historia de un cantante de rock, es notable lo que se puede aprender de ella en cuanto a psicofarmacología (!), honestidad, fortaleza, precauciones de todo tipo, respeto y compasión.

—-

A propósito de adicciones, algunas impresiones sobre la Ley Anti-Tabaco en El Salvador:
La libertad individual ¿a la eutanasia?.
De fumar e indignarse (lea los comentarios, se armó un buen debate, con mucho respeto y buenos argumentos)

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3 respuestas a Dos libros sobre estrellas de rock y adicciones.

  1. Aniuxa dijo:

    Gracias chera por la publicidá, la verdad es que sí juzgamos así rápidamente a los artistas, pero nunca nos ponemos en sus zapatos.

  2. Como siempre, bonito articulo.
    Este tema como muchos otros, son de los que digo yo, caen en el rincon de: “cada quien…”.
    Cada quien vive con sus problemas y cada quien sabra como luchar con ellos y salir. De que se puede, se puede, como lo he visto hacer a algunos, pero de alli, cada quien

  3. Ale dijo:

    Excelente post. Lo he leído con detenimiento, navegando en mis propios laberintos a partir de tus ideas. Especialmente me ha encantado el enlace a “La vejez es lo mítico”, palabras cuya lucidez refrendo.

    Creo que las puertas al infierno son muchas, y creo que cada una de ellas ostenta la inscripción clásica: Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate. Tyler y Weiland son excelentes músicos. No es nada fácil abrirse camino en el mundo de la música, y es toda una proeza mantenerse. Alta es la recompensa, pero alto también es el costo. La presión es inmensa y casi permanente. Resulta muy difícil para la mente humana mantener una serenidad y concentración absolutas y continuas en los ambientes de la industria musical. Viajes, conciertos, entrevistas, grabaciones, pérdida de privacidad… un ajetreo monumental, en un ciclo que parece no tener fin. El artista vive rodeado de gente, y en el fondo, está solo. Y la exigencia por nuevo material no cesa, hay que exprimir más y más la mente y el cuerpo: nuevos temas, nueva escenografía, etcétera. ¿Cómo soportar eso? Se busca, entonces, alguna vía de escape de toda esta realidad. Tyler y Weiland son excelentes músicos, sus problemas los delatan como humanos.

    “Es difícil saber dónde termina la voluntad y dónde empieza la enfermedad.” ¿Y cuándo hablamos de enfermedad? Alguien está frente a un monitor de computadora, y no puede sostener su atención en una ventana durante más de 1 minuto sin sentir la necesidad imperiosa de pasar a otra ventana (la del chat, por ejemplo)… no puede concentrarse y necesita estar pasando de una ventana a otra cada cierto tiempo. Yo pudiera decir que tal conducta no es normal… pero ¿quién soy yo para juzgar la normalidad de otro? ¿Está enfermo el “multi-ventanas”? Y el adolescente que sale de la consulta con el médico y en todo lapso de espera (mientras espera en la cola para pagar, mientras la secretaria prepara la factura, mientras espera el colectivo) tiene que acudir al celular… ¿está enfermo? Hablo de un adolescente que no puede estarse quieto más de 30 segundos. Los veo así por montones, basta salir a la calle. ¿Y la señora fanática del chisme? Las conozco que obsesivamente buscan el chisme, y cuando no tienen algo que contar se ven tristes. ¿Y el señor que cuando está sentado esperando mueve el dedo, luego el pie, luego la cabeza, después se acomoda en el asiento, y continúa repitiendo este ciclo hasta quién sabe cuándo? ¿Y los que viven escuchando prácticamente a un sólo artista? Te digo que he visto muchachas que lo único que escuchan es Arctic Monkeys. Lo único, y repiten los discos todo el año, sin cansarse. ¿Y cuando les parten el corazón horriblemente y a partir de ahí pasan la vida buscando cómo huir? O toman alcohol un tiempo, o viajan, o algo peor, sólo para huir y la familia preguntándose hasta cuándo será eso, sin saber que “eso” probablemente será para toda la vida. Y por no extenderme más, basta tomar cualquier clásico de la literatura universal y verá plasmadas cualquier cantidad de aberraciones de la mente humana, en algunos casos enaltecidas hasta el heroísmo.

    ¿No hay en cada uno de estos casos una cierta tendencia de la mente a evadir o a fijarse obsesivamente en algo para evadir? ¿A evadir qué? No sé, no son mis dominios. No soy juez de nadie. Yo también me pongo ansioso, o nervioso, o triste, o alegre, o tranquilo, o hiperactivo. El punto es que a las personas de todos esos casos difícilmente la sociedad los etiquetaría como anormales o enfermos. Y sin embargo… hay algo extraño ahí.

    Supongo que hablaremos de enfermedad:

    1) Cuando hay una dependencia excesiva de algo
    2) Cuando la conducta involucra potencial daño a otros o a la propia persona
    3) Cuando la conducta interfiere con el desarrollo de la vida a la cual la persona aspira

    Pero… en todos los casos aparentemente normales que he mencionado antes puedo señalar la presencia de estos 3 puntos.

    Bueno, divago. No es mi área. Lo mío es 2+2=4 (a veces). Sin embargo, interesantísimo el post. Debería ponerme a escuchar Arctic Monkeys. El nuevo disco, Suck it and see, está aceptable.

    Pregunto, ¿y los que se exceden en los comentarios? Jaja.

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