Llamados a la inconformidad.

La dignidad de los indignados (y las falsas e interesadas inferencias de los privilegiados):

Mientras tanto -¡ay, mientras tanto!, que diría García Lorca- los privilegiados y sus representantes políticos siguen maquinando sus planes antisociales…

Agua pública:

¿resulta coherente indignarse por estas decisiones del Ayuntamiento, cuando previamente se ha despreciado la posibilidad de participar en las elecciones municipales? Si el sufragio no nos importa, lo que hagan los electos tampoco debería inquietarnos. Y si en cambio admitimos que, nos gusten o no, las iniciativas de los políticos influyen en nuestra vida diaria, entonces lo más razonable sería votar siempre y, por supuesto, seguir defendiendo nuestros derechos más allá de las urnas. Por mucho escepticismo que nos cause, o aunque a menudo esté contaminada, el agua de lo público nos moja a todos. Sería peligroso tirar esa toalla.

A propósito de la violencia y el desarrollo, un breve comentario sobre la institucionalidad en El Salvador y Centroamérica:

Cuando los generadores de opinión claman por el fortalecimiento de la institucionalidad, por lo general no examinan el rol de las oligarquías respecto de la gobernabilidad centroamericana en términos de su trayectoria histórica de subdesarrollo. Ello es lamentable, pues se omite una parte muy importante acerca del problema de la violencia asociada a la causa directa de la “falta de institucionalidad”, no porque el estudio de los “bloques hegemónicos” sea un tema no estudiado (Véase sobretodo Paniagua, 2002 o bien Segovia, 2005), sino porque la evolución de dichos bloques y su lucha por el poder (y de la hegemonía) tiene importantes implicaciones para la institucionalidad de un país y de una región. Y bien, uno podría preguntarse, ¿porqué habrían de hacer un examen de conciencia que les obligara a examinarse a sí mismos si finalmente, a sus ojos, la culpa siempre la tiene el pueblo?

Arena vuelve a sus viejas mañas:

Se acerca la fecha en que el gobierno deberá hacer un balance de su gestión por sus dos años de ejercicio del poder. Arena, sin embargo, ha querido adelantarse e instalar su propia agenda opositora y lo hace con su viejo y reiterado estilo de “campaña sucia”. Desde hace algunas semanas, en medios periodísticos y políticos circula un dossier “confidencial” en el que los estrategas de Arena resumen la campaña de su partido para atacar al gobierno y al Presidente de la República. La estrategia comienza en mayo y continuará, con diferentes acciones, hasta diciembre de este año.

El dossier describe con nombres y fechas la planificación exhaustiva de las acciones que Arena ha organizado para golpear al gobierno y, de hecho, el cronograma que muestra se ha ido cumpliendo puntualmente, con el espacio que generosamente le han brindado los medios gráficos, radiales y televisivos.

ARENA en la precampaña electoral:

En esta primera fase, el diseño de precampaña es el esperado, juegan una estrategia cajonera pero bastante segura. Ponen el énfasis del ataque en los dos problemas fundamentales: la seguridad y la economía. Con el ingrediente de no reconocer su responsabilidad de veinte años al frente del aparato estatal. En el discurso arenero, dos años son más que suficientes para que este gobierno haya superado los errores de las últimas dos décadas y salga adelante, en medio de una crisis económica mundial.

– Un país que no respeta las disposiciones de la Corte Suprema de Justicia está asegurando su desgracia, es decir, la corrupción, la violencia y la pobreza.
– El Salvador padece una fuerte depresión social. Sus ciudadanos están extenuados de tanta injusticia, pero no se pronuncian. En otros países el pueblo hubiera salido a las calles a manifestarse. Aquí eso no sucede.
– La anarquía social ronda las calles de la ciudad y con ella los rebrotes de violencia.

Incluso pagan por la compra de “Ring Back Tones”. En el recibo de octubre, ese servicio fue renovado.

Periodismo, poder y viceversa: sobre la entrevista de Carmen Aristegui al presidente Mauricio Funes:

El gran debate oculto de la actual gestión es si El Salvador constituye o no un Estado fallido. Instituciones débiles, capacidad de acción rebasada y la inminente necesidad de intervención de organismos internacionales para que el país avance parecen ser suficientes para decretar a El Salvador como tal. Y lo que vimos en la entrevista fue a un Funes aferrado a la idea de lo contrario. Aristegui vio lo que el salvadoreño lleva meses viendo: al presidente que se escuda en sus antecesores y su pésimo sistema de gobierno, al hombre de oposición -que nunca fue izquierda- intentando vender la idea del manejo eficiente de una crisis que hace años rebasó la capacidad de gestión local. Crisis que hoy emerge porque quienes la contenían ya no tienen el poder del Estado. La violencia polisémica, la pobre recaudación fiscal, las instituciones que se erigen tímidamente y que demandan a gritos cierto ápice de seguridad. La falla estatal que se antoja cercana. Los pininos constitucionales para evitarla. La crisis regional. Funes histérico y sudoroso.

Aclarando dudas en torno al movimiento #spanishrevolution:

– No es un movimiento antisistema, pretenden mejorar el que tenemos
– No es un movimiento compuesto solamente por jóvenes. Personas de toda clase y condición están apoyando
– No es un movimiento que no quiera democracia
– No es un movimiento formado por “vagos”, como decía antes personas de toda clase y condición apoyan (desde trabajadores hasta amas de casa o jubilados)
– No es un movimiento de izquierdas ni de derechas, es un movimiento de ciudadanos
– No es un movimiento que pida la abstención ni el voto en blanco ni el nulo ni para ningún partido
– No es un movimiento violento, todo lo contrario
– No es un movimiento apolitico, es apartidista y asindical

La iniciativa me parece loable, tal vez los objetivos propuestos sean más grandes de lo que puedan alcanzar por ahora. Pero si ese movimiento se inventa nuevas formas de actuar, de organizarse, si introduce una participación activa de nuestra juventud en la cosa pública ya eso será bastante. Pero puede que eso crezca, que desde ahí, desde la base surja una corriente que cuestione la verdadera raíz de nuestros males, de todos nuestros males. He dicho jóvenes, aunque espero que lleguen también los menos jóvenes [Este es otro tema, relativo al prejuicio en cuanto a la edad, pero me da la impresión de que la hipervaloración de la juventud hace que movimientos e intereses sociales sean menos incluyentes de lo que podrían ser].

Personas en sociedades amenazadas son más conformistas:

“Los beneficios de no conformarse son tremendos…”

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2 respuestas a Llamados a la inconformidad.

  1. Isura dijo:

    Ligia, de entrada le digo que algunas de las lecturas que propone son puros ‘entinemas’. Y vaya, esto no es…malo, mas sí insuficiente. El segundo y el último son un ejemplo. Las oligarquías ciñen su movimiento público a nomenclaturas perimidas, y sí, de ésta inercia se infieren algunas de nuestras vulnerabilidades institucionales. Sin embargo, la consecuencia de conformarse con el examen convencional de estos fenómenos, es, que terminamos luciendo tan anticuados como las realidades mismas que él indaga, y claro, al final nos halaga con documentos pasmosos escritos para inducirnos, pero deficitarios en pruebas y propuestas. Las oligarquías, se me ocurre, bien podrían analizarse a partir del concepto de modalidades, desarrollado por Anthony Giddens, y del de hegemonía, de Ernesto Laclau. Y cabe decir que la apuesta teórica de ambos no busca mantener un estado de privilegios inanes. Lo que intento decir es que la teoría crítica es rica en recursos, pero por esas razones que no puedo tildar mas que de mezquinas, los estudiosos se aferran aquí y allá a unas fórmulas que solo sirven para contentar el ánimo de aquellos que buscan un actor social al cual culpar de toda calamidad. Lo que urge es entender, como diría Locke, como interactuan los pluralismos y las visiones políticas en el espacio de la sociedad civil.

    Aunque parezca romántico y homogenizador, me pregunto porqué no se estudia seriamente en qué consiste el genio de El Salvador, es decir, aquello que compone la grandeza de cada salvadoreño y que si se organiza, puede reunirse en un propósito común. Nunca lograremos nada si nuestro genio se fosiliza en un mero signifcante flotante.

    En algunas cosas acuerdo con usted o con las lecturas que ofrece, pero en otras no. No olvide que las exhortaciones son totalmente ineficaces.

  2. Ale dijo:

    Tengo amigos españoles a quienes no les gusta este asunto de “los indignados”, no porque nieguen la cuota de razón de estos movimientos, sino por algo más simple: no quieren sus plazas y calles interrumpidas. Aparte de esto, me parece (desde lejos) que el movimiento se queda corto. Uno de estos amigos españoles me refería que a muchísima gente esto no le importa, y que igual seguirán votando a muchos de los corruptos que ahora los dirigen. Esto me recuerda el comentario que hace algunos años escuché a un amigo venezolano, taxista: “A mí no me importa que los del gobierno roben, lo importante es que no se roben todo y nos dejen algo. Cada quien a lo suyo”. ¿Qué importa el estado? ¿Con qué se come eso?

    De “Nuestro pobre individualismo”, en Otras Inquisiciones (Jorge Luis Borges): “Siente con Don Quijote que “Allá se lo haya cada uno con su pecado” y que “No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello”. Más de una vez, ante las vanas simetrías del estilo español, he sospechado que diferimos insalvablemente de España; esas dos líneas del Quijote han bastado para convencerme de error; son como el símbolo secreto y tranquilo de nuestra afinidad.”

    De ese mismo texto, otras dos líneas valiosas: “El estado es impersonal: el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso.”. Puso “argentino” por concreción y convicción, pero sin inconvenientes pudo escribir “venezolano” o algún otro gentilicio latinoamericano.

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