Las bases de la Teletón (o “Solidarity: you’re doing it wrong”).

Hay un par de cosas que no dejan de darme rasquín sobre la Teletón, o más bien, sobre las bases sociales que la sustentan. Supongo que en algún momento temprano de mi existencia me emocionaba tal evento, quería echarme el rollo y me daban ganas de ayudar. Pero ahora que ya no soy tan joven ni lozana, tengo una mejor perspectiva de esto. Y para escribir este post, he echado mano, además de mi natural proceso evolutivo, de tres fuentes principales:

  1. El interesante post de Rafael Francisco Góchez (RFG) sobre nueve críticas a la Teletón. Argumenta a favor o en contra de cada una, concluyendo que la Teletón “no es ni un robo ni una estafa, como con ligereza e irresponsabilidad acusan sus detractores, pero tampoco es algo tan altruista ni desinteresado como lo presentan sus promotores”.
  2. Una persona cuyo familiar cercano se benefició grandemente de la labor que realiza FUNTER. Le agradezco mucho por haberse tomado el tiempo de hablar conmigo, explicarme cómo fue la asistencia recibida y cómo por ella mejoró la calidad de vida de toda la familia. Con ella estamos de acuerdo, además, en que hay que separar a la Teletón de FUNTER. Se supone que la primera existe a beneficio de la otra, pero muchos señalamientos no aplican a ambas.
  3. Mi experiencia trabajando un par de años en una ONG de y para personas con discapacidad. Ahí la “especial” era yo, que no tenía discapacidad; FYI, el concepto de normalidad depende del grupo de referencia. Y mis compañeros de trabajo eran los primeros en cuestionar la eficacia de la Teletón, porque en lugar de ser un paso hacia adelante para las personas con discapacidad, era un paso más para seguir caminando en círculos.

Una de las críticas que retoma RFG es que idealmente la caridad no debería ser un espectáculo, pero la necesidad de obtener resultados obliga a que así sea. Bueno, ni modo: la Teletón fue concebida como un espectáculo para lograr una causa determinada y ya. También entran las críticas a las empresas que participan en el espectáculo. Yo agregaría a éstas, para ampliación y revisión de quien quiera tomarse el tiempo, las críticas relacionadas con los beneficios político-partidistas y mediáticos (ya no sólo hablamos de productos y marcas, sino también de ideologías).

Por ser un espectáculo, entonces, se trata de llegar a las emociones más que a la razón. La etimología de “emoción” precisamente se refiere a movimiento, así que es lógico que se generen emociones negativas, como la lástima. La Oh, Gran Segunda Fuerza de la Psicología lo explica: id y generad un estado aversivo para el organismo y éste operará sobre su ambiente para evitar, posponer o anular dicha aversión. O, genérese lástima por la situación de niños con discapacidad y el público soltará plata para incidir en alguna medida sobre esa situación (no, esto no me da rasquín per se, esto es puro aspecto descriptivo).

Aquí cae la disyuntiva de mostrar niños o no. Si se muestran, se dice que es para generar lástima y qué barbaridad jugar con la imagen de los niños (En escala del 1 al 10, ¿qué tan peyorativo le suena a usted el término “niño símbolo”?) y con las emociones de uno. Pero si no se mostraran, se diría que se está invisibilizando el problema. Y he aquí la patogénesis de mi rasquín.

Veamos la gloriosa imagen-del-día-siguiente en el periódico (Jue, y no recordaba que había Trípin también, hom’):

¡GRACIAS, PUEBLO SALVADOREÑO! ¡CON SU VALIOSA AYUDA!…(El horror, pésimo uso de la exclamación). El pueblo salvadoreño “ayudó” a llegar a la meta. Ayuda implica buena voluntad y, sobre todo, que no se es el agente principal. ¿Protagonistas? Los anfitriones, llámese TCS, y los artistas. Por la imagen, parece que es sin ellos que la Teletón no sería posible.

La noche de la Teletón, estaba fuera de la casa y en algún lugar sonaba una radio que apoyaba la causa. Ah, sí…porque siempre es “causa” o “la noble causa”. Pero no hay que ser psicólogo (a la gente le encanta decirme esa frase, pregúntome por qué…) para saber leer los tonos emotivos, y era notable que quienes estaban en cabina reventaban de orgullo y buen espíritu. Si no fuera de la Tierra, me hubiera preguntado por qué diablos estaban tan contentos y conciliadores, porque nunca nombraron la causa de su algarabía y arengas a la gente para seguir donando dinero; la causa, la causa, la noble causa, la obra de amor. Sonaba a que se daban palmadas entre sí por ser partícipes y voceros de esto (que no tendría nada de malo) y elevaban emotivos cánticos sobre que “no hay imposibles”…un refrito del “juntos todos es posible” de hace ya varios años.  Dicho sea de paso, no dudo de su buena voluntad, ni la de nadie que participó.

Cierto, no mostrar las historias sería invisibilizar la razón de ser de la Teletón, aún más de lo que ya se hace (en la imagen arriba, no aparece esa razón de ser en ninguna parte…¿podemos hablar de prioridades?). Pero igual, no toda visibilización es…no digamos “buena”, más bien, útil. No toda visibilización es útil, sensible y eficaz.

La Teletón da la ilusión de visibilización de las personas con discapacidad. Asumo que la Teletón no intenta ofrecer un componente educativo, más allá de informar sobre FUNTER y los donantes, y promover la trilladísima e ilusa idea de que “nada es imposible” y que juntos logramos lo que queremos, y que la voluntad de la persona prevalece sobre los obstáculos. Sí y no. Un ex compañero de trabajo dejó sus estudios universitarios porque el edificio era todo gradas y subirlas era, sí, francamente imposible por su prótesis. Consíderelo afortunado porque eventualmente tuvo el chance de estudiar a distancia. ¿Problema resuelto?

No. Para él, tal vez, a la hora de estudiar. Pero países como el nuestro, con una historia de conflicto armado, tienen un alto número de adultos con discapacidad. A eso se le agrega los casos congénitos y los generados por accidentes, por otras enfermedades, por violencia, por la migración y por agentes tóxicos (en Cabañas, es impresionante la cantidad de niños que van naciendo con discapacidad a raíz de la minería). El mundo de las discapacidades es amplio: por sus tipos, por sus causas, por sus secuelas. Idealmente, la discapacidad obligaría a la sociedad a reformularse a sí misma, porque la discapacidad no es un problema individual. La Teletón da la impresión de que sí lo es; familiar, a lo mucho. Hay un “ellos” (personas con discapacidad) y un “nosotros” (personas sin discapacidad). Dar dinero es amar y la rehabilitación lo es todo. Se obvia el hecho de que el prejuicio, la discriminación, y las barreras de acceso físico y a servicios de salud, educación y trabajo suelen ser la norma en el día a día de quien sufre una discapacidad.

Sé que la Teletón no da para más que ser un espectáculo y una preocupación coyuntural, y qué lástima. Es relativamente fácil desarmar todas las críticas que se tiren en su dirección porque realmente la Teletón está haciendo lo que le corresponde: entretener, dar la ilusión pasajera de unidad nacional y obtener beneficios monetarios, políticos y sociales para quienes se involucran. No es su intención poner en marcha un cambio actitudinal masivo, porque como dice Les Luthiers, el que piensa, pierde, y si se le pide al público que mueva sus neuronas en sentido contrario a las agujas del reloj, se darán el zafe nomás pase la franja juvenil.

La “noble causa” que nunca se define en los anuncios (quizás porque es muy larga) es ayudar a FUNTER a brindar el mejor servicio posible a las personas que a ella acuden. Es noble. Pero definir esta causa tal y como es, seadeque as is, obligaría a quitarle mucho del romanticismo que se le ha adjudicado en los medios, y probablemente ahí saldrían perdiendo, de nuevo, los protagonistas y las personas tras el telón: no es un “milagro/obra de amor*”, no es ayudar a “los niños de El Salvador”. Pero yo entiendo, es parte integral del show agarrar carreta y magnificar la buena intención y el beneficio a obtener.

Sobre lo segundo, un porcentaje pequeñísimo de personas con discapacidad y sus familias, como la niñez con discapacidad y sus madres en Cabañas, pueden ir a FUNTER…la mayoría que lo necesita no tiene los medios ni de aportar económicamente al proceso, mucho menos de desplazarse (y esta falta de cobertura no es culpa de FUNTER). Sobre lo primero…¿amor, en serio? No hay ningún vínculo afectivo entre la gente que lleva su pulsera Teletón y los niños con discapacidad que están en proceso de rehabilitación; es una relación teledirigida puramente circunstancial y limitada en el tiempo, a 24, 36 o 48 horas. Podríamos quizás tomar la ocasional quasi admiración porque “salen adelante” pero hasta eso es arrancón de chucho viejo y se acaba cuando, con el paso de los días tras lograr la meta, la tinta y los lentes de los medios se alejan del tema.

Mis preguntas son, por ejemplo, qué tantas personas de las que apoyaron la Teletón conocen el porcentaje de empleados con discapacidad que según la ley debe cubrir toda empresa y si estarían dispuestos a movilizarse para que se cumpliera en su lugar de trabajo. Si algún anfitrión o artista que estuvo en la Teletón conoce la diferencia entre los modelos de discapacidad asistencialista, social y el basado en derechos humanos. Si alguien de esas personas, o de quien donó, o alguien, alguien, podría comprender y argumentar la importancia de decir “persona con discapacidad” en lugar de “persona con capacidades especiales”.

TCS, otros medios, artistas, las empresas y parte de la población celebran un número. Pero si ellos no pueden, que ahuevo, no pueden, los que sí podemos, debemos ir desechando la idea de que la buena voluntad lo es todo. La gente se encachimba cuando oye esto, sin escuchar lo que sigue: la buena voluntad es fundamental, pero sin una preparación y un conocimiento sólido sobre lo que se quiere incidir y la dirección que se quiere tomar y cómo hacerlo, el esfuerzo se queda corto. El altruismo es bueno, pues, pero la solidaridad es mejor.

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* Retomo la nota final de RFG en su post:

Una de las empresas patrocinadoras de la Teletón 2011 es Súper Selectos, que por este lado apoya una “obra de amor” mientras por el otro se ha mantenido evadiendo responsabilidad institucional en el caso de una mujer que murió electrocutada accidentalmente en sus instalaciones. Antes que aparecerse en un escenario cual generosos donantes de miles de dólares, ¿no sería mejor dar una indemnización a la familia de la víctima?

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4 respuestas a Las bases de la Teletón (o “Solidarity: you’re doing it wrong”).

  1. Me gusto tanto tu análisis del evento como el del sr. Gochez, que leí por tu recomendación.
    En mi caso, prefiero colaborar directamente con fondos y trabajo voluntario a una ONG que aborda otra problemática.

    A mi lo que mas molesta es la actitud de alguna gente. Me dan asco quienes no puede dar de su tiempo, trabajo o dinero “solo porque si”, sino que deben ser “incentivados” con la rifa de algo o con ir a ver una artista. Eso no es dar desinteresadamente. Pero alli vamos a la personalidad de cada quien.

  2. Margarita dijo:

    Qué bueno es leer a alguien que tiene como argumentar lo que dice. Yo trabajo en la Asociación de Lisiados de guerra de El Salvador (ALGES). Y es triste ver como el desconocimiento del tema de las personas con discapacidad, en espacios como la teletón, acentúa los estereotipos existentes.

    Dejando de lado que si cumplen el objetivo de recaudar fondos. Coincido que lo escencial queda totalmente invisibilizado: Una sociedad inaccesible (en lo arquitectónico, en el transporte, en la información-comunicación) excluyente para las personas con discapcidad en la educación, en la salud,en el empleo, en la recreación, en la cultura, en el deporte…. y la lista puede seguir porque es larga.

    Cuando se cumplan los derechos humanos para las personas con discapacidad, haya una cultura de respeto y una sociedad solidaria, no habrá necesidad de teletones, ni de exponer así a los niños y niñas con discapacidad.

    Me gustó mucho leer este análisis y el del sr. Gochez.

  3. Snipe dijo:

    Totalmente de acuerdo. Poniendo de un lado la pobreza, la violencia y la discapacidad por un rato, El Salvador sufre de un problema mucho más serio: la exclusión social, que viene siendo la madre de las otras tres. Yo que he andado pidiendo pisto por buenas causas en más de una ocasión estoy convencidísimo de que a la mara le vale verga ayudar, por tanto acercarlos al problema y concientizarlos de forma masiva es caso perdido. Lo cual es un círculo vicioso que se agrava con la mara que comienza a hablar mal de la Teletón.

    FUNTER vende su alma al Diablo con tal de tener los recursos para ayudar a los demás. Yo no los crucifico por eso, y desconozco si ellos tienen programas de voluntariado que ofrezcan formación: la concientización es una labor obligatoria de cualquier organización de carácter social. No es un by-product del trabajo con los beneficiarios, sino que debe ser parte fundamental del proyecto.

  4. Ale dijo:

    Una delicia el análisis y los comentarios.

    Estamos acostumbrados a las fiestas que prescinden, precisamente, del motivo para la fiesta. No importa tanto el cumpleañero, el logro, la causa noble, el propósito primigenio de la reunión, el antes o el después. Fiesta y ya. Un buen rato.

    También nos encanta comprar bulas papales. Somos malos, qué se le hace. Entonces una rifa o aporte a una colecta nos parece una especia de compra -a plazos- de cierto perdón divino por nuestros pecados, algo de bálsamo para los demonios que nos comen la cabeza. Por un instante, ha sido fácil “sentirse bueno” a cambio de un poco de dinero. Dinero que “los grandes” dan del que les sobra, y no puede ser otra de manera. Pero sospecho que muchos aportan por simple buena voluntad.

    Pero también está lo otro, que el comentario precedente expresa con elocuencia: “FUNTER vende su alma al Diablo con tal de tener los recursos para ayudar a los demás.” Y, creo, está bien. La historia está llena de casos de este tipo. Al final del día, lo importante es que al menos alguien resulte beneficiado.

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