El trauma social en tres actos.

I*.

En muchos países que han emergido recientemente de dictaduras o guerras civiles, se ha hecho evidente que poner un alto inmediato a la violencia y atender las necesidades básicas de sobreviviencia de las poblaciones afectadas son condiciones necesarias pero no suficientes para la curación social. Tras la finalización de la violencia política sistemática, comunidades enteras pueden presentar síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático, atrapadas en ciclos alternantes de indiferencia e intrusión, silencio y reconstrucción. La recuperación requiere remembranza y duelo.

Está claro, por la experiencia de países recién iniciados en la democracia en América Latina, Europa del Este y África, que reestablecer un sentido social de comunidad requiere un espacio público donde las víctimas puedan hablar de su verdad y donde su sufrimiento puede ser formalmente reconocido. Además, establecer cualquier paz duradera requiere un esfuerzo organizado para responsabilizar a perpetradores individuales por sus crímenes. Al menos, aquellos responsables por las peores atrocidades deben ser traidos ante la ley.

Si no hay esperanza de justicia, la furiosa impotencia de los grupos victimizados puede volverse una llaga, inmmune al paso del tiempo. Líderes políticos demagogos comprenden bien el poder de esta furia, y están muy dispuestos a explotarla ofreciendo a la gente perjudicada la promesa de una venganza colectiva. Al igual que individuos traumatizados, los países traumatizados necesitan recordar, lamentar y reparar sus injusticias para evitar revivirlas.

II.

Tortura enfrenta a ex guerrillero y a militar

Mauricio Rivera, ex guerrillero y diputado efemelenista, conocido durante la guerra como Damián Alegría, acusó ayer al coronel retirado del Ejército y diputado pecenista Antonio Almendáriz de haberle torturado cuando estuvo detenido en el marco del conflicto.

El diputado hizo el señalamiento durante la discusión de la comisión de legislación del parlamento, relacionada con reformar el Código Penal para incluir los delitos de tortura, desaparición forzada, genocidio y los considerados de lesa humanidad.

“En el pasado fui objeto de este tipo de tratamiento (tortura), por una persona que esta aquí en esta comisión, ¿verdad?”, dijo Alegría, quien luego acusó: “De este tema con (el diputado) Almendáriz ya hemos hablado. En el año 1986 nos encontramos: yo en la posición de torturado; y él, en la posición de director del equipo de tortura (…). Ahora nos tratamos como amigos, debemos dejarlo atrás”.

[…]

El legislador efemelenista no terminó de escuchar a Almendáriz y le cortó la intervención. “Pero yo te vi ahí, cuando estaba en la tortura”, recordó Alegría a Almendáriz, quien le respondió: “Nunca llegué. Nunca llegué”.

Alegría le dijo a Almendáriz: “Incluso me dijiste que me quitara la venda”. Almendáriz se defendía: “Nunca llegué porque no teníamos acceso a ti. Cuando yo estuve en la Policía no permití eso (la tortura). Inclusive yo permití el acceso a la Cruz Roja y todas las organizaciones para que fueran a ver…

III*.

Tras dictaduras y guerras, la dialéctica del trauma con frecuencia se juega como una feroz batalla sobre la cuestión de la impunidad. Los perpetradores de crímenes políticos masivos pueden tener un poder residual considerable, aún cuando sus peores daños han sido disminuidos y no tienen interés en decir la verdad públicamente. Al contrario, se mantienen implacablemente comprometidos con el secreto, y se oponen ferozmente a cualquier esfuerzo para reestablecer el reconocimiento de sus abusos.

Enfrentados con la posibilidad de ser responsabilizados, los perpetradores con frecuencia se vuelven extremadamente agresivos. Para resistir ser traídos a la justicia, se armarán de los mismos métodos de intimidación y engaños que una vez utilizaron para dominar a sus víctimas.

Cuando gobiernos recién electos en el Sur de Europa, América Latina, América Central y África del Sur han intentado descubrir los crímenes políticos del pasado reciente, se han encontrado con una respuesta violenta. Los perpetradores harán todo lo que esté en su poder para preservar el principio de impunidad. Ellos demandan amnistía, una forma política de amnesia.

—-

* Traducción libre de: Herman, J. (1997). Trauma and Recovery. The Aftermath of Violence – From Domestic Abuse to Political Terror. P. 242.

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3 respuestas a El trauma social en tres actos.

  1. Virginia dijo:

    Qué fuerte lo de Mauricio Rivera.

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  3. Alejandro dijo:

    Te admiro por tus temas, siempre profundos y pertinentes. Tu sensibilidad social y tu percepción de las realidades de nuestro tiempo es de una altura inalcanzable para mí. Por eso, leyéndote, me siento un poquito más inteligente.

    Humildemente, creo que en la medida de lo posible, después del berrinche, hay que tratar de pasar la página. De lo contrario, vamos a perder el tiempo y nos quedaremos prisioneros de vengativas herencias. Quizás soy un simplón, pero hasta los momentos, me ha funcionado.

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