Miradas revira-contra.

1. La primera vez que hice esto fue cuando caminaba del trabajo a la casa, y en una esquina, un panadero se me quedó viendo desde su bicicleta, a menos de un metro. Aunque yo vea a otro lado, esas miradas se sienten con la incomodidad de tres cucarachas caminando por mis brazos. La devolví la mirada: “no, vieja, no me halagás observándome; es de mala educación quedársele viendo a alguien. ¿A vos te halaga que yo lo haga? “. No aguantó mucho y volteó a ver al semáforo con impaciencia, porque nunca se ponía en verde y los carros que bajaban por la avenida no lo dejaban arrancar.

2. Hoy en su telenovela la lujuria y el desprecio

3. Andaba paseando a la Pichu y escuché el familiar “ssshtt, ssssht, ssshht” de parte de unos maitritos en una cochera. Un sonido tan breve para recordarme que en la calle, mi espacio personal físico y psicológico no tiene derecho a no ser invadido. Lo recomendable, dicen, es ignorarlos. Pero esta vez me volteé y pregunté con tono amable: “¿Sí?”. Al voltearme, los vi; tres cheritos y un vigilante. Silencio. Sonrisitas de ahuevamiento. “¿SÍ?”, repetí. Risitas de oro y un “dale, pues, maje”, al autor del llamado viril. Él sólo sacudió la cabeza diciendo no. No me dijeron nada más. Seguí mi camino.

4. Pasé cerca de unos mecánicos. Con ellos tuve que bajar la cabeza al pasar y cargar con sus cuellos que se daban vuelta mientras sus miradas me seguían; jode, pero también hay que saber escoger las batallas. Escuché a uno decir: “…porque vos mandás a la mujer, vos le decís ‘aquí te quedás'”. Iba a interrumpir y aclararle que eso es bastante a posteriori: él le dice eso a la mujer que se deja. Él no tendría por pareja a una mujer que no se dejara mandar, de modo que sólo puede decir eso de las mujeres que él escoge y no de las mujeres en general. Pero con el fuerte pensamiento concreto y no abstracto que se maneja el patriarcado, no me hubiera entendido algo tan lógico.

5. En el pick-up enfrente a mi carro, iba sentado un cherito. Por la gracia de ver qué cacha en su entorno, volteó hacia atrás y me vio. Un “mi amor” se le movió en los labios y se me quedó viendo. Yo tenía los lentes puestos y me le quedé viendo, como él a mí. Se revolvió incómodo en su quasiasiento y volteó hacia otro lado. Volteó a verme de nuevo, quizás pensando que perdí interés en él, pero, al contrario, me quité los lentes y le sostuve la mirada. Bajó la vista y la puso en otra dirección. Ni siquiera me dirigió una mirada de despedida, cuando el semáforo se puso en verde y el pícat arrancó.

Con hombres desconocidos que me acosan en la calle, me pasa lo mismo que con los mareros. Entiendo bien de dónde provienen; sé que antes de ser violentos fueron violentados. Sé que crecen con una gran presión, sutil y explícita, para conformar una identidad que se basa en el éxito heterosexual a costa de pisotear, real o simbólicamente, a las mujeres,que son algo tan libidinosamente sublime como aparatosamente inhumano para ellos. Desde niños les anulan ciertos comportamientos, los ridiculizan y les meten miedo a ser “culeros”, como ARENA mete miedo sobre el comunismo. Operativizando La Culerada, en parte, como “actuar como mujer”, porque lo que yo soy, lo femenino, también es insulto, una forma de menospreciar a alguien.

Entiendo de dónde vienen y que a ellos también los tienen socados para ser y actuar de cierta forma (después hasta me dio lástima el cherito del ssshhht, porque al final sus cheros lo van a tratar de culero. Y temo que, en lugar de no volver a hacerlo, vaya a desquitarse lo que “le hice” con otra mujer, por la creencia irracional de que todas somos putas*). Pero saber todo eso no significa que justifique sus comportamientos ni que los exima de su responsabilidad, porque de verdad hacen daño. El que yo comprenda la etiología y patogénesis de un macho, no quita que no me den ganas de correr tras ellos, y enrollarles la correa de mi bolsón en su cuello hasta que les falte el aire, mientras les grito al oido que me dejen en paz.

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* Para mí, nadie lo es. Por decisión personal, usar “puta” para referirme a una persona, sobre todo a una mujer, esta prohibido contundente e irrevocablemente; si quiero hablar de prostitutas -conceptualmente, trabajadoras del sexo y no alguien con varias parejas por decisión propia-, digo prostitutas. El término puta proviene de la desesperación de quien lo pronuncia por sancionar y atacar la dignidad de alguien que no se ajusta a un Tener Que/Deber Ser que está en su cabeza (peor, en el imaginario colectivo), y no tiene nada que ver con la esencia y la valía de quien es recipiente de tan gustado, estereotípico  y vacuo epíteto.

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5 respuestas a Miradas revira-contra.

  1. Genius dijo:

    Que yuca todo esto, y tan cotidiano que es… (sabés que me cae mal la naturalización de los fenomenos, por eso muchas cosas no cambian)

  2. Mario Francia dijo:

    Kudos por el post, pero mas por tu concepto de sexo-servidora!

  3. 3v4n0 dijo:

    Buen, post, es el day2day de las feminas en nuestra sociedad…

  4. Dafne dijo:

    Un aplauso por las miradas revira-contra!!!
    La verdad es que es cierto, si una como mujer no hace nada al respecto solo estamos alimentando esa molesta costumbre y condicionado a los pseudo machitos a que continuen con su “ssshtt, ssssht, ssshht” ¬¬*
    Y pues, al no poder ahorcarlos con la correa del bolso, solo nos queda regresar miradas de hiel!

  5. Alejandro dijo:

    Qué conducta tan reprobable, degenerada y bochornosa, pero ¡ay! tan tristemente frecuente. Hasta cierto punto me da asco, y lo considero una de las confirmaciones más sólidas de la pobredumbre social. Una mujer es un ser exquisito, la más refinada de todas las existencias… y estos tarados manchan el privilegio de tenerlas en este mundo.

    Vale, me encantaron tus palabras, lúcidas y elocuentes. Y ésto: “no quita que no me den ganas de correr tras ellos, y enrollarles la correa de mi bolsón en su cuello hasta que les falte el aire, mientras les grito al oido que me dejen en paz.”, jaja.

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