Trípin

Trípin – versión Apagón.

Usualmente, nuestra estimada lente va en busca de las noticias. Pero esta vez, las noticias la encontraron a ella. Un apagón interrumpió su tranquila velada dominguera y le obligó a salir a calle a ver qué se veía cuando no se veía nada. La incertidumbre y las teorías de conspiración reinaban en la ciudadanía, aunque los niveles variaban en cada persona. “¡SE VIENE EL 2012, SEÑORES!”, gritaba un joven en un centro comercial, aunque el resto de consumidores trataba de mantener la calma mientras salía al parqueo. “Yo creo que tenemos que ser más responsables con la naturaleza; no sobrecargar regletas y cuidar el agua “, nos respondió una señora, cuando le preguntamos a quién apoyaba en el Mundial.

A continuación, unas estampas captadas en la penumbra.

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Una panorámica de una colonia en la zona norte de la ciudad, en los primeros segundos del apagón.

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Los amigos Genaro y Darwin se encontraban en un establecimiento de comida rápida. No había servicios de papas fritas. Genaro optó por la histeria e insistió en irse a casa, temiendo un complot contra el presidente Mauricio Funes. Darwin prefirió esperar y se vio recompensado con papas agrandadas cuando el restaurante encendió la planta.

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Etel Abigail prende una vela en su casa, para que su hijo Gregoriano termine las tareas. “Lástima que se lo lleva Judas, pero tal vez así aprende a no dejarlas a último minuto el domingo en la noche”. Lo bueno, comenta Etel, es que fue una oportunidad para inculcar memoria histórica en su vástago: “yo le digo que así era en la guerra, yo crecí haciendo mis tareas a la luz de un candil, porque pasábamos Sin fluido Ocho-horas Perras”.

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Adelaida navega en Internet con su blackberry y comprueba que el apagón se debe a problemas técnicos y no a conflictos sociopolíticos o a las ráfagas solares. Sus compañeros de tesis, Abelito y Terencio, respiran aliviados.

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A la hora del apagón, DJ Mullet amenizaba una fiesta en una pupusería. Por suerte, tenía a la mano una vuvuzela que mandó a traer a Sudráfrica, y el patín continuó con sonidos menos electrónicos y más artesanales.

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En una colonia de San Salvador, Jelenberto aprovecha la oscuridad para contar un cuento de terror a sus vecinitos, Yolaida, Marulo y Gutierrito. “Lo más feo fue cuando apareció Wil Salgado”, expresó Marulo, aún con agitación.

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Lorenita, Gladiola y Chanchuyo posan para la cámara, demostrando por qué es importante la higiene bucal.

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