Aerosmith Costa Rica – Capítulo 2: Valevergueishon mode ON.

Pensé que estaba en mi cama. Levanté la cabeza y mi automático “¿qué putas…?” fue respondido con un flashback de lo que había pasado el día anterior, y con la expectativa de lo que iba a pasar ese día. La habitación estaba oscura pero la luz solar que se colaba por una rendija me asustó porque era demasiado brillante; ya era de día. Vi mi celular, mi reloj despertador de viaje, y se había descargado…semejante huevón, solamente un día le duró la batería. Tenía que despertarme a las 7:45 am, porque iba a conocer a Francisco y a su hermana Evelyn a las 8:30, en el lobby del hotel.

Pero vi el reloj de la habitación; eran las 7:30 am. “No temáis”, dijo mi ritmo circadiano, y lo felicité por ser tan precavido y despertarme antes de tiempo. No sólo eso; por la elevadísima excitación de mi sistema nervioso central, no me sentía cansada y carecía de mi usual comportamiento de ligosa al despertarme. No tuve que reptar por la alfombra para llegar al baño. Puse el VH1 para que amenizara mi proceso de acicalamiento y después me comí una galleta que había guardado del día anterior.

Unos tres minutos después de haber llegado al lobby, Francisco y Evelyn entraron al hotel. Hay que decir que en su familia son tres hermanos, y yo sólo iba a conocer a 2/3 de los consanguíneos. El tercero estaba trabajando. En un hotel. En el hotel en el que estaban hospedados los miembros de Aerosmith. Si yo hubiera llegado medio día antes, los hubiera conocido. Pero así funciona el mundo. Lo mejor era contar las bendiciones, como dice el dicho yanqui, y hasta mucho había hecho la vida dejándome verlos en carne y hueso, aún cuando el contacto no fuera recíproco.

Pasa algo bien especial cuando conocés en persona a alguien con quien hasta entonces sólo has hablado a través de una computadora. No sabría decir qué es, pero es bonito, al menos así ha sido mi experiencia hasta hoy (quizás porque hasta hoy no me ha salido ningún sociópata). Yo no sé qué habrán sentido ellos, pero desde que me subí al carro con Evelyn y Francisco me sentí entre cherada. Como anfitriones se llevan un aplauso volumen 10. Me dedicaron toda la mañana y me llevaron a comer gallo pinto a Soda Tapia. Ellos twittearon sobre nuestro jolgorio por habernos reunido y nos reímos de un entrevistador y su camarógrafo que estaban en un semáforo entrevistando a taxistas. Por favor, guarde la imagen de este entrevistador y su camarógrafo para futura referencia.

Café con leche FTW. Y a las cafeterías se les llama sodas.

Después del desayuno me llevaron a conocer parte de San José. Estuvimos atascados en tráfico un rato y pasamos el resto de la mañana caminando. Me llevaron a conocer calles y edificios importantes, y a mediodía entramos a un recital de guitarra en el Teatro Nacional. Tengo que revisar el libro “1,000 places to see before you die” (1,000 lugares a visitar antes de morirse), que me regaló un amigo que viaja mucho, para revisar si estuve en alguno de esos lugares. Y para los que no tienen la suerte de que los Sosa les hagan un tour en vivo por San José, está el Flickr de Francisco, que fue citado varias veces durante nuestra travesía por la ciudad.

...is in my ears and in my eyes. Y vende zapatos Puma.

Me dijeron los nombres de todos estos lugares. Pero no me acuerdo -_-

Los cables van bajo tierra. Win!

Peatones emplumados (o, como dijo el primo @Marc_elo, "¡qué palomada!").

Photobucket

RT @fsosa: Avenida Central, ese es el reloj de la fuente de la plaza de la cultura.

RT @fsosa: Esto también está en mi Flickr.

En 'lo que es' el Teatro Nacional.

Era la 1 pm y me dio cierta congoja despedirme de ellos. Ojalá nos encontremos de nuevo, pronto, y ojalá pueda retribuirles lo calidá de gente que fueron conmigo. Y no olvidemos la razón inicial que me había llevado hasta ellos: el boleto del concierto. Don Álvaro iba a pasar a la 1:30 por mí y tenía que cambiarme. Parafraseo a Scott Weiland cuando digo que la operativización de “cambiarme” es “vestirme como si fuera a una pelea callejera”.

See-saw swingin' with the boys in the school and your feet flying up in the air.

No llevaba mucho: la cámara, la billetera, papel y lápiz (siempre), una lámpara-encendedor y el boleto del concierto. Todo en bolsas cargo del pantalón, porque llevar cartera o bolsón, nel. En el lobby me encontré a otro salvadoreño, Mario, con su hijo de 15 años. Habían llegado esa mañana por avión. Don Álvaro nos recogió y nos informó que íbamos a pasar por varios ticos. En el camino, nos hicimos cheros, hablando de los discos de Aerosmith. Iban a gramilla preferencial igual que yo; eso fue un gran aliviane, ya tenía aleros. De haber sabido, hubiera llevado una bandera de El Salvador, para el representin’. Si fueron más salvadoreños al concierto, jamás los vi.

Picture enfoqueishon fail.

En lo que recogimos a los ticos, pasamos al súper y llegamos a La Guácima, se hicieron las 3:30. Escuché sus conversaciones y su simpático acento con R grrringa, aunque sólo recuerdo la confusión de dos ticas por Guácima Arriba y otras direcciones. Llovió buena parte de la tarde y el día anterior había temblado en número richter respetable. Para lo que pagué por el paquete de viaje, más les valía incluirme fenómenos de la naturaleza; los movimiento de placas tectónicas aportan a la adrenalina.

Las filas eran gigantescas, pero yo entraba por las puertas de punto verde y ahí no habia fila. Yo era la 5a persona. WTF.

Mario me compró una capa de plástico para la lluvia (más bien, me prestó pesos y yo le pagué en dólares). Había rótulos que decían que se prohibía la entrada a todo tipo de cámaras fotográficas y de video; una pendejada, pero viendo las caras de los guardias -que nos quitaron las botellas de agua- y por si acaso, escondí mi cámara en el calcetín. La soqué cuando la maitra de seguridad me palpó el tobillo; o no se dio cuenta o se hizo la maje. Ya en la fila toda la gente se estaba tomando fotos. Eso de “prohibir todo tipo de cámaras fotográficas y de video” significa que no dejan entrar cámaras profesionales. Más que estresan a la mara, homb’e. Llovió fuerte un rato mientras hacíamos fila. Fue una hora de espera; una hora interminable.

Nos dejaron ingresar a las 5. Me pusieron un brazalete que decía gramilla preferencial y me dio un tic en el ojo. Cuando entramos, nuestra zona estaba vacía a comparación del resto, y mi puesto era perfecto, a menos de diez metros del escenario. Pasamos el tiempo, Mario, su hijo y yo, hablando carburo; cualquiera que conozca a los Traveling Wilburys tiene un hi-five de mi parte.

El monstruoso escenario y las humildes gramillas.

Impatient cats are impatient.

Recordemos mis palabras: los bancos son el demonio. Las razones de peso escapan a esta mi intelectual disertación en tres entregas. Pero es que vi la Zona Diamante: estaba frente al escenario, la pasarela por la que caminarían mis ídolos dividía esa sección en dos, había sillas y camareros que llevaban cerveza en bandeja. Word, brother and sister. Si los de Aerosmith iban a tirar sus armónicas, uñetas y baquetas, que lo iban a hacer, les caerían a ellos. Y resulta que esa zona era exclusiva para clientes del Citi. Y pensé, culeradas. Primero, no venimos a ver a la Sinfónica. Hay códigos sociales para estar en la iglesia, ¿no? También los hay para conciertos de rock…hay que valer verga un poquito (y esto no es para los tarjethabientes si no para los que tuvieron la brillante idea de poner sillas y meseros). Segundo, mucha gente que estaba ahí, estaba ahí por ser clientes del Citi más que porque les hirviera la sangre de gratitud hacia los ancestros de Steven Tyler (los Tallarico) y Joe Perry (los Pereira), por haber producido una descendencia tan adorable y hardcore. Y sí, eso me encabronó sobremanera. Me duele el orgullo. Fin.

Voy a hacer la salvedad de que en la Zona Diamante estaba la familia de Robinson Gamboa, quien falleció en el primer concierto que los Bad Boys from Boston dieron en Costa Rrrica, en 1994. A las 8 de la noche, el promotor del concierto salió al escenario y le dedicó un minuto de silencio. Un minuto que duró 41 segundos, pero minuto al fin. Después salió la banda telonera, Gandhi. Y después fue un tiempo indefinido en el que los roadies probaron los instrumentos. Un chero a la par mía gritó: “¡ya quítenle la guitarra a ese maje!”. Yo pensé, “tené talento, papá, ese bicho trabaja para Joe Perry”. Pero francamente, yo también estaba desesperada. Desde la 1:30, cada minuto se encaprichaba en durar 120 segundos. Nótense las constantes alteraciones de mi percepción temporal.

Y cuando creía que ya no podía tolerar más la frustración por la espera, una cortina cayó sobre el escenario.

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6 respuestas a Aerosmith Costa Rica – Capítulo 2: Valevergueishon mode ON.

  1. Luli dijo:

    Wuu! 🙂 Qué buen trip. 😀

    Veo ahí una de las vacas decorativas que hay por varias partes de CR. 😀 Recuerdo haberlas visto cuando fui y las ganas que tuve de llevarme una para mi casa y ponerla en el jardín.

  2. Genius dijo:

    Se me eriza la piel… Que trip, pura vida!

  3. Mixi dijo:

    xD
    puuuuuuuuuuuu cada vez se pone mas bueno..
    mas que lo dejaste en el inicio de la euforia..xD
    ahahah
    espero ver la continuacion mañana..
    se pone pelada tu anecdota..

  4. Volvistes \o/ !! Que recuerdos de ticolandia traes y como los describis y me haces recordar…

    Espero la siguiente parte…

  5. Alejandro dijo:

    Wow. Qué idola #2. Narras excepcionalmente. Ya sigo al capítulo 3.

  6. Karo dijo:

    Se me cayeron lágrimas al leer esta reseña, yo también soy una de esas personas a la que “les hierve la sangre de gratitud hacia los ancestros de Steven Tyler (los Tallarico) y Joe Perry (los Pereira)”. Son mi banda. Espero con todas mis fuerzas ir al show de este año, es mas la entrada ya la tengo pero el vuelo y la visa no aún. Por cierto, El Salvador está incluida este año en la gira. Saludos desde Perú de una die-hard Aerosmith fan

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