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De la reflexión en tiempos irreflexivos.

Este es un artículo que hemos escrito entre Ligia y Virginia; cada blog tiene una mitad, aunque fue escrito totalmente en conjunto y en tiempo real gracias a la magia de Google Docs. La gente pregunta qué podemos hacer, como ciudadanía, para enfrentar esta espantosa situación de violencia. Proponemos esto como primer paso: informarnos mejor; adquirir conocimientos sobre por qué y cómo hemos llegado adonde estamos y cuestionar lo que creemos saber hasta hoy. No aturre la cara, usted preguntó. Soque. No tome personal los ejemplos que hemos seleccionado, porque no son más que una representación de un discurso generalizado.

Como lo vemos, las soluciones reales implican un esfuerzo que hasta hoy no estamos acostumbrados a realizar y no, no van a generar resultados para YA. Mucho se habla de “cambiar de actitud” pero eso requiere una reorganización a nivel individual, social, jurídico, que nos pide algo más que buena voluntad. Tenemos tanto encabronamiento y miedo como usted, y exigimos justicia, ya no queremos más víctimas. Pero esto que exigimos también exige algo de nosotros. Y créanos que no sonaríamos tan contundentes si no tuviéramos la certeza de que puede funcionar; las ciencias sociales nos respaldan, wiiii. De nuevo, soque.

En la sociedad posconflicto es previsible esperar cierto nivel de violencia. Este nivel se considera normal en el marco de reorganización social, incluso se contemplan repuntes de crueldad, los cuales tendrían lugar en un periodo de hasta veinte años después de finalizado el conflicto. Esto es porque las generaciones de pequeños que vieron la crueldad de la guerra aprendieron que ese nivel de salvajismo era cotidiano y tienden a imitarle. Pero la violencia pasó a ser una respuesta contextual a una característica de las relaciones interpersonales. Es durante estos veinte años y para evitar que los mismos se prolonguen que deben tomarse medidas desde el Estado para revertirle.

En El Salvador, sin embargo, dada la estrecha relación del orden criminal con el verdadero poder económico, esta prevención no tuvo lugar en los trece años de las posguerra en que ARENA tuvo el poder gubernamental. La situación de violencia, al verse incontenible -al menos en apariencia- reventó, obviamente, al darse el cambio de gobierno. Ahora la administración Funes se ve forzada a manejar no sólo los niveles de criminalidad común de un país históricamente violento, sino a paliar la radicalización del acto criminal como el de la noche del domingo 20 de junio. Lo peor del asunto es que lo está haciendo mediocremente.

Cualquier medida que se tome dentro del mes siguiente será simplemente un paliativo. Pero en este afán de mitigación está el problema. Mitigar es tapar el sol con el dedo: se puede hacer, pero es cuestión de perspectiva. Se necesitan cambios estructurales si se pretende erradicar el problema y no simplemente cubrirlo. Para eso se requieren consultorías, voluntad, alianzas de trabajo, pero sobre todo información y cabeza fría. Dejemos un momento para enfrentar el horror del crimen. Nos saca lágrimas de impotencia, rabia, indignación. De miedo.  Seres humanos, niños y adultos, con nombre, apellidos, familias y un lugar en la sociedad, asesinados salvajemente. Mañana podríamos ser nosotros o nuestras familias.

Después del shock, queremos respuestas, por qué pasó y si podemos hacer algo. Ahora, si no se tiene mesura en medio de un momento tan crítico, la ya de por sí poco informada vox populi puede llevarnos a externar opiniones poco afortunadas y extremadamente peligrosas, especialmente cuando se hacen en el seno de un espacio público (ej. Twitter, Facebook) y en el marco de la inmediatez. Por eso recogemos algunas de las opiniones más llamativas, en buena o mala manera, e intentamos argumentar al respecto: porque es en tiempos como este en que hay que ser más cuidadosos con lo que se dice. Be careful what you wish for; you may get it.


I. Los delincuentes tienen más derechos que nosotros, los ciudadanos honrados.

Empecemos con un argumento a favor de esta idea: este año, un vigilante mató a un marero en una coaster de la 29 porque le estaba robando el celular a una mujer. La justicia persiguió al vigilante, quien atacó en legítima defensa. De ahí, y de casos similares, el miedo: “no vaya a ser que uno se quiebre a un marero porque lo zampan preso“.

Ahora, ¿De dónde viene esta impunidad del operar delictivo de las maras? Puede ser que estando ligadas al dominio de un sector geográfico, comercio de sustancias ilegales y robos, las maras sean simplemente un frente ejecutor de una actividad delictiva que viene de mucho más arriba. Proviniendo de niveles de poder más altos y seguramente con contactos dentro del sistema judicial, esto les dota de inmunidad o procesos judiciales resueltos favorablemente en un corto tiempo. Se percibe entonces que sus derechos prevalecen sobre los del ciudadano promedio. Hablamos de complicidad de las argollas de poder con el Órgano Judicial, cuestión meramente especulativa, pero no por eso menos cierta.  De cualquier otra manera, resultaría muy difícil de entender cómo un sistema con una deuda de 17 años en resolución de expedientes de homicidios es capaz de liberar a un pandillero en cuestión de seis meses.

De esta idea de los derechos se deriva la argumentación a favor de permitir la armamentización de la sociedad civil, como forma de protección ante la delincuencia. Diocuarde, este es un debate aparte (y sin embargo, lo abordamos en otro apartado, porque podemos). Ahora bien, esta impunidad es la que nos ha llevado al punto de querer mandar la Declaración Universal de los Derechos Humanos a la mierda (léalos, verá que usted a lo largo de su vida ha gozado de muchos más derechos que el prójimo de su marginal más cercana), a favor de un orden social que garantice la seguridad por medio de la represión si es necesario.

Pensamos erróneamente que derechos humanos es tratar con guantes de seda a criminales, y que no pedir que los maten es estar de su lado. Una nota sobre el funcionamiento de la mente humana: tendemos a ponerle atención a la evidencia que favorece nuestra opinión, mientras negamos o minimizamos la evidencia que la cuestiona. Dése una vuelta por la PDDH y otras instituciones que según usted sólo sirven para proteger delincuentes; pregunte qué más hacen desde sus diversos departamentos. Usted fue el que dijo que teníamos que cambiar de actitud. No hay cambio si no aprende y aprehende nada adicional a lo que ya cree saber.

II. Que vuelva la Sombra Negra/ necesitamos a otro Gral. Martínez
Somos un país con pésima retentiva en términos históricos. Desde poco después de la disolución de la República Federal de Centro América (1839), nuestra historia se ha caracterizado por Golpes de Estado y militarismo, y la mayoría ni se entera. La Historia para muchos comienza en 1980, y eso si tenemos suerte de que puedan ver tan atrás. De todas maneras, 1980 es un mal savepoint.

Con estos antecedentes, no es sorpresa que la sociedad salvadoreña tenga actitudes autoritarias. Esto lo comprobó el Instituto de Opinión Pública de la UCA – IUDOP, al realizar un estudio a nivel nacional en 1998. El artículo “El autoritarismo en la posguerra: un estudio de las actitudes de los salvadoreños” (Revista ECA, 1999, 603, pp. 95-106; o en el libro “Psicología Social de la Posguerra”, 2005; ver también http://www.uca.edu.sv/shown.php?mnota=90633), de José Miguel Cruz, engloba estos resultados. El estudio de la personalidad autoritaria inició en psicología social con el nazismo, pero que quede claro que esta investigación en particular no buscaba estructuras de personalidad, sino actitudes autoritarias.

En el presente, estas actitudes se mantienen por las abrumadoras condiciones sociales en la que nos encontramos. Un entorno social amenazante generará respuestas que busquen la solución rápida y automática al peligro. Pero como dice Cruz, no podemos descartar un factor individual y un marco cultural y psicosocial (apoyado por un pobre sistema educativo) que haga que estas actitudes predominen sobre otras ante nuestra realidad. De hecho, Cruz cita al politólogo Ronald Inglehart, quien argumenta que una sociedad insatisfecha con su situación vital y política, es menos propensa a adoptar y mantener instituciones democráticas. En la investigación del IUDOP, más del 80% se mostró dispuesta a prescindir de los derechos humanos, reivindicando la ley y el orden.

Entra el Gral. Maximiliano Hernández Martínez, célebre, si no es que mítico, personaje de los años 30. Al Gral. Martínez se le reconoce haber mantenido un bajo índice delincuencial durante su gobierno, y es cierto. De esta aparente eficacia puede que nazca el clamor por medidas drásticas como la mano dura y la pena de muerte. Ahora, a qué precio: el Gral. Martínez era Ministro de Defensa cuando le dio Golpe de Estado al presidente de turno en 1931, y no dejó el poder (o lo hicieron dejarlo) hasta 13 años después, en los cuales la violencia y la tortura por parte del Estado hacia los disidentes fueron la norma. Ordenó la matanza de alrededor de 30 mil campesinos en 1932, a quienes acusaba de comunistas. Esto aparte de haber dictaminado castigos salomónicos en menor escala, como cortar la mano a los ladrones. Dato curioso, Martínez fue asesinado a machetazos por Cipriano Morales, y se cumple el refrán: el que a hierro mata, a hierro muere.

Y bué. El estudio del IUDOP encontró que los salvadoreños nos inclinamos hacia: (1) la sumisión a la autoridad: disposición a respetar y obedecer sin objeción, sobre todo a las fuentes de autoridad fundamentales; (2) la agresión autoritaria: aprobar el uso de violencia para respetar la autoridad y mantener el orden social; (3) el convencionalismo: aceptación y compromiso con las normas tradicionales…y más que el marco jurídico formal, hablamos de las “leyes divinas”, o la Ley del Talión.

Creyendo en el autoritarismo como la solución más eficaz a la situación de violencia, estamos dispuestos a volver a la represión y a permitir que surjan nuevos cuerpos fuera de la ley. Fantaseamos con la lucha entre buenos y malos y con que venga un Punisher a masacrar pandilleros. Treinta y seis horas después de la quema del bus, existe ya un grupo en Facebook llamado “Sombra Negra vení”: ya no soportamos ver tanto muerto y pensar que mañana podria ser un familiar o nosotros mismo… si solo luchamos para vivir.. dejen vivir en PAZ. ¿Adivine? Si viene la Sombra Negra, va a seguir viendo más muertos. ¿Y además creer que por ser “buen ciudadano” la represión no se lo va a llevar de encuentro? En este país todos somos esquineros sospechosos.

Esto, estimado lector, se llama disonancia cognitiva. La frase “el fin justifica los medios” es peligrosa (por no decir falsa en su origen. Dicha frase no se encuentra en la obra de Maquiavelo), pero calma el conflico interno de “ya no quiero más muertos en este país pero quiero que asesinen a todos los mareros y a sus hijos”. ¿Usted cree que quienes quemaron el bus con los pasajeros adentro no pensaron lo mismo, que el fin justifica los medios? Cualquier fin que tuvieran, aparentemente para ellos su medio para lograrlo estaba justificado. Recuerde esto: esa frase la puede agarrar cualquiera y usarla a conveniencia. Tal vez usted lo vea en términos de fines “buenos” y “malos”, según la moral y el bienestar humano; hay otra gente que trasciende esa dicotomía y lo ve en términos de intereses.

La Sombra Negra, educandos, es un grupo paramilitar, es decir, ex-elementos de grupos armados oficialistas (ejércitos, pues) que retoman las armas y no por…¿ideales? ¿crisis nacional?…sino por dinero, y generalmente por intereses muy ligados al fascismo. En El Salvador hay estructuras paramilitares con conocida actividad desde 1994 (para hablar de las que ya no operaban bajo intereses meramente políticos) e históricamente ligada al crimen organizado/delitos de cuello blanco: lavado de dinero, incluso el sicariato. Traemos el tema a colación porque es momento de poner la cabeza fría y alejarnos un poco del tema del terrorismo y, como dijo Rafiki, “mirar más allá de lo que ves”.

Suspire.

Lo del domingo fueron dos ataques sincronizados: uno actuando como mero preámbulo y el otro como el paroxismo de la ¿violencia ligada al cobro de la renta? ¿amenaza al sector transporte? ¿pronunciamiento político? ¿demostración de poder -como los cárteles-? Pueden no tener los aires románticos de las novelas colombianas que pasa el canal 2, pero por el modus operandi y la impresión que buscaba alcanzarse, nos atrevemos a decir que esto es sicariato. Y no sería la primera vez. Un sujeto comentó alguna vez que con $200 se manda a matar a alguien, sólo es cuestión de contactar a un marero equis. Si un sujeto random y, siendo honestas, misántropo, puede contactar a un marero para darle jaque a un cristiano, ¿Qué nos impide asumir que existen intereses pseudo-anónimos que persiguen precisamente causar terror?  En política, en mercadeo, en sociología, dicen que el terror es una de las armas más grandes de las que usted puede agarrarse cuando su objetivo no parece cumplirse por las buenas. Y acá no hay precisamente angelitos del Señor.  En fin, no hay nada que no sugiera o deje de sugerir que esto es obra de un comando buscando algún objetivo, desconocido -ni tanto- hasta la fecha. Por la plata baila el mono, decía Wilfrido Vargas.

Por estar fuera de la ley y extrañamente cobijados por quienes la procuran, grupos como los paramilitares o formas alternativas de sicariato utilizan la violencia a discreción; un día alguien le pone a usted el dedo por error o por joderlo y olvídese de irse pacíficamente de este mundo. La Sombra Negra se dedica, según “estatutos”, a la limpieza social (expresado en panfletos regados en la ciudad de San Miguel a mediados de 1995), término que siempre ha sido laxo y que ha sido utilizado para referise a homosexuales, negros, mujeres, judíos, opositores políticos… en fin, gente que no es “como nosotros”. Por cierto, la búsqueda de la uniformidad social es otra característica de las actitudes autoritarias. Por otro lado, los seres humanos tendemos a imitar. Un grupo fuera de la ley es la puerta abierta para que surjan más…también actuando bajo sus propios criterios en cuanto a objetivos y formas de exterminio.

El artículo de Cruz hace otra salvedad: puede que mucha gente pida firmeza, no autoritarismo. Ahí vamos. Pidamos firmeza, entonces. Y evitemos la deshumanización, en serio.

III. Iniciativas ciudadanas
La supervivencia de una organización ciudadana de carácter civil y no suscrita a institución política alguna es poco sostenible dado que en el país “gozamos” de un ambiente polarizado y entretejido. El tejido social de El Salvador apenas da para la organización, una actividad que, históricamente, se ha visto como subversiva y característica de revoltosos. Las relaciones interpersonales están fracturadas porque no hay un mínimo de confianza en el prójimo. ¿Cómo podría haberlo, si la persona que llega a tocar a mi casa pidiendo algún favor puede ser asalta-casas? ¿Si quien va a la par mía en el bus puede ser un asaltante que no dudaría en matarme si me opongo? El liderazgo político es una actitud estigmatizada desde la sociedad civil, con poco respaldo académico -sólo dos instituciones no-partidarias ofrecen formación en liderazgo político y el acceso a estos programas es muy restringido- y difícilmente hay alguien con la preparación y el ánimo de meterse a semejante huevo.

(U___________________u) ¿Manejo de ofensivas criminales = cuestión de  hombría?

El Internet es una plataforma para fortalecernos. Nos ha dado una oportunidad invaluable para desahogarnos, apoyarnos unos a otros y saber que no estamos solos. Que podemos unirnos por una causa común. Tenemos el medio de promover la organización civil, incluso desde un conveniente anonimato. El problema es que sólo 15% de la población tiene acceso a Internet en casa. Aparte de eso, no a todos los que tienen acceso les importa involucrarse tanto. Esto nos obliga a trascender el mundo en línea.

Toda iniciativa ciudadana, como dicen, “es buena”, osease que tiene el potencial de generar un cambio para bien ya sea a corto, mediano o plazo. Pero tomemos la campaña de Don Ramón, que decía “yo no me dejo rentear [por las pandillas]”. ¿Alguien que se sumó a la campaña podría decirnos si le ayudó a dejar de pagar renta (se vale decir que sí, preguntamos por curiosidad)? ¿Podría contarnos si le funcionó usar una camisa de don Ramón?…quien por cierto, se niega a pagar la renta de un *inmueble*, lo que lo convierte en inquilino irresponsable, no en víctima de las pandillas. Puede que esta sea una campaña de autoafirmación, pero entonces qué lástima gastar tantos recursos humanos y materiales en algo que al final no deja más resultados que el vacil.

Sin objetivos concretos y un seguimiento adecuado, las iniciativas surgidas en Internet se queman en cuestión de semanas, con suerte meses. Dar un click para unirse a una iniciativa ciudadana no es involucrarse en ella; un click no es vinculante. Van quedando sepultadas bajo nuevos tópicos, porque iniciativas surgidas de la emoción (digamos, el miedo, la rabia) corren el riesgo de ser inmediatistas. Con razón, claro, porque ya no aguantamos y queremos parar estas tragedias lo más pronto posible. Pero la emoción dura tanto como dura el pensamiento que la sostiene. Y si hablamos de pensamiento, como ya vimos, la retentiva del pueblo salvadoreño tiene que mejorarse.

Anexo: ¿Y entonces, qué hacemos?
A veces vivir en sociedad es como ver fútbol: todo el mundo sabe qué hacer y cómo organizar, todo el mundo es técnico. La verdad es que no es así. Hay cosas que como ciudadanía no nos corresponde resolver, pero esto tampoco debe ser entendido como cruzarnos de brazos. Ese emblema a-la-grinpis de “actuar localmente, pensar globalmente” tiene algo de verdad. Sin embargo es necesario recalcar que opinamos que ni la armamentización de la población civil, ni los grupos de “vigilancia vecinal”, ni cualquier asociación que involucre revanchismos es adecuada en el delicadísimo marco en el que se desenvuelve el salvadoreño.

Desde nuestro pequeño búnker de ideas -jojo, tan plantoso-, se nos ocurren un par de propuestas, resultado de nuestra actividad neuronal. Las mismas están divididas en dos categorías, diferenciables entre sí porque la aplicación de la primera corresponde estrictamente al Estado y la segunda, a lo que nosotros, la marabunta, podemos y debemos hacer para manejar el pánico, para prevenir desde lo imprevenible y hacer esta calle nuestra algo un poco más vivible. Lo que enlistamos a continuación no es la Biblia ni la Política de Sartori, podría incluso no apegarse a los enfoques tradicionales, pero es lo que hay. Siéntase libre de agregar sus propias ideas.

*Desde la sociedad civil:
Ante tanta violencia, comenzamos a preguntarnos qué hacer. Las propuestas son más fáciles si se desglosan en pequeños pasos, visibles, medibles y alcanzables; de lo contrario, no vemos resultados y eso nos hunde aún más en la desesperanza. Es sumamente importante que comencemos a pensar desde lo que está y lo que no está en nuestras manos, y no desde la fantasía de que alguien más (o peor aún, nosotros mismos), sacará un un arma durante un asalto y matará “a quien se lo merece”. Cierto, todos tenemos una responsabilidad social, y si podemos incidir en una situación para evitar daños, qué bien. Pero las más de las veces no es así.

1) Sea coherente: si está pidiendo paz, no esté apoyando matanzas de ningún tipo. Señale con su dedo índice, si quiere, pero recuerde que cada vez que hace eso, otros tres dedos de su propia mano señalan hacia usted. Parecería que un tweet o un status de facebook es inofensivo, y lo es, pero a la larga hay miles como ese y es un reflejo de lo que pensamos en colectivo. Esa forma de pensar es la que guiará nuestras acciones como nación. No queremos impunidad en crímenes de ningún tipo, pero tampoco es culerada querer evitar la Ley del Talión. La espiral de violencia que vive El Salvador, los crímenes que se cometen, los castigos que se piden, están fundamentados en el “ojo por ojo” y en que “el fin justifica los medios”, y es precisamente por eso, como dice un artículo de El Faro, que cada acto de violencia que sufrimos es siempre el penúltimo.

2) No se meta de gallito: practique el autocuido. De nada le va a servir ser el valiente de la colonia que se opone a un asalto o quien vista la camisa de Don Ramón para decir que no se deja rentear, si eso va a llevar un ataúd a su casa. Cual frase de maitra, “lo material se hace”.

Inaction is a weapon of mass destruction, chero.

Pero no quiere decir que no tenemos que hacer nada; sólo los muertos no hacen nada y nosotros seguimos de pie. Sabemos de mucha gente que el lunes tras el ataque en Mejicanos se quedó en casa, pero el punto del terror es ese, trastornar el día a día para someternos. Es difícil, aquel miedo pelón de salir a la calle y subirse a un bus pensando que en cualquier momento se sube un marero a prenderle fuego. Como poco o nada podemos hacer para evitar estas situaciones, tome un par de precauciones: siéntese siempre en el extremo que da al pasillo del bus, oculte sus audífonos; procure no cargar bolsas grandes y siéntese siempre tan próximo a la puerta de salida como le sea posible. Etecé. Recomiende.

3) No entre en pánico. En este país estamos en un constante torbellino de emociones negativas por lo que vivimos y vemos a otros vivir. Pero el pánico da pie a la acción desorganizada e inmediatista. Hay ciertos noticieros que prefieren apelar a los sentimientos al mostrar las noticias; es mínimo el trecho entre ponerle rostro a las víctimas y el morbo. Traigamos a colación la premisa del libro: “El Efecto del Afecto”: la esperanza, el miedo, la ansiedad, la ira…los afectos afectan la manera en que pensamos y actuamos políticamente.


La Pena de Muerte no es precisamente un ejemplo de la no-violencia de Gandhi.

Así como le recomendamos que no entre en pánico, tampoco ayude a propagarlo: el martes en la tarde el periódico digital La Página que de serio tiene lo que nosotras de herencia turca, difundió una nota sobre un supuesto secuestro a un autobús de la 201 (Santa Ana-San Salvador). Como respaldo incluían el testimonio de una señora que fue asaltada a bordo del mismo, pero logró escapar. Se relataba que el vehículo fue desviado hacia El Congo y que los pasajeros permanecían retenidos a bordo. Radio 102Nueve la dio por cierta y rodó por todo Twitter, sólo para detenerse cuando los empresarios de transporte interdepartamental de Santa Ana dijeron que todas sus unidades estaban reportadas y sin incidentes. No dé por ciertas cosas que no le consten, papá.

4) Hable con sus vecinos, aunque sea carburo. Salúdelos si aún no lo hace. Usted es responsable de un pedacito de tejido social y la organización comunitaria comienza con la comunicación. El miedo, la desconfianza y el “sálvese quien pueda” no nos permite tener la fortaleza colectiva que necesitamos. Usted sabrá si le conviene hablarle o no a sus vecinos (quien quita que alguno sea pandillero)…pero dése a la tarea, una vez que haya ido a la PDDH y a Mariona, de construir una red social de la cual eventualmente echar mano. Usted sea parte de otras.

5) Lea, homb’e. No tiene que sacar estudios en ciencias sociales para saber estas cosas. Lea la historia de su país. Lea fuentes oficiales y alternativas, formales e informales. Pregunte, hable con la gente de todas las ideologías; escuche sus opiniones, aunque no le parezcan las más acertadas. Cuestiónelas y déjese cuestionar. Cuide lo que dice, cuide cómo piensa.

¿A quién? ¿Por qué medio? ¿Tienen buzón de sugerencias?

Fundamental: sepa qué le corresponde a qué instancias, porque a la hora de proponer y exigir acciones, debemos ser explícitos: qué queremos y quién tiene que ejecutarlo. “Quiero que el gobierno pare la violencia” en realidad es una frase bastante vaga.

No se enoje cuando lo manden a leer. Créanos, a nosotras nos mandaron a leer y damos fé de lo útil que es: expresar una opinión y elaborar un argumento no son lo mismo, vieja. La opinión viene del criterio propio, de irse de hocico; la argumentación proviene de la elaboración conceptual de un criterio. No-es-lo-mismo. Si usted difiere, si cree que matar mareros es la solución, si cree que el Todopoderoso ejército va a traer paz, prosperidad y sesenta y nueve vírgenes a su vida, juegue, pero sépalo defender.

Y hasta aquí nuestra crónica de hoy.

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Trípin

Trípin – versión Apagón.

Usualmente, nuestra estimada lente va en busca de las noticias. Pero esta vez, las noticias la encontraron a ella. Un apagón interrumpió su tranquila velada dominguera y le obligó a salir a calle a ver qué se veía cuando no se veía nada. La incertidumbre y las teorías de conspiración reinaban en la ciudadanía, aunque los niveles variaban en cada persona. “¡SE VIENE EL 2012, SEÑORES!”, gritaba un joven en un centro comercial, aunque el resto de consumidores trataba de mantener la calma mientras salía al parqueo. “Yo creo que tenemos que ser más responsables con la naturaleza; no sobrecargar regletas y cuidar el agua “, nos respondió una señora, cuando le preguntamos a quién apoyaba en el Mundial.

A continuación, unas estampas captadas en la penumbra.

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Una panorámica de una colonia en la zona norte de la ciudad, en los primeros segundos del apagón.

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Los amigos Genaro y Darwin se encontraban en un establecimiento de comida rápida. No había servicios de papas fritas. Genaro optó por la histeria e insistió en irse a casa, temiendo un complot contra el presidente Mauricio Funes. Darwin prefirió esperar y se vio recompensado con papas agrandadas cuando el restaurante encendió la planta.

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Etel Abigail prende una vela en su casa, para que su hijo Gregoriano termine las tareas. “Lástima que se lo lleva Judas, pero tal vez así aprende a no dejarlas a último minuto el domingo en la noche”. Lo bueno, comenta Etel, es que fue una oportunidad para inculcar memoria histórica en su vástago: “yo le digo que así era en la guerra, yo crecí haciendo mis tareas a la luz de un candil, porque pasábamos Sin fluido Ocho-horas Perras”.

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Adelaida navega en Internet con su blackberry y comprueba que el apagón se debe a problemas técnicos y no a conflictos sociopolíticos o a las ráfagas solares. Sus compañeros de tesis, Abelito y Terencio, respiran aliviados.

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A la hora del apagón, DJ Mullet amenizaba una fiesta en una pupusería. Por suerte, tenía a la mano una vuvuzela que mandó a traer a Sudráfrica, y el patín continuó con sonidos menos electrónicos y más artesanales.

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En una colonia de San Salvador, Jelenberto aprovecha la oscuridad para contar un cuento de terror a sus vecinitos, Yolaida, Marulo y Gutierrito. “Lo más feo fue cuando apareció Wil Salgado”, expresó Marulo, aún con agitación.

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Lorenita, Gladiola y Chanchuyo posan para la cámara, demostrando por qué es importante la higiene bucal.

Frases, Imágenes, Jue!, Música, Personitas, Turis-turista

Aerosmith Costa Rica – Capítulo 3: Hardcore tuanis.

Jamás en mi vida me imaginé que tendría a Steven Tyler a unos 10 metros de mí diciendo “tuanis”. Me gustaría volver en el tiempo y decirle a mi atribulado Yo de 13 años: “viejita, no te preocupés. Cuando crezcás, vas a verlos en concierto. ¡DOS veces!”. Y quizás mi Yo de aquí a unos años llegue diciéndole “TRES veces, y vas a conocerlos”, pero eso sí no podría asegurarlo en este momento de mi vida. Enigüei. No es este el sitio para explayarme en mis frustraciones adolescentes, pero desde los 12 años estaba obsesionada con ellos, como atestigua mi museo personal de cosas que llevan el nombre Aerosmith y sus derivados. Pero verlos en vivo me parecía imposible. LOL. Uno de cipote es tonto.

Lo que vino después de que bajó la cortina, como dicen en El Club de la Pelea, no pasó en palabras. Y el tortuoso camino que me llevó hasta esa experiencia cumbre lo valió. Nada importaba. Esto no era sólo *un* concierto. Habría que preguntarle a un fanático del fútbol si la final del Mundial es *sólo* un partido. Nel. Ahí entregás tu alma.

La gente sería más feliz si se diera el chance de buscar experiencias como estas de vez en cuando. Y lo único que se me ocurre para describir lo que estaba pasando es citar a un mae que estaba a varias cabezas de la mía, que gritó “¡HARDCORE TUANIS!”.

Mr. Joe "Fuckin'" Perry y su pinta de narco.
RT @Steven_Tyler: "¡Pura vida, majes!"
Es altamente posible que él no agrade a la estética visual de mucha gente, pero qué palomeishon de persona. Yo lo amo ❤
Por la pose, está tocando Pink.
¡Doble máaaastil!
The Demon' of Screamin'
¡Esa es mi banda, men!
In ur drumz, doin the awesomest solo.
Trivia: Steven Tyler empezó siendo batero.
¡GUITAR HERO!
Mr Sweet Emotion, quien hace cuatro años tuvo la amabilidad de sonreirme y poner su bajo frente a mi cámara.
The Toxic Twins. Y atrás Mr. Whitford, que andaba medio huraño.
Estos maitros son mis broders.

A las once, después del encore, se despidieron con fuegos artificiales. Bueno, ellos sólo se despidieron, asumo que no eran ellos quienes cargaban los fósforos. Busqué a Mario y a su hijo, porque en la histeria colectiva se me perdieron. Ahora, recuperemos la imagen del entrevistador y el camarógrafo, a quienes Francisco, Evelyn y yo habíamos visto por la mañana entrevistando taxistas. Andaban pululando por ahí, se nos acercaron y entrevistaron a Mario. Después me entrevistaron a mí, y no me ahuevé, vaya. ¡El Salvador representin’!

Fffffffsssssssshhhhhh-BOOM!

Mario, su hijo y yo salimos del autódromo en una multitudinaria procesión como de Semana Santa, pero más mundana. Desde que dejamos la gramilla, la situación parecía el Fin del Mundo: carros atascados por todos lados, apuntando a todas direcciones; difícil decir qué carro tendría que moverse para que los otros salieran. Esto era particularmente problemático para un par de ambulancias que llevaban heridos. Había gente desorientada, ebria y volando alto, yendo y viniendo. Caminamos por tiempo indefinido hasta que al fin encontramos a don Álvaro y a los ticos, lejos de la Guácima, “allá por el cruce”, y él también estaba atascado. Era ya el 2 de junio y yo tenía que estar en la estación de buses a las 2:15 am. Soqueishon.

Cuando me senté en el microbus, sentí todo aquel calambrerío en brazos y piernas, y un mi dolor que me empezaba en el cuello y me respondía en las costillas (WTF). Mi cuerpo hizo números: no había comido en 15 horas, no había tomado agua desde las 5 pm, había estado parada por siete horas; iba a ser ranger y tratar de llegar a las 24 horas sin dormir. Hasta que me subí al microbus sentí esos vacíos, pero no era queja. Era un acuerdo tácito previo: comer, tomar agua y dormir no eran prioridad en este viaje.

Era la 1:30 am y seguíamos por la Guácima, en una fila interminable de carros. Todavía había que ir a dejar a todos los ticos, llegar a San José y pasar al hotel a recoger mis cosas. Don Álvaro se salió de la fila y agarró un envión heroico y espantoso. Nadie hablaba, la mayoría se había dormido. Yo veía por la ventana, fantaseando con qué haría si me dejaba el bus. Pero don Álvaro estaba parqueándose frente al hotel a las 2:05 am y tuve 10 minutos para recoger mis cosas y despedirme de Mario y de su hijo. Como es costumbre en estos tiempos de bonanza, quedamos en agregarnos al Facebook, y apostamos a que tendríamos al menos una persona en común. Flashforward 22 horas: descubro que conoce a mi hermano.

La vista desde mi puerta.

En retrospectiva, debí haber parecido un Beatle en la película A Hard Day’s Night, corriendo a todas partes y hablando carburo cada vez que podía, con pausas musicales incluidas. Llegué a las 2:20 am a la bodega donde me habían dejado un día atrás. Le agradecí a don Álvaro, que es de esas personas que una quisiera ver con frecuencia. En la estación había un tipo con la camisa de Aerosmith, que obviamente también venía del concierto. Pensé en hablarle y preguntarle si era de El Salvador, pero me dio pena (esto suena a Train Kept a Rollin’). Se bajó en Nicaragua.

Score!!!

Este no era el bus en el que había venido. Tenía el asiento sólo para mí y era como sentarse en un pedazo de nube, tanto así que no necesite la dona para el cóxis. Antes de poder ponerme a llorar de la emoción por la comodidad en la que me encontraba, me dormí, fracasando así en mi empresa de no dormir por 24 horas. Incluso, dormí buena parte de la mañana, tan profundamente que pasé en feliz estado de vigilia el resto del día, pupilas dilatadas y todo. El 2 de junio me comí dos panes, dos galletas, un jugo y una gaseosa. Tuve que hacer cola bajo el sol a las 8 am, porque alguien se había llevado las llaves de migración en Costa Rica y el lugar estaba cerrado.

Pensé que era mi estado alterado de conciencia, pero realmente, ¿qué ondas ahí?

Dicen que el viaje de regreso es más corto. Qué putas. A las 6 pm estaba en El Amatillo, y tuvimos que desviarnos a una especie de galerón donde le revisaron algo al bus y nos quedamos atascados un buen rato. En eso, se subió un PNC que parecía T-1000 de Terminator II. Me pidió mi pasaporte y me registró el bolsón, incluso hojeó mi diario. Pensé en decirle que su trabajo era sumamente aburrido si tenía la necesidad de preguntarme hasta en qué parte de San Salvador vivía, pero sólo enrollé la lengua y le dije “semejante hijueputa”. Quedito.

A las 8 pm rogaba por un sedante porque aún estábamos en San Miguel y estaban pasando Avatar, y aunque dicen que es buena, a mí me da hueva y no he querido verla. Al fin, a las 11 pm estaba en mi casa, revisando mis tesoros recién adquiridos, muchos de ellos sólo tangibles por medio de la estimulación neuronal. No compré nada en el concierto, me propuse no hacerlo; también me propuse tomar menos fotos y poner más atención. Saqué el boleto del concierto de entre mi pasaporte nuevo,  recién bautizado con sellos centroamericanos. Podría ser ésta una historia tímidamente épica, pero como dice Steven Tyler, en realidad sólo es rock and roll. Le conté esta historia a un amigo y su único comentario fue: “twice nice, vieja”. Tuaisnais.

Gracias por acompañarme en este viaje:

Azul y blanco, Imágenes, Jue!, Música, Personitas, Turis-turista

Aerosmith Costa Rica – Capítulo 2: Valevergueishon mode ON.

Pensé que estaba en mi cama. Levanté la cabeza y mi automático “¿qué putas…?” fue respondido con un flashback de lo que había pasado el día anterior, y con la expectativa de lo que iba a pasar ese día. La habitación estaba oscura pero la luz solar que se colaba por una rendija me asustó porque era demasiado brillante; ya era de día. Vi mi celular, mi reloj despertador de viaje, y se había descargado…semejante huevón, solamente un día le duró la batería. Tenía que despertarme a las 7:45 am, porque iba a conocer a Francisco y a su hermana Evelyn a las 8:30, en el lobby del hotel.

Pero vi el reloj de la habitación; eran las 7:30 am. “No temáis”, dijo mi ritmo circadiano, y lo felicité por ser tan precavido y despertarme antes de tiempo. No sólo eso; por la elevadísima excitación de mi sistema nervioso central, no me sentía cansada y carecía de mi usual comportamiento de ligosa al despertarme. No tuve que reptar por la alfombra para llegar al baño. Puse el VH1 para que amenizara mi proceso de acicalamiento y después me comí una galleta que había guardado del día anterior.

Unos tres minutos después de haber llegado al lobby, Francisco y Evelyn entraron al hotel. Hay que decir que en su familia son tres hermanos, y yo sólo iba a conocer a 2/3 de los consanguíneos. El tercero estaba trabajando. En un hotel. En el hotel en el que estaban hospedados los miembros de Aerosmith. Si yo hubiera llegado medio día antes, los hubiera conocido. Pero así funciona el mundo. Lo mejor era contar las bendiciones, como dice el dicho yanqui, y hasta mucho había hecho la vida dejándome verlos en carne y hueso, aún cuando el contacto no fuera recíproco.

Pasa algo bien especial cuando conocés en persona a alguien con quien hasta entonces sólo has hablado a través de una computadora. No sabría decir qué es, pero es bonito, al menos así ha sido mi experiencia hasta hoy (quizás porque hasta hoy no me ha salido ningún sociópata). Yo no sé qué habrán sentido ellos, pero desde que me subí al carro con Evelyn y Francisco me sentí entre cherada. Como anfitriones se llevan un aplauso volumen 10. Me dedicaron toda la mañana y me llevaron a comer gallo pinto a Soda Tapia. Ellos twittearon sobre nuestro jolgorio por habernos reunido y nos reímos de un entrevistador y su camarógrafo que estaban en un semáforo entrevistando a taxistas. Por favor, guarde la imagen de este entrevistador y su camarógrafo para futura referencia.

Café con leche FTW. Y a las cafeterías se les llama sodas.

Después del desayuno me llevaron a conocer parte de San José. Estuvimos atascados en tráfico un rato y pasamos el resto de la mañana caminando. Me llevaron a conocer calles y edificios importantes, y a mediodía entramos a un recital de guitarra en el Teatro Nacional. Tengo que revisar el libro “1,000 places to see before you die” (1,000 lugares a visitar antes de morirse), que me regaló un amigo que viaja mucho, para revisar si estuve en alguno de esos lugares. Y para los que no tienen la suerte de que los Sosa les hagan un tour en vivo por San José, está el Flickr de Francisco, que fue citado varias veces durante nuestra travesía por la ciudad.

...is in my ears and in my eyes. Y vende zapatos Puma.
Me dijeron los nombres de todos estos lugares. Pero no me acuerdo -_-
Los cables van bajo tierra. Win!
Peatones emplumados (o, como dijo el primo @Marc_elo, "¡qué palomada!").
Photobucket
RT @fsosa: Avenida Central, ese es el reloj de la fuente de la plaza de la cultura.

RT @fsosa: Esto también está en mi Flickr.
En 'lo que es' el Teatro Nacional.

Era la 1 pm y me dio cierta congoja despedirme de ellos. Ojalá nos encontremos de nuevo, pronto, y ojalá pueda retribuirles lo calidá de gente que fueron conmigo. Y no olvidemos la razón inicial que me había llevado hasta ellos: el boleto del concierto. Don Álvaro iba a pasar a la 1:30 por mí y tenía que cambiarme. Parafraseo a Scott Weiland cuando digo que la operativización de “cambiarme” es “vestirme como si fuera a una pelea callejera”.

See-saw swingin' with the boys in the school and your feet flying up in the air.

No llevaba mucho: la cámara, la billetera, papel y lápiz (siempre), una lámpara-encendedor y el boleto del concierto. Todo en bolsas cargo del pantalón, porque llevar cartera o bolsón, nel. En el lobby me encontré a otro salvadoreño, Mario, con su hijo de 15 años. Habían llegado esa mañana por avión. Don Álvaro nos recogió y nos informó que íbamos a pasar por varios ticos. En el camino, nos hicimos cheros, hablando de los discos de Aerosmith. Iban a gramilla preferencial igual que yo; eso fue un gran aliviane, ya tenía aleros. De haber sabido, hubiera llevado una bandera de El Salvador, para el representin’. Si fueron más salvadoreños al concierto, jamás los vi.

Picture enfoqueishon fail.

En lo que recogimos a los ticos, pasamos al súper y llegamos a La Guácima, se hicieron las 3:30. Escuché sus conversaciones y su simpático acento con R grrringa, aunque sólo recuerdo la confusión de dos ticas por Guácima Arriba y otras direcciones. Llovió buena parte de la tarde y el día anterior había temblado en número richter respetable. Para lo que pagué por el paquete de viaje, más les valía incluirme fenómenos de la naturaleza; los movimiento de placas tectónicas aportan a la adrenalina.

Las filas eran gigantescas, pero yo entraba por las puertas de punto verde y ahí no habia fila. Yo era la 5a persona. WTF.

Mario me compró una capa de plástico para la lluvia (más bien, me prestó pesos y yo le pagué en dólares). Había rótulos que decían que se prohibía la entrada a todo tipo de cámaras fotográficas y de video; una pendejada, pero viendo las caras de los guardias -que nos quitaron las botellas de agua- y por si acaso, escondí mi cámara en el calcetín. La soqué cuando la maitra de seguridad me palpó el tobillo; o no se dio cuenta o se hizo la maje. Ya en la fila toda la gente se estaba tomando fotos. Eso de “prohibir todo tipo de cámaras fotográficas y de video” significa que no dejan entrar cámaras profesionales. Más que estresan a la mara, homb’e. Llovió fuerte un rato mientras hacíamos fila. Fue una hora de espera; una hora interminable.

Nos dejaron ingresar a las 5. Me pusieron un brazalete que decía gramilla preferencial y me dio un tic en el ojo. Cuando entramos, nuestra zona estaba vacía a comparación del resto, y mi puesto era perfecto, a menos de diez metros del escenario. Pasamos el tiempo, Mario, su hijo y yo, hablando carburo; cualquiera que conozca a los Traveling Wilburys tiene un hi-five de mi parte.

El monstruoso escenario y las humildes gramillas.
Impatient cats are impatient.

Recordemos mis palabras: los bancos son el demonio. Las razones de peso escapan a esta mi intelectual disertación en tres entregas. Pero es que vi la Zona Diamante: estaba frente al escenario, la pasarela por la que caminarían mis ídolos dividía esa sección en dos, había sillas y camareros que llevaban cerveza en bandeja. Word, brother and sister. Si los de Aerosmith iban a tirar sus armónicas, uñetas y baquetas, que lo iban a hacer, les caerían a ellos. Y resulta que esa zona era exclusiva para clientes del Citi. Y pensé, culeradas. Primero, no venimos a ver a la Sinfónica. Hay códigos sociales para estar en la iglesia, ¿no? También los hay para conciertos de rock…hay que valer verga un poquito (y esto no es para los tarjethabientes si no para los que tuvieron la brillante idea de poner sillas y meseros). Segundo, mucha gente que estaba ahí, estaba ahí por ser clientes del Citi más que porque les hirviera la sangre de gratitud hacia los ancestros de Steven Tyler (los Tallarico) y Joe Perry (los Pereira), por haber producido una descendencia tan adorable y hardcore. Y sí, eso me encabronó sobremanera. Me duele el orgullo. Fin.

Voy a hacer la salvedad de que en la Zona Diamante estaba la familia de Robinson Gamboa, quien falleció en el primer concierto que los Bad Boys from Boston dieron en Costa Rrrica, en 1994. A las 8 de la noche, el promotor del concierto salió al escenario y le dedicó un minuto de silencio. Un minuto que duró 41 segundos, pero minuto al fin. Después salió la banda telonera, Gandhi. Y después fue un tiempo indefinido en el que los roadies probaron los instrumentos. Un chero a la par mía gritó: “¡ya quítenle la guitarra a ese maje!”. Yo pensé, “tené talento, papá, ese bicho trabaja para Joe Perry”. Pero francamente, yo también estaba desesperada. Desde la 1:30, cada minuto se encaprichaba en durar 120 segundos. Nótense las constantes alteraciones de mi percepción temporal.

Y cuando creía que ya no podía tolerar más la frustración por la espera, una cortina cayó sobre el escenario.

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Aerosmith Costa Rica – Capítulo 1: the sightseeings of a lonely globetrotter.

Me felicitaron por animarme, me dijeron que tenía huevos; una señora me dijo que estaba loca. Me fui sola a Costa Rica por un día; el paquete decía que eran tres, pero dos eran para pasarlos en un bus. Y puede sonar una exageración echarse ese viaje sólo por ir a ver a una banda de rock, pero creo que cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo. Verlos en vivo era un sueño de mi vida y ya lo había cumplido. Podía cumplirlo dos veces.

Los vi por primera vez en enero del 2006. Fui al centro de Houston con mi hermano y nos subimos a un tren que nos llevó al Toyota Center. Conseguí una camisa, un poster y un pin. Me colé al frente del escenario y me apoyé sobre la tarima. Steven Tyler casi me patea los dedos y yo, en mi estado de apendejamiento, ni siquiera lo toqué. Tomé pocas fotos porque de la emoción arruiné las settings de mi cámara, pero Tom Hamilton me sonrió y me puso el bajo enfrente para sacarme un ojo.

"Mira, mamá: ¡sin zoom!"

Veamos el trasfondo de esta historia: dice mi señor progenitor que siempre hay un buen samaritano a todas partes a las que vamos. Francisco fue ese samaritano para mí, no hubiera hecho este viaje de no ser por él. Me enteré de que Aerosmith tocaría en Costa Rica y juré que ahí estaría. Pero cuando averigué cómo comprar el boleto para el concierto, vi que estaba condenada a no ir. Viviendo en el extranjero, la única forma de comprarlo era con tarjeta de crédito que estuviera a mi nombre. No tengo tarjeta de crédito. Acuérdense de mis palabras: los bancos son el demonio.

Llevé mi aflicción a Twitter y Francisco se ofreció a comprármelo. Hasta entonces, no  habíamos intercambiado más de 140 caracteres de vez en cuando. Desde hace tiempo he escuchado que en Twitter encontrás una solidaridad sorprendente, sólo tenés que pedir ayuda. Dudé un poco, pero para el 16 de abril, Francisco me estaba enviando a mi correo electrónico una foto del boleto. Le pagué ese fin de semana. En ese momento, todo fue un gran salto de fe.

Me apresuré a comprar el boleto no sólo porque se estaban agotando, si no porque era una forma de obligarme a ir. Quería ir, pero…tenía la mala costumbre de sacar “peros”. No más. Primero el boleto, luego el resto. Encontré un paquete, hice cuentas; necesitaba un wingman/wingwoman para el viaje, no sólo para bajar el costo, si no porque no sabía nada de viajar por Centroamérica e ir a conciertos. Pasó el tiempo y a una semana y media del evento, tuve la certeza de que iría a ir sola. Me acordé de una frase -creo que es de un libro-, que traducida dice “la vida no se detiene a esperar a nadie”. Dejé de preguntar y compré el paquete para una persona.

Me levanté a la 1:45 de la mañana el 31 de mayo. Hasta que puse la cabeza en la almohada horas atrás me entró el pavor de no despertarme a tiempo, pero lo hice. A las 3:10 de la mañana, el bus estaba saliendo de la estación. La chera del asiento a la par, una tica, ni siquiera me volteó a ver cuando se sentó (qué sé yo, un “buenos días” no cae mal). Pero, en su defensa, siempre movía las piernas a un lado cuando yo necesitaba pasar.

La Juan Pablo II a las 3:15 am.

Me puse mis audífonos y la primera canción que sonó fue Dream On. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Alguien diría que esto de ser fan quasiobsesiva (fui obsesiva completa de los 12 a los 18 años) de una banda de rock es una banalidad, pero a mí me ayudó a formar mi carácter en muchas cosas, desde aprender a ahorrar hasta animarme a ir a ver el mundo, como estaba a punto de hacer. Por seguir el consejo dream until your dreams come true, estaba en un bus a Costa Rica y no en mi cama, durmiendo el sueño proletario mientras llegaba la hora de irme a un trabajo que no me alegra.

Me dieron una almohada y una frazada y apagaron las luces, pero el asiento era incómodo, con el agravante de mi cóxis, aunque llevaba una dona para aminorar el impacto (seadeque yo tengo luxofractura en lo que es la zona de la rabadilla). No podía dormirme y sólo miraba por la ventana y a veces a la tica, que dormía como si estuviera en lecho de plumas de ganso. Al fin caí inconsciente. Me desperté en El Amatillo a las 6 am. Me dieron café y una galleta; se llevaron mi pasaporte.

De 6 am a 6 pm no me quejo: vi cuatro películas; me comí un sandwich y la mitad de otro, ocho uvas, dos galletas, un pedazo de quesadilla y un jugo; leí parte de la autobiografía de Aerosmith; miré por la ventana y el panorama estuvo casi siempre nublado. Las fronteras son una desgracia en ciertos aspectos, pero el trato no fue malo. Les di parte de los otros sandwiches a perros callejeros que pululaban en aduanas. De cierto os digo, eso no es desperdiciar la comida; ellos se comieron hasta la última migaja.

Agatha estuvo aquí.
Se busca: wingman que me lleve a tomarle fotos a letreros.
Kthnx
"Tierra de Darío y Sandino", va.

Managua.
Win!!!

De 6 pm en adelante comenzó a darme desesperín, sobre todo por estar esperando en la frontera Nicaragua – Costa Rica. Cerré los ojos para dormirme un rato y la tica de al lado no tuvo la cortesía de avisarme que teníamos que bajarnos para pasar a migración en Costa Rica; por suerte abrí los ojos antes de que cerraran el bus. La amargura se me pasó un poco cuando un canadiense comenzó a sacarme plática sobre cómo antes oía Pink Floyd y ahora alabanzas, y sobre lo admirable de mi fandom por hacer sola un viaje de este calibre.

Por la noche traté de dormirme en el bus por varias horas, para desinflamar la desesperanza que comenzaba a sentir por no llegar nunca. Lo logré, a un precio: dormir en un asiento tan incómodo es para despertarse sintiendo que te ha brincado media clica. Me bajé del bus a la medianoche, en una estación que más bien era una bodega. Afuera del galerón había un enjambre de taxistas y me alivió ver a alguien con un rótulo que tenía mi nombre. Don Álvaro parecía un personaje de Astérix, tirándole a Esautomátix. Tenía bigote y un trato tan amable que se me olvidó toda la frustración y cansancio que traía. Me dijo que estábamos a sólo dos cuadras del hotel y me advirtió que ni se me ocurriera salir a caminar por ahí porque era una zona peligrosa.

En el hotel, el señor de recepción me saludó por mi nombre y me dijo “su papá la llamó”, como si lleváramos tiempos de conocernos. Ese hombre era toda amabilidad y me dijo cómo usar el teléfono-de-llamadas-gratis-al-exterior. Mientras me registraba, agarré un periódico que tenía en la portada a Steven Tyler, anunciando el concierto. Me acordé de la frase de Penny Lane en Almost Famous: “it’s all happening”. Me di un fist-bump a mí misma y crucé los dedos porque todo siguiera saliendo de acuerdo al plan.

Y Roberto Carlos, homb'.

El cuarto de hotel era acogedor y me sentí cual feto en placenta. Tenía cable, una pequeña cafetera y un instructivo para sobrevivir en un incendio.


Me dormí a la 1 am del primero de junio. Para mi regocijo, y teniendo en cuenta lo biológicamente enclenque que soy, no estaba tan cansada como esperaba. Aunque, después de dormir en un asiento de bus, me parecía increíble cómo damos por hecho el placer tan paloma de acostarse en un colchón.