Última hora: usuarios del transporte colectivo se van a paro.

No me imagino el día en que sea válido que una empleada de un almacén me insulte, al menos a mi cara, porque después de ver todos los productos que me ofrece ningune me convenza y no compre nada. Tampoco me imagino que un mesero me eche encima la comida que lleva en su bandeja sólo porque accidentalmente me le atravesé mientras llevaba el pedido a una mesa. El cliente no siempre tiene la razón, y hay clientes de clientes, pero a fin de cuentas hay unas normas mínimas de urbanidad, amabilidad y respeto en cuanto al trato que el empleado de X tienda/institución/servicio le da a sus clientes y usuarios, reales y potenciales.

Pensé esto hoy que iba en el carro y el motorista de un bus tuvo a bien echarme la unidad encima, porque él venía a excesiva velocidad y le encabronó que alguien en este mundo se atreviera a hacerle usar ese pedalito que se llama freno. Lo adelanté en una parada que hizo, pero más adelante me dio alcance y mientras me sobrapasaba el cobrador le pasó pegando al carro en el que yo iba.

No le di mucha importancia pero después pensé que ese ha sido el problema. “Pues sí, ni modo, qué le vas a hacer”. Y, no podía hacer mucho. Me empoderaba para reclamarlas, silbarles la vieja, rayarles la unidad….ante esto, cuando menos, me hubieran dado una paliza frente a La Rotonda, bajo la mirada pasiva de transeúntes. No puedo hacer mucho más que tranquilizarme y evitar pensamientos que perpetuaran mi sentimiento de impotencia (cognitivo-conductual FTW) ante algo que en ese momento ya no podía modificar. Pero lo menos que puedo comenzar a hacer es a dejar de ver esos abusos como normales. ¿Quién putas es este cobrador para tratar de dañar mi propiedad? ¿Quién putas es este señorito busero para sentirse con derecho a amenazar mi seguridad física? Tal vez si dejo de ver lo anormal como normal, alguien más lo hará.

Luego subo un escalón más en la jerarquía del transporte público y veo a los empresarios, a los responsables de las unidades y de las Bestias Transformers que las conducen. Apenas los conozco, pero ya dicen las, eh, Sagradas Escrituras: por sus frutos los conoceréis. Estos maitros son los primeros que saldrían arrastradísimos en el área de servicio al cliente. Eso debería ser imperdonable (tampoco son las únicas empresas que salen impunes con sus mandrakadas, señal de  la necesidad del slogan: consumidores, uníos).

Los motoristas y cobradores también la socan, no es fácil manejar en este país, cuantimás con los pandilleros; quiere ganas con esa mara (no pun intended). Con todo y lo salvajes que son, ellos también tienen su sistemita límbico, y la amígdala y los esfínteres se les activan como a cualquier persona cuando se les acercan las pandillas. Pero esa no es excusa ni justificación para el maltrato hacia quienes ellos -se supone- deben brindar un servicio.

El día que usuarios y usuarias del transporte público quieran irse a paro, en demanda de un transporte colectivo que se deje de atropellos (no pun intended) hacia los usuarios y hacia  quienes rodean el negocio (e.g. otros motoristas, transeúntes, chuchos); en demanda de pruebas psicológicas a potenciales candidatos al volante (el Modelo Español de Prevención de Comportamientos Arriesgados se me viene a la mente) y capacitaciones y monitoreo constante -¡conductismo FTW!- a motoristas y cobradores…ese día, voy ahí. Y espero que usted también.

Una categoría de esta entrada es Tongue-in-cheek, que es un consistente pido-tay ante observaciones sobre lo utópico de este asunto. Sin embargo, con todo y lo ideológico y ochentero-cual-mullet, el pueblo unido jamás será vencido.

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3 respuestas a Última hora: usuarios del transporte colectivo se van a paro.

  1. Alejandro dijo:

    Bueno, esto es normal. Ah… “Tal vez si dejo de ver lo anormal como normal, alguien más lo hará.” Sí, es la solución… aunque creo que un poco difícil de lograr. Esos atropellos son el resultado de varios axiomas entremezclados: “cada quien en la suya”, “a mí no me jode nadie”, “los demás son unos ignorantes”. El hombre desafía al “yo y mi circunstancia” de Ortega y Gasset, y simplemente es “yo”. Un “yo” plenamente descontextualizado, sin interés genuino por “el otro” y “lo otro”, a menos que pueda obtener algún beneficio (y en el contexto del liberalismo, hablamos de beneficio económico). Y como dependemos del transporte, y ellos lo saben, no necesitan cuidarnos como clientes.

    Hace dos días fui a una farmacia y me sorprendió que el software que usaban en la caja tenía un mensaje permanente diciendo “El cliente siempre tiene la razón”, como para que la chica que atendía no lo olvidara nunca. Estaría bueno que las unidades de transporte colectivo exhibiesen un mensaje así en alguna parte (en vez de esos “Jesús se acuerda de mí porque soy un hombre trabajador”, “Arlennys III”, “Mi negra bella”, “Te amo cocha pechocha”, “Envídiame”, y similares que muestran las unidades venezolanas).

    El problema es que necesitamos el transporte colectivo, por ejemplo, para ir al trabajo, al hospital, y a visitar a la novia. La noble intención del paro podría justificar algunas ausencias laborales. Incluso podría ser que las enfermedades suspendieran sus embates por unos días. Pero no hay novia que admita excusas como ésta. El que se enamora pierde.

  2. Ricardo dijo:

    Independientemente de quién se vaya a paro (buseros o usuarios) la última vez que hubo paro de transporte fui testigo de un fenómeno social interesante.
    Vaya:
    Como no había transporte a la gente le tocó caminar, así que caminaban en grupos: vecinos, amigos, compañeros de trabajo; o alquilaban un pick up o se turnaban con el carro o se subían en un micro pirata como si se tratara de una situación especial, casi oculta. Al rato vi a un montón de gente “unida”, platicando, opinando, ayudándose con las bolsas del super y me puse a pensar “puta, la gente se está comunicando”. Fueron momentos extraños, al menos yo le hablé a gente de mi vecindario con la que nunca había platicado, quizá porque en ese momento teníamos un comun denominador: éramos gente que iba a pata.

    Espero que cuando ese paro se dé, dejés el carro en la casa y te vayás caminando al trabajo conmigo.

    Saludos

  3. Clau dijo:

    Es la triste realidad, nos sentimos impotentes cuando somos “solo uno” en contra del problema.

    Los buseros son una gran cosa, pero fijate que también la gente “normal” que anda manejando. A mí me han echado las grandes naves o recontrapitado, sólo por respetar un semáforo en rojo, darle el paso a una viejita o no tirarme a provocar un seguro accidente en un redondel. Y contra esos no hay paro que valga.

    A veces creo que es como un “orgullo” que los motoristas de buses, coaster y microbuses actúen de esa manera, porque se van creando como la fama y si no lo hacen pues son bichos raros dentro de su gremio. Antes yo viajaba diario en interdepartamental y había uno que otro motorista ya señor que no iba a los típicos 140 km/h y todos los demás motoristas y cobradores les hacían bromas por “lentos” y tomando en cuenta que la mayoría que contratan son bichos, pues ahí el ego y ser macho es lo primero.

    Eso del paro es una idea que siempre se me ocurrió porque es como todo, si no hay clientes se acaba el negocio, pero es virtualmente imposible encontrar apoyo en eso, siempre habrá alguien que diga: “no, yo como voy a caminar, ahí que lo hagan otros” 😦

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