Viene Noviembre y me zarandea.

noviembre

Por estas fechas caen aniversarios. Y me punza la aorta cuando la gente dice “no hay nada que celebrar”, porque de entrada nadie -que realmente sepa- está celebrando nada. Conmemoramos. Empezando por lo micro: mi familia conmemora, habla de todo esto. Habla de los noviembres y diciembres, y los meses que rodean a éstos. Si mi familia no hubiera sido quien fue en los 60s, 70s, 80s, yo sólo recordaría los colchones en las ventanas y me horrorizaría ante el saldo de la guerra más por asco visceral que por comprensión racional e informada del cómo y del por qué pasó lo que pasó.

Y esto que vengo a decir proviene de ayer. La mayoría de cosas las escuché y las repito, se me perdonará que no las cite como deba. Es efecto de mi esfuerzo por apropiarme de ellas. Lo que ví y escuché ayer me recordó que la profesión que escogí, la psicología, es un perpetuo ir contracorriente. Desde la ridiculez de las concepciones que la mayoría de la gente tiene sobre mi quehacer, hasta la invisibilización de nuestro trabajo cuando está bien hecho.

A mí me cayó un rayo en tercer año de la carrera. Y al menos en mi universidad, es fácil detectar quién ya ha pasado por tercer año y quién no. Hasta entonces, te enseñan a pensar sobre cualquier cantidad de cosas, como a toda persona. Pero de repente te enseñan a pensar en cómo pensás. A pensar, por ejemplo, que como seres humanos tenemos la mala maña de actuar anteponiendo las ideas a la gente, al punto de causar daños irreparables en nombre de la patria, de Dios, de la heterosexualidad. Y ante esto, vinieron personas que dijeron “no se trata de aplicar la teoría; se trata de teorizar desde la praxis“.

Estoy propensa a olvidar estas cosas. Este es el primer noviembre, desde que tengo cinco años, que no estoy insertada en la sociedad como estudiante formal, aunque mi DUI y los descuentos en Cinépolis harían pensar lo contrario. Voy seguir estudiando, pero por el momento, graduarme ha implicado salir a un día a día cómodo pero con desencanto; a un ambiente que me invita a inhibir esto de leer, informarme, sistematizar, preguntar, equivocarme, acertar. Alguien dijo hace poco que sería feliz si le pagaran por hacer tal y tal cosa. Yo pensé, vieja, yo sería feliz si me pagaran por ejercer mi carrera (así será, sólo que ahorita me lo estoy ganando).

Hay tanto que hacer. Recuerdo ver a mi mamá como una heroina, cuando salió en cuadrilla a los albergues de damnificados por los terremotos del 2001. Cuando vi eso comencé a comprender que la ayuda va más allá de dar ropa y alimentos no perecederos. Por supuesto eso es fundamental, pero también es lo inmediato.

La gente cree que la psicología trata al individuo. Eso tiene algo de verdad. Ayer escuché el ejemplo de Costa Rica: psicólogos evalúan a miles de personas con tests psicológicos, siguiendo la ética personal de mantener la rigurosidad, la confidencialidad, el consentimiento informado, etc. Todo esto está bien. ¿Para qué las evalúan? Para permitirles la tenencia de armas. No comparto la idea de la armamentización de la sociedad civil, por razones que escapan al propósito de este post. Basta con decir que la psicología, a fin de cuentas, trasciende, o debería trascender a la persona. La ética que tenemos al tratar el individuo no debe opacar la obligación ética que tenemos con la sociedad. Nuestro compromiso fundamental no es con un individuo sino con el fortalecimiento de las relaciones humanas. Con la humanización. Humanizar a la víctima, humanizar a la y al ciudadano promedio, humanizar al victimario.

Por si no ha quedado claro: yo no soy neutral. La ciencia, sobre todo la social y humanística, no es neutral. Dos y dos son cuatro pero el significado de la acción de una patada cambia si la da un futbolista a si la da un soldado. Y fue un gran vergazo cuando vino gente que pidió que la ciencia dejara de ondear la bandera de la pseudoneutralidad. Tomemos posición. Vino el padre Nacho y dijo “hagamos psicología social desde Centroamérica“. No *de* Centroamérica, porque no es acerca de nosotros. Es desde nuestro contexto al mundo. Desde la guerra, desde la criminalización de la organización civil, desde la deshumanización de nuestras relaciones interpersonales, desde la situación de vulnerabilidad socionatural. Desde la esperanza, desde la solidaridad.

Las cosas no han cambiado. Cambia, todo cambia…pero como ha sido históricamente en El Salvador, las cosas cambian para que sigan igual. La meta de la psicología, como ciencia y como profesión, es el cambio. Pero más que cambio, buscamos una ruptura con los patrones habituales. En algún momento lamenté no poder evitar esta tendencia de que me gustara la clínica (supongo que así se siente alguien con pensamiento machista que de repente descubre que es homosexual), porque, pensaba yo en mi ignorancia, era algo sumamente individualista. Pero la persona no está aislada, y produce y reproduce las claves de su entorno. Y la persona y yo -como equipo de trabajo- nos topamos con el imperativo de hacerla entrar a crisis, para romper patrones, romper discursos, a nivel intrapersonal e interpersonal. No, chaval, no es ley de vida tu desigualdad.

Me cuentan la incredulidad de ver en primera plana los cadáveres de los jesuitas, a la mañana siguiente, hace 20 años (una de las personas a las que escuché ayer decía que no le alegraba estar participando en este evento, porque a fin de cuentas era producto de ese asesinato; sin embargo, estaba satisfecho de haber venido). Yo crecí viendo sus rostros en las paredes de mi cuarto, cada año un afiche nuevo. Recitaba sus nombres de memoria antes de comprender el precio último de tener cuestionamientos y no callárselos. No sabía que muchos años después uno de estos mártires en particular estaría jalándome las orejas, preguntándome qué voy a hacer ahora que abrí mis ojos.

***

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3 respuestas a Viene Noviembre y me zarandea.

  1. Alejandro dijo:

    Presiento un contexto ignorado por mi, pertinente a la historia de tu país. Lo demás, plenamente entendido, a excepción de esta hipótesis tuya: “supongo que así se siente alguien con pensamiento machista que de repente descubre que es homosexual”. No porque desconozca tu intención, sino porque el símil que usas me resultó muy inesperado.

    Leyéndote hoy, he aprendido algunas nuevas perspectivas sobre tu carrera. Quizás soy uno de los ridículos con ridículas concepciones sobre tu área. Nada que dos o tres lecturas más no puedan subsanar…

    Cambia, todo cambia… la vida es lineal, pero el destino es circular.

  2. Mixi dijo:

    hey muy buenas tus entradas he leido un par..xD y me han parecido de lo mas interesante…

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