La otra acera.

Hoy llegué a la casa después del trabajo, me cambié de ropa y salí a pie hacia el súper. En la esquina, pasé a la par de dos personas que estaban describiendo cómo un joven les había quitado el celular y la cartera minutos antes. En ese momento, sin dejar de caminar, me llevé involuntariamente la mano a la boca, porque caí en la cuenta de que yo había visto eso. El segundo asalto que veo en tres o cuatro meses, y que pasa a no más de 5 metros de mí.

A cuatro casas de mi casa, dos personas venían caminando y un joven se les acercó. Yo venía en la acera de enfrente, en la dirección contraria. Los tuve frente a mí cuando parecía que los tres estaban platicando. Aunque me llamó la atención, la prudencia o el enmimismamiento (no sé realmente),  me hizo seguir viendo hacia adelante y pensar en la urgencia de ir al súper antes de que lloviera. Un par de segundos después, oí el acelerón del carro…y yo que soy tan boya para hablar de marcas y modelos, sólo puedo decir que era azul. Fruncí el ceño y me dio mala espina. No más.

Cuando escuché a las personas que habían sido asaltadas, me enojé, pensando que debí, que pude haber hecho algo. Siempre me he dicho que tengo que evitar el bystander effect. Pero qué diablos. Hay muchos aspectos que describo bien pero de los cuales aún me cuesta escapar, porque a fin de cuentas, yo soy mi propio objeto de estudio. Además, ¿qué iba a hacer? Si me hubiera dado cuenta a tiempo, y  hubiera volteado, si al menos hubiera tratado de ver las placas…no sé si mi inconsciente (se me disculpará que me ponga sumamente freudiana) captó el verdadero sentido de lo que estaba pasando y me hizo guardar la distancia. No puedo decir qué estaba pensando cuando vi la escena. Estaba en dos planos (es un asalto/son amigos hablando)  y al final la escena me fue tan ambigua que hice cortocircuito y la deseché por completo.

Más que miedo, por pensar que algún día me tocará, me da cólera. Aún la palabra cólera no es suficiente para explicar lo que siento. Y sí, hay que parar la delincuencia, los homicidios, las extorsiones…pero, ¿por qué delinquen delinquimos, por qué matan matamos, por qué extorsionan extorsionamos? Yo podría enumerar razones, como cualquier otra persona, pero la causa final puede que no sea ninguna de ellas. Se me ocurre traer a colación la causalidad estructural y decir que estas razones son causas necesarias pero no suficientes para que se manifieste el fenómeno. El factor de suficiencia no es algo que se quita de la noche a la mañana. ¿Y alguien ha encontrado ya el factor de suficiencia? No me convence que este factor sea la pobreza, o el gusto por el dinero fácil, o una  “enfermedad”…No.

Hace dos semanas conocí a un tipo de 22 años que había estado en Mariona cinco veces. La cárcel, me dijo, es una escuela. Para afinar las habilidades que te llevaron ahí en primer lugar. Para reforzar todas aquellas variables de personalidad que contribuyeron a que terminaras ahí. Me pareció surreal estar hablando con alguien como él (“¿cómo putas terminé aquí? O sea, gracias a la vida que-me-ha-dado-tanto y me ha traído por estos caminos, pero ¿cómo putas…?”). Extraño, pensar que estaba escuchando una experiencia tan humana, de alguien que me sonreía, y sin embargo, de haberme encontrado a este joven tiempo atrás  en un bus, bien pudo haberme dado una cuchillada si le hubiera hecho mala cara al darle el celular. El Salvador está lleno de naranjas mecánicas.

Y dentro de toda esa rabia, impotencia, y horrenda sensación de vulnerabilidad, me quedé en blanco un rato, tras pensar que realmente estuve frente a ellos mientras pasaba el asalto, y que de haber caminado en la otra acera, como suelo hacerlo todos los días -excepto hoy-, hubiera sido más que una bystander*.

* mi personalidad con tímidos lóbulos prefrontales me dice, sin embargo, que ya entre tres bien le montábamos verga.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en De todos los días, Imágenes, Jue!, Memorias y heridas, Personitas, Psicología, Violencia. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a La otra acera.

  1. el mal ejemplo dijo:

    El móvil que hay en la raíz de la propiedad es la emulación; y el mismo móvil de la emulación sigue operando en el desarrollo ulterior de la institución a la que ha dado origen y en el desarrollo de todas aquellas características de la estructura social a las que afecta esta institución de la propiedad. La posesión de la riqueza confiere honor; es una distinción valorativa (invidious distinction).
    […]
    No debe, desde luego, pasarse por alto el hecho de que en una comunidad donde casi todos los bienes son de propiedad privada, la necesidad de ganarse la vida es un incentivo poderoso y omnipresente para los miembros más pobres de ella. La necesidad de la subsistencia y de un aumento de
    comodidad física puede ser durante algún tiempo el móvil dominante de la adquisición realizada por aquellas clases que hacen habitualmente un trabajo manual y cuya subsistencia tiene una base precaria; que poseen poco y ordinariamente acumulan poco; pero en el curso de este estudio se verá que, incluso por lo que se refiere a esas clases carentes de medios,
    el predominio del móvil de la necesidad física no es tan claro como a veces se supone.

    Thorstein Veblen.

    Y si luego recuerdo haber leído en otra parte sobre “consumidores alfa”, esos seres elegidos que marcan la tendencia en lo que hay que consumir y sobre los cuales se enfocan las empresas más sagaces para introducir sus nuevos productos, entonces se va dibujando un panorama en el que la economía no es el monstruo racional [de siete cabezas y siete dentaduras, todas cepilladas con Colgate] de la lucha por la subsistencia, sino [otro] engendro libidinal.
    [y se revuelcan en sus tumbas los economistas clásicos]
    [y bailaré sobre sus epitafios marmóreos]

    😛

  2. el mal ejemplo dijo:

    [y perdón por extenderme tanto]

  3. Alejandro dijo:

    Gran artículo, propicio para ponerse el gorro de pensar. Y lo que agrega “el mal ejemplo” es una delicia. “Engendro libidinal”… claro y conciso, implacable ante la falacia del móvil físico.

  4. Clau dijo:

    y yo un dia en la noche me acorde de ti, pensando en los asaltos q contas en la Bernal y me da cosa pasar por ahi de noche.

    El gusto por robar es extraño, en mi ofic hay un chavo q trabaja, tiene su salario, pero si ve algo mal puesto se lo clava sin remordimientos…y todos lo saben, pero no lo despiden ¡?

  5. Rocio dijo:

    Que feo lo que contás. Sin duda que el gusto por robar es extraño, como dice Clau, hay mara que ni parece, a esos les tengo más miedo.

  6. Alexandra dijo:

    Vaya, y mi mamá que presenció una balacera en Santa Tecla hace 2 días, y con una naturalidad extrema, me contó como le descargaron los tiros a un vendendor, al que vio caer al piso ya sin vida. El gusto por matar es algo que sobrepasa mis esquemas mentales, y peor, el gusto de la gente de querer ver quién es el muerto.

  7. Karla dijo:

    Impresionante tu post o:

    La verdad, tenés toda la razón. Siempre pasa algo que nutre el miedo inconsciente de alguna manera, y te obliga a solo quedarte ahí y ver. Creo que es la misma cosa que hace que la gente le diga a quienes piden dinero en la calle que no andan nada, o que desconfiemos tanto de la gente.
    Aquí hay demasiado morbo por eso de meterse en lo de que a quién mataron, a quién robaron, ver a alguien siendo asaltado (pero no hacer nada para ayudar), etc… Y apesta.

  8. Gero dijo:

    Hace años los ladrones disimulaban, sin embargo, ahora lo hacen tan tranquilamente, sabedores que hay un espíritu de indiferencia generalizado. Paradójico es que exista, paralelamente, una cultura del morbo (alimentado por programas como 4 Visión). Quizás precisamente por eso no actuamos, sólo para que suceda algo. Pero también esta el miedo. Recuerdo hace un par de años, iba para la U en un bus, parado, cuando, en un semáforo, veo que al tipo del carro de al lado se le acerca uno de esos tipos que piden y le puso una cuchilla… el resto es fácil de imaginar. En el momento sentí frustración, cólera, enojo, impotencia… de todo. Pensé en gritarle, tirarle algo, “hacer la bulla”. Al final el tipo se fue y yo no hice nada. El miedo me domino. Y ahora me digo casi lo miso que vos “entre todos le dábamos verga”. Pero el instinto de supervivencia debe ser el más fuerte de todos los instintos.

  9. el-Visitador dijo:

    «un tipo de 22 años que había estado en Mariona cinco veces … me sonreía, y sin embargo… bien pudo haberme dado una cuchillada»

    Por otro lado, si hubiese fusilamiento automático para quien en el acto de cometer un crimen use cuchillo o pistola… no tendrías que sufrir la angustia existencial de saber que ése lumpen va pronto, voluntarioso, a Mariona a cursar su sexto ciclo en crimen y que al salir graduado te puede matar o robarle el celular a alguien frente a tu casa.

    Pero, ¡ay!, de genuinas soluciones aquí cuesta hablar… la gente prefiere oír ingenuidades, placebos y utopías europeas de “re-educación,” “causas raíz,” etc. en vez de directamente resolver los problemas.

    En fin, al salvadoreño que por su gusto muere, que parado le entierren, ¿no?

  10. el mal ejemplo dijo:

    jujuju.

    ligia y e-v en la versión bloguera de Star Wars:

    E-V: “I am your father.”
    Ligia: “noooooooo…”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s