Cognición, conducta, acoso y cruzar la calle: un acercamiento semi-empírico y rimbombante como el título de este post

Estando a 10 metros de un pick-up abordado por 6 hombres, vi a una mujer que pasó frente a ellos; observé el show y supuse que de seguir mi camino, el mismo destino me aguardaba. Tenía la opción de seguir en línea recta o desviarme en una ruta rectangular el triple de larga. Decidí lo primero en el metro 9, por argumentos que se sabrán en el futuro. Y tuve dos líneas paralelas de pensamiento. Una fue los principios skinnerianos de la conducta, con todo y lenguaje académico.

(quien lee estas líneas debe recordar la pasmosa cantidad de corrientes y enfoques que tiene la psicología; sólo en clínica, al menos desde la última vez que escuché, hay más de 250 terapias, cuando yo no podría nombrar más de 10 y aplicar más de 2. El conductismo es uno de los muchos enfoques, uno sumamente concreto).

Un reforzador es un objeto u evento que sigue a la aparición de una conducta, y que aumenta las probabilidades de que ésta se repita en el futuro, ¿sí? Sí. Si la rata baja la palanca y recibe una bola de concentrado, con más probabilidad la bajará en el futuro.

Entonces, ¿cuál es el reforzador que mantiene la conducta por parte de un extraño de piropear a una mujer desconocida en la vía pública? La gente dice que no hay que hacerles caso y hasta hoy esa parece ser la solución menos problemática. Pero esa no es mi pregunta. La mujer no es un reforzador sino un estímulo discriminativo. Sin un estímulo discriminativo, la conducta no ocurre. Sin palanca, la rata no ejecuta la conducta de bajar la palanca (no quiero herir susceptibilidades hablando de ratas y seres humanos como si fueran lo mismo; pero los principios de la conducta se aplican a casi cualquier ser con sistema nervioso central).

Podría presentar un estímulo desagradable tras la aparición de la conducta, lo que me permitiría explorar formas de suprimirla en el futuro. Pero un entorno natural no controlado no ofrece garantías para quien quiere ponerse en ánimo experimental. Situación hipotética: paso frente al pick-up y me dicen cosas. Saco el cuchillo que tiene un serio valor sentimental para mi persona y se lo clavo en el brazo a uno de los tipos. Eso me deja con cinco seres más, y si empezara a correr, me alcanzarían en la intersección y, cuando menos, me empujarían al tráfico. Y si corriera y me salvara, no podría darle seguimiento a su comportamiento cuando pasara otra mujer.
Moraleja 1: es éticamente cuestionable poner a prueba determinadas propuestas experimentales.
Moraleja 2: ignorar es la mejor opción para la receptora; evita el estímulo desagradable, aunque no se elimina. Corolario: podría ignorarlos (no atención) o reirme/insultarlos/etc (atención), pero es altamente probable que lo harán la próxima vez que se presente la oportunidad.

Dado el riesgo de buscar pruebas empíricas propias, me remito a antecedentes. Dos autoras cuyos nombres se me escapan contaban cómo hombres con una determinada forma de pensar se desharán en romance, pero el momento en que una no responde como ellos quisieran, se vuelven agresivos. Alguien una vez dijo estar interesado en mí y sugirió comenzar una relación; decliné lo más diplomáticamente posible. Me respondió que entonces lo que yo quería era un cabrón vergueador y que yo me creía la gran cosa. Sólo estaba siendo honesta. Esta y otras experiencias similares me hicieron hipotetizar que a lo mejor el verdadero reforzador no está en el ambiente físico (y hay una frase aquí que me va acercando a la respuesta). Pero entonces no es observable ni directamente medible. La temida caja negra. Aquí topó el conductismo. O tal vez no. Recordé que hoy se acepta que thinking is behaving

Cuando llegué a esta parte de mi elaboración, se me acabaron los 8 metros.

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13 respuestas a Cognición, conducta, acoso y cruzar la calle: un acercamiento semi-empírico y rimbombante como el título de este post

  1. Alejandro dijo:

    Interesante. Después de leer esto, me sentí inteligente por primera vez en la semana. Y aprendí, por ejemplo, que la mujer es un “estímulo discriminativo” 🙂

    La moraleja definitiva, me permito creer, es que la vida sigue igual. Hay abusos por doquier, solapados, francos, negros, rojos.

    Gracias por el enlace concerniente a “the male gaze”. Una lectura muy instructiva.

    En relación con los hombres que se tornan agresivos frente al rechazo… es simple: malos perdedores. Creo que esta conducta no resulta exclusiva al ámbito del romance. Pero yo qué se de conductas… 🙂

  2. Alexandra dijo:

    Me quedo con la moraleja 2 (aunque todo tiene sus límites).

    Yo tengo una familiar, que cada vez que un hombre la acosa, no se queda callada, y si la tocan esa niña revienta, una vez en un altercado con un cobrador de microbús que le robó el “vuelto”, cuando se dió la vuelta (mi familiar) el tipo le tocó el trasero y ella molesta, regresó y se colgó literalmente del espejo retrovisor y hasta que lo arrancó, salió corriendo y nadie la pudo alcanzar… mi abuelita estaba que se moría del miedo por la forma en que descargó su enojo, así que los hombres chucos deberían tener cuidadito cuando se dirigen a una mujer desconocida.

    En mi caso, y con el perdón de la expresión, hay un vigilante hijueputa que me dice hasta lo que nunca me he imaginado, cada vez que camino a la parada donde pasa el bus de la Universidad. Estaba harta, todos los días era el mismo cuento y al final, con tal de no putiarlo, desde este Lunes pasado, opté por ir a tomarlo a otra parte para no verle la cara al simio ese.

  3. Alejandro dijo:

    Las anécdotas del comentario anterior están, con el perdón de la expresión, interesantes 🙂

  4. Mr.Venom dijo:

    Bastante interesante el análisis, yo soy un amante de analizar el comportamiento de los seres humanos, desconozco la teoría eso si, pero definitivamente me llama mucho la atención y he disfrutado mucho leyendo este post.

    Saludos!

  5. Virginia dijo:

    La semana pasada me tocó bajarme del bus una cuadra antes de lo normal, había congestionamiento y me faltaban cinco minutos para entrar a trabajar. Pasó un señor bastante humilde, cargando latas; tengo la costumbre de caminar con la vista pegada al suelo y me dijo “qué ricas esas tetas, mi amor”. Le saqué el dedo. Como la cuadra estaba topada, escuché como cinco referencias vulgares semejantes, pero no iba a detenerme e insultar a cada uno, primero, porque eran muchos y segundo, iba a entrar tarde a trabajar.

    Me frustra demasiado no decir nada, pero es peligroso hacerlo.

    No sé, me encabrona.

  6. Mario dijo:

    es increible como logras con tus posts q la gnt te conteste con ejemplos de lo q les ha pasado, pq esa no es tu intencion verdad, o si?

  7. peter dijo:

    Un análisis muy interesante el que nos mostras, partiendo de algo que es muy común en nuestro entorno. Aprovechando tu experiencia y sin abusar de la misma, me gustaria también leer una publicación tuya donde nos mostres cuales son los detonadores que hacen que el hombre actue de esta forma, lo que nos dice la sociedad siempre es que se da por machismo… pero yo creo que tienen que existir razones mas profundas en la mente humana para ese comportamiento, y también para que no sea el 100% de hombres que lo hagan… que tanto influye lo vivido en la niñez en nuestro comportamiento conductual?… Es solo una pregunta que me hago….
    siempre paso a leerte tu blog.
    Peter
    http://devoladas.wordpress.com/

  8. wirwin dijo:

    Igual que Peter espero la parte II del post quiero saber que mueve algunos hombres a actuar asi, bien interesante como a partir de tu experiencias sacas esas conclusiones.

    saludos

  9. Clau dijo:

    el acoso es una situación difícil de llevar, especialmente para las mujeres, porque si la memoria no me es infiel, nunca he visto a un hombre piropeado por mujeres en la calle…aunque sabrán ellas lo que piensan.
    Yo tengo ese lío en el trabajo, un fulano que no es de mi departamento, pero eventualmente tengo que hablarle para algo laboral: una de dos, o me grita y me insulta, o me lanza una mirada indecente con palabras fuera de lugar y significado de “qué buena estás”…si le respondo a los gritos, grita más; si lo ignoro, igual me sigue acosando…me entaría saber si hay una solución (aparte de darle el choque eléctrico a la rata para que elimine la conducta) que haga a estos fulanos desistir de sus intenciones.
    Si entre tus teorías la encontrás, venga, la necesitamos muchas.

  10. rocio dijo:

    Eventualmente lo encuentro grotesco, sobre todo por las palabras inapropiadas que te dicen, hoy día me puse una blusa que dice ‘mango’ al frente, por la marca española obvio, pero la bulla de los hombres ignorantes me cae mal, solo por lo que dice mi blusa, majes! no saben que es una marca!

    Ya me desquité! jajaja, btw estoy de plácemes en mi blog y recuerdo muy bien que fuiste una de las primeras bloggers que leí. Me sigue gustando tu estilo.

    Saludos!

  11. Pingback: Cognición, comportamiento, acoso y cruzar la calle: un acercamiento semi-empírico y rimbombante como el título de este post (parte 2). « Qué Joder

  12. b0lux dijo:

    Saco el cuchillo que tiene un serio valor sentimental para mi persona y se lo clavo en el brazo
    esta parte me robo el amor…. ^ ^…

  13. Pingback: Cierta persona diría que me enfoco en el correlato biológico para distanciarme de la situación. « Qué Joder

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