La fuerza de la palabra escrita.

Para seguir con esperanzas.

La fuerza de la palabra escrita
ryszard kapuscinsky
(Traducción de Aleksander Bugajski).

A pesar de los obstáculos y restricciones, la palabra escrita posee la fuerza para cambiar el mundo. Por ello le temen los sistemas autoritarios. De ahí la quema de libros y el exilio o la muerte de escritores y periodistas, anotó Ryszard Kapuscinsky en el último de sus artículos que publicó el pasado 24 de enero en Gazeta Wyborcza, diario polaco del que era colaborador habitual.

¿La escritura puede hacer que algo cambie? Sí, lo creo profundamente. Sin esa fe no podría escribir. Desde luego soy consciente de todas las restricciones que nos ponen las circunstancias, las situaciones, la historia y el tiempo. Por ello mi fe, aunque profunda, no es absoluta, no es ciega.

¿En qué consiste la principal restricción? La escritura sólo raras veces, en casos excepcionales, influye en la gente. Y, en el transcurso de la historia, no lo hace de forma directa, radical y de inmediato. La reacción a la palabra escrita es más bien mediata. En el primer momento puede ser incluso invisible, indetectable. Necesita tiempo para llegar a la conciencia del receptor, necesita tiempo para empezar a formar o cambiar esa conciencia. Sólo después de un largo camino podrá influir en nuestras decisiones, actitudes y acciones.

El que la escritura produzca cambios no lo deciden sólo los autores, sino sobre todo los lectores: su sensibilidad y confianza en la palabra, su prontitud y deseo para reaccionar a la palabra recibida. Es también importante el contexto, el ambiente, el estado de una cultura imperante en que esa palabra cae y es recibida. Con frecuencia estas son las circunstancias que pueden debilitar e incluso aniquilar el valor y la fuerza de la palabra escrita y sobre la cual el autor de un texto no tiene mayor influencia.

Sin embargo, a pesar de ese impedimento, estoy seguro que escribir puede provocar cambios. Lo digo con base en la experiencia de mis numerosos colegas que han puesto en peligro su vida y que, incluso, la han entregado. La entregaron para que su labor no sólo informara sobre lo que ocurre en el mundo, sino para desenmascarar el mal, sanar una situación o hacer al mundo más humano.

Daré un ejemplo. Desde 1959 Ruanda fue un país de masacres entre tribus y castas que se repetían en forma sistemática. El mundo lo ignoraba. Durante decenios ese país no dejó entrar a periodistas. Yo mismo, viviendo en la vecina Tanzania, traté en varias ocasiones, sin resultado alguno, de cruzar la frontera. Fue hasta que se escribió sobre las masacres de 1994 que la opinión mundial despertó. Y a partir de ese año Ruanda, por primera vez en su historia, dejó de ser lugar de sangrientos y masivos ajustes de cuentas internas.

Fue precisamente la escritura desenmascaradora y acusadora, y a menudo simplemente informativa, la que tuvo una importante papel en el conocimiento de los Gulags y de los campos de concentración, así como en el derrumbe de muchos regímenes criminales, de dictaduras del tipo de Pol Pot, Mobutu, Amin o Duvalier. Ello fue posible porque la palabra escrita pudo siempre cambiar muchas cosas. Ella ha provocado durante siglos el temor de todo poder autoritario que la ha combatido mediante diversos métodos. De ahí la colocación de libros en los índices eclesiásticos, de ahí la quema libros en las piras, de ahí obligar a los escritores al exilio, de condenarlos a muerte.

En el fondo no podemos imaginarnos un libro de texto de la historia universal que no tuviera un capítulo de cómo la palabra escrita en forma de volantes, escritos secretos, prensa clandestina y editoriales irregulares influyeron en el resultado de luchas sociales y políticas.

Cuando preguntamos: “¿La escritura puede hacer cambiar algo?” La mayoría de las veces pensamos que se trata de un cambio positivo, dirigido a hacer un mundo mejor. Pero no olvidemos que la escritura puede intentar que el mundo sea peor, que contribuya a aumentar el mal, el odio y la agresión. Tal función la cumple cuando se escribe en el tono del fanatismo y la xenofobia, del fundamentalismo y el racismo. Por ejemplo, los libros al estilo de Protocolos de los sabios de Sión o Mi lucha de Hitler

Pienso que la pregunta sobre cuál es el carácter de la relación entre la escritura y el cambio es muy importante y actual. Esta pregunta surge de la inquietud sobre la eficacia de nuestras acciones literarias por el valor mismo de la escritura. Porque por un lado vemos una enorme proliferación de la palabra escrita –hay cada vez más libros, revistas y periódicos– y al mismo tiempo percibimos cuánto mal hay en este mundo y como la cantidad de temores y conflictos en nuestro planeta aumenta en lugar de disminuir. De ahí el escepticismo de muchos creadores, de ahí la frecuente desconfianza e incluso la incredulidad en el sentido de nuestra escritura.

La mente de un hombre contemporáneo es constantemente regada con un diluvio de palabras, por lo que éstas pronto pierden su valor y fuerza. Cada vez nos hablan menos y más nos desorientan, agotan y fastidian. Y sin embargo, ese exceso, esa sobreproducción no debería desanimarnos.

La literatura siempre ha asumido su responsabilidad. Desde hace miles de años ha acompañado la vida de las sucesivas generaciones, a veces cambiándolas para ser mejores. Y hoy nada la libra de esa obligación. Por el contrario, los tiempos difíciles en los que vivimos nos ordenan que, con una fuerza y fe especial, digamos: “Sí, la escritura puede cambiar algo para que sea mejor, aunque sea poco, pero puede”.

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13 respuestas a La fuerza de la palabra escrita.

  1. El-Visitador dijo:

    Buen artículo del finado Kapuscinsky. Interesante la acusación que le hace a ésa vaca sagrada, las Naciones Unidas:

    “Desde 1959 Ruanda fue un país de masacres entre tribus y castas que se repetían en forma sistemática. El mundo lo ignoraba. ”

    En 1959 y desde el fin de la Segunda Guerra, por supuesto, Ruanda era un territorio en fideicomiso de las Naciones Unidas, que supervisaba la administración, cedida a Bélgica.

    ¿Cómo es que las N.U. “ignoraban” lo que ocurría en territorios directamente confiados a Naciones Unidas?

  2. rebe dijo:

    aaah… yo tambien lo creo, aunque mas debilmente que antes. Cada día veo como a las palabras… se las lleva el viento… antes de que la semilla germine.

    Y la decepcion al respecto es bastante grande.

    Saludos. Cada cosa que escribis me impresiona. Talvez se necesita mas gente como vos por estos lados…

  3. esaú dijo:

    las pinturas y teórias son de mi autoriá.

  4. Hace poco vi un documental relacionado con el general canadiense que comandaba las tropas de la ONU que contemplaron el genocidio de la etnia Tutsi. El escribio un libro titulado “Yo estreché la mano del diablo”. A mi me parece “raro” que ninguna de las naciones que hoy estan en Irak hayan intervenido. Quizas es que en Ruanda se trataba de “negros matando negros”, no habia petroleo, ni nada “interesante” que justificara una “invasion”, digo, una intervencion, para restablecer la democracia.

    Hablando de instituciones fallidas. Ruanda ha sido historicamente uno de los 5 paises africanos con mas catolicos y de hecho los catolicos son mayoría alli. Clero catolico ha sido condenado por tener responsabilidad directa sobre la muerte de miles de personas.

    Cosas veredes.

  5. El-Visitador dijo:

    Qué descabellada idea que si en un país hay desorden, como Ruanda, es culpa de la Iglesia. De acuerdo a ésta manera de ver las cosas, El Salvador, país mayormente católico, sufrió guerra 12 años por “falla” de la Iglesia. Esto es absurdo, ya que evidentemente la Iglesia no era responsable por los asesinatos, secuestros, ni extorsiones de la guerrilla comunista, ni por el poder ejecutivo, ni el judicial, ni el legislativo.

    En cambio, en Ruanda, las Naciones Unidas tenían al país en fideicomiso desde 1946, esto es, eran 100% responsables de las acciones o falta de acción del Estado en Ruanda.

    Y como dice Kapuscinsky, “el mundo lo ignoraba”

  6. E-V:Descabellada no creo que sea la idea. Sectores que coiciden con tu pensamiento politico parecen estar de acuerdo en que algunos sacerdotes catolicos durante la guerra salvadoreña jugaron un papel importante en promover la lucha armada, en vista de su influencia en la gente. Como consecuencia, algunos fueron victimas y/o martires.

    En Ruanda, catolicos hutus mataron a catolicos Tutsis y al menos un sacerdote permitio que 3 mil personas de la etnia tutsi, refugiadas en su iglesia, fuesen masacradas. Otras 2 monjas fueron halladas culpables por cargos Su afiliacion religiosa no fue impedimento para que muchos participaran en el genocidio. Ni siquiera sabiendo que las victimas lo eran tambien. No es, pues, una idea absurda, decir que la iglesia falló.

    Por supuesto, entiendo que eres catolico y lo menos que quiero es ofender tu religion y sentimiento religioso, el cual respeto profundamente. Pero esos son los hechos.

    Asi como es cierto, que las potencias occidentales ignoraron cuanto pudieron los llamados del general canadiense por evitar el genocidio. No en valde, Clinton, años despues se disculpo por el actuar de EE.UU. en esa catastrofe humana.

    Saludos Ligia, y gracias por dejarme postear este comentario tan largo.

  7. Ligia dijo:

    Como dijiste en tu último post, SS, los comentarios en los blogs son un “edificante intercambio de información y conocimientos”.
    Saludos a todos.

  8. Eduardo dijo:

    No comparto la idea de Kapuscinsky acerca de la caracteristica cambiante de la palabra escrita como fuerza mediatica que cambie la cultura. Creo que el autor se esta abocando más a la palabra escrita contra la palabra escrita, es decir, la razón periodistica contra la razón estatal, juridica o militar. La palabra escrita como tecnosfera cultural no posee por ningun angulo caracteristicas variables o cambiantes o heterogeneas; no hay que confundir la dialectica con “el cambio integrador”.

  9. QUIEEEEEEEEEEEERO UN PEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETE PUUUUUULLLLLLLLLLO 😀 😀

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