Sea feliz dentro de la caja.

“Desde hoy, Multiplaza es un lugar donde se encuentra todo para ser feliz”, decía el reportero en el spot de canal 6 que vi hoy. Y comentarios similares aparecían en una nota periodística. Otra (subrayo, otra) de las canciones que asocio con mis tiempos mozos se ha puesto al servicio de la sociedad de consumo, gracias a una campaña “enfocada en cimentar una conexión emocional fuerte y sólida con el público”; eso de escuchar las risas de sus hijos, de observar palomitas preñándose en los cables del tendido eléctrico, de cantar en la ducha, “en fin, un sin número de razones tan simples y reales como usted[, maldito tacaño]” (La Prensa Gráfica, 22.03.07, p. 36).

He ido dos veces a Multiplaza, por razones francamente ineludibles. Esta es la cuidadosa crónica de mi primera visita, difícilmente merecedora de un Pulitzer. Tiempo después, mi opinión es la misma, aunque el duelo por El Espino ya ha sido mejor trabajado. No me gustan las micrópolis, o todópolis, aún cuando es por el bien y mayor comodidad de los usuarios, y surgen por loables tendencias filantrópicas a concentrar el flujo de dinero en un solo lugar. Además, el centro comercial es el punto de encuentro de El Salvador: es seguro, limpio, y puede confundir el reloj biológico para que uno ande papando moscas por horas (o, preferiblemente, compre algo). Ojalá a alguno le pongan una playa artificial pronto.

Fernando Savater, en “Los Siete Pecados Capitales”:

“Nuestra sociedad de consumo nació en el siglo XVIII y, tal como dice el filósofo y médico británico Bernard de Mandeville en su obra ‘vicios privados, virtudes públicas’, vive gracias a los vicios. Es decir que si las señoras no quisieran ropas ni joyas, u otros mortales no desearan comer bien y vivir en forma comfortable, la industria y la civilización, tal como la conocemos hoy, se terminarían. Los vicios privados se convierten en virtudes públicas y hacen funcionar a la sociedad. Los pecados capitales son comportamientos naturales que, por exceso, dejan de ser operativos…

Y sin embargo,

Omar Abboud asegura: “existe una industria para generar deseos y apetitos (…) vivimos inmersos no en los pecados capitales, sino en los pecados del capital. La contrapartida de este pensamiento es que podría afirmarse que se trata de un deseo de progresar y adquirir elementos materiales para tener un mejor bienestar. Allí entramos en la duda sobre lo que es o no bienestar”.

En un plano más positivo, los pecados, continúa Savater, “se han democratizado”, y están al alcance de todos, y ya no sólo de una élite que tiene los recursos suficientes para gozar de excesos (“¿Cómo iban a permitirse excesos los pobres si no tenían medios?”). Ahora todos somos iguales. Todos somos iguales, pero, parafraseando a Orwell, unos siguen siendo más iguales que otros.

Savater: Hoy, la avaricia, por ejemplo, es que el diez por ciento de la población utilice los recursos energéticos del mundo, mientras que al resto de la humanidad sólo le llegan milésimas de la energía que produce. Hay un avaro acaparamiento de los recursos naturales [por ejemplo].

Satanás: avaro acaparamiento…se trata de cuidarlo para que los desaprensivos no gasten todo. Señor filósofo, hay que pensar en el futuro.

Savater: sí, en eso tienes razón, mucha razón. En el avaro, el futuro mata al presente. El avaro vive en una víspera perpetua. (…)

Satanás: ¿pero no me dices siempre que lo más importante en el hombre es preservar su libertad y las decisiones que de ella emanan? ¿Por qué el individuo no puede ser libre para guardar en un arcón todo el dinero que quiera y no gastarlo si no perjudica a nadie?

Savater: ahí te equivocas, y lo haces adrede para confundir. El dinero es un bien social. El avaro no admite que el intercambio de dinero tiene algo muy profundo, que es la sociabilidad.

Este hiperconsumo que generan las grandes superficies comerciales, junto con el constante bombardeo publicitario y las facilidades de pago (y de endeudamiento) existentes, provocan en el ámbito social la mercantilización de la vida y la creencia de que todo es asequible a través de la compra. Así, sobre la base de la creación de necesidades y deseos que buscan satisfacerse en el mercado, se promueve un hedonismo materialista de fuerte raigambre individualista que identifica el consumo de bienes y servicios con la satisfacción de las personas, ignorando el disfrute de placeres básicos como la buena salud, el amor, la creatividad, la simple contemplación,… Y es que las grandes superficies comerciales no buscan cubrir las necesidades vitales de la población sino vender una serie de productos y servicios sólo a quiénes puedan pagarlos. Así, mientras excluyen a los pobres, crean una estratificación social en función del nivel de consumo, generando modas y estéticas dominantes.
Grandes superficies: especialistas en destrucción

De nuevo, Savater: “el pensador aleman Arthur Schopenhauer decía que el dinero es felicidad abstracta. Ser feliz porque tienes una gran cuenta en el banco, o porque guardas un gran saco con oro debajo de la cama, es algo completamente imaginario. (…) Igual ocurre con el crédito, que transforma el dinero en el máximo ícono de credulidad humana. La gracia del dinero es que tiene un número y no te dice qué puedes hacer con él” (he aquí por qué a muchos funcionarios les gusta manejar considerables cantidades de dinero; por eso la célebre frase, a mí no me den, pónganme donde hay).

Alguien que conozco pasó por Cuba hace un par de días. Estaba admirada de lo…antes de seguir, por favor arránquese la gasa ideológica que le nubla el razonamiento cuando se dice esa palabra, este no es ningún discurso a favor o en contra del régimen. Decía, ella estaba admirada de lo poco que tenía la gente, y sin embargo, la mayoría parecía ser feliz. ¿Cómo pueden vivir así? era la pregunta. Costumbre, supongo, y depende de las exigencias del entorno. Yo tampoco necesitaba Internet hace un lustro y dos años. A la inversa de Cuba, de repente yo no tenía la opción de NO andar un celular, y con todo que joden, me acostumbré. Y es que además de tener juegos, chat, permitir el envío de códigos para participar en rifas, tomar fotos, grabar video, ser falo compensatorio (todos saben que las niñas se MUEREN de envidia por ser niños), masajear, servir de lámpara, conectar a Internet, ser reloj despertador, tocar el Padre Nuestro de la Niña Fresa (una vez más me vibra el tímpano con esa mierda y voy a usar la psicología para hacerle mucho daño a la humanidad), apantallar cuando se abre como carro de Batman, tocar música…además de eso, se pueden hacer llamadas, a veces urgentes, y eso sí es importante.

El consumo es vital, y bien, vender y comprar es una necesidad humana; no sólo en el término económico, que es el núcleo de los discursos, si no, como se dijo, porque construye relaciones sociales. Pero cuando me comienzan a vender el mismo hecho de consumir, y encima lo hacen manipulando mi sistema límbico, algo me dice que quieren algo más que la breve transacción, el trueque en la caja registradora (en caso de que comprara aquellas botas con encaje de felpa, para los días de nieve). Podría ahorrarme todo y quedarme con que los Poma y sus amigos sólo quieren contribuir a la prosperidad y al bienestar del pueblo salvadoreño. Sobre todo porque si el dinero es felicidad abstracta, ellos recomiendan que se gaste.

“Esta campaña espera tener un impacto muy positivo en los salvadoreños”, terminó el spot sobre Multiplaza. Lo tendrá, supongo. Pero al menos yo, cuando necesite la felicidad (que no la necesito todos los días), me voy a ir a buscarla a otro lado, donde no me cobren el aire acondicionado.

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11 respuestas a Sea feliz dentro de la caja.

  1. hunnapuh dijo:

    Recuerda que vivimos del lado en que el “egoismo es lo que mueve al mundo”, un mundo Misseano, Smithoniano, por eso sorprende ver sociedades en las que la posesión material viene a ser secundaria, esto mata el consumismo pero tambien en cierta medida la capacidad para generar riqueza.

    Lo que si se puede decir que hay mayor igualdad y los contrastes no son tan aberrantes como en nuestras sociedades.

    Respecto a Multiplaza, me gusta, lo admito, solo he comprado libros (Ya completé la saga completa de Dune, ahí encontré el único que me faltaba) y tomado algún café a un precio de remordimiento religioso.

    Lo que me extraña es que la gente gane algo (digo los almacenes) porque aunque los lugares de comida rápida, cafés o restaurantes pasan relativamente llenos, los almacenes se mantienen vácíos (muestra de nuestra situación económica) solo con gente que paseamos con nuestra bolsita de ilusiones saliendo cargados de ellas.

  2. Ligia dijo:

    Eso de los almacenes es curioso, y el alquiler de los locales no es nada barato. Un amigo de la familia tiene un negocio en Metrosur (o anteriormente conocido en la farándula por ese nombre), y me contaba hace varios meses que el alquiler del lugar subió considerablemente y sin previo aviso.

    Cambiando el cristal con que se mira, resulta que Multiplaza tiene su encanto, Hunna, y admito que la librería sí me gustó. Y como mencionás, nuestra situación económica no está para ejercer el consumismo como Dios manda, si es que Dios mandara eso alguna vez, pero al menos está el hiperconsumo de ilusiones.

  3. Snipe dijo:

    lol. Noté normas de redacción de la APA, o fue mi imaginación? Mi suposición es que estudiás psicología xDDD

    Yo UNA vez entré a multiplaza, y fue por la parte del parqueo, para ir al baño. Aparte de eso, soy libre de culpa. Trabajé en pro del Espino por un año, y estoy seguro que ese es caso perdido, esa gente pronto será despojada de lo poco que tienen. Lástima. Y todo por nuestras mismas ‘costumbres’, que realmente son condicionamientos a los que nos somete la propaganda y publicidad.

  4. Ligia dijo:

    La cabra siempre jala para el monte, dicen en mi pueblo. A estas alturas las normas APA brotan por sí solas en cualquier escrito (a veces con modificaciones, para evitar una rigurosa solemnidad).

  5. El-Visitador dijo:

    Pues es la belleza del sistema.

    A quienes gusten los centros comerciales, que se la pasen allí.

    A quienes no gusten, que no vayan.

    La opción la tenés. Libertad.

  6. Ligia dijo:

    Así es, E-V. La que vos decís, es la parte bella del sistema.
    Saludos.

  7. El-Visitador dijo:

    ¿Y cual es la parte que no es bella, según vos?

  8. Ligia dijo:

    El márgen. El otro márgen*. La letra pequeña. El exceso. El acaparamiento. Las contradicciones que se niegan (“pintoresco, nene, pintoresco”, y otros ensayos). La negación. La pseudosolidaridad. La repercusión ambiental. La creencia de que los objetivos de algunos son los objetivos de todos. Y creo que hay otras ideas mencionadas aquí y allá en el blog, y a lo mejor hayan más en el futuro.

    *Mientras algunos apuntan, por ejemplo, a que hay libertad de comerse o no una hamburguesa del McDonald’s (que la hay, a menos que seás de la Comunidad de La Cuchilla y hacerlo implique más que un simple ejercicio de voluntad inmediata), otros apuntamos a los procesos que inevitablemente ocurren para que tu Cajita Feliz esté lista.

  9. El-Visitador dijo:

    Ah, ya entiendo.

    McD’s es malo. Es un lugar donde una persona de la Comunidad de La Cuchilla puede conseguir un trabajo formal con seguro social, prestaciones, y entrenamiento constante. Malo. Sería mejor que la gente de la Comunidad de La Cuchilla siguiera en esos espectaculares trabajos informales como pupusera o cobrador.

    Con respecto al exceso, yo no tengo ningún problema. El exceso que mata a alguien por colesterol o hipertensión es voluntario. ¿O hacemos como Pol Pot, fusilando a los que comen mucho, por contrarevolucionarios? ¿”No” a la libertad de excederse?

    ¿Repercusión ambiental? Mi casa, mi escuela, y mi lugar de trabajo están todos en lugares donde una vez hubo bosque. A menos que yo demuela primero mi casa y la devuelva a bosque, no puedo reprochar a otros que construyan sitios nuevos para que la gente de la Comunidad de La Cuchilla tenga dónde trabajar. Pero vos quizá sí podés reprocharlo y con la conciencia tranquila, ¿um?

  10. Ligia dijo:

    Bueno, vos preguntaste.

  11. Mario dijo:

    Señor visitador, creo que Ligia -y perdón por mi intromisión- se refiere a un elemento que quizás ya está en desuso (¿o nunca estuvo en uso y eso es el problema?) EL DESARROLLO SOSTENIBLE….
    no se trata de evitar el progreso, sino de hacerlo de manera SUSTENTABLE, conviviendo con la naturaleza…
    pero ¿qué demonios? es cierto, vamos todos a multiplaza a ver las mismas tiendas que en los otros 2 centros comerciales junto a él y de todas formas ALLI HAY AIRE ACONDICIONADO y nos olvidamos del calentamiento global; y, como hay fuentes, nos olvidamos de la falta de agua, TOTAL AHI ESTÁ LA OVERNIGHT Y LA BLUR, Y ASI TODO ES MEJOR!!

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